Índice.
1. El concepto. ¿Qué es la Rosa de Peters?
3. ¿De dónde sale este “concepto”? ¿Quién lo creó?
4. ¿Dónde se enmarca la obra de Peters? La escuela de Bremen y Heinz Dieterich Steffan.
5. Cuestiones varias y críticas obvias a la Rosa de Peters.
6. Relevancia de la Rosa de Peters.
7. ¿Es el marxismo “científico”, como asegura?
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Buenas.
El artículo de hoy busca reanudar la “ronda de sugerencias” que me son realizadas a petición personal tanto en comentarios como en e-mails.
Así pues, vamos a empezar por el tema sugerido por la persona “a la que le toca”: Ibeth Karina Rivero Cantillo, una de mis habituales, y estudiante colombiana (“chibchombiana”, según ella) de Económicas, me ha pedido que trate de explicar en profundidad el concepto de la llamada “Rosa de Peters”.
Antes de eso, las notas de siempre (que este no es sólo un blog científico, sino también un diario personal).
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1) La Universidad de Girona ha cometido la increíble desfachatez de ofertar un curso de posgrado sobre “Salud y Armonía del hábitat”, con toda las chorradas pseudocientíficas que ello conlleva: feng-shui, cristalización sensible, radiestesia, etc. (arrambla que ahí llevas). Me he comprometido con este señor, Alberto Fernández Sierra, estudiante de la misma universidad, a dar cabida en mi espacio a la campaña de recogida de firmas para solicitar que eliminen semejante aberración pseudocientífica.
Parece ser que la campaña ha tenido el suficiente éxito como para que algún medio de comunicación se haga eco de ella.
Vergüenza para el Dr. Joan Saurina y Canals y para los encargados de la supervisión de la oferta académica de la Universitat de Girona.
Que nadie se llame a engaño: un servidor no dejará de repetir por activa y por pasiva que soy una persona con mentalidad racionalista, miembro de la comunidad científica y escéptica, así que considero mi deber y mi placer el informar sobre semejante ataque a la inteligencia humana. El que crea en esas cosas que se vaya a enseñarlas a la puta calle. La universidad no es el ámbito de la pseudociencia como no lo es el de la religión: con mis impuestos no se paga “eso” y, sinceramente, me parece que siquiera solicitar semejante cantidad de dinero (1175 €) por ese “curso” merecería una denuncia judicial por ESTAFA, como las recibidas en contra de la infame pulsera Power Balance.
Denuncia que también merecen las amenazas recibidas por Alberto de parte de una serie de impresentables a los que no les ha hecho ninguna gracia su campaña contra la pseudociencia y a los que espero no encontrarme por la calle porque como lo haga, les voy a poner la cara como el mapa de la luna. También le recuerdo a todo el que me lea que, aparte de ser científico, gasto una mala leche de no te menees, especialmente contra la mentira y el absurdo. Avisados están.
Volviendo a lo nuestro: YO he firmado. ¿Y vosotros?
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2) Lamento no poder actualizar más a menudo. He recibido multitud de comentarios solicitándome que continúe con las series de artículos (especialmente sobre Economía) que tan populares parecen haberse vuelto: los dedicados al neoliberalismo, a la escuela austríaca, la economía del mundo antiguo (mi artículo sobre la economía maya es el más leído, me han pedido que haga lo mismo con la economía inca-andina precolombina)… y no paran de pedirme tampoco que empiece a hablar sobre el Peak Oil. Sé que voy a paso de tortuga, pero os recuerdo que NO tengo más remedio. No soy precisamente la persona con más tiempo libre del mundo y menos, ahora, en diciembre, mes que debo dedicar a mi familia y a mi trabajo por razones obvias.
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3) Vuelvo a recordar (porque parece que NUNCA es suficiente) que existe arriba, a la derecha, un “menú básico” inicial donde aparecen una serie de enlaces en los cuales explico quién soy, mi curriculum, el por qué del estilo de lenguaje que utilizo y las normas para poder comentar y solicitar artículos. Me toca especialmente los cojones que la gente entre sin cumplir esas normas, así que ya sabéis: a leerlas y cumplirlas.
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Notas sobre la petición.
Dos cuestiones.
La primera es que creo que una persona muestra de manera evidente su inteligencia y su cultura a través de las peticiones que me hace.
Vamos a admitirlo, la inmensa mayoría de las peticiones que se me hacen para que hable mediante artículos son por parte de gente que, por decirlo suavemente, no tienen ni puta idea.
No ya de Economía, sino de nada.
Me sangran los ojos cuando por las mañanas abro el correo y me encuentro con peticiones (anónimas la inmensa mayoría, por supuesto) de gente que quiere que le explique “por qué las cosas no son gratis”, “por ke es malo el capitalismo” (sic), “¿el dinero tiene que existir de verdad?”, “resumeme la economia en medio folio, porfavor” (sic también) o “por qué se endeudan las personas”.
Ya sé que debido al modo en que tiendo a explicarme, intentando ser lo más accesible para el gran público y para el no entendido en la ciencia económica, la mayoría de mis lectores creen que, al llegar a mi blog han dado con la solución de encontrar a alguien que les pueda responder de manera que puedan entender… sus preguntas de niño de preescolar.
Como logro explicar hasta para el más tonto en qué consiste la inflación, por qué se produjo el “colapso” de la civilización maya o en qué consiste la utilidad marginal… aquí todo hijo de vecino se cree que puedo pararme a explicar a cada paso por qué 2 + 2 son 4 o “a qué huelen las nubes”.
Por si no lo he dejado suficientemente claro, lo diré de manera más sencilla: estoy hasta el occipucio de que me hagan preguntas simplonas y/o tontas.
Así que, si no es mucha molestia, paso a responder cuestiones que tengan más complejidad, más “chicha”, más “enjundia”, más interés… y más seriedad, ¿vale?
Señores… realícenme peticiones que muestren vuestra cultura y vuestra inteligencia como ésta sobre la Rosa de Peters, por favor.
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La segunda cuestión es una cosa que quiero dejar bien clara… sobre mí.
Como habéis leído en numerosas ocasiones en mis artículos, soy ateo, socialdemócrata, republicano, descendiente de represaliados por el franquismo y me califico de progresista, he denunciado en numerosas ocasiones las actividades de la ultraderecha y el fascismo, he criticado sin piedad el carácter anticientífico del neoliberalismo, etc… muchos de vosotros habéis presupuesto que soy un economista marxista.
Pues NO.
Voy a repetir y a dejarlo claro: soy un economista CIENTÍFICO.
Y el marxismo de “científico” tiene muy, muy poco.
Como habéis podido observar, todas mis opciones personales se basan en aproximarse lo más posible a la racionalidad y al pensamiento crítico y científico (es por eso que soy ateo y progresista y odio tanto la mentira, por ejemplo).
En términos económicos no me “caso” con ninguna ideología, porque las ideologías NO SON CIENTÍFICAS… pertenecen al ámbito de la emocionalidad, no al de la ciencia.
Y las ideologías en Economía se han demostrado como absolutamente devastadoras y dañinas para el ser humano (ahí están la grave crisis actual causada por el neoliberalismo o las hambrunas causadas por la colectivización forzosa soviética, por ejemplo).
Quizás hayáis leído en alguna ocasión que me califico de “neokeynesiano”. ¿Por qué digo eso? Porque estoy de acuerdo con bastantes de las aproximaciones científicas de la escuela económica neokeynesiana y en sus objetivos sociales, pero NO estoy de acuerdo con las conclusiones que no estén respaldadas por el método científico de esta escuela (como la curva de Philips).
Ante todo y sobre todo, soy un científico social.
En Economía, menos ideología… y más ciencia.
Lo que se demuestre como cierto, lo aceptaré, independientemente de que eso lo diga un liberal, un fascista, un cristiano o un comunista. Lo que no sea cierto, ya puede levantarse John Maynard Keynes de la tumba asegurando lo contrario que NO lo aceptaré.
Digo todo esto porque, a continuación, voy a analizar exhaustivamente el concepto de la Rosa de Peters que es un concepto neomarxista… y la voy a analizar criticándola sin piedad, ya que es un concepto absolutamente simplón, fallido ya en su misma base y que denota una ignorancia supina en el estudio de la ciencia económica.
Así que es por eso que aviso que NO soy marxista por si alguno os lo habíais creído, y para poner de manifiesto mi voluntad de tener el más (implacable) pensamiento científico en mente a la hora de analizar y desenmascarar mentiras o exponer absurdos, que sabéis que es la especialidad de esta página web que estáis leyendo.
Yo le meto “caña” a TODO lo que sea falso, pseudocientífico, absurdo, mentiroso o fallido… venga del neoliberalismo, del marxismo o de su puta madre.
¿Ha quedado clarito?
Pues al lío.
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1. El concepto. ¿Qué es “la Rosa de Peters”?
Es una especie de representación gráfica de un modelo conceptual para determinar el precio exacto de cualquier bien o servicio.
Se la llama “rosa” porque la matriz de esa representación se parece, visualmente, a una rosa. Y se la llama “de Peters” porque la creó Arno Peters, del que hablaremos más adelante.
El precio de un bien o servicio se calcula, siguiendo esa matriz, en base al tiempo de trabajo que incluyen todas las actividades que han dado lugar a ese bien o servicio.
Aquí os dejo con un ejemplo de la Rosa de Peters en castellano.
¿Cómo funciona?
Bueno, pues como podéis ver, el producto (o servicio) en cuestión se sitúa en el centro de la matriz. Puede ser cualquier cosa, como un producto industrial finalizado (una máquina de coser, un ordenador) o un servicio (por ejemplo, la consulta a un doctor o a un abogado e incluso el trabajo de un policía o un peluquero). También se pueden incluir los productos procedentes del sector agropecuario (ganadería, la producción de patatas, la pesca, etc.).
Este modelo busca tener en cuenta el valor que para toda la sociedad tiene el producto de todo trabajo.
¿Cómo hace eso esta matriz?
Pues calculándonos el coste completo de un producto como el resultado de tener en cuenta el coste en tiempo que se ha utilizado para producirlo, ya sea trabajo realizado por personas (“trabajo vivo”, lo llaman en la matriz) o el trabajo mecánico. Vamos, que lo que vale un bien o servicio se calcula en base al tiempo total utilizado en el proceso para producirlo.
¿Veis la “rosa”? En el centro, se sitúa el producto o servicio final… y las categorías de tiempo que se ha utilizado en producirlo se van dividiendo en más y más “pétalos” o subdivisiones. Cada categoría o subdivisión se representa mediante un “pétalo”.
En los “pétalos” de la “rosa” se puede ver que ese tiempo se divide en categorías y subcategorías que tratan de cuantificar ese tiempo empleado en la producción, llegando a tener en cuenta los elementos cada vez más “primarios”.
Así, tenemos que el “trabajo vivo” (realizado por personas) empleado para obtener un bien se divide en “directo” o “no directo” (sic), y el “directo”, a su vez, se divide en “tiempo de dirección” y “de ejecución”; el tiempo de “ejecución” se divide a su vez en “tiempo utilizado” y en “recesos, incapacidad y vacaciones”, etc.
De esta forma se calcula la cantidad de tiempo que se necesita para producir un bien o servicio… y, con ello, se puede calcular el coste de éstos.
Como veo que empezáis a ponerme “caras de no entender”, vamos a verlo más claramente con un ejemplo.
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2. Un ejemplo.
¿Cuánto vale un café con leche según la matriz de la Rosa de Peters?
Pues valdría según la cantidad de tiempo empleado en cada uno de sus componentes.
Lo que sigue es un ejemplo ilustrativo pero tened en cuenta que es hipotético:
- 10 gramos de café: 10 minutos.
- 400 mililitros de leche: 15 minutos.
- 1 terrón de azúcar: 1 minuto.
- El servicio del camarero: 5 minutos.
- Una cuchara: 5 minutos.
- Una taza: 25 minutos.
Así pues, la cantidad final de tiempo empleado para producir y servir una taza de café con leche vendría a sumar 61 minutos. Teniendo en cuenta la producción industrial masiva (o en cadena) y la mejora permanente de la tecnología, el coste final del trabajo que se ha utilizado para producir una taza de café con leche podría variar.
Obviamente, aquí empiezan ya los primeros problemas.
El proceso real para determinar los costes de cada unidad empleada por todos los participantes durante el proceso de producción es mucho más complicado. Por ejemplo, para determinar el coste final de esos 10 gramos de café habría que tener en cuenta el tiempo empleado por los trabajadores del cafetal para el cultivo, el tiempo que se ha tardado en producir sus herramientas, sus botas, el tiempo empleado para producir las semillas, el tiempo empleado en el tostado y/o molido de los granos de café, el tiempo empleado en la logística (traslado) de los granos de café desde su lugar de producción al de venta y servido, el tiempo del empaquetado, etc.
Para cada uno de esos parámetros habría que volver oooootra vez a calcularlo según la misma “Rosa de Peters”, y así sucesivamente, descendiendo más y más en el procedimiento de la producción del bien o servicio.
De esta forma, un bien que se haya tardado tres horas en producir equivale a dos productos (o servicios) en los que se haya “tardado” (o “que cuesten”) producir una hora y media cada uno.
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Según el diseñador de esta… em… “matriz”, la “rosa” permite automatizar la determinación del coste de cada bien o servicio “simplemente” creando la matriz de cada nivel de producción.
Por ejemplo, para determinar el coste de la demanda energética o agrícola a un nivel nacional, se deberían introducir los datos de las diversas matrices concernientes (de las cosas que tuvieran algo que ver en ello) de los niveles regionales, y así sucesivamente.
Ah… ¿pero no era “sectorialmente”, por “categoría de trabajo”? ¿Ahora resulta que es “geográficamente”?
Como podéis ver, lo que en principio le pareció una idea muy sencilla y muy atractiva a su autor, conforme la vamos desarrollando se vuelve más y más compleja e inmanejable (y menos creíble), ¿verdad?
Lo mismo sucedería a un nivel global. De acuerdo con la matriz de Peters, el coste de una hora de trabajo de un futbolista (que gana millones de dólares cada hora en el sector privado de una economía actual), equivaldría a una hora de trabajo de un panadero y a una hora de trabajo de un programador.
El coste final del producto del trabajo de estos profesionales (jugar fútbol, una barra de pan, los servicios de programación) depende del tiempo empleado en el producto o servicio por cada uno de los participantes.
Ya… una serie de “preguntitas” que quizás sólo se me ocurren a mí que soy economista, peroooooo… ¿nadie se ha parado a pensar…?
¿Cuánto vale la unidad de tiempo según la Rosa de Peters? ¡No lo dice! ¡Su autor no se “pilla las manos” diciendo cuánto debería valer la hora en sí (o lo que sea) de trabajo! Sólo dice que las cosas deben valer unas con respecto a otras en función del tiempo que haya llevado producirlas. Tampoco dice… ¿quién decide eso?
Expliquémoslo mejor… ¿vale lo mismo la hora de un albañil a pleno sol de agosto que la de un administrativo tras una ventanilla con aire acondicionado en su despacho? ¿O un panadero al lado del fogón doblando el espinazo que la de un programador? ¿Vale lo mismo la hora de un minero que la de un periodista? Según el autor de la Rosa de Peters admite… las horas deberían valer IGUAL independientemente del trabajo realizado.
¿Y los que trabajen menos horas? ¿Tendrían para vivir? Un futbolista no juega las mismas horas que trabaja un panadero. Suponiendo que la hora valga qué sé yo, 8 euros, y un panadero trabajara las típicas 40 horas semanales, eso le da para una paga mensual normal de (8 € x 40 horas x 4 semanas de trabajo al mes) de 1280 euros al mes. ¿Cuántas horas juega un futbolista a la semana? ¿O al mes? Os recuerdo que un partido son, normalmente, 90 minutos de juego (depende de las prórrogas y minutos de descuento, pero no muchos más). Imaginaos que no sea alguien cuya profesión esté tan denostada actualmente (a los futbolistas se les percibe popularmente como “millonarios” y a pocos les importaría ver que, de repente, se empobrecieran), como un taquillero de cine. ¿Le obligamos a pluriemplearse hasta alcanzar un sueldo decente? ¿Le obligamos a desplazarse continuamente de trabajo en trabajo? O el caso de un agricultor… la inmensa mayoría de los agricultores de esta era tan mecanizada nuestra no trabaja TODOS los días del año: sólo en periodos concretos, como la cosecha, sembrado, fumigado, etc.
