El diario de Chemazdamundi.

4 julio 2010

Clases de Economía (I): la curva de Laffer.

Atendiendo a la solicitud de elaboración de un artículo de una de mis habituales, Ibeth, procedo con gusto a hablaros del tema escogido por ella.

Hoy os voy a hablar de “la curva de Laffer”.

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Índice.

I. ¿Qué es la curva de Laffer?


II. ¿Cómo se llegó matemáticamente a la curva de Laffer?


III. Historia de la curva de Laffer.


IV. ¿Es, por tanto, el concepto representado por la curva de Laffer un hecho? ¿Qué validez tiene?

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I. ¿Qué es la curva de Laffer?

Es una representación gráfica que sirve de herramienta o modelo a un organismo gubernamental (normalmente un gobierno estatal) como guía conceptual para saber hasta dónde puede o, mejor dicho, debe gravar mediante impuestos.

O para que ese organismo o institución se dé cuenta de que no puede subir los impuestos hasta donde quiera. No sin esperar repercusiones de algún tipo en la economía.

Es decir, que es una representación gráfica que muestra cómo afecta a la economía de un país el que los ingresos gubernamentales sean obtenidos mediante impuestos (supongo que sabéis que un gobierno puede obtener sus ingresos de más formas, como a través de la emisión de deuda pública o de los beneficios obtenidos mediante empresas públicas estatales, por ejemplo).

Es una representación gráfica de una teoría. Es, por tanto, hipotética.

Esta representación gráfica busca explicar de manera clara cómo el que un gobierno suba impuestos no siempre significa que va a obtener MÁS dinero con esa subida de impuestos.

Seguramente, muchos de vosotros pensaréis como lo más lógico del mundo que si un gobierno quiere obtener más dinero, debería hacer cosas como subir los impuestos, ¿no es así?

Pues la curva de Laffer nos indica que, si un gobierno sube más allá de cierto punto su actividad recaudatoria fiscal (sus impuestos), puede provocar el que gane menos dinero que si gravara menos los bienes y servicios.

¿Cómo es eso?

Si un gobierno sube demasiado sus impuestos, el precio resultante de sumarle esa subida a los costos y margen de beneficio de un bien o servicio, puede acabar por no hacer deseable el ofrecer ese bien o servicio a quien lo oferte ni adquirirlo a quien lo demande. Es decir, que el productor y/o el comprador considerarán que no le interesa (o, directamente, no podrá), ofrecer y/o comprar ese bien o servicio. Como resultado, las ventas de ese bien o servicio, caerán y, como resultado, los impuestos recaudados… caerán también. De hecho, puede llegar un punto en el que el gobierno, debido precisamente a ese gravamen excesivo, deje de ganar tanto dinero como si gravara menos esos bienes y servicios.

Vamos a aprender a leer una curva de Laffer básica (hay varios tipos, veremos unos cuantos). Lamentablemente, tengo que utilizar matemáticas. Aviso por si acaso.

Figura 1. Curva de Laffer típica.

En el eje de abcisas situamos los tipos impositivos posibles, medidos en un porcentaje del 0% al 100%. Es decir, de no tasar en NADA (0%) un producto, a tasarlo al máximo posible (100%).

En el eje de ordenadas situamos los ingresos gubernamentales (en dinero). Es decir, de obtener 0 unidades monetarias (por ejemplo, obtener 0 euros), hasta el infinito (nótese que, a diferencia de lo que sucede con el eje de abcisas, los ingresos gubernamentales, no tienen “techo” teórico: la línea se puede extender hasta el infinito).

1) Como podéis leer, a 0% de carga fiscal de un bien o servicio, el gobierno gana 0 euros (o dólares, o la moneda que sea). Obvio: si no cobro impuestos, no gano dinero a través de los impuestos.

2) Conforme el gobierno carga más con impuestos (más %) un bien o servicio, obtiene más ganancia. Gana más euros. Y…

3) …llega un punto , (t*) de optimización máxima: el gobierno gana el máximo dinero posible mediante impuestos.

4) Pero pasado ese punto, el cargar con tantos impuestos el bien o servicio en cuestión, hace que productores/compradores vean cada vez menos interesante el producir/adquirir ese bien o servicio, cada uno por sus motivos. Los primeros porque ganarían cada vez menos, y los segundos porque cada vez experimentarían más subidas en el precio final. Ahora veremos eso con más detalle, porque depende del tipo de impuestos (directos o indirectos) que estemos aplicando en la curva (sobre la totalidad del beneficio del producto o sobre el precio final).

5) La curva pues, se lee: a 0% de carga con impuestos, 0 euros de ganancia (porque el gobierno no ingresa nada); a 100% de tipo impositivo fiscal, 0 euros de ganancia también… ¡porque nadie querría ofertar el bien o servicio! Lo correcto es cargar con impuestos un bien o servicio… hasta cierto punto máximo (t*), pasado el cual, el gobierno empieza a ganar MENOS de lo que ganaría si no cargara TANTO con impuestos el bien o servicio.

6) Notas a tener en cuenta, porque sé de sobra que me vais a venir con éstas.

Aprended a leer bien la curva. La curva de Laffer básica mide el tipo impositivo sobre el beneficio del producto, no sobre el precio final. Si utilizamos porcentajes para medir el tipo impositivo no es por capricho. La curva de Laffer tal y como fue diseñada entiende que el que un gobierno cargue fiscalmente un bien o servicio, se mide a través de lo que el gobierno se lleva o, mejor dicho, obtiene en dinerito sobre lo que se obtenga con ese bien o servicio. A ver, un ejemplo: si un gobierno grava con un 5% un producto, significa que se lleva un 5% de lo que se obtenga vendiendo ese bien o servicio. De la misma forma, si un gobierno gravara con un 100% un bien o servicio, significaría que se llevaría TODO lo que se obtuviera con ese bien o servicio. Mide, sobre todo, impuestos directos, es decir, los que gravan directamente la fuente de riqueza, beneficio o renta como, por ejemplo, los impuestos sobre la renta, el patrimonio, impuestos de sucesiones, el de Tracción Mecánica, etc.

Es por eso que al 100% de tipo impositivo, emmm… a nadie le interesa ofertar nada. Si vendo jamones, y de todo lo que obtengo vendiéndolos, el gobierno se lleva el 100%, el productor o vendedor, va a decir: “va a fabricar jamones su puta madre, yo no trabajo de gratis para el gobierno”. En ese caso extremo, perdiendo incluso dinero (los costos de producir los jamones).

En términos económicos, se dice que los productores “no tienen incentivo para producir”.

7) Si bien la curva de Laffer no está pensada para ese tipo de impuestos, también sirve para medir (más o menos) los efectos de impuestos sobre el consumo. El IVA es uno de ellos. Si el gobierno carga con un 5% más de IVA un producto, no significa que se lleve el 5% de lo que se venda con él, sino que EL PRECIO de ese producto sube un 5% (que es lo que se lleva). No es el mismo caso que vimos en 6). El impuesto no sale del productor, sino que lo paga el consumidor. El jamón del ejemplo sigue costando sus (por ejemplo) 300€, pero ahora hay que sumarle a su precio el 5% de la subida (15€), pasando a costar 315€. Obviamente, el comprador lo nota… y, en líneas generales, estará menos dispuesto a comprar, por el simple y mero hecho de que el producto vale más. Es un impuesto indirecto.

