El diario de Chemazdamundi.

25 julio 2010

Falacias económicas (I). Una introducción a las más comunes.

Hola a todos.

Me agrada sobremanera el poder comprobar que la gente tiene un enorme interés por saber acerca de la Economía, así que vamos a continuar con las clases de Economía básica porque, como he podido constatar por el medidor de estadísticas de mi blog, son las que más lectores y seguidores tienen.

Además, he recibido numerosas peticiones, tanto en los comentarios como en el correo electrónico, para que hable sobre Economía… en sus aspectos MÁS básicos.

No me extraña.

Esta página web que estáis leyendo nació principalmente para ayudar a la gente a discernir las mentiras, fallos, falsas teorías de la conspiración y creencias erróneas sobre algunos aspectos de nuestra sociedad… pero especialmente sobre Economía, que es mi área de especialización académica. Y claro, me hacéis muchas consultas.

Ahora bien, la INMENSA mayoría de consultas que se me hacen son por parte de gente que, vamos a admitirlo, no es ya no que no tengan ni idea de los conceptos más básicos de Economía… sino que no tienen ni idea de los aspectos más básicos… de NADA. Mucha gente acude a mi página porque, dado que en ella me dedico a desenmascarar conspiranoias, rumores y teorías pseudocientíficas (como las expuestas por los conspiranoicos pseudodocumentales Money As Debt, Zeitgeist: the Movie y Zeitgeist: Addendum) que muchos os creísteis de primeras como imbéciles… me venís AHORA preguntándome que si lo que sale en esos vídeos o si esas chorradas que circulan por internet NO son ciertas… ¿qué es lo cierto?

Obviamente, si ALGUIEN se ha llegado a tomar en algún momento como ciertas esas chorradas (“el dinero es deuda”, “cada dólar es ese dólar más un porcentaje de deuda”, “la inflación es un impuesto plano”, “los bancos centrales se quedan con todo el dinero de la sociedad”, “las cosas deberían ser gratis”, “el capitalismo es ponerle precios a las cosas”, “capitalismo y libre-mercado es lo mismo”) es porque no tiene ni zorra de Economía.

Pero ni zorra, zorra… zorra, vaya.

Y claro, me preguntan cosas que hacen que YO, a su vez, me pregunte cómo es que personas tan tontas o tan ignorantes no se asfixian con su propia incompetencia, porque “talmente” parece que no sepan… ni cómo se respira.

Bueno…

Pues como veo que, salvo honrosas excepciones en los comentarios como alguna que otra adolescente colombiana y jóvenes universitarios, no se me pregunta sobre conceptos económicos más complejos, voy a iniciar una serie de artículos describiendo, analizando y desmitificando los fallos o falsas creencias más extendidas sobre el mundo de la Economía… para que hasta el más tonto pueda entender lo más básico sobre ésta.

Vamos a hablar de las falsas creencias que mucha “gente” tiene sobre Economía.

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Bien, lo primerito, primerito que hay que saber sobre Economía, es que es una ciencia que combina Ciencia “dura” y Ciencia social.

Lo mejor de cosas como las Matemáticas y otras ciencias “duras” es que no hay duda al respecto de que 2 + 2 = 4.

Eso es así, y punto. Y no se discute.

Lo más complicado sobre Sociología y otras ciencias sociales es que hay mucho lugar para la interpretación y el debate.

Lo más terrible sobre Economía es que combina las dos: ciencias duras y ciencias sociales.

Así que ya os podéis imaginar que esta violenta colisión deja pocos absolutos tras los que refugiarse, y un amplio campo de minas abierto de falsas asunciones y errores en los que caer, constituyendo un germen de primera clase de discusiones acaloradas.

PERO… esos pocos absolutos existen. Y son absolutos sin discusión. Lo que intento deciros es que no se puede decir todo lo que a uno le dé la gana sobre Economía.

El hecho de que la Economía tenga gran parte de contenido referente a Ciencias “duras” (Matemáticas y Física, especialmente), hace que bastantes cosas sobre las que trata sean absolutos.

La Economía NO es creencia como la Religión ni es TODO opinión. Hay cosas que están más allá de toda discusión. La Economía tiene mínimos de certeza. Y esos son los mínimos que vamos a estudiar en sucesivos artículos. Por ejemplo: es cierto que la inflación deflacta (o puede deflactar) parte de la masa monetaria (el dinero) de un país en dirección a los ingresos gubernamentales, pero eso no hace que “la inflación sea un impuesto plano”. Eso… no se puede decir… por la sencilla razón de que no es cierto.

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Lo segundo que hay que saber es que existe una buena cantidad de escuelas de pensamiento económico ampliamente divergentes las unas de las otras, la mayoría de las cuales reclama una exactitud más o menos razonable en sus propuestas, y cada una cree que las otras están total y absolutamente equivocadas… para siempre. Ésta es una de las razones por las que Thomas Carlyle denominaba a la Economía… la “ciencia lúgubre” (o triste).

Obviamente, muy pocos están de acuerdo con esa denominación. Los economistas aseguran que su ciencia no es “lúgubre”, y algunos aseguran incluso que la Economía no es ni una ciencia.

Bien, varias cosas antes de proseguir.

La Economía no es SÓLO “pensamiento económico”. La inmensa mayoría de las personas que saben sólo un poco sobre Economía, creen que la presencia de esas escuelas de pensamiento económico (liberalismo, keynesianismo, neoclasicismo, etc.) que discuten constantemente sobre qué hacer en Economía, lo son todo en este campo.

NO.

La Economía es mucho, mucho, mucho más que las diferentes escuelas de pensamiento económico. Por ponerlo más claramente para que lo veáis… ¿cuánto tiempo ha existido la economía SIN tener escuelas de pensamiento económico? La inmensa mayor parte del tiempo. ¿No existía economía en los tiempos de los sumerios, hace unos cinco mil años? Por supuesto que sí: aquellas gentes organizaban su economía comerciando, establecían precios, rutas comerciales, sus gobernantes tasaban con impuestos y los recaudaban, etc. ¿Qué escuela de pensamiento económico existía entonces? Ninguna. Y no hubo ninguna durante miles de años.

Lo que mucha gente no sabe o no llega a entender es que la Economía es un aspecto natural, intrínsecamente unido al mero hecho de existir como ente vivo.

La Economía es más que un aspecto social humano, ya que se da en la mismísima naturaleza. Creo que ya he mencionado esto en alguna ocasión: el lenguaje humano es un aspecto de desarrollo evolutivo fruto… de la Economía. Supone un enooorme ahorro energético el hecho de poder transmitir información a partir de un lenguaje hablado, con respecto a tener que realizar directamente las acciones que esas informaciones nos dan.

Un ejemplo etológico, que estudié en Teoría de la Comunicación: imaginemos que nosotros, como ser vivo, nos encontramos con una fuente de comida y queremos que nuestra compañera venga para que ella se pueda alimentar también.

Podemos ir a por ella y traerla (como haría una hormiga).

Podemos lanzar gritos o aullidos para alertarla hasta que, por ella misma, encontrara el camino hasta la comida (como haría un lobo).

Podemos darle instrucciones precisas y específicas de dónde se encuentra para que ella pudiera acudir por sí misma, sin dar muchas vueltas.

¿Cuál forma es la más evolucionada… y más económica? La tercera.

Es decir, la economía existe al margen del ser humano. Existe lo queramos o no. Como decía uno de mis profesores… del mismo modo que existe la física al margen del ser humano (por ejemplo, la gravedad existe queramos o no), la economía, también.

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Muchos de los que me han criticado diciendo que “es que la Economía como ciencia es falsa porque está basada en opiniones muy diferentes de muy diferentes escuelas de pensamiento”, se habrán quedado de piedra al saber, tras el párrafo anterior, que la Economía entra dentro del estudio de los fenómenos de la Naturaleza, ¿verdad? Pues lo siento por haber sido tan ignorantes en la materia que están criticando pero sí, la existencia de la Economía está al margen de la existencia de las diferentes escuelas de pensamiento económico… e incluso del ser humano.

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Tercero. Y, aparte, otra cosa que muchos no acaban de entender… es que el que existan varias escuelas de pensamiento económico, no quiere decir que todas tengan la razón. Esto es una cuestión que quiero dejar muy, pero que muy clara.

Las escuelas de pensamiento económico se dedican a estudiar CUÁL sería la mejor forma de gestionar nuestra economía. Obviamente, hay algunas que piensan de una manera, y otras de otra. Los hay que dicen que sería mejor controlarla, y hay quien dice que es mejor dejarla absolutamente libre. En algunos aspectos, el tomar una u otra decisión es algo relativo, especialmente según de qué situación estemos hablando.

Bien, pues siento decir esto, pero…

No todas las opiniones son ciertas.

No todas las propuestas de algunas escuelas de pensamiento económico se han demostrado como beneficiosas.

Y de la misma forma, algunas, SÍ se han demostrado como ciertas y acertadas.

Ni todas mienten ni todas aciertan… independientemente de lo que afirmen.

Mucha gente me ha preguntado… si los keynesianos dicen una cosa y los neoliberales dicen otra, “¿a quién tengo que creer? ¿Todos tienen la razón? Seguro que ninguno de ellos.”