Es más… ¿vale lo mismo una hora de trabajo con MÁS responsabilidad que la hora de alguien con MENOS responsabilidad? ¿Vale lo mismo la hora de un cirujano que la de un celador de hospital?
Vosotros, lectores… ¿por qué os creéis que existen los convenios y las tablas salariales?
Bueno, antes de que nos perdamos en discusiones acerca de la justicia o injusticia de “por qué tengo yo que cobrar menos que ése” y nos salgamos del tema que estamos tratando, vamos a recapitular…
Como podéis notar ya desde el principio, la idea o concepto adolece de fallos muy, muy, muy básicos y muy generales con nada que “se rasque un poco” o se intente profundizar algo… o se intente aplicar siquiera teóricamente.
¿Por qué es esto así? ¿A que la idea os pareció buena en un principio?
Cualquiera que tenga un poco de nociones de Economía (o que, directamente, tenga algo de inteligencia) detecta de inmediato y a la legua que el concepto es muy infantil.
“Huele” a idea de “iluminado”, propia de alguien que no tiene mucha idea de Economía avanzada… o poco avanzada. Talmente parece la idea de alguien que se haya sentado en el sofá de su casa y, pensando, pensando… se le haya ocurrido una idea en la que nadie había reparado hasta ahora y que parecía genial al principio, ¿verdad?
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3. ¿De dónde sale este “concepto”? ¿Quién lo creó?
Este “concepto” se lo inventó un tal Arno Peters.
“Ah, será un economista, ¿no?”, esteréis pensando muchos de vosotros.
Pues no, era un cartógrafo autodidacta.
¿Qué esperábais?
¿Que una chorrada como ésta de la Rosa de Peters se le iba a ocurrir a un economista serio? Venga, hombre, por favor.
Y no un cartógrafo cualquiera, qué va, qué va… uno dedicado a hacer “mapas políticos” (y remacho lo de “políticos”). Ahora hablamos de ello.
Arno Peters nació en 1916 y fue (murió en 2002) un tipo con una formación muy generalista, muy ecléctica, muy rara. Se ponía a hablar de un montón de cosas sin tener mucha idea en profundidad de nada: empezó siendo director de documentales políticos (allá por los años treinta), cartógrafo autodidacta, activista político (marxista) e historiador.
Un “diletante” como quien dice, vaya.
Estudió Historia, que yo haya podido averiguar… pero, si bien aparece en algunas fuentes que alcanzó el título de “doctor” por la universidad de Berlín, no consta en todas sus biografías y donde dice que lo obtuvo, lo obtuvo “a la antigua”, en 1942 (en Alemania, en plena Segunda Guerra Mundial) y lo hizo con una disertación sobre “propaganda política”… La “carrera” de este tipo se hizo fue un batiburrillo de materias de Historia, Historia del Arte y periodismo. Curioso, ¿eh?
La influencia de “lo político” en su vida fue determinante: como que vivió de eso.
Es un tipo con una biografía relativamente oscura (en muchos círculos izquierdistas se le tiene como un sabio y un gran profesional en su/-s campo/-s aunque en verdad NO lo fue), pero que llegó a hacerse famoso por una cosa muy concreta…
Peters no es conocido por su “rosa”… se le conoce por la famosa polémica creada por él al diseñar el mapa que también se llama “mapa mundial de Peters”.
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A ver si lo resumo y no os tenéis que marear mucho. Los que son más “frikis” conocen a Peters sobre todo por el mapa de los cojones, ya que dio mucho que hablar en su momento.
En una época como la Guerra Fría, Peters era un marxista alemán (afincado en el Oeste) al que se le salían las meninges predicando la igualdad y más igualdad (¿habéis observado eso en el modelo de la “Rosa de Peters”?). De verdad que eso sí que lo he podido constatar en todas sus biografías… estaba obsesionado con la idea de la “igualdad”.
Tanto que, viendo que las proyecciones llamadas “de Mercator” de mapas mundiales que se usaban en muchos de los atlas de por aquel entonces, reflejaban lo que le parecía una deformación intolerable y un soterrado prejuicio hacia las naciones del Primer Mundo del hemisferio norte (que aparecían sobrerrepresentadas), decidió “crear” SU propia proyección, más “igualitaria”, según él, y la expuso en una rueda de prensa que dio en 1976 (aunque se la “inventó” en 1967).
A esa proyección, la llamó, obviamente, “de Peters”.
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Es una especialización de una proyección cilíndrica equivalente cartográfica de una esfera (el planeta Tierra) en un área plana (rectangular). Más concretamente, es un mapa del mundo (mapamundi). En ella, los paralelos y los meridianos son sustituidos por una cuadrícula de 10 grados decimales. Así, se obtiene una proyección “equireal”, esto es, que refleja correctamente las áreas de los países… pero NO sus siluetas. Sale un mapa muy estirado: con las áreas más norteñas y más sureñas muy achatadas… pero él decía que las naciones tercermundistas recuperaban su verdadera importancia en el mapa al aparecer justamente representadas (más “grandes” y “visibles”).
Para los que tengan curiosidad, la fórmula de la proyección de Peters es la siguiente:
El ratio de anchura/ altura (fórmula simplificada) es: ![]()
¿Qué pasó con este mapa? Que, al calor de la Guerra Fría, muchos izquierdistas de todo el mundo (y antiimperialistas, radicales, etc.), hicieron bandera del mapa como más políticamente correcto y exacto que el de Mercator (o que cualquier otro tipo de proyección). De hecho, Peters afirmó que su proyección era la única correcta. La UNESCO y muchas otras organizaciones como Oxfam, la revista de la Nueva Internacional y muchas otras ONG creyeron tal cosa, lo adoptaron y algunos políticos alemanes (incluso el canciller Willy Brandt alentó el uso del mapa en un principio) le brindaron su apoyo a la difusión de esta nueva “proyección”. Es más, fue gracias a la polémica política que Peters pudo crear el Institut für Universalgeschichte (“Instituto para la Historia Universal”) en Bremen en el mismo 1974, en el que, por supuesto, él fue el director (faltaría más)… y desde donde publicitó incesantemente las “bondades” de su mapa.
Al principio, la comunidad cartográfica “pasó” del tema: Peters no era cartógrafo profesional, el mapa no tenía rigor alguno y ya estaba acostumbrada a que cada cartógrafo hiciera su proyección, ya que no hay ninguna perfecta para todas las situaciones (es la representación de una esfera en un plano rectangular, tenedlo en cuenta).
Pero… los cartógrafos no contaban con que era la época de la Guerra Fría. Y lo político-social importaba y mucho en un mundo dividido y en lucha. Y se formó una buena “pelotera” con tonos políticos. Los cartógrafos no se esperaban que la propaganda pudiera con los argumentos científicos.
Eso es lo que pasa cuando metemos la política en la ciencia.
Y ustedes, los que no sepan del asunto, dirán… “y esto, ¿qué coño tiene que ver?”
Es que quiero que veáis que todo lo que hizo Arno Peters estaba políticamente motivado: NO CIENTÍFICAMENTE MOTIVADO.
La proyección de los cojones, más “igualitaria” y exacta, según él, acabó convirtiéndose en una especie de icono de la izquierda mundial (especialmente la marxista), que lo adoptó como símbolo, generando una polémica (absurda, por supuesto), en el seno de la comunidad cartográfica (pero principalmente contra ella) durante finales de los 70 y casi todos los 80, hasta que la comunidad científica cartográfica pudo empezar a hacer notar ante el público los fallos de Peters.
Los defensores de la proyección de Peters se convencieron de que, como decía su autor, era más perfecta que las demás proyecciones, que eran “imperialistas”, “fascitas”, que denigraban o restaban importancia a las naciones sureñas y/o pobres, etc., y que si los cartógrafos no querían emplearla no era porque careciera de rigor, sino porque eran unos “de derechas”.
Los cartógrafos serios (y, vamos a admitirlo, los de tendencias más conservadoras), se llevaron las manos a la cabeza con lo que consideraban una intromisión intolerable en su ámbito científico: como demostraron, la proyección de Peters no es ni con mucho de las más correctas y, si bien reconocen que la Mercator tampoco lo es (¡aunque existen variantes “equireales”, también!), aducen (y con razón) que otras proyecciones son mucho más precisas y no están motivadas por el deseo de generar una polémica con tintes políticos que, admitámoslo también, es bastante absurda y “barata”.
Además, como también demostraron los cartógrafos más científicos… la proyección de Peters no resultó ser un trabajo original, como él aseguraba: James Gall, un misionero escocés con bastantes conocimientos de astronomía, había empleado esa proyección en 1856 para sus mapas astronómicos-cartográficos en el Polish Geographical Magazine.
Por ese motivo, en la actualidad, al mapa de Peters se le conoce como “proyección de Gall-Peters”.
Peters se defendió diciendo que “no sabía que ya existiera de antes”.
Los cartógrafos, que jamás le perdonaron a Peters la ola de ignominia que cayó sobre ellos ni por la intromisión de la política en su ámbito científico, le dijeron de todo menos “bonito”… y la inmensa mayoría, no le creyó, directamente. Muchos, incluso, le tacharon de “fraude” y de haberse “copiado” o atribuido el trabajo de Gall.
Bueno, sigamos.
¿Es correcta la proyección de Peters? No, no lo es. De hecho, es de las menos utilizadas en la actualidad y pocas publicaciones la emplean.
Hay mucha gente (especialmente en los “ambientes” más radicalmente politizados hacia la ultraizquierda) que creen que las dimensiones que aparecen en la proyección de Peters son más cercanas a la realidad. Pues lo siento, pero no. Los cartógrafos en general ignoran esta proyección, por considerarla carente de rigor (de hecho, existen también proyecciones de Mercator “equireales” en las cuales él no reparó o no quiso reparar, insisto). Es muy conocida la frase de Arthur Robinson, autor de la proyección de Robinson, una de las más usadas actualmente, que describió el mapa de Peters como “un calzoncillo largo, mojado y andrajoso colgado del Ártico”.
El problema es que la polémica nunca terminó: una vez lanzada, la comunidad científica cartográfica no pudo convencer a los “politicistas” por mucha prueba científica, geométrica o matemática que expusieran… con lo que hasta el día de hoy, existe gente (muy poca, pero existe), que cree que la jodida proyección es no sólo la única correcta, sino la más políticamente correcta.
Los cartógrafos profesionales ODIAN a Peters por todo esto. Si queréis cabrearlos, decidles que su proyección es la única y verdadera, ya veréis, ya…
Es más, si os encontráis con alguien que tiene un mapa (reciente) de Gall-Peters colgando de las paredes de su casa, es prácticamente seguro que se trata de un activista más o menos radical o “encabezonao” y tendente a la ultraizquierda.
¿Veis los problemas que causa introducir la ideología política en la ciencia?
La polémica de Peters ha pasado al mundo “friki” (muy, muy “friki”) como un chiste recurrente sobre las polémicas tontas por motivos tontos en ámbitos científicos (polémicas traídas por los ajenos al mundo científico, se entiende). Aquí, os dejo con una tira del popular webcomic xkcd (del que tanto mi mujer como yo somos fans), que se ríe de la susodicha polémica, diciendo que, según el tipo de proyección que prefieras, así serás como persona:
No fue la única polémica que creó Arno Peters. También se sacó de la manga un Synchronoptische Weltgeschichte (esto es, un manual de “Historia Sincronóptica del mundo”) en 1952. ¿Qué es eso? Pues es una forma de exponer las líneas temporales históricas en tablas de manera que se puedan ver, visualmente, los distintos recorridos históricos… sincronizados (desde el 3000 a.C.). Esto es, a la vez. Como podéis volver a constatar, vueeeeelta a la idea de igualdad, igualdad, igualdad políticamente correcta por cojones.
¿Qué le sucedió? Pues tres cuartas partes de lo que le sucedió con el mapa de los cojones: que muy “igualitario” pero muy poco práctico… le salían cuadros históricos donde aparecían líneas paralelas de recorridos en las que se apelotonaban datos y fechas (por ejemplo, el recorrido de la Historia de Grecia y de Gran Bretaña), y líneas donde durante páginas y páginas no salía nada (como por ejemplo, el recorrido de la Historia inca o azteca). Y el espacio dedicado al siglo XXIX a. C. recibía tanto espacio de publicación y tratamiento… como la historia de Europa durante la Edad Media o el siglo XIX.
El tipo en cuestión, insisto, era uno de estos individuos que no se estaban quietos ni bajo el agua y no paraba de “dar por culo” preguntando “¿y esto por qué tiene que ser así?… y, “¿por qué tiene que ser asá?” Y allá por donde iba era un torbellino de polémica. Polémica no basada, por supuesto, en un ansia de mejora científica, sino política “toca-huevos”: se cuestionaba constantemente las cosas porque creía o quería creer que si las cosas eran así en su tiempo, era porque el establishment o “las fuerzas en las sombras de la derecha” las habían hecho así para su interés.
Y se cuestionaba cosas como “¿por qué tiene que pasar el meridiano base (a partir del cual se miden las longitudes) por Greenwich? ¿Por qué no pasa por el estrecho de Bering, que cae en el Océano Pacífico y es más “igualitario” y “neutral”?” Vueeeeelta a crear una polémica totalmente innecesaria. Le respondieron los cartógrafos: “¡coño, porque DA IGUAL por dónde pase el meridiano base!” La cuestión es adoptar UNO de referencia para que lo use todo el mundo… y el de Greenwich (Inglaterra), que era donde estaba el observatorio astronómico más importante del mundo durante buena parte de los siglos XIX y XX, se acabó adoptando poco a poco como el meridiano 0 en vez de el de París o el de la isla de Hierro por comodidad y porque tenía que ser uno, DABA IGUAL DÓNDE, no se adoptó por imperialismo ni por pollas en vinagre, sino por tradición y uso constante… por no decir que también pasa a través de países africanos y tercermundistas. El ecuador como paralelo 0 no tenía esas “motivaciones políticas”… por razones objetivas y obvias (no había otra opción, y no pasaba a través de ninguna nación “imperialista” o “primermundista”).
Arno Peters era tan “porculero” que incluso se inventó una notación musical nueva basada… en colores. Decía que la notación pautada (la que todos los estudiantes hemos usado en el conservatorio cuando estudiamos Música, en nuestras clases de solfeo), le parecía “fría” y “falta de color” (¿¿??). Es que es la rehostia, vamos. Es que es cambiar por cambiar… ¿ahora no te parecen “igualitarias” las notas en negro sobre fondo blanco, Peters? A ver si al final va a resultar que no te gustaba el color negro y te voy a poder acusar demagógicamente de ser un racista. Donde las dan las toman, ¿no?
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Espero que ya os hayáis hecho una idea de cómo era y cómo las gastaba Arno Peters… y cómo y por qué surgió su “idea” de la Rosa de Peters.
No dejaré de insistir en ello… con el concepto de la Rosa de Peters tenemos lo mismo (en Economía) que con sus disparatadas ideas sobre otras especialidades académicas:
-Se nota que no es un especialista ni un profesional del área.
-Habla o cree saber de todo (o de muchas cosas). A la vez.
-Miente y falla muy a menudo (consciente o inconscientemente, en eso no voy a entrar).
-Las cosas que se “inventa” o “crea” no son con ánimo científico, sino “político”.