Un ejemplo para que veáis las repercusiones de subir los impuestos de este tipo: no sé si sabéis que tengo una piscina-embalse para la huerta y para bañarme. En una ocasión, estuve consultando precios para acristalarla (y así aislarla del exterior: se evita que el agua se ensucie; se ahorran productos de limpieza y energía de la depuradora; el agua se calienta más con el “efecto lupa” de los cristales; no deja pasar los rayos UVA, genial para la gente de piel clara como mi mujer; se puede uno bañar más meses al año y se optimiza el uso de la piscina, etc.). El comercial vino a mi casa, y me hizo un presupuesto. ¿Sabéis lo primero que me dijo? Que si quería acristalar la piscina, que lo hiciera antes de la subida de impuestos (la del 2010), porque el precio final del producto (la cristalera), se encarecería notablemente (pasaría del 16% al 18% de IVA). Puede parecer poco, pero en un producto que cuesta, sin impuestos, 4000€, es más que obvio, que se transforma en una subida “importante”. Eso, añadido al hecho de que, admitámoslo, no es un producto de mucha necesidad sino de lujo (no llegué a instalarla), hacía calcular a la empresa de este buen hombre, que sus ventas se reducirían en un 40%.

Fijaos qué cosa: subir un 2% en impuestos el precio de un bien… suponía perder un 40% de venta.

Fijaos MÁS aún… si la empresa perdía un 40% de ventas… el gobierno también dejaría de percibir tanto dinero como antes con la actividad económica de esta empresa. Supongamos que la empresa logra vender cristaleras por valor de cien millones SIN impuestos. La empresa, obligada por ley, carga con un 16% esas cristaleras y obtiene para el gobierno dieciséis millones de euros. Con la nueva subida de impuestos (al 18%), el gobierno obtendría un 2% más por los impuestos, ¿no? Ganaría más, ¿no? Pues no. Si la empresa vende ahora un 40% menos, es decir, sesenta millones de euros (sin impuestos), y le envía al gobierno los impuestos correspondientes, le enviaría diez millones ochocientos mil euros. Menos de lo que ingresaba antes de la subida de impuestos. En ese caso, el gobierno ha hecho “el canelo” al subir los impuestos: no sólo frena la actividad económica y los beneficios de la empresa y corren riesgo puestos de trabajo sino que, encima, para más INRI, obtiene menos dinero a través de los impuestos.

Obviamente hay que añadir también que son los productos más caros y más lujosos (no de primera necesidad) los que más se ven afectados de esta manera por estas subidas de impuestos. Los de primera necesidad, como son necesarios, experimentan menos caída de venta aunque se suban sus precios pues, por eso, porque son necesarios y/o imprescindibles (en la edad feudal eran esos productos los que se gravaban, para agravio de las clases pobres, que no podían evitarlos: harina, vestimenta, transporte, etc.).

Otro ejemplo clarísimo y que nos viene de perlas por lo actual que es. El gobierno español subirá el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) a partir del 30 de Junio de 2010. ¿Vosotros creéis que la compra-venta de los productos en España no se va a ver afectada? ¿La gente va a estar igual de dispuesta a comprar tras la subida del IVA? En líneas generales, estará menos dispuesta a comprar y consumir, porque subirán los precios finales de los bienes y servicios (y sus ingresos seguirán siendo más o menos los mismos, no se debe olvidar ese “detalle”).

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Bueno, vamos a ver más cosas en profundidad, porque quiero que entendáis…

II. ¿Cómo se llegó matemáticamente a la curva de Laffer?

La curva de Laffer ilustra muy bien el concepto de Elasticidad de los Ingresos por Gravamen Fiscal (esto es… ¿hasta dónde se puede estirar la capacidad de un gobierno para “freír” a impuestos un producto?) y se llegó a ella mediante experimento mental.

A saber: se asume que si la cantidad de impuestos se relaciona con los ingresos obtenidos por ellos, los ingresos por impuestos cambian si se cambian esos mismos tipos impositivos, ¿no?

Algo tiene que cambiar si ambos están relacionados: si subo o bajo los impuestos debo obtener más o menos dinero.

Obvio, pero… ¿de qué manera? ¿Es correcto pensar que si se cambia a más impuestos (% de tipo impositivo) el gobierno obtiene más ingresos (dinero)? ¿Es correcto que, a menos impuestos el gobierno gana menos dinero?

Primero tenemos en cuenta las dos variables:

1-Cuánto podemos gravar un bien o servicio: tipos impositivos.

2-Cuánto dinero obtengo de ese gravamen: recaudación fiscal.

Y me pongo en los dos extremos posibles.

-A 0% de gravamen obviamente, si yo soy el gobierno no gano NADA. Eso sí está demostrado.

-A 100%… ¿gano el 100% de lo que he gravado?

¿Es lógico pensar eso último?

La curva de Laffer establece la hipótesis (porque este modelo, recordemos, es una hipótesis sin confirmar fehacientemente en su totalidad todavía) de que a un 100% de tipo impositivo (sobre la ganancia, recordemos), tampoco voy a ganar ni un miserable céntimo, porque… nadie en su sano juicio aceptaría fabricar o producir un algo cuyos ingresos generados fueran a parar en su totalidad… a otra persona o institución (a eso se le llama “expectativas racionales”), como pueda ser el gobierno recaudador.

Fijaos bien que la curva de Laffer mide este tipo de impuestos porque son los más relevantes y directamente “estudiables”: al consumidor se la suda el que el productor tenga que entregar el 100% de lo que obtiene al gobierno siempre que él no vea aumentado el precio. El productor, en esa situación radical y con este tipo de impuestos, no va a subir los precios. ¿Por qué? ¿Qué beneficio obtiene? Ninguno. Lo mismo da que su producto valga 100 euros que lo suba a 100 millones: el 100% se lo va a llevar el gobierno. Es por eso que para el productor el subir de precio un producto gravado de esta manera no le va a repercutir en nada, no como en el caso del IVA. Este último tipo de impuestos indirectos al consumo son más difícilmente “medibles”. Precisamente porque son indirectos.

Otra cosa distinta sería si no fuera un valor tan absoluto y radical. Por ejemplo, pongamos que un fabricante produce carteras de piel por valor de 100€ con un 0% de tipo impositivo, y que el gobierno comienza de pronto a cobrarle una tasa de un 80% sobre sus ganancias totales. Antes, el fabricante obtenía 100€ por cartera… Ahora que tiene que pagar un 80% de lo que gane, ¿a cuánto tiene que poner la cartera para seguir ganando 100€ por cada una?

Cobrándolas a 100, tiene que pagar 80 de impuestos. Ganaría (100-80)=20. Si quiero volver a ganar 100… (100/20=5; 5×100=500).

Cobrándolas a 500, tiene que pagar 400 de impuestos. Ganaría 100 otra vez, como antes de que aparecieran los impuestos. Pero ha tenido que multiplicar por cinco el precio inicial.

Como poder puede hacerlo, pero… ¿cuánta gente le va a comprar esas carteras?

Bueno, pues hemos llegado al punto de darnos cuenta de que si a los extremos de 0% y 100% de tipo impositivo no se genera recaudación para el gobierno… surge como consecuencia que debe existir un tipo intermedio entre esos extremos que constituya una máxima recaudación posible.

A eso, en cálculo, se le llama el teorema de valores extremos (o de Weierstrass), que establece que si una función de valores reales f es continua en un intervalo cerrado y acotado [a,b], entonces f debe llegar a un valor máximo y uno mínimo… por lo menos una vez, ya que hay al menos dos puntos [x1, x2] pertenecientes a [a,b] donde f alcanza valores extremos absolutos.