Insisto: hay propuestas que se han demostrado como falsas, y otras como ciertas. ¿Cómo se logra demostrar? Pues estudiando científicamente su aplicación. Ya vimos en el artículo anterior que, si bien la curva de Laffer tiene una variante cierta (subir los impuestos no siempre implica que el Estado va a recaudar más dinero), el que la inventó se equivocó rotundamente al intentar utilizarla para justificar la bajada de impuestos.

Sí, ya sé que muchos de los neoliberales se siguen empeñando hoy en día en utilizar la curva de Laffer para continuar exigiendo la bajada de impuestos, aun a pesar de que esa idea se ha demostrado como falsa. Pero el que sigan insistiendo en eso NO SIGNIFICA QUE TENGAN RAZÓN.

A ver si lo digo claro: hablar es gratis. Y soltar “paridas a ver si cuelan” también. Yo no puedo impedir que haya gente que siga insistiendo en que la Tierra es plana, que Dios existe o que la curva de Laffer justifica una bajada generalizada de los impuestos… aun a pesar de que todo eso es rotundamente falso y está más que demostrada su falsedad, y que me encantaría zarandearles a ver si espabilan ya de una maldita vez.

De la misma forma, YO no puedo impedir que haya un montón de soplapollas de varias escuelas económicas insistiendo en que sus propuestas son ciertas, aunque se hayan demostrado como falsas. Por poner un símil facilón que todos podáis entender… tampoco puedo impedir que existan tropecientas mil corrientes ideológicas y/o filosofías políticas (socialismo, fascismo, liberalismo, conservadurismo, anarquismo, etc.), y que sus partidarios voceen que sus propuestas e ideas son ciertas.

Bien…

¿A que no todas esas ideologías dicen la verdad o las propuestas de todas ellas no son verdaderas?

¿A que no todas las propuestas del fascismo se han demostrado como ciertas? ¿O las del comunismo? ¿O las del anarquismo? ¿Mmmmm?

¿A que no todas mienten? ¿A que las democracias liberales y socialdemócratas han tenido muy buenas aportaciones de las que disfrutamos todos hoy en día (Seguridad Social, Sanidad Pública, Educación Pública universal y gratuita, etc.?

Con eso quiero establecer los límites de la estupidez a la hora de hablar sobre escuelas de pensamiento económico.

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Cuarto. Hay una serie de generalizaciones simplísimas que son para hacer vomitar al que tiene un mínimo conocimiento sobre Economía, y que haría merecedor al que se las cree y propaga de una buena zurra de cachetes en el culo.

“Economía” NO ES IGUAL a “capitalismo”. La Economía incluye más esquemas estructurales de asignación de recursos.

“Capitalismo” NO ES IGUAL a “libre mercado”. Dentro del capitalismo existen DECENAS de variantes, algunas de las cuales (la socialdemócrata, por ejemplo, tiene poco que ver con el “libre mercado”).

“Capitalismo” NO ES PONERLE PRECIOS A LAS COSAS. También el comunismo e incluso muchos modelos económicos anarquistas le ponen precio a las cosas (ya sea en dinero físico… u otra cosa, como tiempo de trabajo).

Resumiendo MUCHÍSIMO…

La Economía es la ciencia que se ocupa de la manera en que se administran unos recursos que son escasos, con objeto de producir bienes y servicios, y distribuirlos para su consumo entre los miembros de una sociedad. Y, como tal ciencia, estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios escasos susceptibles de usos alternativos.

Hablando en plata, y por boca de Mankiw:

“La Economía es el estudio del modo en que la sociedad gestiona sus recursos”.

Más claro, imposible.

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Características de la Economía:

a) Es una ciencia social que estudia el comportamiento humano y las consecuencias que de dicho comportamiento se derivan para la sociedad.

b) Estudia el comportamiento humano en relación con sus necesidades.

c) Estudia la utilización de los recursos que son escasos. La escasez es relativa, ya que los recursos son limitados porque los deseos humanos son prácticamente ilimitados y crecientes. La escasez afecta tanto a las economías desarrolladas como a países del tercer mundo, pues a pesar de que los recursos existentes son muchos, las necesidades son siempre mayores, y es función de la Economía resolver cuál va a ser el mejor uso que se da a estos recursos.

d) Estudia cómo se distribuyen y qué uso se da a estos recursos, y ello da lugar al problema de la elección.

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Bueno, pues DENTRO de la Economía COMO CIENCIA del estudio de la gestión de los recursos, existen TRES esquemas ESTRUCTURALES muy básicos y muy fundamentales, acerca de cómo gestionar esos recursos. Ya hablaremos en otros artículos de ellos:

Economías tradicionales (por ejemplo, las de sociedades tribales).

Economías planificadas (por ejemplo, las de países comunistas y fascistas).

Economías de mercado (por ejemplo, las que suelen aplicarse en democracias occidentales).

Esas tres se pueden y, de hecho, se suelen mezclar (economías mixtas).

Esos son los tres esquemas estructurales BÁSICOS en los que se subdivide o se orienta la Economía para gestionar los recursos de una sociedad.

PERO esos esquemas estructurales se subdividen a su vez en numerosísimas variantes, conocidas bajo diversos nombres: sistemas económicos, modelos económicos, sistema de aplicación económica, etc. Ahí es donde nos vamos a encontrar con el liberalismo, keynesianismo, comunismo soviético, planificación fascista, economía islámica, autarquía, corporatismo, libre mercado, mutualismo, economía nacional socialista, tecnocracia franquista, capitalismo de laissez-faire, etc., etc., etc., etc. y cientos de etcéteras.

Dentro del capitalismo, que es una variante de las economías de mercado, nos encontramos con cosas tan dispares como la economía socialdemócrata, el libre mercado, el modelo japonés, el colonialismo, etc.

Es por eso, que capitalismo no es igual a libre mercado. Si por esa regla de tres fuera, capitalismo sería igual a socialdemocracia o al modelo económico de la China de principios del siglo XX. DENTRO del capitalismo nos encontramos con “libre mercado”… y con muchas más cosas.

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Quinto. Una pregunta que se hace muchísima gente… ¿Todos esos sistemas son “válidos” o “viables”?

Hombre, como “válidos” o “viables” lo pueden ser. Pero es que no es así como se debe hablar en Economía.

Hay que decir que unos son más eficientes que otros.

Decirlo así SÍ es correcto.

A ver… si como sociedad nos empeñamos en hacerlo, CUALQUIER sistema económico es “viable”. Ya sea el comunismo, o la economía tribal de los yanomamis del Amazonas. Para los rusos del año 1956, su sistema económico les era “viable”. Como funcionar, funcionaba. Ahora bien, ¿era mejor que otras opciones disponibles para ellos?

La respuesta es un rotundo NO.

Había opciones mejores.

Es por eso que se acaban sustituyendo unos sistemas económicos por otros, conforme se demuestran más eficientes que el anterior que usábamos: el sistema mercantilista europeo medieval superaba al esclavista romano, éste al agrícola-comercial sumerio, y éste a la economía de cazadores-recolectores del Neolítico.

Si es que así de simple.

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Bueno, hasta aquí las falacias más comunes y simples. Estudiaremos falacias más técnicas en siguientes artículos.

P.D.: Este artículo está estructurado muy básicamente. Lo reescribiré en siguientes artículos para hacerlo más completo… si puedo. También quiero realizar un experimento: la mayoría de mis lectores se me quejan de que escribo artículos muy largos, a ver si escribiéndolos más cortos, asimilan mejor las cosas. También lo subo ahora porque no me parece correcto dejar el blog sin actualizar demasiado tiempo.

Tiempo que no me sobra, precisamente. Lamento no escribir más a menudo.

Hasta la próxima.

29 comentarios

  1. Hola Chemazdamundi, te quiero dar las gracias por todos los contenidos que publicas en tu blog, son muy constructivos y me han ayudado a ver la Economía de una forma mas crítica y científica.

    He sido lector asiduo de tu blog por casi un año, no comento porque no estoy habituado a ello, pero me animé hacerlo ahora y quizás lo siga haciendo para ser parte de los productivos debates que se forman en cada artículo, otro de los atractivos de esta bitácora.

    Saludes desde Barranquilla Colombia, Mi nombre es Camilo.

    Comentario por Camilo — 25 julio 2010 @ 17:45

    • Camilo haciendo de las suyas ;D

      Comentario por ibethk — 25 julio 2010 @ 18:52

    • Tanto gusto.

      Comente cuando quiera y le apetezca, no es obligatorio en absoluto.

      Quedo de usted y muchísimas gracias por sus amables palabras.

      Comentario por chemazdamundi — 25 julio 2010 @ 21:53

  2. Protesto, yo los quiero largos, me gusta tener que leer, si los haces cortos no te daré de mi pastel de cumpleaños.

    Comentario por ibethk — 25 julio 2010 @ 19:03

    • Yo también protestaría, pero recuerdo que hay más personas en esta canica azul. Y que nosotros sólo somos dos encantadores raritos que se broncean con la luz del flexo, que leemos esos artículos kilométricos con interés, dejando todo lo que estábamos haciendo en ese momento. Pero… no, me temo que hay más vida. Están esos insidiosos meneantes que te dicen “TL;DR” o “qué tocho”.

      Saludos, Ibeth.