-La mayoría de las cosas que “inventó” o quiso “crear” son cosas del tipo “¿a que a nadie se le había ocurrido antes, eh? Qué listo que soy”.
Eso último es una de las cosas que más quiero reseñar: al leer a Peters uno tiene la sensación de que el tío creía haber descubierto la rueda en pleno siglo XX o haber descubierto cosas en las que generaciones de científicos profesionales no habían reparado, pero él sí.
Y una polla con las venas hinchadas.
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4. ¿Dónde se enmarca la obra de Peters? La escuela de Bremen y Heinz Dieterich Steffan.
La “obra” de Peters se enmarca en el llamado “neomarxismo” o “socialismo del siglo XXI”.
Vamos a resumir un poco.
El concepto de la Rosa de Peters lo desarrolló al estudiar sobre el tema de la economía equivalente (o de equivalencias) en la que el comercio de bienes y servicios, al contrario que en la economía de mercado con sus precios, ocurre sobre la base de la suma del tiempo empleado en la producción.
Arno Peters pertenece a la llamada “Nueva Escuela de Bremen”, una “escuela” sociológica de corte ideológico marxista, que tiene sus orígenes en la ciudad alemana de Bremen, y que se interesaba por conceptos como ése de la “economía de equivalencias”. Algunos de sus miembros son activistas tan conocidos actualmente como Carsten Stahmer o el físico cubano Raimundo Franco.
Pero el representante más conocido quizás sea Heinz Dieterich Steffan, amigo, biógrafo y difusor de la “obra” de Peters. Seguramente hayáis oído hablar de él. Es profesor de sociología y metodología en la Universidad Autónoma de México… y un conocidísimo activista y analista político, que se especializa en analizar y documentar los conflictos y movimientos sociales latinoamericanos (desde una perspectiva marxista, por supuesto).
Yo le conocía no por sus “aportaciones” sino porque es uno de los fundadores y colaboradores de la web Rebelion.org, una webring muy famosa destinada a la lucha contra el capitalismo, la globalización, etc. Ya os podéis imaginar lo que os vais a encontrar dentro de ella.
Dieterich fue, también, consejero del gobierno venezolano de Hugo Chávez… pero rompió relaciones con él porque consideraba que no estaba aplicando correctamente sus consejos.
Dieterich es, como Peters, muy polémico. Incluso entre otros marxistas (Alan Woods le acusa de ser en exceso “reformista” con el marxismo).
Sus obras más conocidas son La Aldea Global y Latinoamérica, de la colonización a la globalización, escritos en colaboración con el famoso Noam Chomsky.
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Me centro en Dieterich porque fue el único… em… “autor” que trató en profundidad la “obra” de Peters y colaboró con él de manera intensa. Peters no es muy conocido en el mundo científico o académico por la sencilla razón de que, como científico, no lo fue. Es más, se le tiene como un activista político más que otra cosa… así que sólo sus amigos y correligionarios se encargaron de estudiar su obra y recorrido curricular.
Dieterich es uno de estos tipos a los que se les hace la boca agua hablando sin parar de lo científico que es el marxismo y que ésa es, precisamente, una de las características, si no la principal, para darle validez al marxismo por encima de las demás ideologías… siempre según él, claro.
¿Cuál es el problema? Que alguno habrá que se crea todavía esa pendejada que se creyeron muchos desde los años 70 para atrás, pero todos los que tenemos formación científica actualmente, sabemos que el marxismo tiene de científico lo que el Mahatma Gandhi de guerrillero: poco o, más bien, nada.
Dieterich y muchos pensadores marxistas confunden (de manera adrede o no), el hecho de utilizar tecnologías con “ser científico”.
De la misma forma que el Proyecto Venus de Jacque Fresco no se puede decir que se atenga a principios científicos si construye casas sin cimientos y sin proyectos técnicos, el que Dieterich aconsejara a Peters utilizar “computación informática cibernética” para la generación de la Rosa de Peters no hace de esa matriz de cálculo un concepto científico… si su diseño, formulación, o puesta a prueba no se atienen al método científico.
Con ese “sistema”, Dieterich pretendía que Peters sentara las bases de un sistema que pudiera desmantelar el “mercado” en pos de un comercio justo, sin el concepto de beneficio.
Dieterich pretendía así crear una economía basada en el “valor objetivo” de los productos. Obviamente, ni Peters ni su amigo sociólogo sabían que el valor de un producto no está compuesto sólo por valores objetivos, sino subjetivos e, incluso, circunstanciales… pero pedirle eso a un par de tipos que decían que iban a construir un modelo económico de “computación informática cibernética” es pedirle peras al olmo.
Como podéis ver ya en el lenguaje que empleaban… es jerigonza pseudotecnológica y pseudocientífica.
Resumiendo: pretendían sustituir (atentos, ¿eh?), la función informática del mercado y decisoria de los empresarios mediante un equipo que diseñara la “computación” de esa matriz de la Rosa de Peters.
Toma ciencia-ficción.
Pretendían crear un sistema (¿?) que regulara, superara y tomara las decisiones económicas por las personas… según como ellos interpretaban que esas personas deberían tomar esas decisiones, por supuesto.
Es una obsesión con la igualdad, igualdad, igualdad hasta el paroxismo y el absurdo.
En honor a la verdad, hay que admitir que Dieterich es mucho más “cientificista” que los marxistas ortodoxos y no comulga mucho con ellos, hasta el punto en que él enmarca la obra de su amigo Peters y la suya en la “idea” del socialismo del siglo XXI, que es algo así como un proyecto o intento de crear un gobierno socialista que pueda hacer el cambio desde una producción de los bienes y servicios que actualmente se comercializan en los mercados buscando el beneficio… hacia la producción comunal. El objetivo último que se busca con ello es la desaparición de las diferentes “clases sociales”, la lucha que se da en la actualidad entre ellas… y que desaparezcan también las diferencias entre trabajo físico e intelectual… y entre los pueblos y ciudades. Así, tal cual.
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¿Os suena el “discurso” de algo?
Sí, es socialismo.
Socialismo más o menos revisado, pero socialismo marxista al fin y al cabo.
“Neomarxista”, le llaman ahora.
De verdad es que no sé ni por dónde empezar, porque se me atropellan las palabras en la mente. Voy a intentarlo.
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5. Cuestiones varias y críticas obvias a la Rosa de Peters.
Perdonad que suene tan tajante, pero es que de eso va esta página web que estáis leyendo: de desmitificar mentiras y de señalar falacias pseudocientíficas…. Y, coño, vamos a dejarlo claro: el concepto de la “Rosa de Peters” es una chorrada y un fallo estrepitoso.
Más concretamente, es uno de los mejores ejemplos que podemos utilizar para exponer claramente y ante el público cómo alguien que no tiene ni puta idea del área que está comentando (en nuestro caso, la Economía) muestra su ignorancia.
Vuelvo a insistir en lo que dije antes:
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1) La Rosa de Peters es una idea de niño chico. Es muy simplona, y nos la exponen como un descubrimiento revolucionario en el que nadie, especialmente montones y montones de científicos y estudiosos serios habían reparado antes. Y la formuló no un economista serio sino un cartógrafo amateur.
¿Vosotros, lectores, os creéis que eso de intentar medir los valores de las cosas conforme a una medida “igualitaria” es nuevo o algo en lo que no se había fijado nadie antes?
Sí, lo mismo que decía Peters con el mapa de los cojones: que él se lo había inventado antes que nadie y resultó que era mentira.
Eso es más antiguo que el cagar, hombre.
Coño, Martín de Azpilicueta, de la escuela de Salamanca, ya hablaba en el siglo XVI del valor diferencial del tiempo, que es un concepto fundamental de la teoría financiera.
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2) Los neomarxistas partidarios de la “Rosa de Peters” tienen la PUTA manía que querer igualar cosas que NO son “igualables”.
¿Vosotros, lectores, os podéis creer que la hora de tiempo puede valer IGUAL para todas las profesiones y en todas las circunstancias? ¿Todas las horas de tiempo de trabajo tienen la misma intensidad o se sufre el mismo desgaste durante ellas?
¡¡¡Eso es absurdo!!!
¿La hora de un minero picando a decenas de metros bajo tierra en condiciones infrahumanas va a valer lo mismo que la de un conserje en la recepción de un hotel? Te va decir el minero (y con razón) que te vas a meter tú en la mina con tu puta madre a picar piedra si le intentas convencer de eso o imponérselo.
Por ponerlo más claro y según la Rosa de Peters… si un café con leche cuesta 61 minutos… ¿el minero tiene que estar picando mineral bajo tierra durante 61 minutos para pagarse el café? Anda, y acuéstate. Pues no le ha salido caro el café al minero ni nada.
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3) ¿Y el valor de la materia prima en sí?
De eso tampoco se acaban de enterar. Dado el caso de producir un kilogramo de hierro y otro de platino… para los cuales se emplea el mismo tiempo en obtenerlos… ¿¿¿los dos lingotes de un kilogramo valen iguales??? ¿¿¿Los dos valen, por ejemplo, seis horas???
Señores, el platino es MUCHO más escaso que el hierro.
El platino vale más que el hierro POR COJONES, independientemente de que haya costado las mismas horas extraerlo y fundirlo que el hierro. De la misma forma que el agua es más escasa y valiosa en un entorno desértico que en la región de los lagos de Finlandia.
Las cosas, las materias primas, valen según sus circunstancias. No tienen un valor fijo ni siquiera en la naturaleza.
Esto no es una mera cuestión propia de los marxistas sino de mucha gente que no tiene ni idea de Economía… ahí fuera hay muchos ignorantes que se creen que los precios existen porque hay “alguien” a quien se le pone en los cojones que existan, no porque deban existir. Que las cosas deberían ser gratis o accesibles para todo el mundo.
Si ponemos al mismo precio (seis horas) un material más valioso que otro… el material objetivamente más valioso y escaso se agotará antes (y antes incluso que en una sociedad con precios flexibles). Es más, se tenderá a abusar de él, ya que es artificialmente barato.
El mecanismo natural de compensación es que, a mayor escasez, más valioso se vuelve el bien.
Al poner más “cara” una cosa más escasa, se ralentiza el ritmo de “compra”, consumo o adquisición por parte de la gente. Es por eso por lo que existen los precios. Luego se podrá discutir la justicia o injusticia de que un bien o servicio esté sólo al alcance de unos pocos ricos, pero fijaos con este ejemplo… Imaginaos que se da una sequía y se produce la décima parte de cereal que el año anterior. Si los precios fueran fijos en horas, el cereal desaparecería por completo porque lo comprarían los primeros que llegaran o los que más horas trabajaran. Sin embargo, en una sociedad de precios, sólo los ricos podrían comprarlo, sí… PERO NO LO CONSUMIRÍAN TOTALMENTE, incluso ellos se pensarían el gastar en algo que es “caro”, que les cuesta más que antes.
No se destruiría o agotaría el recurso.
¿Os acordáis de lo que hablamos sobre el desastre de Rapa Nui?
En caso de que el bien fuera de precio fijo, la gente seguiría consumiendo al mismo ritmo algo que ya NO está TAN disponible, quizás con el añadido que supone el ansia de consumir lo que se percibe como escaso, antes de que desaparezca. Es más, fijaos que en el ejemplo, los mismos agricultores se verían empobrecidos, ya que, al haber menos cosechas que recoger… trabajarían menos horas. Ganarían menos.
Es el mismo principio que existe con el petróleo: conforme se vuelve más escaso, mayor precio tiene. Más cuesta adquirirlo. Muchos dirían… “pues que se ponga barato por cojones, por decreto”. Sí, claro… y el petróleo se acabaría en poco tiempo. Estarías llenando continuamente el depósito del coche hasta para ir a por pipas al kiosco de la esquina.
Y no nos daría tiempo a diseñar productos o energías sustitutivas.
El precio da margen de actuación y de corrección. A costa de los más desfavorecidos, por supuesto… pero es que, en caso de una sociedad con precios fijos basados en horas, eso también se produciría. Los que tuvieran más dinero en horas acapararían o consumirían más (y gente que no puede trabajar tantas horas como los discapacitados, quedarían muy vulnerables ante la capacidad de compra de los que están sanos: no podrían comprar tanto). No estamos solucionando nada. Al revés, lo estamos empeorando.
Alguno querrá justificarse diciendo: “Bueno, eso en el caso de una sociedad con el dinero basado en horas pero al menos, en una sociedad con precios fijos consumirían cereal unos cuantos más que en una sociedad con precios variables”.
¿A costa de qué? A costa de cargarse y agotar el recurso o empobrecer a la sociedad en general. Eso es pan para hoy y hambre para mañana.
Por ponerlo más claramente… una crisis económica es más grave (o más duradera) en un entorno con precios fijos (o rígidos) que en uno con precios variables. ¿Por ejemplo? Los antiguos países de Europa del Este durante los regímenes comunistas o la Cuba actual. Coño, hasta Venezuela sufre de una hiperinflación brutal y eso que tiene unos ingresos petrolíferos acojonantes.
Perdón por señalar lo obvio… pero, ¿empezáis ya a entender por qué la Rosa de Peters no se estudia en las facultades de Ciencias Económicas? Seguro que alguno habrá por ahí que diga que es porque “no le interesa al establishment conservador”. Pues no, es porque es una absoluta chorrrrrrrrrada que no falla más porque el día no es más largo.
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4) Los marxistas (y muchos otros pensadores radicales) tienen la puta manía (sí, otra vez), de intentar calcular las cosas merced a la inclusión de un solo input o variable (o muy pocas).
Vamos a ver… las cosas “valen” por MULTITUD de factores, no uno sólo, como el tiempo de producción que nos indica la Rosa de Peters.
Es una falacia matemática: algo compuesto por multitud de factores no puede ser “medido” en base a uno solo de ellos.
Los bienes y servicios tienen una serie de costos que no sólo incluyen el tiempo de producción. ¿Dónde dejas el margen de merma o la previsión de pérdida?
Si produzco cien mil toneladas de azúcar y viene un huracán que hunde el barco que las transportaba, ¿qué hacemos? ¿Quién paga por la pérdida? ¿Cómo van a existir agencias de seguros que te paguen en horas de tiempo? ¿Cómo respalda en HORAS la agencia de seguros el pago de tu producto destruido?
¿Dónde dejas los impuestos para el mantenimiento de un Estado del Bienestar? ¿Dónde está la asignación de gastos publicitarios para dar a conocer o difundir el producto?
¿¿¿Dónde… dejas… el… beneficio???
“Es que no hace falta, hay que cobrar lo mismo que ha costado producirlo”.
Ah, como en la economía cristiana medieval: las cosas deberían valer por lo que ha costado producirlas, ¿no?
Pues no.
Sin la búsqueda de beneficio, la gente NO INNOVA, no se toman la molestia de mejorar los procesos de producción, no avanza la tecnología. ¿Para qué se van a molestar?
No hay incentivo para mejorar ni para producir más.
La economía se estanca, y termina por empobrecerse.
Eso fue, básicamente, lo que le sucedió a la URSS. Que, al prescribir precios fijos, necesitaba de azuzar constantemente a sus trabajadores con propaganda y la supervisión de incontables comisarios políticos porque como no existía el aliciente del beneficio, se limitaban a hacer el mínimo. El avance tecnológico soviético corrió principalmente, a cargo del sector militar… y acabó siendo superado de largo por los países occidentales. Lo mismo sucedió con el nivel de vida.
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5) No tienen en cuenta la naturaleza humana.
El coste de producción de algo es una medición que totaliza el valor de ese algo como resultado de un proceso… o como diferencial que se toma para el resultado de una decisión.
¿Por qué digo eso? Porque otra cuestión de la “economía neomarxista” de Peters es que muchos de sus defensores tienen la puta (sí, otra vez) manía de ver a los consumidores como entes robóticos que van a comprar lo que a ellos les salga de las narices como a ellos les salga de las narices. Es lo que se suele llamar informalmente, la “errónea visión marxista de la naturaleza humana” o “falso objetivismo marxista”.