O sea:

para cualquier

tenemos gráficamente:

Figura 2. Teorema de los Valores Extremos.

En la figura 2, podemos observar que una función continua f(x) en el intervalo cerrado [a,b] muestra el máximo resultado en rojo y el mínimo en azul.

Bueno, no os mareo más… es por eso que la curva de Laffer se representa de manera gráfica normalmente mediante una curva estilizada que comienza a 0% de tipo impositivo y 0 recaudación, se eleva hasta un tipo máximo de recaudación obtenida a un nivel intermedio de gravamen fiscal… y después cae de vuelta a la posición de obtener una recaudación 0… con un 100% de gravamen fiscal.

Figura 3. Curva de Laffer simple.

Figura 3. Curva de Laffer simple. “Tax revenue”: recaudación fiscal; “tax rate”: tipo impositivo.

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Un resultado potencial de la curva de Laffer es que aumentar los tipos impositivos más allá de cierto punto se volverá contraproducente (sí o sí) porque obtendrá rendimientos o tasas de ganancias de retorno cada vez menores.

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Laffer explica su modelo en términos de dos efectos interrelacionados del hecho de gravar con impuestos los bienes y servicios:

1) -Un efecto aritmético. Aquí se asume que la recaudación mediante impuestos es el tipo impositivo multiplicado por la recaudación disponible para ser gravada (o base impositiva o imponible). A un 0% de tipo impositivo, el modelo de la curva de Laffer asume que no se recauda ganancia alguna a través de los impuestos.

2) -Un efecto económico. Aquí se asume que el tipo impositivo tendrá un efecto… en la base impositiva en sí misma. A un tipo impositivo totalmente extremo del 100%, el gobierno teóricamente obtendría 0 recaudación (en unidades monetarias) porque los contribuyentes cambiarían su comportamiento en respuesta a esos elevadísimos impuestos: o no tendrían incentivo para trabajar o buscarían otra forma de evitar pagar los impuestos (economía de trueque, mercado negro, etc.). Así pues, el efecto económico de un tipo impositivo del 100% es que se reduce la mismísima base impositiva… a cero.

Si éste fuera el caso, volvemos a repetir, debería haber algún punto entre el 0% y el 100% donde resida un tipo impositivo ideal que maximice la recaudación. Las representaciones gráficas de la curva a menudo reflejan ese punto en torno al 50%, pero eso es una idealización, no un hecho. De la misma manera, la curva a menudo se presenta como una parábola, pero no tiene por qué darse necesariamente el caso.

Por favor, espero que os deis cuenta de que la actividad económica en sí misma no cesaría al completo si un Estado impusiera un 100% de tipo impositivo (los mismos Laffer y Wanniski, de los que hablaremos a continuación, lo hicieron notar). Simplemente se pasaría a eso, al trueque o a otras formas de economía al margen de la establecida por el gobierno. Aunque a algunos les pueda parecer lo contrario, el sistema económico no está totalmente en manos del Estado. Si éste hace mal las cosas, la gente va a reaccionar de manera acorde, no se va a estar quieta. Es por eso que existe el mercado negro en épocas de rigor económico (por ejemplo, en tiempos de guerra)… o cuando se considera que los impuestos son excesivos y que merece la pena arriesgarse a hacer negocio sin pagar impuestos (¿cuántos de vosotros, lectores, habéis comprado un piso pagando parte “en B” o “en negro”?). A mí no me miréis… yo me construí mi propia casa. En blanco. No quería problemas.

Y, ahora, veamos la historia y contexto de este modelo que estamos estudiando.

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III. Historia de la curva de Laffer.

La curva de Laffer tal y como la conocemos fue creada por el economista estadounidense Arthur Laffer.

Arthur Laffer, economista creador de la “curva de Laffer”.

Pero el concepto fue popularizado por el periodista de The Wall Street Journal, Jude Wanninski.

Jude Thaddeus Wanniski, periodista financiero de “The Wall Street Journal” que ayudó a popularizar la curva de Laffer.

Yo no conocía esta historia, porque en la facultad se estudiaba el concepto en sí y sus antecedentes, no el cómo se llegó a él, pero es que es un caso TAN ilustrativo de cuán interrelacionadas están Economía y Política, que no he podido resistirme a contárosla.

Laffer y Wanninski han pasado a la historia de la Economía principalmente por su papel en la creación y difusión de este concepto. Ambos son (en el caso de Wanniski fue) economistas políticos. Y republicanos “a tope” (de derechas). De hecho, formaron parte del grupo de asesores económicos de Ronald Reagan durante su etapa como presidente del gobierno de los EEUU durante los años 80.

Por lo visto, allá por 1974, Laffer, Wanniski, y (agarraos) Dick Cheney y Donald Rumsfeld estaban almorzando en un restaurante, charlando y lanzando improperios contra la política fiscal de elevar los impuestos del presidente Gerald Ford.

Menudo “grupito” de amigos republicanos (de derechas y bastante de derechas). La historia completa, aquí.

En medio de esa discusión, Laffer, para argumentar lo más exactamente posible lo erróneas que eran las políticas de subir impuestos de Ford, dibujó en una servilleta la curva para hacer una ilustración más comprensible para sus amigos.

Cómo no, todos cogieron el concepto… excepto el bestia de Dick Cheney.

Wanniski, entusiasmado, la utilizó y explicó en sus artículos sobre Economía, y el concepto adquirió mucha popularidad… especialmente entre los detractores de que se subieran los impuestos. Esto es, los más ricos (los lectores del Wall Street Journal de Wanniski, que se dedica muy especialmente a informar sobre Economía).

Laffer asegura que el concepto de su curva (ahora llamada de Laffer) no era suyo, sino que lo había establecido a partir de haber estudiado obras como la Muqqadimah (“Prolegómenos”) del polifacético escritor de origen andalusí Ibn Jaldún:

En los primeros tiempos del Estado, los impuestos son ligeros en su incidencia, pero obtienen una gran recaudación… Conforme pasa el tiempo y los reyes se suceden unos a otros, pierden sus costumbres tribales en favor de otras más civilizadas. Sus necesidades y exigencias crecen… debido al lujo en el que han sido educados. Así pues, imponen nuevos impuestos sobre sus súbditos… y elevan tremendamente los viejos impuestos para incrementar su rendimiento… Pero los efectos en los negocios de esta subida de los impuestos se hacen sentir. Porque los hombres de negocios se ven desalentados [de continuar con su actividad] al comparar sus beneficios con la carga fiscal… En consecuencia, la producción cae y, con ella, el rendimiento del sistema tributario.

Pero si bien es demoledor el comprobar que ya desde el siglo XIV los sabios de la época eran conscientes del concepto, la persona que estudié como mayor precedente del concepto de la curva de Laffer (y reconocido por el mismo Laffer) fue…

…John Maynard Keynes.

Ni debe parecer extraño el argumento de que el gravamen fiscal pueda ser tan alto que llegue a derrotar su mismísimo objetivo [la recaudación de dinero] ni que, dado el tiempo suficiente para recoger los frutos, una reducción de los impuestos obtendrá una mejor oportunidad que un incremento, para equilibrar el presupuesto. Porque tomar el camino contrario sería parecido al caso de un fabricante que, teniendo pérdidas, decida elevar sus precios y, cuando sus declinantes ventas incrementen las pérdidas, se envuelva a sí mismo en la rectitud de la lisa y llana aritmética, y decida que la prudencia le requiere incrementar aun más los precios –y, cuando al final, su última contabilidad se vea equilibrada con un resultado de “nada” en ambos lados, se encuentre a sí mismo declarando para justificarse que habría sido actuar como un jugador irresponsable el reducir los precios cuando ya se estaba entrando en pérdidas.

