El diario de Chemazdamundi.

27 Septiembre 2009

Conspiracionismo versus educación. La importancia de la cultura, la educación y el aprendizaje formativo en la acción humana (I).

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Buenos días.

Lamento haber estado tanto tiempo sin escribir.

No soy de esas personas a las que le guste dar excusas. Así que no voy a dar excusas. Voy a dar razones. Y esas razones me van a venir bien para enlazar con la temática de este nuevo artículo.

Antes de nada, quiero agradecer de todo corazón la inmensa cantidad de visitas que he recibido en todo este tiempo en el que he estado “inactivo”. Para mí ha sido una gran satisfacción personal el que tanta gente siga visitando tanto al página de Isabel como la mía, y quiero reseñar la inmensa avalancha de visitas procedente de meneame.net, donde una noticia en inglés denunciando las mentiras y conspiraciones del pseudodocumental Zeitgeist, the Movie produjo el que, automáticamente, en los comentarios de esa página en castellano, se enlazara a nuestras páginas. Yo mismo tuve que intervenir allí.

Muchas gracias, de verdad.

Y, aparte de agradecer, quisiera también disculparme con mis lectores habituales, porque han seguido acudiendo fiel y regularmente aquí, aún a pesar de la falta de actualizaciones.

Lamento no tener más tiempo para escribir… pero de verdad os juro que es que de verdad (valga la redundancia) que no tengo más tiempo. Muchos me escribís correos, mensajes privados y comentarios en los que me animáis a hablar y tratar sobre temas interesantísimos… y creedme cuando os digo que rabio de frustración y de impotencia ante la imposibilidad de hacerlo por falta de tiempo (que no de ganas). Tengo unas ansias tremendas de escribir sobre Economía, la escuela de Austria, la crisis económica, la situación en Latinoamérica, el golpe de Estado en Honduras, la reelección de Uribe, e incluso sobre la foto de las hijas del presidente Rodríguez Zapatero.

Pero… es que… no puedo.

No puedo físicamente. Isabel ha dado por finiquitado su blog (creo), y yo mantengo el mío a duras penas. Lamentablemente, me veo en la obligación de volver a reseñar el hecho de que este diario, esta página, no es mi ocupación principal, ni muchísimo menos.
El día tiene veinticuatro horas… y esas horas no son suficientes para todo lo que quisiera hacer. Tengo multitud de obligaciones y de tareas pendientes como para ocupar todos los días de la semana. Mi trabajo se lleva buena parte de las horas del día y, precisamente ahora que, tras años de lucha sindical, hemos logrado obtener dos días libres más, me veo en la obligación de retomar la afición por el deporte, en esta ocasión no ya como hobby, sino por interés hacia mi salud. Isabel también asiste conmigo al gimnasio. Ambos tenemos ya la treintena, y es hora de no abandonarse.

A fin de cuentas… también los filósofos griegos acudían al gimnasio (para fortalecer cuerpo y mente), y los hombres ilustres del Renacimiento practicaban la equitación y la esgrima además de continuar sus estudios, ¿no?

Si no quiero acabar como los “friquis” conspiranoicos que asedian con sus comentarios nuestras páginas, (gordos, fondones, enfermizos y siempre sentados delante del ordenador), he de cuidar tanto la mente como el cuerpo. Porque magro consuelo sería para mí el ser más culto que ellos, pero perder la salud por el camino. Para mí ha sido otra gran satisfacción comprobar que mi resistencia física sigue siendo muy buena, que puedo correr horas tranquilamente, y que mis patadas siguen llegando a la parte alta del saco, je, je…

En serio, no abandonéis vuestros cuerpos ni vuestra salud… también merecen atención. El día de mañana, cuando seáis mayores, lo agradeceréis.

Mi labor social y mis aficiones culturales también se resienten de mi falta de tiempo.