La gente se comporta de modos MUY diferentes, lo que incluye su “comportamiento económico”.
Volviendo al ejemplo del café… ¿dónde está ahí incluido el precio del olor? Sí, sí, sí… mi suegra y mi madre compran el café por el regusto que les da el olor del café.
¿Cómo computo yo eso EN HORAS o minutos en el precio de un producto?
Dados dos kilogramos tipos de café que han “costado” las mismas horas producirlos, el A y el B… resulta que el café A “huele mejor” para la mayoría de las personas. La gente tenderá a comprar el café A. ¿Por qué? ¡¡¡Coño, porque les gusta más!!! Incluso aunque el café B tenga mejores propiedades o mejor calidad de grano que el A. El material o producto subjetivamente más valioso se agotará antes (especialmente si le pones el mismo precio por cojones que a un posible sustitutivo).
El café A desaparecerá de las estanterías mientras que el B acumulará polvo y no se venderá o se venderá menos que el A.
Muchos marxistas se me pondrán en plan melodramático diciendo… “pero eso es porque las personas no están “educadas” ni concienciadas, si lo estuvieran, deberían comportarse ecuánimemente y comprar los dos tipos de café por igual. Eso no se daría en la naturaleza.”
¡¡¡Los cojones no se da en la naturaleza!!!
Tú pones cien gramos de azúcar y cien gramos de mosca muerta a las puertas de un hormiguero y verás tú cómo las hormigas corren que se las pelan para llevarse el azúcar antes que la mosca (que se la llevarán, pero después)… con lo cual muestran objetivamente sus preferencias de VALOR. Es más… estarán dispuestas a desplazarse más lejos con tal de llegar a por el azúcar. Le dedicarán más esfuerzo a obtenerla aunque contenga la misma materia en cuestión de alimento que la mosca.
¿Por qué? Porque la VALORAN más. Les “gusta” más.
Sim-ple-men-te.
“La ciencia” no se para primero a descubrir por qué la hormiga prefiere el azúcar a la mosca: simplemente, la Economía constata, mide y comprueba ese hecho, y DESPUÉS, vendrán otras disciplinas académicas (la Biología, la Zoología, la Química, etc.), a intentar descubrir POR QUÉ prefiere el azúcar a la carne de mosca. El constatar eso ES LO QUE ES CIENTÍFICO, no el querer que los sujetos de tu estudio se comporten como tú digas, y consuman ecuánimemente como tú pensabas a priori que iban a hacer.
“Ayyyyy, pero es que yo quisiera que las personas se comportaran de manera más regular, racional y predecible para poder diseñar de manera fácil y divertida modelos de cálculo de valor”.
Bueno, pues te jodes. No lo hacen.
Por eso la Economía es una ciencia SOCIAL, ¿no te fastidia?
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6) La flexibilidad.
Es por eso que empleamos una medida de valoración FLEXIBLE de las cosas como es el precio en unidades monetarias y no empleamos un valor FIJO como es el tiempo según la Rosa de Peters. Porque necesitamos de una medida que pueda tener en cuenta tanto los elementos objetivos como los subjetivos que puedan componer el valor de un bien o servicio.
Necesitamos poder cubrir de manera rápida y adecuada los costes físicos de producción, de la materia prima, pero también los gustos y preferencias de la gente, así como las circunstancias e imprevistos que siempre están presentes en la elaboración de un bien o servicio (como una sequía, un terremoto, fallos humanos, etc.).
Por no decir que el muy ignorante en materia económica de Arno Peters no tuvo en cuenta las decenas y decenas de conceptos influyentes en el cálculo del precio que infinidad de autores han planteado desde hace años:
-El impacto medioambiental.
-El precio psicológico.
-Precio de transferencia.
-Sobrecostes en tiempo de guerra (incluidas las de tipo comercial o lucha por un recurso limitado).
-Precio conjunto.
-Oferta por sobreproducción.
-Liquidaciones.
-Descuentos.
-Posicionamiento en el mercado.
-Maximización de beneficio.
-Tasa de retorno industrial.
-Discriminación de precios.
-Cambio de costes / coste compartido.
-Influencia sobre el consumidor (yield management).
-Precio multidimensional (pago a plazos).
-Etc., etc., etc. y etc.
Y el “colega” pretendía incluir sólo el tiempo como medida o factor más relevante.
Eso es lo que pasa cuando te metes a hablar de lo que no tienes ni puta idea. Como la Economía.
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6. Relevancia de la Rosa de Peters.
Es por todo ello que la llamada “Rosa de Peters” no se estudia en el mundo científico de la Economía. No tiene validez, un desarrollo viable ni aplicación pragmática. No os encontraréis el concepto estudiado en las facultades de Económicas y ni siquiera aparecerá referenciado en las bibliografías universitarias. En mi facultad, al menos, no encontré nada al respecto… yo conocí el concepto en una charla con un amigo (“friki”, por cierto), porque estuvimos hablando de mapas militares, de ahí pasamos a las diferentes proyecciones, y me mostró la polémica con “el mapa de Peters”. Investigando sobre el tema del mapa, me encontré con la ingrata sorpresa de que Peters también había hecho sus nefastas incursiones en mi especialización académica, la Economía, con su “rosa”.
De hecho, la “Rosa de Peters” y la “obra” historiográfica de Peters no aparecen mencionadas por muchos sitios… tanto es así, que es más abundante su mención en castellano que en inglés.
¿Por qué?
Porque la difusión de ese concepto y la “obra economicista” de Peters se le debe, básicamente, a su amigo Dieterich y se encuentran, sobre todo, en boca de gente muy asociada a los movimientos radicales de izquierda… latinoamericanos, especialmente… y en castellano, claro. El hecho de que Dieterich esté tan involucrado en el mundo de la política “bolivariana” y “alternativa”, y que escriba frecuentemente en castellano, ha hecho que el concepto de la Rosa de Peters se encuentre, principalmente, en la hispanoesfera. Y que se hable sobre ella en internet, ante todo. Libros serios académicos sobre esos conceptos no hay ni uno que yo haya podido encontrar. Como que son conceptos muy poco científicos, más bien “políticos”.
La Rosa de Peters es un concepto muy, muy desconocido en otras lenguas, y fuera del mundillo radical ultraizquierdista prácticamente ni se la menciona.
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7. ¿Es el marxismo “científico”, como asegura?
Voy a volver que tener que decir lo mismo que ya he dicho en multitud de ocasiones: no es que yo considere que el marxismo (o cualquier otra ideología) no tenga “aportaciones” interesantes. Las tiene. Ahí está, por ejemplo, el hincapié que hizo en la lucha laboral, con la búsqueda de condiciones de trabajo más dignas, salarios aceptables, el combate por la eliminación de las desigualdades sociales, etc. Pero ESO es una cuestión política.
Lo que yo digo y, como yo, la comunidad científica… es que estamos hasta los mismísimos COJONES de que los marxistas o cualesquiera partidarios de otra ideología, planteen su ideario economicista o sus “aportaciones” como “salidas del método científico”. Que el marxismo es científico, según ellos.
Pues no.
EL MARXISMO NO ES CIENTÍFICO.
Independientemente de lo que diga o asegure.
Como tampoco lo es el liberalismo económico.
El marxismo es, ante todo y sobre todo, ideología política.
NO… ES… CIENCIA.
No tiene el respaldo ni la certidumbre de la ciencia. Que me parece muy bien que la gente opine y proponga medidas alternativas a lo que perciben como problemas sociales. ¿La política no tiene su lugar? Lo tiene, pero NO en la ciencia. Yo no niego que el marxismo pueda tener buenas intenciones (al menos, en teoría, la práctica histórica no ha demostrado eso en numerosas ocasiones), especialmente en lo concerniente al deseo de mejora de las condiciones de vida de la masa proletaria.
Lo que les pedimos los científicos a esos “opinadores” del “falso cientificismo marxista”, como Arno Peters es que:
a) Utilicen la cabeza y el método científico para “opinar”. ¿Que quieren “opinar” que las masas proletarias merecen más igualdad? De puta madre. Pero que lo hagan sin mentir y sin inventarse chorradas pseudocientíficas como la “Rosa de Peters”.
b) Si no utilizan el método científico, que no afirmen que lo están utilizando. Decir que emplean el método científico y luego no hacerlo o no someterse a sus conclusiones, sean las que sean, se ajusten a lo que se preveía o no, es “falsa ciencia”… es pseudociencia. Y el marxismo adolece mucho de eso. Las ramas más radicales (como la escuela austríaca o el anarcocapitalismo) de su opuesto, el capitalismo, al menos, tienen la “honradez” de declararse públicamente anticientíficas (aunque no sé yo si se puede calificar eso de “honrado” aun con las comillas). El marxismo siempre se las da de “científico” cuando es obvio, después de analizar muchas de sus propuestas y conceptos, como la “Rosa de Peters”… que NO lo es.
“Pero es que Peters y Dieterich dicen que son científicos”. Por mí y por lo que a la comunidad internacional científica respecta, como si dicen misa en arameo. Mienten. Consciente o inconscientemente, pero mienten. A las pruebas me remito. Ahí tenéis la “Rosa de Peters” y el curriculum vitae de esos dos (Peters y Dietercich), más plagado de “politiquerías” que de cuestiones científicas comprobadas.
c) Que no mientan adrede: si tu propuesta o hipótesis se demuestra como inválida o llenita de fallos… joder, la abandonas y formulas otra nueva, no continúes defendiendo o promulgando lo que YA se ha demostrado como falso.
d) Que no se busquen excusas como la verborrea de la “dialéctica marxista”: si los resultados de la experimentación contradicen tu hipótesis, no “acomodes” los datos o las explicaciones para que la validen. Agacha los cuernos y reconoce que te equivocaste, que nadie nace sabiendo. Ésa es la mentalidad científica de verdad. Así se evoluciona: con la verdad por delante.
e) Y no pueden seleccionar y mostrar sólo los datos que les interese para respaldar su hipótesis… hay que estudiarlos TODOS, los que estén a favor y los que estén en contra, especialmente estos últimos. Si hay algo que contradice tu hipótesis, te jodes como Herodes… eso es lo que hay.
f) Que no intenten introducir POR COJONES una ideología política en un ámbito como es el científico, donde no sólo no tiene cabida, sino que su uso es pernicioso. Si no permitimos el uso de la religión en la ciencia porque es inválida… el de la ideología, tampoco. Y menos, como en la lamentable actuación de Arno Peters en el mundo científico de la Cartografía, la Economía y la Historiografía, que fue de absoluta VERGÜENZA, vamos. Es que mintió descaradamente, propagando una serie de mentiras anticientíficas del tamaño de las lunas de Júpiter, llegando a afirmar que su proyección era la única cierta y convenciendo a miles de personas de semejante mentira. Precisamente por introducir ideología política (neoliberalismo) en un sitio donde se debe emplear, ante todo, ciencia, como es la economía mundial, padecemos la crisis económica que padecemos. Las ideologías y las religiones, etc., FUERA del ámbito de actuación científica, que no hacen más que causar problemas.
g) El ámbito científico no es un ámbito para crear polémicas baratas: debe ser un ámbito de estudio serio, no un lugar donde “chocar los cuernos” con tus adversarios ideológicos. Ni, mucho menos, para acusar, siendo un intruso profesional, a profesionales científicos serios con mentiras: si no sabes de Cartografía o Economía, no pretendas dártelas de que sabes más que los profesionales científicos de esas áreas… ni mientas sobre ellas.
Mucho ojo, que todo esto que estoy diciendo, aunque parezca que va dirigido sólo a los marxistas o neomarxistas, va dirigido a todos aquellos que anteponen la ideología al pensamiento científico… y, con ello, me estoy refiriendo, especialmente, a liberales y neoliberales. No os vayáis muy lejos… que ahora continúo con vosotros, esto sólo ha sido un impasse.
Ya he dicho que aquí van a recibir hostias TODOS los que se las merezcan.
Hasta la próxima, lectores.
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Bibliografía:
Arno Peters, Konrad Zuse: Computer-Sozialismus. Gespräche mit Konrad Zuse (Computer-socialism. Talks with Konrad Zuse), 2000.
Arno Peters: Das Äquivalenz-Prinzip als Grundlage der Global-Ökonomie (Equivalence principle as basis of the global economy), 1995.
Heinz Dieterich: Der Sozialismus des 21. Jahrhunderts. Wirtschaft, Gesellschaft und Demokratie nach dem globalen Kapitalismus, Homilius, 2006.
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El primer comentario va a ser mío, y así aprovecho para recordar lo de siempre sin que tengáis la excusa de decir que “es que no lo sabía” o “no lo he leído”.
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Aquí se viene a dar la cara como la doy YO, José María Gallardo.
No me niego a discutir, pero quiero hacerlo a cara descubierta.
No soy ningún imbécil: sé de sobra que el marxismo tiene muy devotos partidarios y seguidores y no les habrá hecho ninguna gracia que un científico les haya echado en cara que su ideología no tiene base científica por mucho que lo prodiguen y sé que se me van a echar encima como una jauría de perros rabiosos.
Aquí les espero con el palo de la ciencia en la mano. El mismo con el que también sacudo a los neoliberales, “austríacos” y todo radical de cualquier “etiqueta”.
Pero recordad:
Ay de aquel que comente o me haga solicitudes de artículos sin dar su nombre y apellidos y sin identificarse TOTALMENTE.
El que avisa no es traidor.
Ni cobarde.
Comentario por chemazdamundi — 1 diciembre 2011 @ 23:10 |
¡Buenas!
Ya comenté en este blog, y lo vuelvo a hacer para contar que te conozco por el ingenioso McManus. Sólo te diré que admiro la cruzada que has emprendido contra la estulticia, así se vista con los ropajes de la más alta oficialidad.
¡Bravo!
Comentario por Ozanúnest — 2 diciembre 2011 @ 01:32 |
Es lo mejor que he leído en meses, y eso que no es de tus trabajos más complejos, pero da mucha risa como pisoteas los sueños de los neomarxistas sin mucho esfuerzo intelectual, de hecho, esa idea es tan ridícula que se puede refutar usando exclusivamente el sentido común, no hace falta hacer una revisión bibliográfica sobre todas las teorías u observaciones que se han hecho sobre el valor de las cosas.
Empezando porque ni ellos le dan “valor objetivo” e “igualitario” a todas las cosas, por ejemplo los trabajos de producción intelectual, si tú pones a Milton Friedman y a Marx a producir un libro con igual número de páginas y con un tiempo de realización igual, los muy pendejos se quedarían con el de Marx, y ellos saben por qué, que es lo peor.
En sí, esta rosa de peters no es que sea muy original tampoco, salvo lo de la supercomputadora y algunos detalles menores (el color del dibujito, entre ellos) no es más que una versión “realoaded” de la teoría valor-trabajo clásica, la cual era también un mantra de los primeros economistas (hablo de nuestros padres) y fue deshechada más adelante por la gente inteligente que se dio cuenta de que el valor es algo demasiado complicado como para definirlo en virtud de un solo factor. Vamos, lo que dices tú.
De pronto esta idea era loable hace un siglo o dos siglos (en el calor de las grandes revoluciones y tensiones obreras) pero hoy en día, con una economía de mercado, principalmente terciarizada y en el calor de grandes avances tecnológicos suena como ridícula, los que vamos a una universidad lo sabemos, si nos pagarán igual la hora que a un peluquero no valdría la pena gastar miles de pesos en libros, transporte, matrículas y todas esas cosas, con el debido respeto al peluquero (yo no tengo el talento para cortar el cabello)
Desde que empecé a estudiar Economía le he cogido algo de tirria al pensamiento normativo, no es porque sea biologicista, fisicalista o simplemente porque idolatre las ciencias exactas y crea que la Economía pueda aproximarse un poco a este camino, si no porque esa forma de pensar arruina hasta al economista más talentoso. Vieras a los tipos de FEDEA justificando sus pantochadas liberales dizque porque somos una ciencia inexacta (¿y eso que tiene que ver?), o a los tipos más talentosos de tu facultad hablando maravillas de los austríacos dizque porque los Keynesianos se equivocaron y no sé que más pantochadas.
