El diario de Chemazdamundi.

25 octubre 2010

El hombre lobo de la Transilvania española: un relato de auténtico terror.

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Hola, buenas.

Este no va a ser un artículo sobre Economía, que es lo que seguramente estaríais esperando. Hoy voy a tratar un tema bastante diferente.

Os recuerdo que ésta no es sólo la página web de un economista que se dedica a desmentir falacias sobre su área de especialización académica, sino que es también mi propia página personal. Así que aprovechando que se acerca el día de Todos los Santos (la festividad de Halloween para otros más “modernos”) voy a escribir para todos vosotros, queridos lectores, un artículo que es a la vez un relato de terror (bueno, más o menos) y un artículo antropológico desmitificador de supersticiones.

Lo vuelvo a especificar por si algún nuevo lector no lo sabe, en mi blog me dedico a desmentir y demostrar las falsedades en temas tales como el ocultismo, la pseudociencia, las teorías de la conspiración, etc.

Además, llevo mucho tiempo esperando escribir este relato, con el cual pretendo ilustrar para que lleguéis a entender de manera clara, cómo la acumulación de circunstancias tales como el entorno, el contexto, la psicología humana… y una serie de malditas coincidencias, pueden hacer del tipo más valeroso un manojo de nervios… y al más incrédulo lo puede disponer a creerse cualquier mito y leyenda.
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27 enero 2010

Experiencias “paranormales”: los zahoríes.

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0. Las excusas de siempre y un repaso a mis actividades.

Buenas.

Seguramente muchos de vosotros os habréis estado preguntando que dónde narices hemos estado Isabel y yo que no hemos escrito nada en casi dos semanas, al menos (aparte de un boletín sindical). Sí, ya sé que ni siquiera hemos contestado comentarios. Por si alguien tiene curiosidad os informaré, queridos lectores, que me he visto en la obligación de ayudar a Isabel, porque la pobrecita mía estaba saturada de trabajo… Justo en la última semana antes de sus exámenes de Filología, va la editorial para la que trabaja y le hace un pedido de traducciones que no admitía demora. No me puedo resistir a esos ojitos llorosos, así que me arremangué y me puse a ayudarla. Por cierto, que vaya “tela” el libro que nos han dado para traducir.

Aparte de eso, he tenido unas semanas muy activas de lucha sindical.

[Nota: les ruego a mis lectores habituales que, por favor, no escriban o comenten en las entradas tituladas “el sindicalista cibernético”, son sólo para cuestiones sindicales y laborales.]

Afortunadamente, se acercan mis vacaciones invernales y me es muy grato anunciaros que voy a poder escribir un poco más a menudo durante un tiempo, contestar un montón de comentarios atrasados y que voy a poder realizar y emprender las oportunas acciones judiciales y/o administrativas contra una serie de personas que, por falta de tiempo “y espacio”, no he podido realizar hasta ahora.

Intentaré continuar con la crítica a la escuela austríaca, seguir describiendo las características del neoliberalismo, apalizar dialécticamente a sus defensores como Huerta de Soto, terminar los artículos que he dejado a medio hacer… y a ver si Isabel acaba sus exámenes, porque preciso de su ayuda para redactar el artículo que tengo pendiente sobre el “apocalipsis o colapso maya”.

Para ir abriendo el apetito, voy a tratar un tema que me ha sido sugerido por un comentarista conspiranoico en el antiguo blog de mi mujer, el cual, indignado ante nuestro escepticismo científico, nuestra cultura académica y nuestra defensa del sentido común, nos ha preguntado: “¿Es que para vosotros todo tiene explicación científica? ¡Cómo se nota que vosotros no habéis tenido nunca una experiencia paranormal!”

Pues… sí, sí que hemos (he) tenido una experiencia “paranormal”.

Hoy voy a hablar de… los zahoríes.
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