Hace dos meses que no me paso por la asamblea de UPyD, hace AÑOS que dejé el violín, la videoconsola acumula el polvo desde la Navidad pasada, no veo televisión alguna y ya no leo libros que no vengan con una recomendación que considere muy fiable (antes leía sin discriminar). A eso le añadimos el hecho de que nadie poda mis árboles frutales ni cuida mi huerta por mí, y que mi casa, que es enorme, requiere de atención, limpieza y mantenimiento. Y la piscina no se mantiene transparente sola. Y los árboles nuevos no se plantan solos.

Y hay días que considero que debería llevarme la cama a la sede del sindicato… porque paso más tiempo allí que en el gimnasio. Son tiempos muy difíciles con la crisis económica, y mis compañeros me necesitan. Mucho. Últimamente tenemos muchos juicios. Demasiados. El juez del CEMAC ya nos trata de “tú” y todo. Afortunadamente, en la ONG pueden pasar sin mí, porque hay bastantes voluntarios.

Insisto en que fuera de internet hay una vida real… y esa vida real necesita de mi (nuestra) atención.

Espero que comprendáis por todo ello que no disponga más que de unos pocos tristes minutos cuando vuelvo reventado a mi casa por las noches de entre semana. Apenas me dan para responder a unos cuantos comentarios y para revisar las noticias y el correo. Y el sábado me gusta salir a pasear, al cine, o a comer fuera con Isabel y relajarnos un poquito con los amigos (nos encannnta charlar de política y de Economía). Qué menos, ¿no?

Bueno, pues es por todo ello (y por muuuuchas cosas que “me salto”) por lo que no actualizo tan a menudo mi diario como quisiera. Este diario, insisto, no es más que una parte muy, muy pequeña de mi papel como activista y, sinceramente, ni siquiera la considero la más importante. Así que espero que me sepáis comprender y disculpar… y los conspiranoicos y otras alimañas que se preguntan por qué no les contesto a sus comentarios y encima me lo exigen, pues se fastidian y se esperan a que pueda hacerlo, porque a diferencia de ellos, YO NO VIVO EN INTERNET.

Tengo muchas más cosas y mucho más importantes que hacer fuera de internet, en la vida real, y nadie me paga por escribir (no vivo de esto)… así que lo hago cuando puedo, no cuando quiero.

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0. El tema a debatir: la importancia de la educación.

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Bien, todo esto viene a colación no sólo como explicación y justificante, sino para presentar en cierta medida, el tema que nuestro habitual Jorge Luis Salas, argentino de pro, y persona concienciada y preocupada con el devenir (y las causas) de la acción humana, nos trae hoy: la importancia de la educación.

Yo ya he expuesto en la introducción cómo mi educación, concienciación y formación, me han inducido a actuar de una determinada forma en mi vida diaria.

Ahora veamos la exposición general que se nos plantea del tema en cuestión:

Siempre se adjudica la responsabilidad de los acontecimientos -que en definitiva son los que dan forma a la realidad que nos toca vivir- a las personas que los provocan. Bueno, esto parece algo obvio: podemos decir que una persona es responsable de sus actos.

Pero…

¿Acaso lo que provoca que un individuo actúe de una manera u otra, no es su capacidad para tomar decisiones? Y esa capacidad ¿No es dada por la formación de ese mismo individuo, sobre todo en las primeras etapas de su vida?

Es decir…

Resulta muy probable entonces, que una persona que es criada en un ambiente de violencia, indigencia, y falto de educación, resulte con sus capacidades intelectuales muy reducidas, comparadas con la de otra persona que es educada en un entorno saludable, con una instrucción superior, crítica y científica; y que la formación de opiniones y toma de decisiones de ambos disten mucho entre sí, siendo las del primer caso mucho más básicas y controlables.

Entonces…

Sí lo que moldea a la realidad en que vivimos, deviene de las decisiones que tomamos, y estas decisiones son provocadas por nuestra educación, y si coincidimos hasta este punto, deberíamos coincidir entonces en que la Educación de los individuos es el pilar fundamental que más adelante va a dar lugar a un accionar más sensato, y por ende a una realidad más sensata, O AL MENOS HABLANDO A GRANDES RASGOS, Y NO TENIENDO EN CUENTA LAS EXCEPCIONES.