Soy consciente de que la Economía tiene su parte política, pero esta gente no deja trabajar. Vale, todos pensamos más o menos en como debería comportarse la Economía mundial, y eso en sí no está mal, más bien al contrario, fomenta cierta pluralidad. Sin embargo, eso no es ciencia, ¿es difícil de comprender?, que tú seas un ofertista de mierda no te da ningún tipo de autoridad académica, y el que seas un marxista no quiere decir que seas un completo magufo. A mi lo que me importa es que me demuestres lo que dices, el resto te lo puedes meter por el culo (¿A mi que me aporta como economista una cátedra sobre la tiranía de los mercados? ¿O sobre lo impolutos que son los empresarios y lo malo que es el estado?)
Sí, somos imperfectos e inexactos, tenemos una parte que inevitablemente se relaciona con la normatividad, pero eso no quiere decir en ningún momento que se pueda afirmar cualquier cosa en el nombre de la ciencia. Luego se preguntan por qué los economistas caen gordos o por qué los sociólogos pierden el tiempo denunciando al poder en vez de hacer lo que deberían estar haciendo, estudiar la sociedad.
Gracias por responder mi solicitud, me ha encantado mucho, y he confirmado que pertenecemos a la misma escuela, esa escuela en la que a nadie le importa que pepito friedman o juanito krugman diga tal cosa.
שלום, חבר!
Comentario por ibethkarina — 2 diciembre 2011 @ 01:36 |
Joder. Joder, qué articulazo. Y no miento. A tus pies, Chema.
Y encima me siento identificado. Es que eso del “socialismo científico” es uno de los oxímorones más lamentables que he leído en mi vida y encima los comunistas y socialistas con los que me topo llevan ese concepto acríticamente. Dicen que hay que ser crítico, que hay que escuchar los puntos de vista. Lo malo es que, de hecho, sólo se cumple lo de ser crítico para con un punto de vista en muchos casos. Ese humano , con sus sentidos y su equipaje de predisposiciones cognitivas, detecta elementos en la realidad que le rodea. Como tiene que ser un agente que poseerá información incompleta ad eternum (¡cuán limitado es un cuerpo humano de 1,75 metros para todo el mundo que hay fuera!), podrá destacar elementos disonantes y que de alguna manera le despertarán sensaciones de profundo desagrado. Verá unos barrios chabolistas o unos inmigrantes siendo casi perseguidos por la policía, elementos que indicarán que algo va mal en ese país. Y, en efecto, así concluirá.
“En España algo va muy mal, deberíamos buscar alternativas”. Como cuesta mucho construir una, lo más probable es adquirir elementos de otras. Y empezar a pensar en que dicha alternativa, al significar cambio, tendrá que funcionar mejor. Pero ahí es donde, quizás llevado por la fuerza de los sentimientos y las ilusiones, no se cuestiona esto, maldita sea. No se va al segundo paso, ser autocrítico y ver en dónde puede fallar tu alternativa. Me jode tanto ver eso, aunque sepa que los sentimientos tienen su importancia (gracias a autores como Daniel Kahneman y las trampas del pensamiento intuitivo: bonita conferencia en EDGE, por cierto). Tanto que ahora estoy preparando, desde hace un montón de tiempo, un manifiesto sobre el método científico en la política. Estoy depurando detalles porque es un trabajo delicado y que implica a varias disciplinas. Quiero combatir, de alguna manera, el pensamiento sesgado y bastante superficial que se traen los políticos normalmente. Aunque sea un ruido que se pierda en el aire sin ser captado por nadie más que por mis amigos y conocidos, quiero hacer ese ejercicio intelectual y mejorarme.
De hecho, ¿no es uno de los móviles del anarquismo la decepción que supuso para cierto grupo de intelectuales apreciar los resultados de la Revolución Francesa? Y ahora vemos a los nuevos anarquistas transportando esta herencia cultural, soltándote que deberíamos desconfiar del Estado y de toda jerarquía porque inevitablemente llevarán a los humanos a ser perjudicados, cosa que ciertamente ha pasado en muchos momentos de la historia pero que no necesariamente tiene por qué ser inexorable (las interacciones entre roles sociales son muy variadas y pueden depender de la personalidad de quienes ocupen dichos roles). Además, quieran o no, la jerarquía es una forma bastante rápida de organización y seguirá existiendo porque hay muchas decisiones colectivas que necesitan ser tomadas de manera rápida. Eso sí, hay muchas formas de organizarse: el caso está en ser más eclécticos y entender que puede hacerse de manera justa, sin daños psicológicos ni físicos graves.
El problema es que los anarquistas a menudo obvian que el Estado sólo es una institución más, sin poderes mágicos (aunque tenga un determinado esquema de incentivos y roles sociales. En tal tesitura, se ha tenido la tentación de abrazar al buen salvaje y de idealizar aquellas sociedades sin estado y en donde se apreciaba un nivel de jerarquía casi nulo. O el experimento catalán de 1936, destacando algunas cosillas buenas. Si hasta el más hórrido de los sistemas, inevitablemente, tiene algún buen detalle (esta vida está repleta de matices de grises). Sin embargo, hay lecciones humillantes como la que nos enseña Lawrence H. Keeley en su War before civilization: las sociedades sin estado pueden llegar a ser muy crueles, mucho más que una sociedad estatal moderna en proporción de víctimas. Aunque nos seduzca el tono profético de según qué teóricos anarquistas, algo parecido al fin de la historia de Fukuyama, hay que recordar siempre que no habrá sistemas ideales y que existirán siempre desigualdades. Y que, de hecho, no todas ellas tienen por qué ser malas mientras no impliquen hambrunas ni problemas graves que nos amenacen.
Y encima está esa creencia ingenua de que el ser humano, automáticamente, será lo mejor de lo mejor por vivir en libertad. Se realizó en pleno siglo XIX, cuando aún íbamos a ciegas en el conocimiento de nosotros mismos y lo desconocíamos casi todo sobre etología, antropología, biología, sociología, psicología, economía, etcétera. Ahora podríamos dudar, sobre todo por la evidencia que hemos encontrado (por ejemplo, la vasta diversidad de sesgos descubiertos en psicología y que, al parecer, los llevaremos con nosotros como si fueran llaveros porque el cerebro tiene que ser limitado energéticamente y a menudo no puede analizar todos los elementos del mundo exterior. La tremenda complejidad del mundo, inevitablemente, me lleva a desconfiar de todas esas explicaciones en donde la causalidad es más simple que el mecanismo de un chupete. Esos FAQ anarquistas están llenso de un ideologismo que me parece profundamente apestoso.
Por otro lado, te tengo que relatar algo práctico que me ocurrió. Vi a una chica hablando alegremente del discurso hegemónico de Gramsci, un concepto que siempre me ha parecido discutible (al igual que la consideración simplista de las clases del marxismo, en vez de ver la complejidad de los juegos de intereses a mil bandas que suele haber). Te expondré lo que comenté:
Y lo que me respondió ella:
Daniel:
Ella:
Daniel:
Y Ella no apareció más.
En todo caso, fueron apreciaciones personales en las cuales quiero profundizar más otro día y matizarlas, porque siempre cabe la posibilidad de que haya metido mal el pie en territorio comanche y haya fallado. Para eso soy un científico social, quiero mejorar día a día.
¿Por qué no una dosis saludable de fisicalismo para la ciencia social? Ya sabes cómo está el panorama sociológico, infestado de ideológos a tope. De gente como Foucault. Y extraño a científicos tan competentes como Luigi Luca Cavalli-Sforza, Edward Osborne Wilson (a pesar de todas las quejas de científicos sociales, ha demostrado ser muy, muy, muy competente en lo suyo: un científico con mayúsculas del cual todos deberíamos aprender) o Michael Gazzaniga.
¡Un abrazo, Chema!
Comentario por McManus — 2 diciembre 2011 @ 01:57 |
Hola Chema, buenas tardes:
Gracias, una vez más, por tu artículo. Te escribo porque en mi trabajo utilizo mucho el tema del mapa de Gall-Peters. Trabajo en el área de Educación para el Desarrollo de la ongd Madre Coraje y en nuestras formaciones a diferentes personas (universitarios, profesorado, etc) hablamos del mapa de Mercator, Peters y la proyección Tinkle-Robinson. Hacemos esto porque cuando comento que Perú tiene más o menos la superficie de España, Francia y Alemania juntas, la gente se extraña… y es porque nos hemos educado con la proyección Mercator, en nuestra mente, el mundo es el de Mercator.
Siempre comienzo diciendo que es imposible pasar fielmente una superficie esférica a un plano, siempre se comenten distorsiones y que cada mapa tiene su utilidad. Si queremos saber qué mapa refleja con menos distorsiones el tamaño de los continentes, debemos acudir a la proyección Gall-Peters. Insisto, siempre dejando claro que no hay un ránking de mejor mapa ni mucho menos diciendo que este sea el único y verdadero. Les cuento también la crítica de “ropa tendida” del mapa de Peters, de hecho, la proyección más aceptada entre los cartógrafos es la Tinkle-Robinson.
¿Por qué escribo todo esto? Porque si tuviera un mapamundi en casa, sin duda sería el de Gall-Peters y no considero que yo sea un radical, ni pienso que esa es la proyección única y verdadera, sino porque ese mapa nos permite precisamente darnos cuenta que nadie ve el mundo en su cabeza tal cual es, sino tal y como se lo han enseñado.
Es decir, quería que supieras que hay gente que empleamos y admiramos la proyección Gall-Peters pero sabiendo que no es la única y verdadera, que la empleamos sabiendo que es una más.
Gracias de nuevo por tus artículos, cada vez que publicas uno lo incorporo a mi “mochila” de saberes resultándome realmente útiles.
Abrazo.
Comentario por Javier Saborido — 2 diciembre 2011 @ 15:38 |
Buenas.
Sí, ya sé que la proyección de Gall-Peters es la más utilizada por las ONG.
La mía también la utiliza(ba).
Sabía yo que a nadie le importaría un carajo la Rosa de Peters y seguro que me salía alguien con lo del mapa. La polémica nunca termina, je, je…
Vamos a volver a resumirlo:
1) Efectivamente, no hay ninguna proyección total y absolutamente correcta. Es lo que ya he dicho en el artículo: se trata de una transición de una esfera a un plano, así que pueden existir muchísimas adaptaciones.
2) Javier, tú usa la proyección que te dé la gana. Yo no estoy hablando de eso. Lo que aquí se trata de mostrar es que:
-La proyección de Peters NO LA INVENTÓ ÉL como aseguraba.
-NO ES LA ÚNICA CORRECTA como aseguraba él.
-No es ni siquiera la más correcta visualmente, como aseguraba él (no, no lo es: Groenlandia aparece mucho más pequeña -visualmente- que como es en realidad… y no veo a los esquimales cabreados manifestándose por las calles por tan tremenda “injusticia” hacia su país). Si un peruano se siente ofendido porque su país no aparezca tan grande como es en la Mercator no “equireal”, también se puede sentir ofendido un groenlandés porque su isla TAMPOCO aparece correctamente representada de manera visual en la proyección de Gall-Peters. ¿O nadie había pensado en eso? La polémica es … ABSURDA y políticamente motivada, eso es lo que pretendo enseñar. Se la inventó un tipo para azuzar a las personas unas contra otras y obtener beneficio personal (en su caso, político y económico: durante años, los mapas con su proyección fueron los más vendidos, especialmente en los países comunistas y muchos tercermundistas, donde se impusieron forzosamente en la educación).
-Lo que a la comunidad científica cartográfica le JODE (y comparto ese sentir, porque Peters también nos ha jodido a los economistas en nuestra área) es que se la acusara falsamente de ser “conservadora”, “imperialista” o “fascista”: la proyección de Peters no se usaba porque mostrara más los países tercermundistas o más pobres, ni se usaba más la de Mercator por “imperialismo”… Los cartógrafos no usaban la Gall-Peters y sí muchas otras (que no sólo la Mercator no-equireal, que para los tiempos de la polémica ya ni se usaba prácticamente) por motivos pragmáticos, PUNTO (no va bien para representar las rutas de las aerolíneas, por ejemplo, por eso la dejamos de usar en nuestra ONG).
-Ni Mercator ni su puta madre: un tipo que NO era cartógrafo, no puede venir a imponer SU proyección a todos los demás, porque le salga de los cojones ni, mucho menos, por motivos políticos, ni mucho menos acusando FALSAMENTE a centenares de profesionales intachables ni, mucho menos diciendo que es “la mejor” o “la más exacta” cuando NO lo es.
Emmm… No, perdona, que yo sepa, la Tinkle es una y la Robinson, otra distinta.
La más extendida en el mundo académico cartográfico científico actualmente es la Winkel-Tripel.
¿Ves cómo al final tienes motivos emocionales?
ESO es lo que pretendo mostrar al describir la polémica.
A mí me enseñaron el atlas con la proyección de Robinson.
No conocí la Mercator hasta muuuuuuucho tiempo después.
Y ni la Robinson ni la Mercator me han condicionado “políticamente”.
Ni visualmente.
Si yo uso la de Robinson en las paredes de la sede de mi sindicato o la de Winkle-Tripel en la revista del National Geographic es por motivos SERIOS, PONDERADOS y ESTUDIADOS. Porque NOS CONVIENE, porque nos son más útiles… no por “política”, ni por “sentimientos”, ni por “gusto”, ni porque España aparezca más o menos representada. ¿Entiendes?
¿Tú crees que la proyección de Gall-Peters te “motiva” más? De acuerdo, lo respeto: yo pienso que una persona debe dejarse de emocionalismos… y tender al pensamiento científico y pragmático.
Otra vuelta de tuerca: a mí me gustaría que la gente, usara la proyección que usara… lo hiciera por motivos pragmáticos, NO POLÍTICOS O EMOCIONALES.
¿Por qué?
Porque considero que esa es la forma de ACTUAR correcta y la que evita que NOS ENGAÑEN o nos puedan manipular fácilmente.
Vale, bien, pero…
1) Creo que no entiendes lo que quiero exponer. No se trata de “admirar” o de “odiar”. A mí la proyección de Gall-Peters no me cae ni mejor ni peor. Si la uso o la dejo de usar, será por motivos pragmáticos. “Porque yo la admire” no es un motivo serio ni correcto para incluir esa proyección en el mapa de un libro escolar. En casa, cada uno hagamos lo que nos dé la gana, eso sí, te doy la razón.
2) Yo estoy en contra de la mentira, Javier.
Y ESO es lo que quiero mostrar con el artículo.
Comprende que las mentiras vertidas y las falsas polémicas creadas por Peters sobre la comunidad cartográfica y la económica… nos toquen los cojones a nosotros, los profesionales de esas áreas.
Simplemente eso.
Un abrazo, y gracias por leer, de verdad que te lo agradezco.
Comentario por chemazdamundi — 2 diciembre 2011 @ 16:36 |
Hola Chema:
Gracias por tu respuesta y por corregirme con lo de Winkle-Tripel. Tienes toda la razón.
Escribo sobre el mapa y no la rosa porque era de lo único que quería comentar, en el tema de la rosa no tengo nada que añadir u objetar. En cuanto a lo de los motivos emocionales, no lo he negado, sino más bien todo lo contrario: que cuando hablo de ese mapa dejo claro que es una interpretación y por eso escribí, porque decías que los defensores del mapa de Peters lo venden como el verdadero.