      Comentario por McManus — 25 julio 2010 @ 19:48

      • Vale, vale, vale… Ja, ja, ja…

        Por absoluta aclamación espontánea y cachondeo generalizado de mis habituales, vueeeeeelvo a escribir artículos largos.

        Madre, qué risa con los tres comentarios. Gracias, Ibeth, McManus y NewZealander.

        GRACIAS.

        Comentario por chemazdamundi — 25 julio 2010 @ 21:42

  3. Me permito sugerirle maestro Chemazdamundi que donde pone:
    “Hay una serie de generalizaciones simplísimas que son para hacer vomitar al que tiene un mínimo conocimiento sobre Economía”
    Ya que creo que para definir a la mayoría de los lectores, perfectamente prodría poner (aún siendo muy válida la frase anterior):
    “Hay una serie de generalizaciones simplísimas que son para hacer vomitar al que tiene un mínimo se sentido común”
    Un artículo como siempre muy interesante, lo importante de los artículos no es el tamaño si son amenos, al que le paerezcan largos que los lean de dos veces.
    Un saludo

    Comentario por NewZealander — 25 julio 2010 @ 19:34

  4. Qué gracia, Chema. Resulta que tú estás haciendo un experimento para probar la longitud de los artículos. Y en un foro, “rulé” tu artículo porque alguien estaba soltando falacias económicas como “El problema radica en: si queremos que la economía siga dirigiendo nuestra identidad, nuestro trabajo y la cultura universal, de la que todos formamos parte, o si nosotros debemos comportarnos como pueblos adultos y conscientes que no necesitan su falso paternalismo, ni sus divisiones administrativas pensadas para que solo les favorezcan a ellos o, mejor dicho, al sistema”.

    Y otra persona me responde (dos respuestas después de la mía): “Ok, tr4ncos, la página donde me ha enviado, no sé si es tuya, pero, macho,… se hace larga por la introducción”. Me temo que si quieres hacerlo breve, tendrás que utilizar Twitter o algún servicio parecido. Es más, todos tus artículos deberán ir telegrafiados.

    Saludos.

    Comentario por McManus — 26 julio 2010 @ 17:09

    • Finalizado el debate, pues.

      Los artículos serán lo largos que se precise.

      No vuelvo a acortar más.

      GRACIAS por molestarte en comprobarlo, Mac.

      Comentario por chemazdamundi — 27 julio 2010 @ 04:21

  5. Como siempre escribiendo estupideces chema. Pero al final el que haya pobres diablos que te crean no es por culpa de las cagadas que escribes, porque el defecto lo tienen en sus cromosomas, y es ese defecto lo que les mueve a buscar cagadas como tú y creer todas las vomitadas que ecribes. Es lo mismo que lo videojuegos; los videojuegos no hacen violenta a una persona, la persona violenta ya tiene esa disposición a buscar juegos que estén acorde con su transtornada personalidad. Yo por ejemplo, estoy leyendo desde hace un tiempo la mierda que escribes y sigo cuerdo; en cambio los subnormales te mandan felicitaciones.

    Comentario por keynes is dead — 30 julio 2010 @ 01:59

    • Jaja, estos neoliberales.

      Comentario por ibethk — 30 julio 2010 @ 04:51

    • Lloro.

      Señor, ¿en qué tormentosos senderos me he perdido, oh albricias? ¿Por qué he olido la miel? Sí, esa espantosa sustancia viscosa que me llevó a doblegarme ante los autores, oh, del canon keynesiano. Perdóname por no asistir con frecuencia al CATO, oh lamentaciones. Krugman me sedujo, al igual que Stiglitz, Ben Bernanke, Samuelson y demás miembros de la galería de monstruos que tú nos muestras de continuo, oh liberaloide. Oh gracias liberal, ahora me hallo aterido de miedo al comprobar cómo el Sr. José María apenas puede balbucear más que dos palabras seguidas y gracias. Cómo sus sinapsis neuronales fallan estrepitosamente. Venga, suelta prenda. ¡Me marcho al CATO con el pene erecto!

      Sí, lloraba de la risa. Y admiro tu valentía: defender tesis neoliberales en tiempos revueltos como éstos.

      Comentario por McManus — 30 julio 2010 @ 18:49

      • “Y admiro tu valentía: defender tesis neoliberales en tiempos revueltos como éstos.”

        Yo también admiro tu valentía de ser keynesiano, cuando toda la Unión Europea se ahoga en las estúpidas recetas keynesianas que practicaron desde que existió.

        Mientras el capitalismo sale de la crisis, Europa se hunde en la deuda.

        Jajajajajajajajaja. No soy valiente, soy de sentido común.

        Veamos cuando chema se anima a escupir sobre la crisis de deuda soberana europea. ¡Será muy divertido!

        Comentario por keynes is dead — 30 julio 2010 @ 21:05

        • Esperen un momento, ¿La crisis Europea eliminó automaticamente los errores que cometieron los neoliberales?

          Esto es genial =D

          Comentario por ibethk — 30 julio 2010 @ 21:13

          • Por cierto, ya lo hizo, y me lo dijo a mí =’D, ¿No te jode?

            Comentario por ibethk — 30 julio 2010 @ 21:28

  6. Chema, no sé si el lugar adecuado pero me gustaría conocer su opinión sobre las propuestas emitidas por Paul Jorion (sociólogo francés) en su último libro Le Capitalisme à l’Agonie (El Capitalismo Agonizando) y que coinciden, milagrosamente, con lo que yo mismo desde mi ignorancia de las sutilezas de la ciencia económica, propondría. Resumiendo son cuatro puntos básicos:

    – liberar el rendimiento del trabajo de cualquier carga impositiva,
    – tasar el rendimiento del capital,
    – tasar de manera disuasiva los rendimientos del juego incluyendo en este la actividad financiera especuladora,
    – eliminar las rentas llamadas de situación (en francés) o económicas (en inglés). No conozco ni encuentro el término apropiado en español.

    Más allá de argumentos morales evidentes, me interesa especialmente el cómo conseguir implantar o caminar hacía esos objetivos y los beneficios así como los peligros que supondrían.

    Puede encontrar el articulo de Le Monde, en francés, sobre esos punto en: http://www.lemonde.fr/livres/article/2011/04/07/le-capitalisme-a-l-agonie-de-paul-jorion_1504303_3260.html

    Jacques.

    Comentario por jabedel — 7 abril 2011 @ 20:03

    • No pasa nada, el comentario está bien aquí.

      Me pillas que tengo que ir a dar una vuelta, Isabel quiere salir de paseo. Y la necesito para que me ayude a traducir algunas cosillas de ese libro. Cuando vuelva le echo un vistazo más detenidamente.

      ¿No está traducido al inglés? ¿Ni siquiera un resumen? Es que, aparte de conocer los cuatro puntos GENERALES me gustaría leer cómo piensa implementarlos, el análisis que de esos temas hace, etc. No es SÓLO darse cuenta de esos puntos, que son muy genéricos y obvios (especialmente el tercero): necesitamos profundizar más, ¿entiendes?

      Un saludete. Vuelvo en unas horas.

      Comentario por chemazdamundi — 7 abril 2011 @ 20:23

  7. Si, claro que lo entiendo. La verdad es que el artículo es bastante superficial pero puedo hacer una traducción rápida. La mandaré en un rato.. o dos. ;)

    Comentario por jabedel — 7 abril 2011 @ 21:32

    • Esperando quedo entonces.

      Me va a resultar un poco más fácl así. Si no puedes, no pasa nada, mañana le echaré un vistazo. Estoy bastante cansado y ahora mismo no creo poder hacer un análisis correcto.

      Hasta mañana.

      Comentario por chemazdamundi — 7 abril 2011 @ 22:48

  8. Bueno, primero expresar la vergüenza que da el nivel del periodismo francés. No hay forma de discernir realmente las opiniones del plumífero de las del autor del cual analiza (es un decir) la obra. La sintaxis es de pena y sumada a mis propias limitaciones como traductor, da el churro que sigue. Intentaré encontrar algún texto de mejor factura porque, en algún que otro pasaje, hay que adivinar lo que el periodista no ha sido capaz de transcribir del pensamiento del autor. Hasta deja pensar que no es involuntario. Así que mil excusas por obligarle a leer esta pena de articulo.

    «El Capitalismo Agonizando», de Paul Jorion: el espectro de Marx
    Alain Faujas, Le Monde.

    He aquí un libro con un título sensacional – El capitalismo agonizando – que comienza francamente «marxista» y con la crítica implacable de lo que, según Paul Jorion, sociólogo, especialista en formación de precios y columnista en el «Monde Économie», no es «un sistema económico, sino una tara de nuestro sistema económico.»

    Despliega, después, un análisis muy detallado de los mecanismos históricos y psicológicos donde se afrontan en particular, la libertad y la igualdad, la ética y la propiedad. Pero el autor se separa de Marx y de su espectro, ya que no distingue dos clases de actores (capitalistas y proletarios), sino cuatro: el capitalista, el empresario, el trabajador y el comerciante. En la lucha sin cuartel por captar el excedente generado por su actividad conjunta, es el asalariado el que pierde cada vez, ya que los intereses pagados al capital y a las posiciones de fuerza de los otros tres jugadores concentran poco a poco la riqueza y el patrimonio en manos de unos pocos.