Ante todo, muchas gracias por tenerme en cuenta para ser quien exponga este debate.

Debate que no es nuevo ni muchísimo menos, ni a nivel de Ciencias Sociales, ni de debate público, pero dado que esta página versa o trata sobre Ciencia, Lógica, Sentido Común, y de exponer ante el común de los mortales el peligro del conspiracionismo y de la incultura, es más que necesario.

Una última nota antes de empezar. Este artículo está realizado con la inestimable colaboración de Isabel, mi mujer, que es la experta de los dos en materia pedagógica, ya que ha realizado el CAP (Curso de Adaptación Pedagógica), que la autoriza como titulada en su especialidad (Bellas Artes) a impartir clases (aunque la haya tenido que convencer poniéndome de rodillas y patalear un poco para ello).

Ahora sí, empecemos. Y qué mejor forma de empezar que exponiendo una visión muy general de lo que es y significa la educación.

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1. ¿Qué es la educación?

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Educación.

(Del lat. educatĭo, -ōnis). Del verbo educere (“conducir”, “formar” o “instruir”).

1. f. Acción y efecto de educar.

2. f. Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes.

3. f. Instrucción por medio de la acción docente.

4. f. Cortesía, urbanidad.

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=educaci%C3%B3n

La educación, en su sentido más amplio, y en el que aquí nos atañe, es cualquier acto o experiencia que tenga un efecto formativo en la mente, la conducta e incluso la habilidad física de un individuo.

La educación es una de las bases de la conducta social, y uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta cualquier sociedad humana.

En la actualidad, la educación está incluso considerada un Derecho Humano básico (artículo 2 de la Convención Europea de Derechos Humanos, y artículo 13 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el cual es parte de la Carta Internacional de Derechos Humanos, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

http://conventions.coe.int/treaty/en/Treaties/Html/005.htm

http://en.wikisource.org/wiki/European_Convention_for_the_Protection_of_Human_Rights_and_Fundamental_Freedoms

http://www2.ohchr.org/spanish/law/cescr.htm

http://www.un.org/es/documents/charter/

Es decir, que es obvio para todo el mundo que la Educación es un principio básico y fundamental de nuestro ser como personas humanas. Y el que niegue eso, no será considerado, por tanto, “persona humana” por mí, vaya.

Prácticamente todas las sociedades humanas han tenido un sistema de educación, por mínimo que fuera. La educación formal con profesores especializados tal y como la conocemos hoy en día tiene sus orígenes en el Egipto del 3000 a.C. (que sepamos, hay algunos historiadores que le discuten esa antigüedad a los egipcios, otorgándosela primero a los sumerios), pero incluso la tribu humana más aislada ha tenido alguna forma de transmitir aunque tan sólo fuera aquella basada en la educación que los padres les daban a sus hijos (o los mayores a los más jóvenes). Esos sistemas educativos fueron evolucionando a lo largo de los milenios, junto con las sociedades humanas: escuelas públicas sumerias, academias griegas, tutorización pedagógica personalizada en el mundo helénico, escuelas funcionariales y estatales chinas, escuelas parroquiales cristianas, las primeras universidades medievales, y los primeros colegios públicos laicos y estatales allá por el siglo XVIII, durante los tiempos de la Ilustración…. hasta llegar a hoy en día.

En la actualidad, la inmensa mayoría de países, tras un proceso muy largo y complejo, que ha costado sinsabores sin cuento, dispone de un sistema más o menos formal de educación. Muchos, incluso, disponen de un sistema de educación básica pública, universal y gratuita, para intentar el que la inmensa mayoría de la población tenga acceso a una educación que favorezca, al menos en teoría, la obtención de igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos. La oferta actual en materia educativa es digna de mención. Cuando hace tan sólo unos años en España no existía más alternativa que la educación en instituciones religiosas (generalmente pertenecientes a la Iglesia Católica), hoy disponemos de educación pública, laica, gratuita, universal, o privada, o religiosa, educación especial para minusválidos, escuelas de idiomas, escuelas de Formación Profesional, universidades públicas y privadas, etc.