En cuanto a lo de Perú, no me refiero a peruanos ofendidos, sino a gente española que pensaba que Perú era mucho más pequeño ya que el mundo que han (hemos) aprendido tiene unas proporciones diferentes. Nací en el 81 y en mis libros de Anaya de Sociales de 5º de EGB (parecido a este, pero otra edición: http://www.google.es/imgres?q=libros+de+texto+anaya+ciencias+sociales+egb&um=1&hl=es&client=firefox-a&hs=1DY&sa=N&rls=org.mozilla:es-ES:official&biw=1024&bih=461&tbm=isch&tbnid=qB836sXa-F2jcM:&imgrefurl=http://www.todocoleccion.net/ciencias-sociales-8-egb-anaya~x27260240&docid=O-d9U2k87wfBjM&imgurl=http://pictures.todocoleccion.net/tc/2008/10/20/10385526.jpg&w=480&h=640&ei=DUXaTr_NII-whAepqMypDg&zoom=1&iact=hc&vpx=92&vpy=88&dur=60&hovh=259&hovw=194&tx=108&ty=171&sig=104299453787869997859&page=1&tbnh=124&tbnw=97&start=0&ndsp=10&ved=1t:429,r:0,s:0) la proyección era de Mercator, ya que recuerdo haberle preguntado a mi padre por qué Groenlandia no era un continente si era casi tan grande como África.
De hecho, en los talleres formativos, antes de enseñarles diferentes mapamundis, les pido que dibujen un mapamundi, y el 80% lo proyectan a lo Mercator. Haz la prueba, pide a diferentes personas (no cartógrafos, eso es trampa :P) que dibujen un mapamundi y que luego lo doblen por la mitad, la inmensa mayoría otorgará al hemisferio norte dos tercios del dibujo.
Un abrazo, eres un crack.
Comentario por Javier Saborido — 3 diciembre 2011 @ 18:04 |
Ahora mismo tengo una mala sensación de que la sociología que estudie, mi concentración, esta super infectada de ideologías izquierdistas. Es algo obvio, pero no lo había visto de esa forma antes. Mi formación académica (bachillerato) tiene de ciencia lo mismo que de ciencia tiene la escuela austriaca. Que decepción. Muchas opiniones nobles (políticamente correctas) pero muy poco practicas en la vida real. Siempre tuve esa sensación pero ahora se como nombrarla. Perdón por el desahogo, je.
Comentario por borigirl — 3 diciembre 2011 @ 06:48 |
No puedo estar más de acuerdo respecto a la “semblanza” del personaje, al que hasta hoy solamente conocía por su “aportación” a la cartografía. En su día escribí un artículo en mi blog sobre ella (de hecho, he llegado a éste blog a través de un comentario en ese artículo del mío), quizá te interese:
http://empollonintegrista.wordpress.com/2008/12/20/la-proyeccion-peters/
Lo de aducir que no conocía la idea de Gall no solo es ruin (incluso aunque fuese cierto), si no que nos demuestra que el tipo creía realmente que hasta la década de 1960 a nadie se le había ocurrido proponer una proyección equiaerolar de la esfera. Teniendo en cuenta que la edad de oro de la geometría diferencial fue a mediados del siglo XIX, y que la idea es bastante lógica y directa incluso para un neófito, semejante ocurrencia denota una incultura y una falta de sentido común considerables.
Comentario por Mostrenco — 3 diciembre 2011 @ 22:11 |
Lo siento Infinitamente, su majestad Cuchurrumin, pero como anarquista mas que confeso he de recoger el Guante que estas tomando. Con el permiso, Obviamente, de Chemas.
Uno de los móviles del anarquismo no es únicamente la decepción de la revolución francesa. Es la evolución de la revolución industrial y los sucesos de la comuna, que es reivindicada tanto por comunistas como por anarquistas como un evento de un lado u otro. Ahora bien, la piedra de toque del postulado Anarquista es que todo poder corrompe y la Autoridad crea desigualdad porque es “ajenizar” a la gente. Anarquía, debo recordarte, esta diseñada como el mas alto orden en ausencia de la Autoridad. Es este punto de vista el que ignoras y el que te hace ver que solo con Jerarquía se pueden tomar decisiones rápidas. Ahora bien, Anarquía NO es ausencia de una organización que puede convenir en cargos temporales y solo ejecutivos para precisamente efectuar un trabajo. Lo que las y los Anarquista detestamos es la creación de un estado representativo, sea demócrata, comunista o lo que sea. Es eso lo que veo que te parece “ideologismo apestoso”, y ante lo que exijo una explicación mas sucinta.
Y me permito agregar: quienes ven en las patrias y los estados poderes mágicos son la gente que va y vota, que cree que el Estado es la única solución. No nosotros.
Comentario por Aryeh Ze'ev Ben Abraham Capella — 9 diciembre 2011 @ 07:34 |
No tienes por qué sentirlo. Si crees que fallo en algo, puedes discutirlo. Para eso está debatir, ¿eh? Necesariamente, en un comentario de bitácora tengo que sintetizar mis argumentos. Pero, recogiendo tu otro guante, me permitiré el lujo de explayarme.
Sí, sé que el anarquismo propone crear un orden sociopolítico y que cubre numerosos aspectos (incluso me permitiré citar a Proudhon, quien intenta despojar a “anarquía” de su significado despectivo). Sé bastante bien que propone la supresión de toda jerarquía, entre las cuales está una muy destacada, la estatal. De alguna forma, cree en la autoorganización: un individuo bien educado en libertad, verbigracia, decidirá qué es lo mejor. Oh, curiosamente los austríacos creen en otra variante de la autoorganización, por cierto (pequeña curiosidad).
Hasta la democracia griega (como se ve en Los principios del gobierno representativo) era representativa en la práctica, aunque algunas de sus partes fueran, efectivamente, asamblearias por la simple razón de que acudía el que podía y tenía interés. Al final, la voluntad de unos miles de ciudadanos podía afectar a la presente en decenas de miles. Así que en la práctica sería casi inevitable tener un grado mínimo de representatividad por algo: no todas las personas tienen el mismo interés por la política que tú, yo y Chemazdamundi. Oh, y la participación política es un asunto más complejo de lo que parece. ¿Conoces la paradoja de Condorcet? ¿Y la de Kenneth Arrow?
Y sobre el poder, incluso puede variar mucho cómo se ejerza (aunque tenga un esquema de incentivos determinado, nunca hay que obviar que el cómo se rija depende de la personalidad de alguien y de las circunstancias del entorno: la mezcla de factores puede ser muy confusa). Sé que en muchísimas ocasiones se ha visto abusos del poder (y, de hecho, estos casos prácticos han podido ser el móvil para muchas ideologías), pero todo lo que se ha escrito acerca de la tabla rasa hace dudar de la capacidad de una institución humana para transformar a alguien. Y nos obliga a plantear más preguntas: ¿hasta qué grado el esquema de incentivos de una determinada institución puede alterar nuestro modo de proceder? ¿acaso ya no estábamos “corruptos” de antes por nuestras propias características y sólo nos aprovechamos del poder? ¿acaso no hemos enfocado mal la circunstancia del poder? ¿Y de qué tipo de poder hablamos? Por lo visto, el poder no transforma mágicamente a la gente.
La psicología social puede recoger varios de esos tipos, algunos de ellos tan intangibles y que pasarían incluso en una sociedad anarquista como el poder de convencer a la gente (en la práctica, no todo el mundo tendría la misma habilidad ni capacidad de expresar su voz). En una asamblea, inevitablemente tendrías a gente más carismática que otra.
Si dije que una jerarquía puede ser muy práctica para la toma de decisiones es por algo. Prueba a reunir tres mil personas (una población de cualquier pueblo pequeño) en una asamblea y deja que las decisiones se tomen entre todos (contando con que todos tengan el mismo interés, lo cual no ocurre siempre, además del pertinente debate). En algunas cosas puede ser útil, ¿pero en todas? No sería demasiado viable, más cuando hablamos de millones de personas (todas ellas con personalidades, deseos, necesidades y motivaciones muy distintas: cualquier sistema tiene que saber soportar la heterogenidad). Y, sí, sé que una idea anarquista es la de montar pequeñas comunidades, pero volvemos de nuevo a un problema. A veces necesitamos cantidades ingentes de gente para grandes proyectos, por ejemplo (a partir de una cierta densidad demográfica, puede haber espacio para la evolución cultural). Lo que importa es que en dicha jerarquía no se abuse de nadie. Y se puede realizar, aunque también haya mucho espacio para jerarcas cabrones (aunque en otro sistema, encontrarías asamblearios cabrones).
De hecho, hay una división del trabajo de tipo jerárquica (podría ser por poder, pero también puede ser por eficiencia energética: hay decisiones que se tienen que tomar rápidamente, sin que hayan debates eternos). Y el gobierno representativo es parte de eso. Y no tiene por qué ser tan malo (ojo, no se entienda eso como una apología del Estado. Sólo digo que es una institución más, con su esquema de incentivos y susceptible de ser transformada). Obviamente, la moralidad de un Estado o no dependerá de quienes ejerzan allí. Incluso en la práctica, el Estado puede tratar a alguien mejor que una familia o su grupo de amigos. Claro que no es lo mismo Suecia que Colombia. Me quejo de ciertas acciones del Estado, pero no se está mal en el fondo (aunque siempre tenga fallos y cosas que remendar).
Verás, mi etiqueta de “ideologismo apetoso” viene a cuento por algo. ¿Por qué? Verás, cualquier ideología sociopolítica es inevitablemente una versión simplificada de lo que ocurre en nuestras sociedades. Por ejemplo, tal ideología puede detectar un conflicto de intereses pero no comprender las relaciones de causalidad, por lo que concluirá que una posible solución a dicho conflicto de intereses es cambiar el sistema de arriba a abajo (Roy C. Macridis y Mark L. Hulliung lo explican estupendamente en el libro Las ideologías políticas contemporáneas). Inevitablemente, la adhesión a una u otra ideología se puede basar en las propias emociones de las personas (sí, ¿acaso la elección de tu ideología no ha estado motivada por decisiones emocionales, aparte de un análisis de lo que pasaba a tu alrededor?).
El mundo es muchísimo más complejo de lo que te pinta cualquier ideología. Esto es de primero de cualquier ciencia social. Tiene más de 7.000 millones de personas, con personalidades e intereses muy, muy diferentes. La práctica te obligará a abandonar para siempre la pureza ideológica. Siempre ha sido una chorrada: abraza el eclecticismo. Necesitarás adoptar en algunas circunstancias una solución. Y en otras, otra. Y eso puede venir de muchísimas partes. En la interacción entre agentes sociales (motivaciones, intereses y mucho más), siempre hay un punto de equilibrio móvil. Lo que conviene a dos grupos puede no convenir tanto a un tercero. Y así. De hecho, es interesante profundizar en la teoría de juegos para ir comprendiendo cosillas.
Fíjate, si quieres que no diga que tal cosa es ideologismo apestoso, traéme pruebas científicas y contrastadas. No basta con afirmar que defender el orden sociopolítico presente con fe es tener alguna ideología. Eso es cierto… pero también necesitas arrestos para autocriticarte. Y admitir que lo tuyo es ideología. Y que no tiene por qué funcionar en todos los casos (¡cuánto molaría poder traer un montón de sujetos para hacer experimentos políticos a gran escala, pero éticamente es un horror!). Es que, desde que soy científico social, cada vez me atraen menos las ideologías. Son atractivas, pero terriblemente incompletas y con muchos huecos de información sobre el mundo. Me gusta muchísimo más la ciencia social seria, como la que practica día a día Chema.
Por cierto, solucionar las desigualdades es una aspiración legítima de muchas ideologías. Pero… precisamente la jerarquía no es el único factor. De hecho, es muy probable que siempre existan. Y que, aunque las podamos paliar de muchas maneras, nunca las paliaremos del todo. ¿Sabes qué puede bastar para propiciar una mínima desigualdad? Pocos recursos para una gran población. Y eso puede ocurrir en todas las sociedades. Incluso con el reparto más justo posible, no satisfarías muchísimas de sus necesidades y deseos. Incluso puede haber desigualdades por algo que se nos escapa a nosotros, el azar y los factores genéticos. Lo que hacemos más bien se trata de minimizar las desigualdades, de tal forma que no resulten letales para mucha gente.
Oh, y una última cosa. En todo sistema la gente siempre actuará y decidirá con información incompleta y sesgos cognitivos, como dije. Eso hace que en todos los casos nuestras decisiones puedan ser chapuceras. Y que por ello existan ideas como un sistema de pesos y contrapesos (check and balances en inglés) para evitar consecuencias horribles como abusos de poder, tiranías de las mayorías y un largo etcétera. Muchos politólogos antiguos ya eran muy consecientes de que existían muchas circunstancias en donde era muy fácil abusar.
La pregunta importante es… ¿Funcionará? Por lo menos, el sistema estatal funciona más o menos hoy por hoy aunque tenga muchas chapuzas de diseño y seguramente no sea la solución más deseable de cuantas haya. Ojo, no quiero adorarlo. Pero sí admitir la evidencia: de cierta manera, funciona (en muchos estados bien desarrollados, hay bastante gente que vivimos relativamente bien). Eso sí, eso no quiere decir que el diseño de un estado sea igual de válido para todas las organizaciones sociales (en muchas tribus no es imprescindible un Estado). Pero no es tan inútil para una sociedad de millones de personas.
No hay sistemas ideales. No los habrá jamás.
Un saludo, Aryeh.
Comentario por McManus — 10 diciembre 2011 @ 01:18 |
Chema, una vez más, gran artículo.
Mencionas a Gandhi y no es que fuera un guerrillero, pero ciertamente su pacifismo era más fachada que otra cosa. Al respecto, te paso el debunk que hice del mismo: http://bit.ly/onfpdN
Por cierto, estaré citando este artículo próximamente. ¡Genial! Y me he reído lo que no te imaginas.
A modo de sugerencia, tal vez ayudaría a distinguir entre comentarios y peticiones de artículos que abrieras una cuenta en Formspring.
Un saludo,
D
Comentario por David Osorio (@Daosorios) — 9 diciembre 2011 @ 07:56 |
Muchas gracias, David.
Procedo a leer tu debunking (reconozco que no he leído en gran profundidad sobre Gandhi, ya que no es un autor economicista).
Y también tomo nota de tu sugerencia: voy a informarme sobre Formspring.
Un saludo,
Chema
Comentario por chemazdamundi — 9 diciembre 2011 @ 15:13 |
Buenas, hace rato que no pasaba por acá, de vez en cuando reviso para ver si algún post nuevo cuenta alguna batalla histórica, algo tan difícil de encontrar en internet. Soy marxista (a los ponchazos) y hoy veo este tema, que por supuesto me toca de cerca. Hace un tiempo me acostumbré a discutir sobre la teoría del valor marxista y la utilitarista… pero con los austríacos, que como todos saben aquí, son subnormales. Por esta cualidad “especial” de ellos, es que estos debates resultan frustrantes en extremo.
Me resulta muy interesante la oportunidad de discutir algunos puntos con alguien que está acostumbrado a que la lectura sea algo más que el pasear la mirada sobre una colección de letras y espacios.
Y sin más preámbulos, quisiera hacer algunas aclaraciones:
No conocía esta Rosa, ni me parece que represente fielmente la Teoría Laboral del Valor de Marx (en adelante TLV) que por ejemplo no considera que la “supervisión” agregue valor. A pesar de esta discrepancia, creo que habría que puntualizar mejor si esta Rosa pretende determinar el precio o el valor. En wikipedia encontré que es lo segundo, pero no es imposible que estén equivocados. Para el marxismo valor y precio no son lo mismo, y el precio es determinado de una forma más compleja que el valor. Se puede consultar: http://rolandoastarita.wordpress.com/2011/11/15/respuesta-a-una-critica-a-la-teoria-del-valor-de-marx/
“Pues calculándonos el coste completo de un producto como el resultado de tener en cuenta el coste en tiempo que se ha utilizado para producirlo, ya sea trabajo realizado por personas (“trabajo vivo”, lo llaman en la matriz) o el trabajo mecánico. Vamos, que lo que vale un bien o servicio se calcula en base al tiempo total utilizado en el proceso para producirlo.”