The Means to Prosperity. John Maynard Keynes. 1933. No busquéis ese libro en castellano. Lo tengo en inglés en mi biblioteca.

Qué verbo tenía este hombre.

Los que tengan conocimientos de Historia Económica se estarán preguntando asombradísimos… ¿cómo es que Laffer, un economista conservador que, de hecho, fue asesor económico y financiero de Ronald Reagan y él mismo candidato republicano a senador por California… admite sin tapujos que el concepto lo tomó a partir de un economista tan intervencionista y “asociado a la izquierda” como era Keynes?

Porque “le dio la vuelta al concepto”.

Keynes siempre estaba luchando por hacer entender que el intervencionismo del Estado era necesario para regular la Economía y que éste debía alimentarse de los impuestos pero que no había que “pasarse de rosca” tampoco y acabar en el extremo opuesto: el de gravar más de la cuenta, porque se acabaría acabando con la actividad económica empresarial y recaudando menos. Como podéis ver, Keynes siempre se estaba esforzando por hacer valer un término medio entre intervencionismo total (por ejemplo, marxismo y economías planificadas de corte totalitario) y liberalismo total (laissez-faire). El keynesianismo es la escuela económica del “término medio”.

Bueno, pues Laffer, el muy ladino, tomó el concepto… y lo utilizó para defender sus intereses y las de los grupos a los que pertenecía: sectores empresariales, conservadores, liberales, gente de dinero, etc.

Laffer diseñó su curva con el objetivo en mente de demostrar con ese concepto no que no había que pasarse de un punto con los impuestos, que es lo que quería decir Keynes…

…sino que, bajando los impuestos, el Estado recaudaría más dinero.

Fijaos cómo le dio la vuelta a la tortilla.

Obviamente, los sectores ricos y conservadores aplaudieron a rabiar la llegada de ese modelo y utilizaron la curva de Laffer como mantra y como argumento para convencer al gobierno de que bajara los impuestos, que iba a ser “cojonudo” no sólo para ellos (los que tenían dinero y estaban cargados a impuestos)… sino también para el mismísimo gobierno recaudador. Demostrado empíricamente, según ellos (mentira). Y, encima, con el añadido del prestigio y supuesto beneplácito de la obra de Keynes.

Pues no.

Si bien los keynesianos están de acuerdo con los liberales en que subir en exceso los impuestos es “malo” o, hablando con propiedad, no sirve de mucho y puede llegar incluso a ser perjudicial para el objetivo de conseguir recaudar más dinero… no estaban de acuerdo con la teoría liberal de que se podía producir el efecto contrario: que reducir los impuestos generaría y/o facilitaría tanta actividad económica que el gobierno llegara incluso a recaudar MÁS de lo que tenía con un nivel previo de tipo impositivo más alto.

En 1981 Ronald Regan llegó al poder en EEUU junto con su partido republicano, tras años de ineficaz gobierno demócrata de Carter… y, con él, llegaron sus asesores económicos, entre los que se encontraba Laffer. Y Laffer se propuso llevar a la práctica su teoría.

Con una sonrisa maliciosa, los keynesianos dijeron: “hazlo, a ver qué pasa. A ver si se cumplen tus expectativas”.

Y el equipo de Reagan lo hizo: bajaron los impuestos.

Esta bajada de impuestos para facilitar y alentar un supuesto incremento de la actividad económica, se enmarca dentro de la llamada Reaganomics (palabra compuesta de Reagan y economics, y término que designa las políticas específicas de los gobiernos conservadores de Ronald Reagan) en los EEUU de los años 80 y principios de los 90.

La Reaganomics vista por el mismísimo Laffer.

¿Cuál fue el resultado de aquello?

El gobierno recaudó muchísimo menos y los EEUU entraron en los famosísimos déficits fiscales de los años 80, con los que la administración Clinton tuvo que batallar (y acabar solucionando) en la segunda mitad de los 90.

De novecientos mil millones de dólares de déficit se pasó a dos billones ochocientos mil millones.

Figura 4. Estadísticas de los porcentajes de ingresos fiscales del Estado americano (1969-2008).

Fuente figura 4.

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Los ricos aprovecharon las bajadas de impuestos no precisamente para generar más actividad económica… sino para pagar menos, obtener más beneficio… y guardárselo.

Por ponerlo de una forma más clara: con la bajada de impuestos, los más ricos dejaban de tener que pagar tanto y, con ello, efectivamente disponían de más dinero para la posibilidad de generar más actividad económica con él (crear más empresas, contratar más gente para hacer más cosas o mejor, invertir más, etc.). Pero si bien se dio algo de incremento en la actividad económica general… no fue tanta como la esperada: prefirieron “ahorrarlo” en líneas generales… y el Estado americano acabó recaudando menos de lo que recaudaba antes.

No se esperaba ese comportamiento de la típica clase emprendedora americana.

Los defensores de Laffer se defienden diciendo que los déficits se dispararon no tanto debido a la reducción de la recaudación como al incremento brutal del presupuesto de Defensa, bajo la militarista actitud del gobierno Reagan, que se puso a combatir a los comunistas durante la etapa final de la Guerra Fría… a un gran coste económico (financiación de las guerrilas contrainsurgentes y gobiernos aliados, creación de flotas y armadas de guerra, el programa de defensa espacial “Guerra de las Galaxias”, armamento balístico intercontinental, etc.).

Los detractores de las políticas fiscales de Reagan, como Paul Krugman, pasan a señalarles que eso (que el Estado gastara más) son excusas para no centrarse en el tema en cuestión: que el Estado recaudaba menos. El mismísimo Center on Budget and Policy Priorities (“Centro sobre las Prioridades de las Políticas Presupuestarias”) acabó señalando que

“La Historia muestra que las grandes reducciones en los tipos impositivos sobre los ingresos de 1981 [año de la llegada de Reagan al poder] fueron seguidas de un anormalmente lento crecimiento de recibos [a pagar al Estado] de impuestos sobre los ingresos, mientras que los incrementos sobre este mismo impuesto entre 1990 y 1993 [gobiernos de Bush padre y Clinton] fueron seguidos de un notable aumento de la llegada de recibos”.

Más concretamente, el análisis calcula que el crecimiento anual de recibos de impuestos sobre los ingresos por persona en edad de trabajar fue de 0,2% de 1981 a 1990 y de un mucho más elevado 3,1% de 1990 a 2001.

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IV. ¿Es, por tanto, el concepto representado por la curva de Laffer un hecho? ¿Qué validez tiene?

Como hemos visto, aquí nos encontramos ya con los primeros “problemillas”.

La curva de Laffer es un tanto controvertida en tanto en cuanto siempre es hipotética para una economía en concreto, ya que sólo puede ser estimada, y los organismos de medición y los economistas no siempre se ponen de acuerdo en esas estimaciones.

Este modelo asume que el gobierno no recaudará nada al 100% de tipo impositivo porque no habría incentivo para querer obtener ingresos (para fabricar o vender nada, por ejemplo).