De hecho, uno de los indicativos más importantes de lo “avanzado” de un país es la oferta educativa de la que dispone. Numerosos países africanos, por ejemplo, no disponen siquiera de un sistema de enseñanza Primaria estable, lo que se traduce en la escasa formación de sus ciudadanos, y ello lastra la capacidad de esos mismos países para salir adelante y evolucionar a mejor.

La calidad de los sistemas educativos de cada país está sujeta a debate continuo. A título personal he de añadir que el actual sistema de educación primaria y secundaria públicas en España no es de mi agrado: lo considero de una calidad pésima. Pero sigamos, ya hablaremos de ello más adelante.

La sociedad transmite, mediante la educación, sus conocimientos, habilidades y valores de una generación a otra (normalmente de las mayores a las siguientes).

La educación se divide, a grandes rasgos, en tres tipos: formal (reglada, se produce dentro de las instituciones educativas de una sociedad, como un colegio), no formal (generalmente también reglada, pero fuera de las instituciones educativas estándar (como un cursillo de especialización) e informal (a lo largo de  la vida).

Académicamente hablando, podemos a su vez dividir la educación formal actual (que es quizás de la que más se suele hablar cuando uno se refiere a “educación”) en tres grandes apartados:

-Educación Primaria. Es la más básica, generalmente se aplica en las primeras etapas educativas de la vida de un individuo hasta su adolescencia. Esta es la educación a  la que solemos referirnos cuando hablamos de “colegio”. Dado que es la educación más básica y, por tanto, la más esencial… cuando una sociedad no dispone de muchos medios, suele centrarse exclusivamente en ésta. Es por eso que es obligatoria en la inmensa mayoría de países, ya que en ella se enseñan cuestiones de lo más fundamentales para la formación como individuo… e incluso para formar individuos mínimamente útiles y capaces. Durante esta etapa se suelen enseñar los conceptos más básicos, tales como la identidad nacional, la geografía más inmediata, a hablar con un mínimo de corrección, a leer y escribir, y las reglas matemáticas más sencillas (sumar, restar, multiplicar, dividir…). La inmensa mayoría de la Humanidad no recibe más que este tipo de educación básica. La ONU (por boca de la UNESCO) calcula en su informe Education For All Monitoring Report 2008, Net Enrollment Rate in primary education, que un 30% de la población mundial no está recibiendo ni tan siquiera esta mínima educación formal (en el año 2008, se entiende).

-Educación Secundaria. Es una educación que busca expandir los conceptos básicos adquiridos en la educación Primaria. Se suele aplicar durante la adolescencia del individuo. No todos los países y sociedades disponen de (o alientan) este tipo de educación. En la inmensa mayoría de ellos, no es obligatoria. Suele ser una educación transitoria previa a la educación superior o universitaria que ya no se desarrolla en colegios, sino en instituciones más especializadas (liceos, institutos, academias, escuelas vocacionales, etc.)… o una educación muy especializada, pero que no precisa de un título superior, generalmente de carácter profesional (formación profesional, arte dramático, idiomas, artes y oficios, etc.).

-Educación Superior (o Terciaria). Este tipo de educación opcional suele ser la más alta disponible en muchos países (otros muchos ni siquiera disponen de ella). Es la que se suele asociar a las universidades y carreras universitarias. Con esta educación se suele buscar un diploma o certificado académico que acredite a la persona que lo logra una muy elevada especialización o conocimiento en un área determinada.