En la TLV lo que determina el valor de un producto es “el tiempo de trabajo (abstracto) socialmente necesario incorporado a una mercancía”. A la vez hay dos determinaciones de lo “socialmente necesario”, explicadas en el link anterior (tiempo promedio de producción, y necesidad/capacidad de consumo de la sociedad de cada producto).
Usar la expresión “coste en tiempo” como sinónimo de lo anterior, podría llevarnos a un equívoco, que pasa a ser el siguiente (antes digo que el trabajo de la máquina no se cuenta como “creador” de valor, al menos en la TLV de Marx, que es lo que me interesa):
“Lo mismo sucedería a un nivel global. De acuerdo con la matriz de Peters, el coste de una hora de trabajo de un futbolista (que gana millones de dólares cada hora en el sector privado de una economía actual), equivaldría a una hora de trabajo de un panadero y a una hora de trabajo de un programador.”
Para la TLV no existe “el coste de una hora de trabajo” (porque el trabajo no existe en sí, sino en movimiento, incorporado a algo, ver: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/17.htm), existe en cambio, por un lado, el valor de la fuerza de trabajo (que es el salario), y el valor que produce una hora de trabajo incorporada (lamentablemente no sé usar cursivas en los comentarios) a una mercancía que encuentre destino en el mercado.
Quienes confundían estos dos conceptos bajo el término “trabajo” eran los ricardianos, a quienes Marx critica, y gracias a ello, puede descubrir el concepto de trabajo excedente (ver link anterior y creo que el capítulo V de El Capital también).
Teniendo esto en cuenta, yo supondría que los “rosistas” (me permito el chiste criollo) considerarían (o deberían, si conservan algo de Marx) que el valor producido por una hora de trabajo incorporado (no “el costo de una hora de trabajo”) es igual para aquellas actividades que supongan una actividad “igualmente compleja”, no para todas las actividades. No recuerdo en cuál de los primeros capítulos, Marx hace la distinción entre trabajo abstracto simple y complejo y los distintos valores que incorporan y que se reflejan en los distintos salarios. Éste sí es un tema de debate entre marxistas, y valdría la pena volver sobre él.
“El coste final del producto del trabajo de estos profesionales (jugar fútbol, una barra de pan, los servicios de programación) depende del tiempo empleado en el producto o servicio por cada uno de los participantes.”
Del tiempo socialmente necesario, no del tiempo empleado efectivamente (otra vez, esto es lo que decía Ricardo, no Marx), y por supuesto, de la complejidad del trabajo.
“Ya… una serie de “preguntitas” que quizás sólo se me ocurren a mí que soy economista, peroooooo… ¿nadie se ha parado a pensar…?
¿Cuánto vale la unidad de tiempo según la Rosa de Peters? ¡No lo dice! ¡Su autor no se “pilla las manos” diciendo cuánto debería valer la hora en sí (o lo que sea) de trabajo! Sólo dice que las cosas deben valer unas con respecto a otras en función del tiempo que haya llevado producirlas. Tampoco dice… ¿quién decide eso?”
Repasando, la “hora de trabajo” no vale nada, otra cosa es lo que vale una hora de trabajo incorporada a una mercancía (con todas las aclaraciones de socialmente necesario, etc. que a partir de ahora me salteo), porque la mercancía es lo que “porta el valor”. Una manera de medir esto es ver cuánto valor en oro produce una hora de trabajo en promedio, ya que en la TLV el oro es el equivalente universal y por lo tanto puede compararse sin problemas con el resto de las mercancías. Respecto a la pregunta, nadie lo decide, esto surge de la competencia capitalista y de la naturaleza de toda economía, en la que se debe intercambiar trabajo, lo que varía es la forma.
“Expliquémoslo mejor… ¿vale lo mismo la hora de un albañil a pleno sol de agosto que la de un administrativo tras una ventanilla con aire acondicionado en su despacho? ¿O un panadero al lado del fogón doblando el espinazo que la de un programador? ¿Vale lo mismo la hora de un minero que la de un periodista? Según el autor de la Rosa de Peters admite… las horas deberían valer IGUAL independientemente del trabajo realizado.”
Si el tal Peters dice eso, está equivocado y no sigue la TLV.
Finalmente, dejo un link al capítulo 2 de “Valor…” (Astarita) que intenta explicar la TLV, creo que con mucha eficacia: http://www.megaupload.com/?d=WEVA68U0
Espero haber sido claro, quedan otros puntos que revisar, quedarán para más adelante. Saludos,
Ricardo Ezequiel Hernández (creo que clickeando en mi nombre pueden acceder a mi modesto blog)
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 04:37 |
Buenas.
Efectivamente.
“Pasemos” de ellos y vamos al grano.
No soy ningún “juntaletras”, eso delo por hecho. Creo que ya he dado suficientes muestras de ello.
NI YO HE DICHO LO CONTRARIO.
1) Estoy criticando aspectos CONCRETOS en los que creen algunos (la mayoría) de los neomarxistas. No te vayas por los cerros de Úbeda, Ezequiel.
2) Estoy MUY acostumbrado a debatir con marxistas. Y tienen la muy fea costumbre de no centrarse el tema que se está tratando y divagar en cuanto se tiene la menor oportunidad. Repito: yo no estoy hablando de la Teoría del Valor marxiana… que también es más que criticable. Estoy hablando y criticando implacablemente lo que piensan muchos de los que se autocalifican como “neomarxistas”.
3) Yo estoy criticando una idea en concreto: La Rosa de Peters.
4) Y en un ámbito más general, estoy acusando al marxismo y al neomarxismo de lo que cualquier economista serio sabe de sobra que es el principal fallo que tienen: que NO son teorías científicas. Porque no utilizan el método científico ni sus conclusiones se atañen a él, por mucho que Marx y subsiguientes autores marxistas o marxianos lo aseguren.
Pues muy mal hecho.
Porque lo hace.
Ya tenemos el primer fallo de la teoría de valor marxiana… y lo ha traído usted. Está más que comprobado que la supervisión en la producción agrega valor al producto (y al precio final), ya sea de manera jerárquica en el sistema de producción o como parte inherente del proceso de control de calidad. O, mejor habría que decir, la supervisión es agregable y cuantificable.
Todos los días observo eso en mi plataforma de producción.
Es más, está cuantificado numéricamente dentro del balance de margen.
¿O usted no ha hecho nunca un inventario?
Ni yo he dicho lo contrario.
Y sí, se refieren más al valor. El problema es… que Peters y compañía confunden valor y precio.
Y ESO es lo que pongo de manifiesto en mi artículo.
De todas formas, la Rosa de Peters ni se corresponde bien con una formulación seria del valor NI DEL PRECIO.
Creo que ha quedado suficientemente claro en el artículo, repito.
Pues le interesará a usted, Ezequiel.
Pero no a los demás.
A los economistas (científicos) nos interesa conocer con el máximo de detalle todos los mecanismos concernientes al proceso de cuantificación del valor de un bien o servicio.
Pero el eterno problema de la teoría marxiana (y de muchas otras teorías no científicas sino filosóficas) es que se centran en UN aspecto o muy pocos de entre todos aquellos que componen o puedan componer el valor (o precio) de un bien o servicio.
La teoría marxiana (la de Marx), en concreto, tiene un fallo monstruoso básico en el hecho de que no tiene en cuenta la utilidad marginal (entre otros muuuuuuuuuuuuuuuchos). Queriendo o sin querer (ese debate es estéril), en eso no voy a entrar: la cuestión es que NO la tiene en cuenta. Como no tiene en cuenta numerosísimos aspectos concernientes al individualismo personal que entran de lleno en la “computación” que del valor de un objeto tiene para un consumidor: el marxismo es especialmente nefasto a la hora de tener en cuenta las necesidades biológicas o psicológicas preferenciales de los individuos.
Y muchos de sus sucesores han intentado hacer auténticos retruécanos POSTERIORMENTE para encajar ese concepto VITAL de la utilidad dentro de la teoría del valor marxiana.
Eso no vale.
Científicamente hablando, los marxistas deberían haber desechado su teoría y haber vuelto a formular otra distinta. No vale continuar con la misma retorciendo el significado o las intenciones con su famosa “dialéctica marxista”: “no, es que Marx en realidad sí tuvo en cuenta la utilidad marginal, es que no le dio tiempo a incluirla o lo dijo de esta otra forma”.
Y una mierda.
Conociéndola o sin conocerla, NO LA PLASMÓ EN EL INTERIOR DE SU TEORÍA con la categoría que merece un aspecto tan tremendamente básico como ése.
Y eso es lo mínimo y más amable que puedo decir de ese asunto. Porque la inmensa mayoría de los economistas consideramos que, directamente, no lo trató.
1) PERO NO LO HACEN.
Especifican en concreto la igualdad de la comparativa entre horas INDEPENDIENTEMENTE de la actividad que se desarrolle en esas horas.
Con lo cual queda de manifiesto la inmensa soplapollez que supone esa tontería de la “Rosa de Peters”.
2) No es sólo la hora de trabajo (socialmente necesario o no) lo que determina el valor de un bien o servicio.
Salarios.
No “valor”.
Que vuelvan cuando quieran sobre ese debate y lo discutan ellos. Nosotros, los economistas científicos tenemos mejores cosas en las que centrarnos que en un debate trasnochado. Los distintos trabajos debaten continuamente en sus aportaciones en sus convenios salariales. Y lo dice un sindicalista. De manera cuantificable. Los debates “filosóficos” para quien los quiera.
Ya.
El problema (uno de ellos) son cuestiones como la siguiente:
http://www.filosofia.org/hem/dep/lah/ora0106a.htm
Lo cual es una cagada monstruosa por parte de la teoría marxiana.
Está más que demostrado que el valor de un producto final incorpora el valor de las materias primas sí o sí, independientemente del “trabajo socialmente necesario”. Independientemente de que para producir un lingote de un kilogramo de hierro o un lingote de un kilogramo de platino se hayan empleado “cincuenta horas socialmente necesarias”… el platino va a valer MÁS sí o sí.
Porque es más escaso y más apreciado (es un material mucho mejor).
Y punto.
Falso.
La hora de trabajo vale de por sí misma.
Independientemente de que lleve anexa la producción de un bien físico o no.
La hora de trabajo de un músico o de un fisioterapeuta tiene un valor, lo nieguen Marx o la madre que lo parió.
No sólo “la mercancía” porta un valor.
Por eso Peters y compañía no especifican un valor base de una hora de trabajo básica… para que no se vea que, con NÚMEROS y no con lenguaje hablado-escrito, su concepto no cuadra.
Al establecer una cantidad base de lo que vale una hora es cuando empiezan las comparaciones cuantitativas y cuando todo el mundo puede proceder a darse cuenta, COMPARANDO, que la “Rosa de Peters” y su “falso igualitarismo” es una chorrada.
Cierto.
Falso.
En la que se debe proceder a evaluar TODO el valor del bien o servicio, no sólo “el intercambiar trabajo”.
En eso no caen los marxianos… os suena a chino.
El valor de un bien o servicio (y su precio) no viene dictaminado sólo por la cantidad de tiempo empleado en producirlo (socialmente necesario o no), sino por multitud de otros factores más. El no menor de los cuales es la apreciación subjetiva que el consumidor haga de los mismos.
Un teléfono móvil (celular) puede haber costado producirlo noventa horas socialmente necesarias o tres onzas de oro… si los consumidores consideran que el color del celular es feo o que su cobertura no es eficiente, no le darán ese valor prescrito y no lo comprarán.
De ahí el concepto de “liquidación”, por ejemplo (y el de recuperación de pérdidas, etc.).
Pues ya lo sabe: está equivocado.
Él y la inmensa mayoría de neomarxistas latinoamericanos que conocen y creen este concepto de la “Rosa de Peters”.
Pero Peters está equivocado porque lo que dice es erróneo de por sí… no porque lo diga la TLV.
Y he puesto ese ejemplo de la Rosa de Peters porque aunque no sea un concepto aceptado por todos los marxistas (especialmente los más “ortodoxos”) sí muestra a las claras ante el gran público LA FORMA DE TRABAJAR Y CONCEPTUALIZAR DE LOS MARXISTAS: formulación de una hipótesis, apenas utiliza experimentación y, cuando lo hace y se comprueba como falsa, no abandonan la idea y empiezan de nuevo, sino que siguen defendiéndola. Como mucho, la “intentan encajar” con “dialéctica marxista”.
Y eso no es actuar científicamente.
De acuerdo, pero no hay mucho más que hablar… en lo concerniente a la Rosa de Peters. De hecho, ya ha estado usted de acuerdo en que falla (por decirlo suavemente).
Respecto a la Teoría del Valor marxiana debería dedicarle una serie de artículos ex profeso.
Pero procedo a resumir muy generalmente las críticas científicas a la Teoría del Valor marxiana:
1) Si no se emplea la teoría del valor marxista/marxiana en el ámbito del estudio económico científico actual no es por gusto ni por ánimo de joder políticamente: la teoría del valor marxiana no es científica. Es filosófico-política. Punto.
2) Aparte de que no sea científica está más obsoleta que las lanzas de sílex y falla más que Windows bajo el agua. No tiene en cuenta (o no trata como se merece) la mercadotecnia, ni la econometría, ni los valores subjetivos, etc., etc., etc.
3) No incorpora conceptos básicos tales como la retroalimentación de mercado o la utilidad marginal y…
4) No se cumplen sus predicciones por más adaptaciones que ha sufrido en su aplicación y experimentación en diferentes países y culturas.
5) Es por eso por lo que no se estudia el marxismo como corriente relevante o siquiera con aplicación pragmática en las facultades de Económicas, sino como antecedente histórico.
Otros tantos para usted.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 14:35 |
Me permito entrar a contestar un punto tuyo, Chemazdamundi:
La teoría marxiana (la de Marx), en concreto, tiene un fallo monstruoso básico en el hecho de que no tiene en cuenta la utilidad marginal (entre otros muuuuuuuuuuuuuuuchos). Queriendo o sin querer (ese debate es estéril), en eso no voy a entrar: la cuestión es que NO la tiene en cuenta. Como no tiene en cuenta numerosísimos aspectos concernientes al individualismo personal que entran de lleno en la “computación” que del valor de un objeto tiene para un consumidor: el marxismo es especialmente nefasto a la hora de tener en cuenta las necesidades biológicas o psicológicas preferenciales de los individuos.
Sobre todo el final. Al leerlo, no pude evitar recordar a Edward Osborne Wilson, tan vituperado por los marxistas por su contribución a la etología y uno de mis referentes intelectuales por los cojones que le echó para conseguir que las ciencias naturales y sociales se pudieran encontrar, aunque luego podamos discutir según qué aspectos. En una entrevista, le pegó un enorme hachazo al marxismo:
What I like to say is that Karl Marx was right, socialism works, it is just that he had the wrong species. Why doesn’t it work in humans? Because we have reproductive independence, and we get maximum Darwinian fitness by looking after our own survival and having our own offspring. The great success of the social insects is that the success of the individual genes are invested in the success of the colony as a whole, and especially in the reproduction of the queen, and thus through her the reproduction of new colonies.
Fuente: http://www.froes.dds.nl/WILSON.htm
Y es algo con lo que también me he tenido que enfrentar a lo largo de mi vida. Una visión intuitiva del desarrollo humano que ignora muchísimos elementos. Gente incapaz de comprender que el ser humano es una desconcertante mezcla de individualismo y relaciones sociales con otros.
Comentario por McManus — 18 diciembre 2011 @ 17:53 |
Ah, el individualismo metodológico y el darwinismo social en una sola pócima, qué sorpresa… ahora… ¿si hubieran estudios antropológicos que contradijesen esa mirada? O mejor pregunto: ¿qué contrastación puede refutar esa opinión del señor Wilson? Ud. dígame qué tipo de sociedad no puede existir según ud y su prócer (dígame algo más que “socialismo”, explíqueme qué dinámica no puede existir en las relaciones sociales), y yo me tomo el trabajo de buscar si en realidad ha existido algo así. Es justo, ¿no?