    No es, entonces, la tendencia a la caída de los beneficios la que matará al capitalismo, como Marx creía, sino la acumulación excesiva de capital, porque el interés pagado a los capitalistas los enriquece más y más y los inversores sustituyendo el trabajo por máquinas, el poder adquisitivo y el consumo se secan. Sólo queda el crédito para mantener la demanda, hasta que el pago de intereses acabe de empobrecer las filas de los asalariados. El juego se detendrá cuando no habrá ya suficientes jugadores.

    Haciendo un largo rodeo a través de la actual crisis que ve como el comienzo de la caída, el autor fustiga sobre todo la especulación, de la cual describe en detalle las depravaciones y las estupideces, los productos financieros «podridos», los modelos matemáticos y los ordenadores encargados de colectar miles de millones de centimos en menos de un segundo alterando, a sabiendas, la oferta y la demanda.

    No, dice Paul Jorion, la especulación no engrasa los engranajes del mercado, como sus defensores afirman, sino que lo incendia. Ya que los mercados de valores se han convertido en casinos legales y peligrosos, podemos coartarlos por ello? Sacrificar la libertad a la virtud? La propiedad a la ética? La brillante ayuda de Marat, Robespierre, Hegel, Freud o Lacordaire, asi como la de la antropología y la psicología no le permiten zanjar el asunto.

    Cercano a John Maynard Keynes, Paul Jorion se distingue de él en que ya no cree en la posibilidad de lograr el pleno empleo que volvería a colocar el trabajador al centro y a la economía en pie. Por lo tanto, llama a «un cambio de civilización.» Para lograr esta transformación, es partidario de la creación de un sistema «donde los rendimientos provendrían de una fuente distinta del trabajo», lo que requeriría la creación de un «ingreso mínimo universal». Lo que requeriría aún más intervención del poder público para distribuir mejor la riqueza – sin por ello caer en la dictadura – a saber, la fiscalizad.

    Enuncia cuatro principios: «no tasar el trabajo que constituye, innegablemente, la actividad humana más útil y digna de ser alentada», «tasar sustancialmente los rendimientos del capital» (incluyendo las stock-options); «tasar, de manera disuasiva, las ganancias del juego» (incluidas las transacciones financieras), «eliminar las rentas de situación». En otras palabras, no es una cuestión de revolución sino de «volver a poner los contadores a cero», por las buenas o las malas. El capitalismo no esta realmente agonizando, pero tiene una fiebre de caballo y Paul Jorion es uno de los médicos que acudieron alrededor de su cama.

    Comentario por jabedel — 7 abril 2011 @ 23:54

    • Bueno, pues ya estoy de vuelta, Jacques.

      Vamos a atender a tu consulta en la medida de mis posibilidades, y para que los lectores que pasen por aquí puedan leerla.

      me gustaría conocer su opinión sobre las propuestas emitidas por Paul Jorion (sociólogo francés) en su último libro Le Capitalisme à l’Agonie (“El Capitalismo Agonizando”) y que coinciden, milagrosamente, con lo que yo mismo desde mi ignorancia de las sutilezas de la ciencia económica, propondría. Resumiendo son cuatro puntos básicos:
      – liberar el rendimiento del trabajo de cualquier carga impositiva,
      – tasar el rendimiento del capital,
      – tasar de manera disuasiva los rendimientos del juego incluyendo en este la actividad financiera especuladora,
      – eliminar las rentas llamadas de situación (en francés) o económicas (en inglés). No conozco ni encuentro el término apropiado en español.
      Más allá de argumentos morales evidentes, me interesa especialmente el cómo conseguir implantar o caminar hacía esos objetivos y los beneficios así como los peligros que supondrían.
      Puede encontrar el articulo de Le Monde, en francés, sobre esos punto en: http://www.lemonde.fr/livres/article/2011/04/07/le-capitalisme-a-l-agonie-de-paul-jorion_1504303_3260.html

      Pues vayamos paso a paso. Voy a dar una serie de puntualizaciones.

      Primero: ya he dicho en numerosas ocasiones que NO soy partidario para nada de criticar o analizar lo que NO se conoce. Especialmente las obras de un autor determinado. Toda esa paliza que doy sobre que hay que leerse TODO lo que ha dicho un autor, todos sus artículos, etc., antes de criticarle me lo procuro aplicar en la medida de lo posible. Lo hago principalmente porque me parece una absoluta irresponsabilidad criticar o analizar nada sin leer/saber todo lo que el autor pretendía decir y que normalmente no se puede resumir en unas cuantas líneas. No quiero ser ningún hipócrita y ponerme a analizar la obra de un señor que desconozco cuando estoy todo el día exigiendo a mis lectores que se lean todos mis artículos para no meter la pata escribiendo antes de tiempo. Lo hago principalmente para que no se critique sin saber y se critique en falso: puedo acabar cometiendo el error de acusarle de no haber escrito sobre determinado tema o de no haber aportado las fuentes necesarias y después resultar que sí que lo había hecho. Por ejemplo. O poner palabras en su boca. O acabar estableciendo conclusiones que NO son las que el autor dio en su obra.
      Así no se critica una obra.

      Segundo: ese libro sólo lo he podido encontrar en francés, lengua que desconozco. Y ese autor es un sociólogo que analiza cuestiones económicas, no un economista per se. Es por eso que yo no lo conocía como autor, pero después de revisar su bibliografía me he dado cuenta de que sí he leído varias obras en las que ha hecho aportaciones. Aportaciones muy interesantes, ciertamente.

      Resumiendo: no puedo ni pienso analizar ese libro hasta que sea capaz de leerlo en alguna de las lenguas que domino. Espero que esté traducido pronto al inglés o al alemán (porque si tengo que esperar que lo traduzcan al castellano o al catalán, apañado estoy).

      Digo todo esto no por ti, Jacques, sino para que el que pase y lea pueda establecer mis intenciones… y para poder avisar que no me voy a centrar en analizar la obra de ese señor sino los cuatro puntos sobre los que me preguntas y que, según el… este… “columnista” de Le Monde, el señor Alain Faujas, constituyen los puntos clave de Le Capitalisme à l’Agonie de Paul Jorion.

      Bueno, primero expresar la vergüenza que da el nivel del periodismo francés. No hay forma de discernir realmente las opiniones del plumífero de las del autor del cual analiza (es un decir) la obra. La sintaxis es de pena […] Intentaré encontrar algún texto de mejor factura porque, en algún que otro pasaje, hay que adivinar lo que el periodista no ha sido capaz de transcribir del pensamiento del autor. Hasta deja pensar que no es involuntario. Así que mil excusas por obligarle a leer esta pena de articulo.

      Nota: ciertamente el señor Faujas debería dedicarse a otra cosa que no fuera el periodismo (no ya el periodismo económico o político, sino el periodismo a secas) porque es especialmente infame como mal redactor como bien citas, Jacques… y como un “opinionista” nato. He estado buscando artículos suyos para averiguar su nivel de conocimiento analítico económico, el prestigio que tiene, etc… y ciertamente sus artículos sobre Economía y Política Internacional dejan que desear (bien es cierto que yo he leído traducciones en inglés). Me he encontrado con muchas páginas que le critican que se pone a hablar de lo que no sabe. Ciertamente, de Economía no parece tener mucha idea (como novelista, no sé… ¿”Asesinato en el TGV”?).

      Nota 2: con las buenas plumas que ha dado el periodismo francés, maldita sea.

      No me fío, por tanto, de su análisis.

      Aquí otro artículo, dicen que menos favorable pero por lo menos se entiende, sobre el mismo libro: http://www.lesechos.fr/opinions/livres/0201284311057.htm
      El final del artículo dice así:
      Aunque interesante y erudita, la obra no convence. El autor avanza que «el préstamo con intereses contribuye, de manera totalmente automática, a la concentración del patrimonio» lo que es históricamente contestable. Olvida también el hecho que los inversores, supuestos concentradores de las riquezas, son, en gran parte, actores colectivos, como los fondos de pensiones. Al extender a todo el sistema, un juicio que debería tener como objetivo la hipertrofia de la esfera financiera, no estará equivocándose de objetivo? El capitalismo ya ha demostrado ser capaz de transformaciones espectaculares: hablar de su agonía es probablemente un poco prematuro.

      Sí que parece una mejor crítica.