Como podemos ver, la educación (o acción formativa) es un concepto muy, muy, muy amplio, que abarca numerosos procesos dentro de él. Por ejemplo, hemos de tener en cuenta que la educación es también un proceso de concienciación (formación de valores, generalmente adoptando aquellos que le son transmitidos a través de la educación: es por eso que los individuos pertenecientes a una misma sociedad que tenga un mismo sistema educativo, suelen compartir los mismos valores), y de socialización (uno se educa dentro de una sociedad, interrelacionándose con otros individuos).

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2. La inmensa importancia de la educación en la formación como personas. Cómo evaluar esa importancia.

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Prácticamente TODO es educación. Un ser humano no deja de formarse nunca a lo largo de su vida. Siempre se ha dicho: “todos los días se aprende algo nuevo” y “nunca a la cama irás sin saber una cosa más”.

Las implicaciones de todo ese proceso están más allá de las posibilidades que puedo abarcar con este humilde artículo, así que nos centraremos en el apartado específico que se nos ha planteado: la formación en nuestras primeras etapas educativas, esto es, mientras somos jóvenes.

Recordemos: la función de la educación es ayudar y orientar a la persona que se está educando para conservar y utilizar los valores de la cultura que se le imparte, fortaleciendo, por ejemplo, la identidad social y grupal, transmitiendo valores religiosos, o democráticos, costumbres, etc. La educación abarca muchos ámbitos, como ya vimos en la clasificación entre la educación formal, informal y no formal. Pero el término educación se refiere sobre todo a la influencia ordenada ejercida sobre una persona para formarla y desarrollarla a varios niveles complementarios. Como ya se dijo anteriormente, en la mayoría de las culturas es la acción ejercida por la generación adulta sobre la joven para transmitir y conservar su existencia colectiva. Es un ingrediente fundamental en la vida del ser humano y la sociedad y se remonta a los orígenes mismos del ser humano. La educación es lo que transmite la cultura, permitiendo su evolución.

Las divisiones en las etapas educativas varían según las políticas educativas de cada país. Y, además…

Si bien uno aprende a lo largo de toda su vida, no aprende de igual manera a lo largo de  su vida.

Cuando uno es un niño, es una esponja viviente: lo absorbe TODO. Es la época del aprendizaje por excelencia. En esta etapa, durante la cual uno no está formado (es una “hoja en blanco”), es cuando los sistemas educativos se centran con más ahínco para formar al individuo, ya que es cuando más fácilmente se aprende (y generalmente más tiempo se tiene para ello, ya que como niño o joven que se es, lo normal es que todavía no se le necesite como individuo trabajador). Es por ello que la Educación Primaria, la más básica y esencial, suele ser obligatoria (y universal y gratuita).

Los métodos para educar a niños y adultos, varían por ello. No es lo mismo enseñar a una persona mayor que a un niño. Tienen conductas y modos de aprendizaje diferentes.

La educación es un proceso de socialización y culturización de las personas a través del cual se desarrollan capacidades físicas e intelectuales, habilidades, destrezas, técnicas de estudio y formas de comportamiento ordenadas con un fin social (valores, diálogo, jerarquía, trabajo en equipo, regulación fisiológica, cuidado personal y de la salud, etc.).

Existen diversos conceptos que intentan analizar el fenómeno educativo, en relación al discurrir temporal en las personas (esto es, la EDAD que tengan). Los niños de hasta siete u ocho años aprenden mejor si son premiados en su conducta, y no asimilan bien los castigos. Los adolescentes, sin embargo, sí aprenden más con las reacciones negativas ante sus errores. Los adultos también siguen esta última norma general y observan más (y mejor) sus fallos. Ésa es una de las razones por las cuales hago tanto hincapié en señalar los errores de los conspiracionistas con mi estilo de lenguaje: se asimila mucho mejor (especialmente en la etapa adulta) el que se cabreen contigo cuando cometes errores. Cuando le echo la bronca a un conspiracionista por creerse las estupideces y sinsentidos que se cree no es por gusto: asimilan mejor esa “hostia” aleccionadora (o “cachete”, como dice Jorge) que una simple exposición de sus errores. Porque una simple exposición no basta para ellos. Hace que se enmienden mejor y más rápidamente gracias a esta técnica de shock.

