El diario de Chemazdamundi.

16 mayo 2010

La historia del Palacio de Viana: la lucha de un pueblo.

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No soy una persona pesimista para nada. Todo el que me conoce sabe que soy luchador y terco como pocos. Pero de verdad que hay días en que se me cae el corazón a los pies. Días en los que todo lo ves negro, y no puedes evitar pensar o decir “qué asco de vida”.

Últimamente tengo muchos de esos días. Demasiados. Prácticamente no pasa uno solo sin que me entere de alguien que ha acabado en el paro, de la empresa de un amigo que se ve obligada a cerrar después de años de lucha y penalidades sin cuento, o de conocidos a los que se les ha agotado la prestación por desempleo… y no han logrado encontrar trabajo, ni tienen perspectivas de encontrarlo a corto plazo. Muchas de estas personas pertenecen a familias donde ninguno de sus miembros trabaja. Muchas otras, tienen que hacer frente a obligaciones económicas, especialmente hipotecas… que no van a poder afrontar. Ya son varios los conocidos que se han declarado “insolventes”.

La crisis…
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27 enero 2010

Experiencias “paranormales”: los zahoríes.

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0. Las excusas de siempre y un repaso a mis actividades.

Buenas.

Seguramente muchos de vosotros os habréis estado preguntando que dónde narices hemos estado Isabel y yo que no hemos escrito nada en casi dos semanas, al menos (aparte de un boletín sindical). Sí, ya sé que ni siquiera hemos contestado comentarios. Por si alguien tiene curiosidad os informaré, queridos lectores, que me he visto en la obligación de ayudar a Isabel, porque la pobrecita mía estaba saturada de trabajo… Justo en la última semana antes de sus exámenes de Filología, va la editorial para la que trabaja y le hace un pedido de traducciones que no admitía demora. No me puedo resistir a esos ojitos llorosos, así que me arremangué y me puse a ayudarla. Por cierto, que vaya “tela” el libro que nos han dado para traducir.

Aparte de eso, he tenido unas semanas muy activas de lucha sindical.

[Nota: les ruego a mis lectores habituales que, por favor, no escriban o comenten en las entradas tituladas “el sindicalista cibernético”, son sólo para cuestiones sindicales y laborales.]

Afortunadamente, se acercan mis vacaciones invernales y me es muy grato anunciaros que voy a poder escribir un poco más a menudo durante un tiempo, contestar un montón de comentarios atrasados y que voy a poder realizar y emprender las oportunas acciones judiciales y/o administrativas contra una serie de personas que, por falta de tiempo “y espacio”, no he podido realizar hasta ahora.

Intentaré continuar con la crítica a la escuela austríaca, seguir describiendo las características del neoliberalismo, apalizar dialécticamente a sus defensores como Huerta de Soto, terminar los artículos que he dejado a medio hacer… y a ver si Isabel acaba sus exámenes, porque preciso de su ayuda para redactar el artículo que tengo pendiente sobre el “apocalipsis o colapso maya”.

Para ir abriendo el apetito, voy a tratar un tema que me ha sido sugerido por un comentarista conspiranoico en el antiguo blog de mi mujer, el cual, indignado ante nuestro escepticismo científico, nuestra cultura académica y nuestra defensa del sentido común, nos ha preguntado: “¿Es que para vosotros todo tiene explicación científica? ¡Cómo se nota que vosotros no habéis tenido nunca una experiencia paranormal!”

Pues… sí, sí que hemos (he) tenido una experiencia “paranormal”.

Hoy voy a hablar de… los zahoríes.
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