      El blog de Paul Jorion que no voy a traducir ;) : http://www.pauljorion.com

      Tanto no te voy a pedir, hombre. Gracias, je, je…

      A ver, un poco de contexto, revelador a más no poder: la sensación que me ha dado después de leer lo poquito que he podido con la ayuda de Isabel, que es la que sabe más francés de los dos, el señor Jorion es un sociólogo especializado en el análisis del comportamiento de los individuos y es un analista matemático (si Daniel-Macmanus nos lee y conoce su obra, le rogaría que nos hiciera un pequeño resumen de lo que le parece… a fin de cuentas él es el “sociólogo” de esta página y sus análisis han sido hasta la fecha impecables; gracias de antemano). ¡Un antropólogo matemático! Mmmm…

      Ese interés por la conducta humana le ha hecho pasar del estudio de las relaciones familiares a la inteligencia artificial… y de ahí a la psicología conductista. Como le llamó mucho la atención la conducta humana en el seno del mundillo económico de la compra-venta de acciones, tomó una decisión que, desde mi punto de vista fue muy, muy acertada y se decidió a estudiar a los individuos que a ese mundo se dedican… desde dentro. Se hizo inversor y se puso a estudiar desde el meollo de las cosas (un banco de inversiones francés) para poder entender cómo y por qué se comportaban así “los gorilas en la niebla”, je, je, je…

      Bueno, ante todo alabar la actitud del señor Jorion, que “descendió a las alcantarillas a estudiar a las ratas en su elemento”, si se me permite la expresión. Soy un acérrimo defensor de criticar las cosas sabiendo de lo que se habla. ODIO leer “análisis de bar” de gente que no tiene ni maldita idea de Economía ni sabe en qué consiste aquello que critican. El señor Jorion no es, por tanto, un economista teórico profesional… pero a buen seguro que sabe lo que está criticando, más que nada porque LO HA VIVIDO.

      La actitud de Jorion es la que hay que tener: primero aprender y conocer… y después, hablar y criticar. Conozco MUCHOS profesores de Economía que no han invertido en Bolsa NI UNA SOLA VEZ EN SUS VIDAS. Eso me parece una falta de conocimiento pragmático inexcusable en un profesional. Bastantes, se limitan a cobrar su sueldo de funcionario, y punto. Pues vaya economistas.

      Ya por ahí podemos ver que el señor Jorion es un tipo íntegro, cuando menos.

      De resultas de aquella experiencia, escribió varias obras. Que yo haya podido averiguar, éstas:

      Is American Capitalism Heading to Crisis?
      (“¿Se dirige el capitalismo americano hacia la crisis?”)… ¡de 2007! Algo se olía este hombre.

      The Implosion. Finance vs. the Economy: what the subprime crisis reveals and foretells (“La Implosión. Finanzas contra Economía: lo que la crisis subprime revela y predice”).

      Le Prix (“El Precio”), de 2010.

      Y el libro que comentas:

      Le capitalisme à l’agonie, que es de este año (2011), y todavía no está traducido. En inglés ya le han puesto como título “La muerte pronosticada del capitalismo”. (The Promised Death of Capitalism).

      Hasta ahí el contexto conocido e, insisto, no de primera mano, sino de resultas de haberlo leído por fuentes secundarias. Como no conozco lo que se dice en el libro, vamos a por lo que me preguntas directamente: los supuestos cuatro puntos en los que se centra ese último título bibliográfico.

      me gustaría conocer su opinión sobre las propuestas emitidas por Paul Jorion (sociólogo francés) en su último libro Le Capitalisme à l’Agonie (“El Capitalismo Agonizando”) y que coinciden, milagrosamente, con lo que yo mismo desde mi ignorancia de las sutilezas de la ciencia económica, propondría. Resumiendo son cuatro puntos básicos:
      – liberar el rendimiento del trabajo de cualquier carga impositiva,
      – tasar el rendimiento del capital,
      – tasar de manera disuasiva los rendimientos del juego incluyendo en este la actividad financiera especuladora,
      – eliminar las rentas llamadas de situación (en francés) o económicas (en inglés). No conozco ni encuentro el término apropiado en español.
      Más allá de argumentos morales evidentes, me interesa especialmente el cómo conseguir implantar o caminar hacía esos objetivos y los beneficios así como los peligros que supondrían.

      ¿Mi primera impresión? Son puntos muy básicos. En una ocasión en la que estuve explicándole a mi mujer cómo funciona un fondo de inversiones (iba a tener uno), llegó a la misma conclusión como soluciones a cometer contra el sistema especulativo: el segundo y tercer punto. El cuarto es más bien político y de sentido común, ahora lo explico.

      Para el que no lo entienda:

      -Liberar el rendimiento del trabajo de cualquier carga impositiva significa que no se debería TASAR o GRAVAR el trabajo. El salario, vaya.

      Ventajas: la más obvia… que la mayoría de las personas, que somos asalariados, ganaríamos más. Con eso se potenciaría que todo el mundo se pusiera a trabajar. No se disuadiría tanto a la gente de buscar un trabajo, ni de buscar un trabajo que no fuera en dinero negro (¡cuantas veces habréis oído “ay, es que como se me va a llevar una parte el Estado, ¿para qué me voy a poner a trabajar? No me compensa” o “prefiero que me paguen en negro. Total, para que se lo lleve Hacienda…”!). Que todo lo que gane el trabajador fuera a su bolsillo, y nada para el Estado ni nadie más.

      Desventajas: el Estado dejaría de percibir ingresos por impuestos que le son necesarios para financiar nuestro Estado del Bienestar (educación, Sanidad, pensiones, etc.) y otras funciones públicas (Seguridad, Justicia…).

      Para solucionar esa merma de ingresos del Estado para cosas útiles, hay que “recogerla” de otra parte. ¿Cómo? Según nos proponen en el artículo, de dos formas:

      -Tasando el rendimiento del capital. Esto es, gravando con (más o mayores) impuestos los ahorros, las rentas (alquileres), etc.

      -Tasando los movimientos especulativos. Esto es, gravando con (más o mayores) impuestos los movimientos especulativos del tipo compra-venta de acciones. Lo que se llama “actividad financiera especulativa”.

      Bueno, todo eso tendría una serie de repercusiones más que considerables. Te voy a citar las primeras que se me pasan por la cabeza.

      Ventajas:

      -Está más que claro que con esas medidas se desalentaría la especulación, especialmente la masiva. Todo lo que sea reducir el riesgo, bueno es.

      -Las crisis económicas del tipo subprime se verían reducidas o desaparecerían (obviamente, si se desalienta cargando con impuestos severos las especulaciones bursátiles, va a haber mucha menos ocasión de que se produzcan crisis financieras de orígenes bursátiles).

      -Se potencia el trabajo de acción, el trabajo creativo, la producción REAL y FÍSICA de bienes, los valores respaldados físicamente, y se castigaría… a ver cómo lo digo… el empleo de “valores etéreos” como la compra-venta de acciones que, admitámoslo, es una de las causas principales de las crisis económicas actuales: que se juega con ellas como si fueran estampitas esperando a que su valor “percibido” suba en vez de tener en cuenta el valor físico/real de las mismas. Que es una de las cosas que más parece criticar Jorion. Y que también critico yo. Si hay algo que me jode es ver cómo las acciones de una empresa de un valor más que dudoso como, por ejemplo, una empresa de asesoramiento fiscal suben por encima de las de una empresa que construye fábricas o almacenes porque se percibe o “se cree” que van a valer más en un futuro. Una vale más “en teoría” y la otra vale más “en la práctica”, hablando de malas maneras.

      Desventajas:

      -El Estado perdería una fuente muy segura de ingresos como es la carga impositiva sobre los trabajadores de la calle (a los “curritos” se nos tiene localizados por nómina: estoy hablando de a los que les salga a pagar en la declaración de la renta).

      -Se pasaría a depender de lo que se ingresa a través de una serie de acciones económicas que, AHORA, estarían muy, muy desalentadas. Lo que antes se medio desalentaba con el trabajo al cargarlo impositivamente, ahora se desalienta en el lado de la inversión (y en la especulación, claro).

      -En la actualidad el peso de la carga impositiva se reparte entre todos los agentes económicos (ciertamente hay quien dice que los trabajadores están MUCHO más desfavorecidos en el reparto de ese peso y yo, como sindicalista, estoy más que de acuerdo en eso). Pero haciendo un ejercicio de responsabilidad, habría que admitir que, ahora, con esas medidas, el peso recaería exclusivamente y por Ley sobre uno de los sectores.

      Y no es que yo vea mal eso… pero tenemos que tener en cuenta lo siguiente si vamos a aplicar todo esto:

      -No está claro que el tasar exclusivamente los rendimientos de capital y los movimientos especulativos generen los suficientes ingresos como para mantener al Estado… o para mantener el ritmo de ingresos que tenemos ahora mismo. Hay que establecer cálculos contables y administrativos para ver si se puede hacer eso. Te explico: los Estados NUNCA tienen dinero suficiente (aparte de las consabidas corrupciones, los Estados tienen muchos compromisos y presupuestos que se desajustan por causas excepcionales, etc.). Ésa es la razón por la cual se ven obligados a emitir deuda pública: para solventar los desajustes de presupuesto que tienen.

      -Se puede desalentar la inversión. Y eso es muy, muy peligroso en términos económicos. Podríamos cargarnos nada más y nada menos que la base de nuestro funcionamiento económico. No ya el capitalista, sino cualquiera (todos los sistemas requieren de inversión de recursos).

      Obviamente, el problema no está en tomar estas medidas sino en CÓMO las vamos a implementar. Malas en esencia no son y tienen una más que buena intención.

      Como bien citan en el segundo artículo, se necesita de un Estado que regule la aplicación de esas medidas y que controle la nueva forma del flujo de ingresos: debería estar MUCHO más pendiente que ahora de los desfalcos fiscales. Pero mucho, mucho más.