Esto es porque los adultos aprenden más por convicción e incluso por necesidad ya que pueden requerir los conocimientos para cualquier actividad cotidiana, o para alguna actividad en específico. Es por eso precisamente que aprenden más eficientemente de sus errores, y saben perfectamente que el aprendizaje es responsabilidad suya. A diferencia de lo que pasa con los niños y jóvenes, los cuales no acuden por convicción propia a las instituciones educativas, sino que lo hacen por interés de su sociedad (generalmente bajo la forma de sus padres o tutores, de la generación anterior) y no son tan conscientes de su responsabilidad en cuanto al aprendizaje.

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Ya hemos visto cómo todas las sociedades adoptan por necesidad un sistema educativo… y que esos sistemas educativos varían mucho en forma, contenido, sector social, generacional, etc. Ninguna sociedad adopta un sistema educativo determinado “porque sí”. Todo lo que realizamos en nuestra calidad de seres pensantes y sociales tiene una raíz o motivo detrás.

El cómo se determina lo bien que funciona un sistema educativo, o cómo debe evolucionar y/o avanzar es la evaluación.

La evaluación es un proceso que procura determinar, de la manera más sistemática y objetiva posible, la pertinencia, eficacia, eficiencia e impacto de las actividades formativas a la luz de los objetivos específicos. Constituye una herramienta administrativa de aprendizaje y un proceso organizativo orientado a la acción para mejorar tanto las actividades en marcha, como la planificación, programación y toma de decisiones futuras.

Traducido al castellano: la evaluación nos ayuda a medir los conocimientos adquiridos, y nos proporciona información de los avances de los mismos con la finalidad de conocer si se están cumpliendo o no los objetivos propuestos. Mediante la evaluación, la sociedad se garantiza (o lo intenta) el asegurarse de que cualquiera de nosotros ha aprendido lo que se suponía que teníamos que aprender. La sociedad nos cuestiona y pone a prueba mediante exámenes, controles, pruebas escritas u orales, ejercicios prácticos, etc., si hemos aprovechado nuestra etapa educativa. Así nos intentamos asegurar, por ejemplo, de que alguien que haya estudiado Medicina… sepa curarnos, vaya. Que no haya ido a las clases a tocarse las narices. Los exámenes no están puestos por capricho, sino por necesidad, por mucho que nos irritaran en nuestra etapa de estudiantes (a mí me ponían de los nervios esos exámenes… si queréis saber lo que es pasar nervios de verdad poneos solos delante de un tribunal de cinco profesores para acceder a los cursos de especialización de violín). En la evaluación académica, se verifica y observa a través de diversos instrumentos cualitativos o cuantitativos (como los exámenes), que el alumno ha adquirido nuevas habilidades, destrezas, capacidades, métodos y técnicas, así como también la “calidad educativa” de su instrucción, que le permitan tener un buen desempeño para el bien de su comunidad, beneficio personal, rendimiento laboral y disciplina.

http://en.wikipedia.org/wiki/Competency_evaluation

La evaluación de competencia educativa es un proceso sistemático y dirigido. Las pruebas a las que se nos somete nos permiten determinar si un sujeto ha alcanzado todos los objetivos planteados, propiciando con ello un cambio en su actitud de una manera significativa. La Educación no es una simple transmisión de información y conocimientos. La evaluación está, entre otras cosas, para determinar si no es el individuo el responsable de no alcanzar el objetivo, sino el sistema en sí.

La evaluación es, por tanto, un proceso dinámico, continuo y sistemático, enfocado a medir los cambios de las conductas y rendimientos, mediante el cual verificamos los logros adquiridos en función de los objetivos propuestos, y la eficiencia del sistema.

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Nota: Continuaré este artículo en una segunda parte.

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