Sin embargo, esa asunción… no se ha demostrado cierta del todo. Hay quien discute ese hecho recordando que en la Unión Soviética había un tipo impositivo del 100% y que, aunque los soviéticos no eran precisamente conocidos por su eficiencia, el gobierno lograba financiar cosas como gigantescos presupuestos militares y su programa de investigación espacial. Sin embargo, Wanniski utilizó los resultados de los cambios en los tipos impositivos reales de los granjeros en la Unión Soviética para refrendar las conclusiones de la teoría de la curva de Laffer. Personalmente, creo que los dos ejemplos son correctos. El problema es que en el primer caso se está aduciendo la razón utilizando un caso general y levemente relacionado (el gobierno soviético podía financiar esos proyectos con sus ingresos mediante cosas que no fueran “impuestos”, tales como sus gigantescos beneficios de las empresas públicas monopolísticas)… y, en el segundo, es cierto que los sistemas agrarios de koljoses y sovjoses se demostraron muy ineficientes porque a los campesinos les daba relativamente igual trabajar más y/o mejor (iban a pagar muchísimo por su labor al Estado), pero un caso demasiado particular para extrapolarlo al conjunto de la economía de la URSS, que se garantizaba una producción mínima, trabajaran bien o no los campesinos debido a una organización planificada (los famosos “planes quinquenales”) e intensísima labor de vigilancia estatal mediante comisarios y sistemas de “palo y zanahoria” (¿os acordáis de las famosos fotos a la puerta de las fábricas de los “empleados ejemplares”?).

Obviamente, la mejor forma de comprobar y cuantificar la relación entre recaudación fiscal y tipo impositivo, es a través del estudio estadístico. Mientras que la interacción entre tipos impositivos y recaudación fiscal no se pone (normalmente) en duda, la naturaleza precisa de esta relación… todavía está sujeta a debate. En la práctica, la forma de una hipotética curva de Laffer para una economía en concreto, sólo puede ser estimada. La relación entre tipo impositivo y recaudación fiscal varía muchísimo de una economía a otra y depende de la elasticidad de la oferta de trabajo y muchos otros factores. Incluso la misma economía de un país puede variar a lo largo del tiempo.

Hay complejidades tales como posibles diferencias en los incentivos para trabajar para diferentes sectores productivos y un sistema que contenga el principio de progresividad (impuestos progresivos, son los que aumentan cuando aumenta la base impositiva o imponible, p.e., el IVA, que es un impuesto sobre el consumo, no sobre el beneficio obtenido de la venta del bien o servicio) en su sistema tributario complica la labor de estimación.

La curva también puede variar con las decisiones políticas y cuestiones como la fuga de capitales a paraísos fiscales, argucias y agujeros legales para evitar pagar impuestos hacen que, aunque se tenga un tipo impositivo alto, se recaude mucho menos.

Otra cuestión a tener en cuenta es la educación de la población y su tolerancia a ser gravada fiscalmente. Noruega, un país socialdemócrata con un elevadísimo nivel cultural (sí, ya está el jodido socialdemócrata neokeynesiano de Chemazdamundi haciendo propaganda nada subliminal de su sistema político-económico favorito), no encuentra mucha resistencia entre su población cuando va a subir los impuestos. Sus habitantes están muy educados en su civismo, y el gobierno (del signo que sea) se esfuerza en explicar y justificar esas subidas de manera transparente. Su población (las empresas son otro cantar: intentan “escaparse” todo lo que pueden) asume y entiende que si el gobierno sube los impuestos es porque hace falta para crear infraestructuras necesarias o similares… y no se “escaquea” a la hora de pagar impuestos ni deja de comprar aunque suban los precios. Por contra, los EEUU son un país que nació justamente porque no toleraba los impuestos sin contrapartidas de la metrópoli británica. En ese país, sus habitantes se ponen “como motos” cada vez que sus políticos suben los impuestos hagan falta o no y se “lía parda” en la economía: las ventas sufren altibajos impresionantes porque suban o bajen los precios unos céntimos, e intentan evitar pagar los impuestos como sea, porque consideran que el gobierno federal es corrupto y se gasta su arduamente ganado dinero en estupideces y “corrupciones de Washington”. Resultado: EEUU se ve obligado a gravar con mayores tipos impositivos a sus ciudadanos y aun así, para obtener una recaudación mucho más baja que Noruega (cifras de recaudación de Figura 5, en porcentaje sobre el Producto Interior Bruto). Cada uno de estos países establece a un nivel muy diferente… dónde está el punto máximo (t*) de optimización máxima de la recaudación fiscal. Noruega se puede permitir el poner relativamente más altos los tipos impositivos que otros países (por ejemplo, Irlanda) y aun así recaudar más sin que caiga la venta y la actividad económica. Y sus ciudadanos, tan contentos y bien atendidos.

Figura 5. Curva de Laffer de las comparativas entre índices de relación de recaudación fiscal y tipos impositivos de varios países.

Fuente figura 5: Estadísticas de ingresos fiscales estatales de la OCDE, Kevin Hassett. American Enterprise Institute.

.
Resumiendo:

En líneas generales, sí se ha logrado demostrar como regla que, a cierto nivel muy elevado de impuestos, la actividad económica”recaudable” cae tanto que el gobierno llega a recaudar menos de lo que lograría no “apretando” tanto.

Pero no se ha logrado demostrar que sea una regla cierta que, bajando los impuestos, el gobierno recaude más.

.

¿Entendéis la diferencia?

Ahí se encuentran tanto la validez como la invalidez de la curva de Laffer.

Laffer presentó la curva como un instrumento pedagógico para mostrar que, en algunas circunstancias, una reducción en los tipos impositivos en verdad lo que haría sería aumentar la recaudación gubernamental, sin necesidad de compensar el presupuesto reduciendo el gasto ni recurriendo a la deuda pública. Para una reducción en los tipos impositivos que hiciera visible el aumento de la recaudación, el tipo impositivo actual debería ser más alto que el punto de recaudación máxima.

Es por eso que la curva de Laffer se la asocia normalmente con los partidarios de la llamada “economía de la oferta”.

La economías de oferta (o “del lado de la oferta”, del inglés supply-side economics) es una escuela de pensamiento macroeconómico que aduce que el bienestar económico total se maximiza reduciendo las barreras impuestas a la producción de bienes y servicios (el “lado de la oferta” de la Economía).

Al reducir tales barreras, los defensores de esta escuela creen que los consumidores se beneficiarán de una mayor oferta de bienes y servicios a precios más bajos. Una política típica de economía de oferta es reducir los impuestos por ingreso y los tipos impositivos sobre las ganancias capitales (para así incrementar la oferta de trabajo y capital), gobiernos más pequeños, y una menor regulación sobre las actividades empresariales (para reducir costes). Los economistas que piensan así se oponen a y se preocupan de todo impedimento a la oferta de bienes y servicios, no sólo los impuestos.

Tanto Wanniski como Laffer eran partidarios de las “economías de oferta” y, por tanto, los conceptos de la cuerva de Laffer y de este tipo de economía se suelen relacionar. De hecho, los defensores de las economías de oferta citan muy a menudo la curva de Laffer como argumento para reducir los impuestos “porque así se incrementarían los ingresos del gobierno”.

Sin embargo, he de reseñar, para agravio de estos defensores de políticas liberales de este tipo… que el objetivo de la economía de oferta es maximizar la oferta de bienes y servicios, y para alcanzar esto uno debería reducir siempre impuestos.

En contraste, la curva de Laffer sugiere que un recorte de impuestos aumentaría la recaudación sólo si los tipos impositivos actuales estuvieran a la derecha del pico máximo (t*) de la curva.
.

La incoherencia argumentativa… se encuentra a lo largo y ancho de muchas de las argumentaciones económicas liberales.