      Vuelta a lo mismo: dependemos de nosotros mismos para que nuestras medidas se apliquen. El decir “voy a aplicar nuevas cargas impositivas” es fácil y divertido: se pone una firma en un papel, y listos. La cuestión es recaudar esas cargas impositivas. Se te van a intentar escapar por TODOS lados. Y el decir “prefiero no pagar impuestos y que se carguen los intercambios comerciales” también es muy cómodo, especialmente de primeras. Seguro que una vez dejamos de pagar impuestos por trabajo… nos empezarían a rechinar los dientes cuando tuviéramos que pagar seis o siete veces más por la compra de un kilo de manzanas.

      Como siempre, alcanzar el puñetero equilibrio entre los extremos es lo difícil. Tenemos que hallar un punto medio para que, sin pagar impuestos por trabajo… no acabemos por disuadir ni la inversión ni el intercambio comercial. Ni deje el Estado de recaudar lo suficiente como para que podamos mantener un nivel aceptable de servicios públicos.

      Con respecto a la cuarta medida, la he dejado para el final porque es de Perogrullo total. Básica de cojones.

      – eliminar las rentas llamadas de situación (en francés) o económicas (en inglés). No conozco ni encuentro el término apropiado en español.

      Bueno, para el que no sepa de qué va eso de las “rentas de situación”. Es un término (yo diría un eufemismo) que designa la búsqueda de rentas (obtener un beneficio) a través de la manipulación social o política para conseguir una situación favorable.

      A ver, por ejemplo, hacer presión política (o sobornar) para conseguir un monopolio económico.

      Es que… vuelvo a decir lo mismo: tócate los huevos. Pues claro que hay que eliminar la corrupción. Rentas de situación hace referencia a la búsqueda de beneficio cómodo, no basado en la producción ni en el beneficio mutuo de una transacción comercial, sino en el aprovechamiento con caradura y mala intención de una ventaja. Ventaja muchas veces obtenida de malas maneras, como a través del lobbying.

      Pero no es una novedad. Llevamos intentando eliminar eso desde que nos bajamos de los árboles.

      Eso no es un argumento estrictamente económico… Eso entra más dentro del campo del Derecho Civil y Penal, de la Educación, etc. En teoría, es algo que deberíamos estar intentando eliminar ahora. No debería ser una propuesta novedosa de futuro. En teoría, es ilegal en la mayor parte de países el ejercer presión para conseguir ventaja de favor.

      Cuando menos, es moralmente condenable.

      Resumiendo y repitiendo: son medidas (o puntos) muy básicos y genéricos. Que no es que estén mal. Para nada. Pero que lo que deberíamos estar tratando es CÓMO vamos a implementarlos. Que es lo complicado.

      Creo que hasta aquí, lo básico ya está dicho. Si quieres, profundizamos.

      Un saludo.

      Comentario por chemazdamundi — 8 abril 2011 @ 21:57

      • Primero agradecerte la comprensión exacta de mi pregunta. Era exactamente eso: ¿como implementar esas medidas de perogrullo para cualquiera dotado de cierto sentido moral pero que albergan unos peligros evidentes para cualquiera dotado de un mínimo de razón?
        Antes de profundizar, tengo que usar tus respuestas para estudiar algo más puesto que como te habrás dado cuenta, la economía no es mi playa favorita. Pero no hay más remedio que pasar por ahí si se quiere entender algo del mundo de hoy. Así que iré despacio, pero iré.
        Lo que si puedo hacer enseguida es discutir el enfoque del último punto. Algunos autores, entre ellos me parece que Jorion también, incluyen en las rentas de situación, las ventajas competitivas obtenidas por el sistema de patentes, de derecho de propiedad intelectual, etc… Eso eleva la discusión mucho más allá que una critica al lobbying, dumping, corrupción o cualquier otra actividad delictiva. Es la ley, la misma que protege la libertad económica, la que ampara, por ejemplo y entre otras cosas, el empobrecimiento de la cultura al favorecer nociones de rentabilidad sobre las de satisfacción de necesidades. El conflicto actual entre los «artistas productores» y los «piratas consumidores ilegales» ilustra muy bien ese problema.
        Por otra parte, me arriesgaré a sugerir otro componente que ayuda a la formación de rentas de situación, el marketing bajo su forma actual. Es tan salvaje (literalmente ya que sus mensajes apelan directamente al pensamiento salvaje, mágico, hecho de asociaciones automáticas) como el mercado actual. Sé muy bien de tu formación en esta área y sería interesante poder profundizar en esa dirección y ampliando a todas las estructuras de comunicación de información: publicidad, periodismo, discurso político, institucional, etc… Creo que hay una gran necesidad de algún tipo de mecanismo, no de control o de censura, sino de garantía de unos principios éticos en la comunicación a los cuales podrían adherir o no los profesionales del sector quedando así, más claras sus intenciones. Es, a mi juicio, la única forma de poder volver a tener debates reales en la sociedad. No creo que los recortes a la libertad de expresión, aún por razones de seguridad, nos vayan a conducir a ninguna mejora del pensamiento colectivo.

        Gracias de nuevo por tu extensa respuesta que me voy a poner a estudiar en detalle, ahora mismo.

        Jacques.

        Comentario por jabedel — 8 abril 2011 @ 23:38

        • Bueno, esta discusión empieza a dar frutos. Estudiando tus respuestas caí sobre un economista del cual jamás había oído hablar, lo que no es de extrañar, pero que tampoco era muy conocido (hasta el 2008) entre los estudiosos de la Economía: Hyman Minsky. Estoy seguro que lo conoces y que sabrás mucho mejor que yo explicar su pensamiento económico. Su clasificación de las empresas en función de su financiación me parece clarísima: empresa cubierta (sin problemas para pagar sus deudas); empresa especulativa (puede pagar el servicio de sus deudas pero no puede amortizar el principal); empresa Ponzi (no consigue ni pagar siquiera los intereses de su deuda). La proporción de unas u otras en un sistema financiero, compondría un modelo que permitiría predecir las situaciones de crisis financieras. El que busca un poco encuentra enseguida multitud de referencias a un momento Minsky en relación a la crisis del 2008 pero todas escritas después de la crisis ser ya evidente. Otro «profeta» desgraciadamente descubierto después de la cornada.

          De ahí, me intereso a la escuela postkeynesiana y me topo con que introduce, en la Economía, un concepto que me parece realmente poderoso: el tiempo histórico. La verdad es que no podía sospechar que la economía no se haya preocupado antes de la cuestión de la naturaleza del tiempo y sus efectos sobre los sistemas evolucionando en él. ¿Es realmente así, nadie se había interesado a esta cuestión antes de Joan Robinson? ¿Cual es tu posición respecto a ese concepto y la indeterminación que resulta de sustituir, en los modelos, el viejo tiempo lineal y lógico por este más natural?

          http://www.eleconomista.es/analisis-tecnico/noticias/263977/08/07/Momento-Minsky-las-teorias-de-un-desconocido-economista-explican-perfectamente-la-crisis.html
          http://es.wikipedia.org/wiki/Hyman_Minsky

          Comentario por jabedel — 9 abril 2011 @ 17:42

          • Espero no ser percibido como un pesado, pero tengo un montón de preguntas que hacer. Así que continuo hasta que alguien me diga que ya vale. :)

            Mi pregunta es: ¿en qué parte de la ciencia económica puedo encontrar un estudio de la composición interna de un bien? Se encuentra muchas clasificaciones de los bienes por su carácter publico o no, de inversión o de consumo, cultural o no, etc., pero hasta ahora sólo he encontrado componentes internos y digamos «universales» (válidos para cualquier bien) en lo que sirvió para descubrir la utilidad marginal (estupenda exposición la tuya sobre este tema, Chema) o sea, el valor de uso y el valor de intercambio.
            ¿Qué busco? Pues un reflejo más real de, por ejemplo, el valor cultural de un bien. Ahora mismo, los bienes pueden ser considerados como portadores de algún valor cultural de un modo que me parece muy extraño, por no decir pernicioso para la propia cultura y el para el mismísimo mercado también. Si es literatura, música, pintura o cualquier otra arte, el bien recibe la calificación de cultural por lo que los intentos de preservar las distintas culturas, intervienen directamente sobre la comercialización de este. Y esta muy bien, en principio, sólo que al final, no queda más remedio constatar por una parte, que lo que se protege son más los soportes que los contenidos y por otra parte, que la localidad del fenómeno cultural no tiene más que un pálido reflejo en los mercados cada vez más universales. Las consecuencias saltan a la vista y el proteccionismo cultural no parece una buena vía cuando una masa importante de la demanda sólo puede (a causa de su raquítico poder adquisitivo) elegir entre lo muy barato y lo barato. Si admitimos, por ejemplo, que los alimentos, la forma de prepararlos y de comercializarlos en una cultura local son tan portadores y transmisores de cultura como el mejor libro, se hace evidente la carencia de una magnitud reflejando ese valor.
            De ahí mi pregunta: ¿dónde puedo encontrar una teorización de este valor cultural que creo consustancial a cualquier bien?

            Jacques.

            Comentario por jabedel — 11 abril 2011 @ 19:00

  9. Aquí otro artículo, dicen que menos favorable pero por lo menos se entiende, sobre el mismo libro: http://www.lesechos.fr/opinions/livres/0201284311057.htm

    El final del artículo dice así:

    Aunque interesante y erudita, la obra no convence. El autor avanza que «el préstamo con intereses contribuye, de manera totalmente automática, a la concentración del patrimonio» lo que es históricamente contestable. Olvida también el hecho que los inversores, supuestos concentradores de las riquezas, son, en gran parte, actores colectivos, como los fondos de pensiones. Al extender a todo el sistema, un juicio que debería tener como objetivo la hipertrofia de la esfera financiera, no estará equivocándose de objetivo? El capitalismo ya ha demostrado ser capaz de transformaciones espectaculares: hablar de su agonía es probablemente un poco prematuro.

    El blog de Paul Jorion que no voy a traducir ;) : http://www.pauljorion.com

    Comentario por jabedel — 8 abril 2011 @ 00:24

  10. Chema, una pequeña aclaración de mi propósito, para evitar malentendidos.

    Me doy cuenta que mis preguntas pueden ser percibidas como una especie de trampa en la medida en que presento superficialmente un autor del cual digo compartir las propuestas sin exponer argumentación alguna. Así que voy a intentar clarificar sobre que se apoya mi punto de vista.

    En realidad no comparto todas las conclusiones de los análisis de nadie que yo haya leído hasta ahora. Tampoco tengo ninguna propuesta para el futuro y es voluntario ya que pienso que sólo desde el conocimiento profundo de los mecanismos de la economía real y de la teórica, se puede proponer medidas concretas y no es mi caso. Sin embargo, considerando la economía como una estructura emergiendo de la propia naturaleza, es perfectamente posible exigir de la ciencia económica que ejerza toda la presión de la que es capaz sobre los tomadores de decisiones, con el fin de corregir las contradicciones inherentes al sistema actual. Para detectar esas contradicciones, no es preciso ser economista, diría incluso que es mejor no serlo si el conocimiento económico obstruye otros conocimientos acumulados por la humanidad.

    La primera gran contradicción, a mi juicio, proviene del hecho de considerar el mercado – sobre todo el financiero – como una fuerza de la naturaleza no solamente no domesticable, sino que cualquier intento de domesticación quebraría su dinámica y lo volvería incapaz de cumplir su papel. Se usa mucho la metáfora del torrente sanguíneo para justificar ese «fluir libremente» que los partidarios del liberalismo económico reclaman y se ejemplifican los estrepitosos fracasos de todos los sistemas que supusieron un freno a la libre circulación de los bienes y del capital: las autarquías, los proteccionismos, los comunismos, etc… Nos vemos obligados a aceptar la dictadura de un hecho supuestamente natural a pesar de carecer, ese mercado salvaje, de fundamentos teóricos sólidos que pudiesen justificar esa cabalgada, aparentemente imparable, emprendida desde los tiempos de la revolución industrial. Desde entonces, los argumentos no han evolucionado mucho. Al darwinismo social, ideología de circunstancia, falaz y seudo científica ha sucedido el liberalismo financiero a ultranza enarbolando la bandera de la libertad económica. Ese concepto contiene en si mismo, todas las contradicciones. ¿Cual es la libertad que el ser humano puede ejercer en un sistema de fuerzas naturales? ¿No es, acaso, la domesticación de esas fuerzas la que nos ha abierto las puertas del ejercicio de nuestra libertad como individuos de una especie en proceso de civilización? Si las primeras civilizaciones no hubiesen domesticado -en la medida de sus posibilidades- los ríos en las márgenes de los cuales estaban instaladas, no estaríamos dónde estamos, para bien o para mal. Pero estamos y es evidente que necesitamos imperativamente domesticar las fuerzas que nos empujan al caos y contrarrestar la tendencia de la naturaleza a la entropía. Es decir comprenderla para usarla y no soñar irracionalmente poder doblegarla y someterla a nuestros deseos. ¿Cómo justificar la renuncia a encauzar y controlar ese río cruel e imprevisible denominado mercado financiero? Es evidente, por lo menos para mi, que cualquier intento de justificación de esa renuncia caerá inmediatamente en la contradicción a no ser de declarar, como premisa, la imposibilidad de tal domesticación lo que sería relegar la ciencia económica al rango de técnica de navegación a ciegas y declarar que jamás ninguna luz nos alumbrará el camino a seguir. Es en este punto dónde, a mi juicio, el concepto de libertad económica deviene en irracionalidad de la misma forma que la religión, que fue, una vez, motor de civilización, deviene en irracionalidad al negar al ser humano la capacidad de construir su futuro independientemente de cualquier plan pretendidamente trazado por la divinidad de turno.
    Es muy revelador, para mi, observar como una visión evolucionista de la religión puesta en paralelo con una visión evolucionista de la economía, nos remite a un proceso muy similar: la construcción de un sistema teórico que cobra vida por si mismo e invierte las dependencias. Lo que estaba para servir al hombre lo esclaviza y los intentos de racionalizar nuestra relación con la naturaleza se ven enfrentados a los movimientos pretendiendo un «retorno a las fuentes», bandera bajo la cual se agruparon y se agrupan todos los fanatismos. La excusa seudo naturalista enarbolada por los defensores de la libertad económica total es del mismo orden: la sumisión a una idea dogmática impuesta por un estado, supuestamente, de hecho. Los movimientos tipo «Zeitgeist» no son más que caricaturas de Moises bajando del monte con las tablas de la ley bajo el brazo. Sus peligros residen en la misma idea que los sustentan: que es posible diseñar artificialmente un sistema perfecto. Es la antesala de todos los totalitarismos, desde los religiosos hasta los ateos pasando por supuesto, por todas las variantes llamadas espirituales. Todos esos sistemas tienen en común, la seudo ciencia, el seudo naturalismo, la irracionalidad y la carencia total de humanismo. Es así como entiendo que la economía debe servir al ser humano. Sujetándola para evitar que nos convierta, como ocurre con cualquier sistema implicando un comportamiento humano, en meros engranajes de una máquina lanzada a toda velocidad e indiferente a nuestras necesidades.

    Es desde este punto de vista que abordo cualquier escrito o propuesta en relación al futuro de la humanidad. En el caso de Paul Jorion, lo que celebro sobre todo, es su intento de replantear las bases del problema. Me parece muy productivo, por ejemplo, su intento de ampliar la visión marxista introduciendo el empresario y el comerciante junto a los actores clásicos, proletariado y capital. Por el contrario, no comparto su apoyo al materialismo marxista en la medida en que este considera la actividad del ser humano como su esencia verdadera, negando cualquier posibilidad de existencia de una esencia o naturaleza humana que condicione esa actividad, lo que conduce a la sobrevaloración, casi sacralización, del trabajo. Soy consciente de lo mal que puede ser percibida esa idea, en el blog de un sindicalista y activista. No es provocación gratuita sino simple sinceridad intelectual.

    Comentario por jabedel — 8 abril 2011 @ 19:06

    • Vale, vale. Bien.

      Pero primero, lo primero.

      Ahora filosofamos, pero ya que te he redactado la contestación, te la envío… y ahora nos ponemos manos a la obra, tranquilo.

      Comentario por chemazdamundi — 8 abril 2011 @ 21:51

    • En realidad no comparto todas las conclusiones de los análisis de nadie que yo haya leído hasta ahora. Tampoco tengo ninguna propuesta para el futuro y es voluntario ya que pienso que sólo desde el conocimiento profundo de los mecanismos de la economía real y de la teórica, se puede proponer medidas concretas y no es mi caso.

      1) Muy honrado de tu parte.

      2) La mejor forma de ayudar es no estorbar.

      3) Si no sabes, no hables: escucha y aprende.

      Yo también me intento aplicar eso. Dice mucho de ti como persona, Jacques. Mucho.

      Sin embargo, considerando la economía como una estructura emergiendo de la propia naturaleza,

      Así es.


      es perfectamente posible exigir de la ciencia económica que ejerza toda la presión de la que es capaz sobre los tomadores de decisiones, con el fin de corregir las contradicciones inherentes al sistema actual.

      ¡Por supuesto!

      ¡Ahí está la clave!

      Porque los que toman esas decisiones no las hacen (suelen hacer) desde el punto de vista científico.

      NO SON LOS CIENTÍFICOS ECONÓMICOS.

      Por decirlo de alguna forma, los tomadores de decisiones son UNOS, y los CIENTÍFICOS ECONOMISTAS son OTROS. Los que ocupan los cargos SUELEN ser más políticos y/o defensores de intereses particulares o sectoriales que verdaderos economistas de vocación.
      NO SE PUEDE IDENTIFICAR a los dos.


      Para detectar esas contradicciones, no es preciso ser economista, diría incluso que es mejor no serlo si el conocimiento económico obstruye otros conocimientos acumulados por la humanidad.

      Yo diría que es mejor ser economista A LA VEZ que tener muchos más conocimientos.

      Es lo mejor para SABER DETECTAR y COMBATIR esas contradicciones.

      El científico economista debería ser el epítome del científico todoterreno. Es de los pocos científicos sociales cuya especialidad académica entra de lleno en combinación con las ciencias duras.

      Y no es que un economista NO DETECTE CONTRADICCIONES del “sistema actual”. Es que los que NO las detectan son los que ejercen de sector dirigente de ese “sistema actual” (los “tomadores de decisiones que mencionas”). Mejor dicho… que NO las quieren detectar en numerosas ocasiones (porque no les interesa ni detectarlas ni combatirlas).