Laffer tuvo que reconocer en 2007 que la curva no debía ser considerada el único instrumento de análisis para elevar o disminuir los tipos impositivos.

Visto lo visto, Reagan y su equipo de asesores económicos (Laffer entre ellos) estaban equivocados con respecto a que los impuestos a su llegada al poder, estaban a la derecha de (t*). Clinton los aumentó… y aumentó la recaudación.

Porque ése es el auténtico problema en cuestión: ¿dónde está el punto máximo de optimización de recaudación fiscal (t*)?

Ojalá lo supiéramos a ciencia cierta.

Sólo nos queda probar mediante “ensayo y error”. ¡Eh! ¡Pero algo hemos adelantado! Ya sabemos que aquellos países que no disminuyan significativamente su actividad económica cuando se incrementen los impuestos… están todavía a la izquierda de la curva. Y qué casualidad… los Estados Unidos de la era Clinton no se encontraban entre esos países, je, je…

Lo cierto es que la tan traída y llevada “curva de Laffer” se ha utilizado por cada cual para arrimar el ascua a su sardina. Yo os pongo todos los puntos de vista… y vosotros escogéis cuál creéis que es el más correcto. Mi punto de vista personal es que para que un gobierno recaude más dinero a través de los impuestos rebajando sus tipos impositivos… el país debería de hallarse bastante a la derecha de la curva. Y, si se halla tan a la derecha de la curva es porque seguramente pertenece a ese tipo de países que suelen tener gobiernos muy corruptos, muy dictatoriales o muy ineptos.

Pero, por favor os lo pido, antes de escoger un punto de vista, utilizad:

a) la cabeza y…

b) las Matemáticas.

Hasta la próxima.

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19 comentarios

  1. Muy interesante el artículo. Tras la lectura de este artículo, como tras la lectura de otros muchos, siempre se llega ineludiblemente a las mismas conclusiones:
    -. A los sistemas económicos les hacen malos las personas que se aprovechan de ellos.
    -. Y la gran mayoría de los problemas (por no decir todos) se podrían solucionar con formación y educación (de civismo y solidaridad casi que ni hablamos).
    Un saludo

    Comentario por NewZealander — 4 julio 2010 @ 15:33

  2. Me sorprende que la transparencia del estado sea influyente (tal vez de manera indirecta) en la recaudación de los impuestos, probablemente en Noruega no les duele pagar tanto porque los resultados son tangibles, digo, viven en un país relativamente tranquilo y tienen acceso a un buen sistema de seguridad social, cosa que lamentablemente no pasa en los Estados Unidos.

    Sería una especie de “inversión altruista” xD, los Noruegos contribuyen para que todos puedan vivir dignamente, aunque no hay que desestimar el que Noruega sea un país petrolero o su población es poco densa.

    Comentario por ibethk — 4 julio 2010 @ 22:20

    • probablemente en Noruega no les duele pagar tanto porque los resultados son tangibles, digo, viven en un país relativamente tranquilo y tienen acceso a un buen sistema de seguridad social, cosa que lamentablemente no pasa en los Estados Unidos.

      Efectivamente.

      Sería una especie de “inversión altruista” xD, los Noruegos contribuyen para que todos puedan vivir dignamente, aunque no hay que desestimar el que Noruega sea un país petrolero o su población es poco densa.

      PERO no tiene qué ver.

      El que un país tenga muchos recursos no quiere decir que su población tenga que estar tasada excesivamente. Los Emiratos Árabes gravan con un 0%: no le cobran nada en impuestos a sus tres millones cortos de súbditos-ciudadanos (también tienen muy poca población autóctona). Los vecinos de los noruegos, los suecos no tienen petróleo, y tasan de manera parecida a sus ciudadanos. Los países con muchos recursos tienen dos caminos: gravar o aprovechar que tienen tantos recursos que no graven nada.

      Noruega podría hacer lo mismo o parecido que los Emiratos, y decir: “pues no gravo a mis ciudadanos tanto”, eliminar el sistema de Seguridad Social, y el diferencial ahorrárselo en impuestos a sus ciudadanos.

      Eso sí, los noruegos, ENTONCES, tendrían que vérselas solos (de manera individual) ante el peligro de no estar atendidos por el Estado en esos aspectos. Los islandeses, que abandonaron el sistema socialdemócrata escandinavo en pos de la aventura neoliberal de ahorrarse los costes sociales con la esperanza de ganar siempre más y más, ahora ven cómo su población se ve desamparada y obligada a emigrar.

      Sin embargo, Noruega no lo hizo: apuesta por un sistema de distribución social más equitativo. Y el ahorro de sus ganancias petrolíferas lo guardan en un gigantesco fondo social estatal para el futuro. Para cuando no haya petróleo (ya hablaremos de ello).

      Por el bien de todos.

      Noruega sufre una crisis económica (la misma que nosotros), pero su población no se ve desamparada.

      Los ricos incluidos. Porque los ricos educados cívica y socialmente se dicen: “estoy en la cima ahora mismo, pero… ¿y mañana? ¿Qué será de los míos y de mí?” Es preferible que TODOS contribuyamos a que TODOS vivamos mejor.

      Ésa es la grandeza de un sistema social fiscal de reparto equitativo de riqueza.

      Comentario por chemazdamundi — 5 julio 2010 @ 15:06

      • Tienen claro dónde está la base de la riqueza desde hace años: en la educación, la formación y la I+D.

        Dos ejemplos:

        * Un colega invitado por una Universidad Finlandesa, impartiendo un MBA allá. Explicando en clase a un grupo internacional de cuadros intermedios, entre los que predominaban finlandes@s, cuestiones de “business ethics” y CSR relativas a las limitaciones del Bº estricatamente económico como medida de desarrollo. Al poco, l@s finlandes@s, que si eso no tenía mucho sentido porque “para ell@s el fin de la empresa es servir a la sociedad y al desarrollo social a largo plazo”. Igualito que los dos o tres chinos del grupo, imbuidos de la lógica del capitalismo salvaje desperezándose y hambriento por el beneficio.

        * En la Universidad han suprimido los funcionarios, y son evaluados cada 4 ó 5 años; y no ha pasado nada. Pero el sistema de evaluación e incentivos contempla criterios meritocráticos bien ponderados para investigación, docencia y gestión.

        Aquí, y en la mayor parte del mundo, la investigación se evalúa principalmente en función del número de JCR que se publiquen, habiendo devenido en un sistema de comercio de JCR en el que los contactos y el componente político han desplazado al mérito a un lugar secundario en muchas ocasiones, y, a la vez sin valorar prácticamente el trabajo de investigación que no se traduzca en los codiciados JCR. Además, el componenete docente apenas se evalúa, y se hace a “peso”, sin tener en cuenta la calidad del trabajo, ni de los métodos pedagógicos, ni de las responsabilidades docentes. La gestión práctimaente no se tiene ni en cuenta.

        Es así, como apunta Chema, una cuestión de educación, de explicación, argumentación y transmisión de valores útiles a largo plazo; y no de valores cortoplacistas, volubles y miopes.

        Saludos,

        Comentario por Jokin — 5 julio 2010 @ 19:34

  3. Otras preguntas que me dejo en el tintero:¿Un 100% de impuestos sobre los beneficios no equivaldría de alguna forma a una empresa estatal?

    ¿ En cuánto estaba el tipo impositivo a las rentas más altas antes de Reagan? Michael Moore en Capitalismo una historia de amor, habla de un 90%, pero no he encontrado el dato oficial.

    Ante una subida fiscal,¿ Supondría siempre una subida de precios? Porque igual al empresario teniendo un buen beneficio todavía, no le interesa perder demanda ¿cómo ves limitar los precios por decreto para evitar la subida en caso de que se diera? Si tratara de compensar en costes laborales también se podría ver limitado por legislación.

    Hay un informe de Hacienda que dice que las rentas más altas contribuyen menos proporcionalmente y defraudan más que las rentas de los trabajadores. ¿Un mayor tipo impositivo y un mayor control tributario no les obligaría a tratar de mejorar la producción y ser más eficientes para obtener más beneficios?

    Sobre los factores culturales e históricos ¿ no crees que todo es ponerse y crear costumbre?

    Comentario por Marcelo — 5 julio 2010 @ 04:35

    • ¿Un 100% de impuestos sobre los beneficios no equivaldría de alguna forma a una empresa estatal?

      Sí, ya lo he comentado en el artículo. Vuélvetelo a leer. He mencionado expresamente a las empresas estatales.


      ¿ En cuánto estaba el tipo impositivo a las rentas más altas antes de Reagan? Michael Moore en Capitalismo una historia de amor, habla de un 90%, pero no he encontrado el dato oficial.

      Todavía no he visto ese “documental”.

      En la actualidad es un 35% máximo.

      http://www.moneychimp.com/features/tax_brackets.htm

      En la era Carter el doble, un 70% máximo.

      http://www.taxfoundation.org/publications/show/151.html

      Fue de hasta el 92% máximo en los años 50.


      Ante una subida fiscal,¿ Supondría siempre una subida de precios?

      En líneas generales, sí. Rara vez escogen los productores “comerse” el diferencial ellos… o aceptarlo los consumidores. No de buena gana, al menos.

      ¿cómo ves limitar los precios por decreto para evitar la subida en caso de que se diera?

      Mala solución.

      Mercado negro al canto y desestructuración social.

      Lo estamos viendo en Venezuela.


      Si tratara de compensar en costes laborales también se podría ver limitado por legislación.

      ¡Uf! ¡Menuda negociación laboral! Guerra sindical al canto: los trabajadores rara vez aceptamos que recaiga sobre nosotros el “coste”.

      Hay un informe de Hacienda que dice que las rentas más altas contribuyen menos proporcionalmente y defraudan más que las rentas de los trabajadores.

      Hay VARIOS informes.

      De lo primero no se está tan seguro en según qué casos, pero de lo segundo, se sabe a ciencia cierta, vaya.

      ¿Un mayor tipo impositivo y un mayor control tributario no les obligaría a tratar de mejorar la producción y ser más eficientes para obtener más beneficios?

      Hijo mío… ¿y qué te crees que propongo yo?

      Si es de Perogrullo.

      Por lo menos, les obligaría a no defraudar.

      El problema es que, en la actualidad, no necesitan de hacer bien las cosas porque siempre les queda… la evasión fiscal.

      No sabes cómo ODIO los paraísos fiscales. Son la lacra de nuestras políticas fiscales. Parásitos sin escrúpulos.


      Sobre los factores culturales e históricos ¿ no crees que todo es ponerse y crear costumbre?

      Sí…

      …y educar al respecto.

      No es “sólo” crear costumbre.

      Pero para eso, tendrían que ponerse TODOS los partidos en aceptar una ley sobre Educación hecha con el objetivo de enseñar eso mismo (la gente no aprende a comportarse de motu proprio)… y que no se cambiara cada vez que llegan al poder uno u otro.

      Y eso requiere que no haya “partisanismo” o, en castellano, “partidismo”.

      Un saludo.

      Comentario por chemazdamundi — 5 julio 2010 @ 14:38

  4. Gracias por las respuestas.

    Sobre la limitación de precios ( tanto por abajo como por arriba) es algo que se plantea aquí en España por ejemplo en el sector agrícola por las desesperadas quejas de productores que ven como la mayor parte del beneficio va a parar a intermediarios y distribuidores, llegando a incrementarse algunos productos hasta varios cientos de veces desde el punto de origen.

    En cuanto a Venezuela viendo los indices económicos y sociales ( desempleo, población por debajo del umbral de la pobreza, salario mínimo, indice de desarrollo humano, coeficiente gini, incluso inflación) se reflejan enormes progresos antes y después de las legislaturas de Chávez.

    Sobre la contribución de las rentas más altas el informe de Gestha dice los siguiente:

    “(…) Por último, a las rentas superiores a 60.000 euros les correspondió el 4,3% de las liquidaciones, que aportaron el 23,9% de la renta, el 28,8% de la base imponible, el 32,8% de la base liquidable, el 38,2% de la cuota íntegra y el 40,3% de la variable CRA-DM, lo que implica que su aportación relativa casi se duplicaba al trasladarse de la renta a la carga final del impuesto (véase también el Gráfico 12)

    http://blogs.tercerainformacion.es/diseccionandoelpais/2009/08/22/el-mundo-emplea-el-engano-contra-una-posible-subida-de-impuestos-a-los-ricos/

    ¿ También crees que se podía haber evitado los recortes de gasto público y los efectos de la crisis con una mayor persecución fiscal y un aumento de impuestos a las rentas más altas?

    ¿ Qué te parecen los estudios de Vicenç Navarro al respecto?

    Te dejé otro comentario con un artículo de fedea y algunas cuestiones, pero no lo has desfiltrado ¿ Qué te parece?

    Comentario por Marcelo — 5 julio 2010 @ 15:27

  5. Pues muchas gracias de nuevo por tus respuestas que me han parecido muy interesantes. Me debí liar al publicar al tener varios artículos tuyos abiertos. Sobre el tema de Suecia un dato revelador es que después de la acción del Estado el índice de pobreza disminuye mucho más que en España, así como el porcentaje en gasto social respecto al Pib y la contribución del 20% de las rentas más altas es muy superior ( datos de eurostat).

    Recibe un cordial saludo.

    Comentario por Marcelo — 6 julio 2010 @ 18:59

    • Claro…,

      Aquí, los que mienten como Bellacos son los del Zeitgeist porculeros.

      Saludos,

      Comentario por Jokin — 7 julio 2010 @ 00:30

  6. Hola Chemazdamundi:

    Ante todo, te felicito cordialmente por tu página. En Guatemala, se toma a ultranza el neoliberalismo, y este ha causado una baja en las condiciones de vida de la población. Ahora, se piensa una reforma tributaria que suba los impuestos a los trabajadores. Como siempre, la élite local ignora los problemas y desprecia a los mas necesitados.
    Hacen falta mas personas como tú, para concientizar y divulgar los hechos verificables de la Economía.

    Muchas gracias por todo Chema.

    Comentario por Francisco Javier Ruiz. — 6 febrero 2012 @ 07:19

  7. “En 1981 Ronald Regan llegó al poder en EEUU junto con su partido republicano, tras años de ineficaz gobierno demócrata de Carter… y, con él, llegaron sus asesores económicos, entre los que se encontraba Laffer. Y Laffer se propuso llevar a la práctica su teoría.

    Con una sonrisa maliciosa, los keynesianos dijeron: “hazlo, a ver qué pasa. A ver si se cumplen tus expectativas”.

    Y el equipo de Reagan lo hizo: bajaron los impuestos.

    Esta bajada de impuestos para facilitar y alentar un supuesto incremento de la actividad económica, se enmarca dentro de la llamada Reaganomics (palabra compuesta de Reagan y economics, y término que designa las políticas específicas de los gobiernos conservadores de Ronald Reagan) en los EEUU de los años 80 y principios de los 90.