      ¿De verdad te crees que la crisis subprime no podría haber previsto nadie COMO ASEGURAN LOS QUE ESTABAN AL CARGO CUANDO ESTALLÓ?

      Venga, hombre, por favor…

      Cualquier economista SABRÍA que eso podía suceder si hubiera tenido los datos reales… Joder que sí lo habría previsto.

      Es más, muchos economistas la detectaron muchísimo antes de que estallara INCLUSO sin tener los datos tergiversados de las agencias de calificación, infiriéndolo a través de los niveles de renta y deuda, como Satyajit Das.

      Muchos no acabáis de entender que una cosa es la Economía como ciencia… y otra “las cosas que hacen los que supuestamente la manejan”.

      Eso no es ciencia económica: eso es corrupción.

      La Economía COMO CIENCIA no sólo no justifica esas barbaridades que hicieron los miserables de los neoliberales estadounidenses SINO QUE LAS CONDENA y avisa de lo malas que pueden llegar a ser sus consecuencias.

      Por poner un ejemplo más claro: si tanto denuncio el (neo)liberalismo desde mi página web es porque es una ideología economicista MÁS… sino porque es una ideología economicista QUE MIENTE.

      Jacques… la Economía no es un justificante de las acciones de cuatro hijos de puta que buscan enriquecerse a costa de los demás. No es un “sacerdocio de ricos”. La Economía es una ciencia, un área de estudio académico. El que diga que la Economía como ciencia justifica el egoísmo exacerbado de los tiburones de Wall Street o el que se puedan hacer cosas como la venta masiva de activos tóxicos MIENTE COMO UN BELLACO y merece que lo fusilen en la plaza mayor del pueblo bajo un redoble de tambores.

      Eso… es… FALSO…

      Eso es lo que muchos de esos hijos de puta nos pretenden hacer creer: que la Economía les da la razón CUANDO ES AL CONTRARIO.

      La primera gran contradicción, a mi juicio, proviene del hecho de considerar el mercado – sobre todo el financiero – como una fuerza de la naturaleza no solamente no domesticable, sino que cualquier intento de domesticación quebraría su dinámica y lo volvería incapaz de cumplir su papel.

      Pero Jacques, hombre… ESO es lo que dicen los neoliberales, NO LO QUE DICEN TODOS LOS ECONOMISTAS.

      Eso es una contradicción de ellos, no de la ciencia económica.

      Vuelvo a insistir en que el fallo de muchas críticas reside en IDENTIFICAR las acciones de los (neo)liberales o de “los tomadores de decisiones” como tú los llamas con la Economía como ciencia.

      Por eso hago tanto hincapié en denunciar al liberalismo económico como pseudociencia. Una pseudociencia más como lo pueda ser la homeopatía, la criptozoología, la parapsicología, etc.

      Es… un… fraude… disfrazado de apariencia de certeza científica.

      La Economía como ciencia NO DICE EN ABSOLUTO que el mercado sea intocable o si no, se rompe.

      Ni de coña, vamos.

      Hace AÑOS que eso dejó de debatirse en el seno de la comunidad de estudio científico económico serio PORQUE SE DEMOSTRÓ COMO FALSO. Joder, ahí tienes el caso de Suecia y de la socialdemocracia nórdica: viven escandalosamente bien, interviniendo en “sus mercados” y ni se ha roto su economía ni tonterías (los liberales ODIAN a los estados nórdicos porque les ponen en evidencia, incluida Islandia, porque su experimento con el abandono de la socialdemocracia por el neoliberalismo se demostró DESASTROSO).

      Eso es un debate del siglo XIX que a muchos “interesados” no les conviene que se deje como definitivamente aclarado: la sociedad tiene no ya el derecho SINO EL DEBER de regular su economía a través de los mecanismos que estime necesarios. POR SUPUESTO QUE HAY QUE “DOMESTICAR” la economía. Nadie salvo está hablando de TIRANIZARLA al estilo comunista o fascista, sino de ENCAUZARLA. Muchos neoliberales y “tomadores de decisiones” (especialmente estadounidenses) te saltan enseguida con “si tocas o regulas el mercado eso es tiranía: ¡comunismo! ¡Fascismo!” Métete tus gilipolleces por donde te quepan, tarado. Los tipos así te lo ponen todo o blanco o negro sin enseñarte la multitud de matices que hay, como la combinación entre intervencionismo y libertad económica que se da en una socialdemocracia bien puesta.

      A ver si con esta conversación figurada te lo acaba de aclarar:

      Un liberal: “es que 2 + 2 = 7,32”.

      Un científico economista: “No, eso se demostró como falso hace años, 2 + 2 = 4”.

      El liberal vuelve a repetir: “ ¡¡¡2 + 2 = 7,32, maldito comunista!!!”

      Uno de la calle: “Oye, científico, que el liberal sigue insistiendo en que 2 + 2 =7,32”

      El científico: “Que diga lo que quiera, ¿qué quieres que haga, que coja una pistola y le pegue un tiro? De ti depende el darte cuenta de quién miente cuando cada uno te demos nuestros argumentos.”

      Las once. Jolín, mañana seguimos, tengo que irme a dormir.

      Comentario por chemazdamundi — 8 abril 2011 @ 23:09

  11. Chema,

    No seré yo quien conteste la condición de básicamente falaces de una sustancial parte de las teorías científicas publicadas. Ocurre hasta en el campo de las ciencias experimentales y casi siempre se encuentra un grupo de presión politico-religioso-ideológico detrás de los pretendidos estudios. Esas publicaciones tienen mucho más eco en el ámbito de la vulgarización científica (terreno muy propicio a todo tipo de manipulaciones) que en el de la divulgación propiamente científica. ¿Cómo no iba a ocurrir con la ciencia económica? La coherencia de las teorías es una cosa, la manera como se presentan al gran publico, otra y la puesta en práctica, otra mas. Desgraciadamente, el prestigio de un científico es un valor tan susceptible de manipulación que más vale esperar un par de décadas antes de poder evaluar sus aportes de manera constructiva. El problema particular de la ciencia económica es que los políticos se enamoran de todo lo que conforta la pila de prejuicios y falacias sobre los que elaboran sus programas. El caso más sangrante, en mi opinión y desde mis escasos conocimientos, es el de la visita de Friedman a Islandia en 1984. Polemiza con los socialistas al poder y enamora al Partido de la Independencia. Estos últimos acceden al gobierno en 1991 y ponen en práctica las teorías de Milton el mago. Grandes privatizaciones, reducción de la carga impositiva sobre las empresas (¡¡¡de 45% a 18%!!!), liberalización de los mercados financieros, etc… ¡Exitazo! La renta disponible de las familias, después de impuestos, sube un 75%, se roza el pleno empleo, se habla de milagro islandés, etc… Pero en 2008 llega la catástrofe. Las opiniones sobre las causas del desastre divergen (normal, alguien tendría que admitir públicamente un error garrafal pero nadie tiene el coraje de hacerlo) y no tengo suficientes conocimientos para analizarlas yo mismo pero hay una evidencia: alguien ha jugado con las cerillas. Exonerar Friedman de responsabilidades me parece tan difícil como cargarle con todas las culpas. Pero la situación que revela estos hechos me hace imaginar una pequeña metáfora. Supónte que la Física teórica obtuviese la capacidad de hacer variar las cuatro fuerzas fundamentales (nuclear fuerte, flaca, electromagnetismo y gravedad) y que, además, tuviese lugar un debate de orden ideológico en la sociedad sobre el valor adecuado que darles. Creo que nos quedaríamos sin universo habitable en un abrir y cerrar de ojos. No por culpa de la ciencia sino por la de unos científicos incapaces de resistir a la presión ideológica. No me parece mal del todo que las ideologías se construyan teniendo en cuenta los conocimientos científicos, aunque sea siempre peligroso en razón del estatuto de verdad temporal de cualquier teoría científica. Pero la inversa, elaborar teorías para satisfacer las necesidades ideológicas de una parte de la población, ya es criminal y más aún cuando se ponen en practica.

    La dueña de la ciencia es la humanidad, compete entonces a esta última protegerla. La mejor forma de proteger la ciencia es la crítica, incluso feroz, de las teorías que produce. Pero, en el caso de la Economía, se antoja muy ardua la tarea, ya que prácticamente todo el conocimiento (por lo menos las hipótesis de base de los distintos sistemas) que maneja es susceptible de interpretaciones por las distintas ideologías que se afrontan. Todo esto, además, esta siendo reforzado por la extrema confusión con la que llega el conocimiento al conjunto de la sociedad. La confusión, que te empeñas con razón a denunciar, entre ciencia económica, realidad económica y Economía a secas, me parece ser solo la punta del iceberg.

    Así que talvez si que haya que sacar las pistolas, pero no las de matar sino las de educar. Por ejemplo, iniciativas como la de Michel Onfray, filósofo francés (oootro, lo siento ;) http://www.michelonfray.fr/ ) y su universidad popular, gratuita, al margen del sistema educativo oficial y dedicada a la enseñanza de la filosofía a las clases populares (no te engañes, el nivel es muy alto) me parece una Desert Eagle (pistolón enorme) capaz de acabar con más de una falacia.

    Comentario por jabedel — 9 abril 2011 @ 15:28


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