    ¿Cuál fue el resultado de aquello?

    El gobierno recaudó muchísimo menos y los EEUU entraron en los famosísimos déficits fiscales de los años 80, con los que la administración Clinton tuvo que batallar (y acabar solucionando) en la segunda mitad de los 90.

    De novecientos mil millones de dólares de déficit se pasó a dos billones ochocientos mil millones”.

    Si bien es verdad la primera parte, no ignoremos dos cosas: Reagan bajó los impuestos por un lado, pero mantuvo las retenciones al IRPF de Carter y volvió a subirlas en 1983. Eso singifica que cualquier bajada de impuesto en realidad fue mermada por este hecho, y en consecuencia no fue tal. No tal en el sentido blanco y negro. Pero además de eso, no fue una época de austeridad y recortes como dicen algunos enemigos de Reagan. Al contrario, ¡habia mucho gasto público! Y efectivamente, ocurrió justamente lo que Bush I advirtió durante las primarias contra Reagan en 1980 — a menos impuestos, MENOS recaudación. Sí, así es se quedaron con los beneficios pero no les alentó a invertir en nada ni mucho menos generar empleo. Reagan además subió los impuestos sobre las ganancias de capital, la derecha ahora ni de broma aceptaría eso, Y ademas la reforma de 1986 de Reagan fue durisima para castigar a los paraisos fiscales.

    Comentario por Enrique Ferrer Alsina — 26 junio 2014 @ 00:39

    • Hacéis que pierda la paciencia.

      Eso singifica que cualquier bajada de impuesto en realidad fue mermada por este hecho, y en consecuencia no fue tal.

      Y eso no tiene la puta nada que ver con lo dicho en al artículo.

      Vuélvase a leerlo.

      Pero además de eso, no fue una época de austeridad y recortes como dicen algunos enemigos de Reagan. Al contrario, ¡habia mucho gasto público!

      Me parece fantástico y maravilloso. Eso no tiene nada que ver con lo dicho en el artículo.

      Vuélvase a leerlo.

      Y efectivamente, ocurrió justamente lo que Bush I advirtió durante las primarias contra Reagan en 1980 — a menos impuestos, MENOS recaudación. Sí, así es se quedaron con los beneficios pero no les alentó a invertir en nada ni mucho menos generar empleo.

      ESTO sí tiene algo más que ver.

      Por favor, no mezclemos churras con merinas. Lo que trata el artículo es de si era cierta la EFICACIA de la medida de Laffer de recaudar más a través de la reducción DIRECTA de impuestos.

      La respuesta es: NO.

      Repetimos lo expuesto:


      Los ricos aprovecharon las bajadas de impuestos no precisamente para generar más actividad económica… sino para pagar menos, obtener más beneficio… y guardárselo.

      Por ponerlo de una forma más clara: con la bajada de impuestos, los más ricos dejaban de tener que pagar tanto y, con ello, efectivamente disponían de más dinero para la posibilidad de generar más actividad económica con él (crear más empresas, contratar más gente para hacer más cosas o mejor, invertir más, etc.). Pero si bien se dio algo de incremento en la actividad económica general… no fue tanta como la esperada: prefirieron “ahorrarlo” en líneas generales… y el Estado americano acabó recaudando menos de lo que recaudaba antes.

      No se esperaba ese comportamiento de la típica clase emprendedora americana.

      Los defensores de Laffer se defienden diciendo que los déficits se dispararon no tanto debido a la reducción de la recaudación como al incremento brutal del presupuesto de Defensa, bajo la militarista actitud del gobierno Reagan, que se puso a combatir a los comunistas durante la etapa final de la Guerra Fría… a un gran coste económico (financiación de las guerrilas contrainsurgentes y gobiernos aliados, creación de flotas y armadas de guerra, el programa de defensa espacial “Guerra de las Galaxias”, armamento balístico intercontinental, etc.).

      Los detractores de las políticas fiscales de Reagan, como Paul Krugman, pasan a señalarles que eso (que el Estado gastara más) son excusas para no centrarse en el tema en cuestión: que el Estado recaudaba menos. El mismísimo Center on Budget and Policy Priorities (“Centro sobre las Prioridades de las Políticas Presupuestarias”) acabó señalando que…

      “La Historia muestra que las grandes reducciones en los tipos impositivos sobre los ingresos de 1981 [año de la llegada de Reagan al poder] fueron seguidas de un anormalmente lento crecimiento de recibos [a pagar al Estado] de impuestos sobre los ingresos, mientras que los incrementos sobre este mismo impuesto entre 1990 y 1993 [gobiernos de Bush padre y Clinton] fueron seguidos de un notable aumento de la llegada de recibos”.

      Más concretamente, el análisis calcula que el crecimiento anual de recibos de impuestos sobre los ingresos por persona en edad de trabajar fue de 0,2% de 1981 a 1990 y de un mucho más elevado 3,1% de 1990 a 2001.

      El que Reagan gastara más o menos, NO TIENE NADA QUE VER. Estamos tratando OTRA COSA. Reducir impuestos directamente (número de recibos) no producía AUMENTO de recaudación, como aseguraba Laffer. Y todo lo demás… son meros añadidos. ¿Que usted los quiere traer para ilustrar más el tema? Pues se lo agradezco, de verdad, pero el tema central es el que es, vamos a ceñirnos. No estoy criticando necesariamente a Reagan o sus políticas económicas (aunque de soslayo salga a relucir que fueron bastante ineficaces). Estoy analizando y criticando la curva de Laffer en concreto. Eso específicamente.

      Un saludo.

      Comentario por chemazdamundi — 29 junio 2014 @ 15:11

  8. De lo mejor que he leído de economía en mucho tiempo, tanto en nivel teórico como en exposición imparcial.

    Lo curioso es que aunque la mona se vista de seda mona se queda: el 98.2% de quienes hablan de economía nos hablan del “tamaño de su polla”.

    Chemazdamundi lo expone de una manera mucho mas fisna: “Yo os pongo todos los puntos de vista… y vosotros escogéis cuál creéis que es el más correcto. Mi punto de vista personal es que para que un gobierno recaude más dinero a través de los impuestos rebajando sus tipos impositivos… el país debería de hallarse bastante a la derecha de la curva. Y, si se halla tan a la derecha de la curva es porque seguramente pertenece a ese tipo de países que suelen tener gobiernos muy corruptos, muy dictatoriales o muy ineptos.”

    Un peperro piensa que la corrupción es cosa de otros, “algunos casos”, hilillos… O que la dictadura es cosa de Venezuela y Eurovegas era la clave para sacarnos de la crisis.

    Como dicen en Dune: “la primera parte para evitar una trampa es conocer su existencia”.

    Cuiado con pensar que quien presume y parece que habla de economía, lo está haciendo, pues como he comentado, el 98.2% nos habla del tamaño de su polla, de si es la mas grande del mundo, si es normalita, y luego está Jordi (Japon, Alemania)…

    Comentario por Pedro Torres Asdrubal — 19 mayo 2016 @ 11:26

    • Pues muy bien, me alegro mucho de que le haya gustado peroooo… Cojones, ¿me ha copiado y puesto el mismo comentario que hizo en Menéame?

      En fin, lo dicho. Un saludo y aquí estamos por si se le ofrece algo más (sin abusar).

      Comentario por chemazdamundi — 7 julio 2016 @ 13:40


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