Por otra parte, sobre la TLV, nada que opinar, supongo. Me refiero a algo que efectivamente sea dicho por Marx, no a prejuicios obtenidos de segunda mano.
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 18:40 |
Que no. Que la sociobiología y la etología modernas no son formas de darwinismo social. ¡Vamos, E. O. Wilson no es Herbert Spencer, quien demostró interpretar fatal a Charles Darwin! “Darwinismo social”, por cierto, es una acusación fácil. Se decía lo mismo cuando E. O. Wilson dio a conocer la idea de la sociobiología a mediados de los 70. Fíjate, Spencer la cagó al hablar de la supervivencia de los más aptos, cuando en realidad se podría hablar de supervivencia del más afortunado.
Simplemente, tratan de investigar cómo se comportan los animales, incluyéndonos. Que hayan partes erradas, como la discusión de algunos postulados de la psicología evolucionista, forma parte de algo muy normal. Se llama ciencia. Unos dicen que la mente humana es de la edad de piedra y no se adapta muy bien a según qué contextos modernos, otros aportan evidencias de que podría no ser así. Y otro, como el bioantropólogo John Hawks, discute según qué detalles de ese artículo crítico. Es el juego de la ciencia.
Pero ahí está la coevolución entre biología y cultura dando por culo. Y estará: ¿qué somos nosotros? Otra especie biológica. Con sus genes: lee a Peter Singer y su Una izquierda darwinana, por ejemplo, y comprobarás cómo, al parecer, Marx y Engels sí que creían en una variante de la tabla rasa, aunque admitían que la evolución darwiniana funcionaba en otros animales. El hombre no es sólo sociedad.
Claro que la vida social puede ser muy flexible, pero lo que quería comentar Wilson (su argumentación se amplía en Consilience), más allá de la aptitud biológica (en inglés, fitness), es que somos una mezcla. Somos a la vez personas sociales e individuales. Y en tal sentido, no podríamos ser animales completamente gregarios (como lo son, efectivamente, las hormigas que él ha estudiado muchísimo). Que se centre en la reproducción es otro cantar, forma parte de su formación personal. Por cierto, algo que podría refutar a Wilson es comprobar si es errónea o no la aptitud biológica.
Podemos explicar esto bajo otras perspectivas. ¿Por qué el socialismo podría no funcionar tan bien? Podemos hablar, entonces, del problema del free rider, lo cual podría ser contestado con los trabajos teóricos de Elinor Ostrom sobre recursos comunales. O nos centramos en el asunto de la propiedad, ante lo cual en la economía se han vertido ríos de tinta y se ha concluido que, al parecer, lo mejor sería que convivieran varios tipos de empresa o el tamaño que debería tener una asamblea y cómo se toman decisiones, lo cual puede ser contestado mediante la ciencia política. Oh, o podemos hablar de cómo el punto de equilibrio cambia continuamente en teoría de juegos y cómo hay que adaptar diversas estrategias. No existe ningún sistema puro en la práctica.
Te advierto de que esto es una respuesta a grandes rasgos. Merece ser mejor tratada en un artículo más profundo. Hay que tener mucho cuidado, por otro lado.
Comentario por McManus — 18 diciembre 2011 @ 19:44 |
Bien, no será darwinismo social, nos quedamos sólo con el individualismo metodológico. Sin embargo, vuelvo a preguntar, ¿qué dinámicas no pueden suceder entre humanos? ¿No puede haber familias extensas en las que no se identifiquen los padres de cada hijo? ¿No puede haber falta de cálculo en el intercambio? Wilson habla de “imposibilidad” del socialismo, vos hablás de “dificultades” que es una cosa enteramente distinta.
Otra cosa: para Marx el hombre no es una tabla rasa. Es más correcto decir que tiene potencialidades distintas que funcionan en un sentido u otro según las condiciones sociales.
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 23:45
Ja, ja, ja…
Buen golpe, nene.
Voy a intervenir yo también, que tengo cosas que decir.
Hay una serie de cuestiones que me llaman muchísimo pero que muchísimo la atención cuando me encuentro con los marxistas o los defensores del marxismo.
Lo primero es que nunca, nunca, nunca se paran a rebatir o rehuyen la crítica principal que mencionas: que el marxismo no es científico.
Eso ya da que pensar sobre la honestidad intelectual del marxismo… porque, como bien dices, el marxismo (al menos el primerizo) se las ha dado siempre de ser científico. Ahora que la inmensa mayoría sabemos lo que es el método científico, observamos que el marxismo no lo aplica. Ante la interpelación subsiguiente que hacemos a los marxistas… esconden el bulto. No entran al trapo. Se ponen a hablar de otras cosas y veo que es por eso por lo que has cortado la conversación.
¿Por qué hacen eso? Creo que porque saben que es cierto que el marxismo no es científico. Pero muchos de esos defensores emplean otras formas de “defensa” también ese “retorcimiento” del lenguaje del que tanto hacen gala. Otros, directamente, niegan la cualidad de ciencia a aquello que les quita la razón.
Como estamos observando con el concepto de utilidad marginal.
Como no les vale o como contradice su teoría del valor… es que el concepto de utilidad marginal no es científico.
Mi pregunta es la siguiente: observo en tu artículo sobre la utilidad marginal que, por lo que parece, está probado. ¿Está probada su existencia de otra manera? Es que observo que Ezequiel critica que no lo está, poniendo una crítica a la visión marginalista de la escuela austríaca que tú también mencionas como fallida. Sin embargo, mencionas a Walras y a Jevon, que la formularon matemáticamente. ¿Ha habido más científicos de otras áreas que hayan recomprobado el concepto de utilidad marginal?
Es que eso demostraría a las claras que no es un “invento”. Tal parece como menciona Ezequiel que el concepto les parece a los marxistas que no es serio. Sin embargo, por más que leo al respecto en la literatura académica, todo el mundo menos los marxistas y otros “radicales” lo dan por válido. ¿Por qué es eso así?
Lo segundo que quiero mencionar es que, aparte de la utilidad marginal, veo con guasa que la teoría del valor marxista no tiene muchas otras cosas que hoy son el pan nuestro de cada día en cuestiones económicas: como el estudio de mercado, la publicidad, la marca, el papel relevante de la demanda, etc.
Y esto, en concreto, es una crítica bestial y que yo no conocía…
Con eso ya no hace falta ni ser economista como tú para darse cuenta de la invalidez de la teoría del valor marxista.
Daniel y tú hacéis especial hincapié en esto:
No parece (no es) una teoría economicista muy flexible: es muy política, muy cerrada, la psicología y la variedad de comportamiento humano no tiene mucha cabida en ella. No tiene muy en cuenta la naturaleza del ser humano. Al menos, ésa es la sensación que me da. Que falla en aspectos muy, muy básicos, vaya.
Y, como eso, supongo que muchas otras cosas más relacionadas con el marxismo.
Comentario por natsufan — 18 diciembre 2011 @ 18:33 |
Lamento decir que los comentarios de Chemaz que reproduce ud. aquí no atacan a la TLV, sino que muestran ciertos prejuicios que me he encontrado también entre los austríacos.
Por ejemplo: el costo de supervisión es eso: un costo. No agrega valor PORQUE NO AÑADE NADA AL VALOR DE USO. Es una mera necesidad del capitalista para mover la producción de una manera disciplinada. Del mismo modo y a nivel estatal, las fuerzas de seguridad de un estado son un costo que se paga a partir del plusvalor (por eso los liberales rechazan siempre los impuestos). Este costo se deduce del plusvalor, hay muchos costos que se deducen de la ganancia, pero me parece que falta conocer el concepto básico de qué es el valor.
En mi primer comentario intenté diferenciar entre lo que vulgarmente se dice sobre la TLV y lo que la TLV realmente es. Si no se parte del conocimiento de lo que se critica, se está opinando irresponsablemente, y no se puede fundamentar crítica alguna.
Otro tema: yo puedo demostrar que el marxismo es científico sólo defendiendo sus argumentos ¿cómo si no? y antes de eso tengo que explicar qué dice el marxismo ante quienes no lo entiendan. La cientificidad de algo no se prueba simplemente afirmándola, como se limita a hacer Chemazdamundi.
Cuando ataco a la utilidad marginal, también presento mis críticas, y ofrezco ampliarlas. A Chemaz no le interesa, no sé si las leyó, pero no contesta. ¿Qué clase de actitud científica es ésa?
Además, mi crítica a la utilidad marginal de los austríacos no es la misma crítica que les hace Chemazdamundi, sino que la mía es también aplicable a los neoclásicos. Si estuvieran interesados, podría explicar porqué la utilidad marginal no se puede cuantificar para ordenar las preferencias.
“…como el estudio de mercado, la publicidad, la marca, el papel relevante de la demanda, etc.” Todo eso está tenido en cuenta, hay que tratar de afirmar cosas a partir de un conocimiento efectivo.
Otra: los recursos naturales no tienen valor de cambio de por sí, sino en la medida en que requieran trabajo para ser recolectados y elaborados. Chemaz intenta refutar esto diciendo puerilmente que el platino es más escaso que el hierro, o que el petróleo se vuelve más caro a medida que se vuelve más escaso… pero esto no puede refutar la TLV, ya que a medida que los recursos naturales se vuelven más escasos, se vuelven al mismo tiempo más difíciles de producir y se requieren mayores inversiones para hacerlo. Por lo tanto la respuesta es que el platino no se produce con la misma cantidad de tiempo de trabajo que el hierro.
Otra vez repito: decir que el valor de cambio está determinado sólo por el tiempo de trabajo es una simplificación propia del que nunca ha estudiado seriamente a Marx. Para aclarar este punto y mostrar que la competencia capitalista y la demanda regulan el precio (el llamad precio de producción) es que les dejé un link que supongo que no han mirado, del blog de Astarita.
Finalmente pregunto: ¿alguien aquí ha estudiado la TLV marxiana con un profesor marxista?
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 19:05 |
¿Alguien puede refutar eso?
Es fácil.
Gracias.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 19:22 |
La TLV se puede contrastar de la siguiente manera: busque dos mercancías cuya producción tenga una misma composición orgánica y cuya producción requiera el mismo tiempo de trabajo, y entonces compare sus precios respectivos. Si no son iguales en un período medio, pues lo ha logrado.
En cambio, la TUM no es contrastable de manera alguna. Simplemente dicen que los consumidores reflejan sus preferencias en los precios ¿cómo se puede contrastar eso? Es un apriorismo absoluto. Además es incoherente, si antes de reflejar las preferencias en los precios, no ha sido posible ordenar esas preferencias cuantitativamente, cosa imposible para una cantidad de mercancías que salga del ejemplo usual del “trueque” (en el mundo real las mercancías a ordenar son miles y sus combinaciones, incontables e imposibles de ordenar)
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 20:03
Noooo, qué va, qué va.
Deje de decir chorradas y lea, hombre:
Ay…
3.1. Explicación matemática de la utilidad marginal.
Supongamos que un consumidor racional (uno “normal”, o “medio”, que no esté chiflado) debe decidir gastar su ingreso disponible (“presupuesto”) entre n bienes con algún criterio de optimización (obtener la máxima satisfacción con el presupuesto disponible). Normal y lógicamente reflejamos de manera matemática ese deseo de máxima optimización asumiendo la existencia de una función escalar U para cada consumidor definida sobre el conjunto de combinaciones de n bienes que mide la utilidad o satisfacción total U(c) que obtendrá el consumidor después de haber consumido una combinación de bienes dada por las cantidades (q1,…,qn):
Es decir, que se puede obtener una satisfacción óptima de resultas de combinar el gasto o consumo de diversos bienes DENTRO de nuestro presupuesto.
En esas condiciones se define la utilidad marginal asociada al bien i como el aumento de la utilidad total al consumir una unidad adicional del bien i.
Es decir, que la utilidad marginal de un bien en concreto es cuánto aumenta nuestra utilidad total si aumentamos nuestro consumo del bien en una unidad (si tengo ocho vasos de agua, ¿en cuánto aumenta mi satisfacción-utilidad total si obtengo un vaso más?).
Vamos a verlo con un ejemplo:
Si tengo 0 vasos de agua de 33 cl cada uno, calificaré subjetivamente esa posesión de 0 vasos de agua como… nada, lógicamente. No tengo vasos, no estoy dispuesto a pagar un céntimo por lo que no está disponible; esa situación no es “valiosa” para mí.
Si tengo 1 vaso de agua, le otorgaré una utilidad de 9. Esa utilidad es totalmente subjetiva. Le he puesto 9 como le podía haber puesto 37,5, es algo así como una puntuación que le otorgo al hecho de tener un vaso de agua, ¿entendéis? Estamos tratando de cuantificar lo que normalmente no se puede cuantificar (nuestra satisfacción con el consumo de bienes). Normalmente esas “utilidades personales” se miden o se intentan “cuantificar” mediante lo que estoy dispuesto a pagar por esos bienes (imaginaos que son 9 céntimos de euro).
Si obtengo un vaso de agua más (van 2), le otorgo una utilidad personal de 20.
Si obtengo un vaso de agua más (van 3), le otorgo una utilidad personal de 29.
Si obtengo un vaso de agua más (van 4), le otorgo una utilidad personal de 36.
Si obtengo un vaso de agua más (van 5), le otorgo una utilidad personal de 41.
Si obtengo un vaso de agua más (van 6), le otorgo una utilidad personal de 44.
Si obtengo un vaso de agua más (van 7), le otorgo una utilidad personal de 45.
Si obtengo un vaso de agua más (van 8), le otorgo una utilidad personal de 45.
Si obtengo un vaso de agua más (van 9), le otorgo una utilidad personal de 44.
Cantidad
Utilidad Marginal Utilidad Total
0 - 0
1 9 9
2 11 20
3 9 29
4 7 36
5 5 41
6 3 44
7 1 45
8 0 45
9 -1 44
Como podéis observar, conforme voy acumulando vasos de agua en mi posesión, llega un punto (vasos 7 y 8) en el que digo “¡basta! ¡Ya no necesito más vasos de agua!” o “empiezo a no saber qué hacer con tanto vaso de agua”, y por un vaso posterior al 7 (el 8) sólo estoy dispuesto a concederle la misma puntuación que teniendo 7 e, incluso, pasado ese punto de tener 8 vasos, le concedo una puntuación cada vez menor al hecho de poseer un vaso de agua más.
Observad una cosa bien curiosa… conforme voy aumentando en mi posesión un número cada vez mayor de vasos de agua, llega un momento en que, si bien mi satisfacción-utilidad total aumenta con cada vaso sucesivo que poseo, ese incremento de satisfacción es cada vez menor con respecto a la última adquisición.
Llega un momento, incluso, en que mi la utilidad total empieza a disminuir de tanto poseer el bien en cuestión.
¿Cómo lo puedo ver empíricamente aunque le esté concediendo valores subjetivos a la acumulación de esos bienes?
Con 0 vasos, no hay utilidad ni satisfacción que valga.
Con 1 vaso, tengo una utilidad total de 9 y una utilidad marginal de 9 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 0 vasos en 9). (9-0 = 9).
Con 2 vasos, utilidad total de 20 y utilidad marginal de 11 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 1 vaso en 11). (20-9 = 11).
Con 3 vasos, utilidad total de 29 y marginal de 9 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 2 vasos en 9). (29-20 = 9).
Con 4 vasos, utilidad total de 36 y marginal de 7 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 3 vasos en 7). (36-29 = 7).
Con 5 vasos, utilidad total de 41 y marginal de 5 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 4 vasos en 5). (41-36 = 5).
Con 6 vasos, utilidad total de 44 y marginal de 3 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 5 vasos en 3). (44-41 = 3).
Con 7 vasos, utilidad total de 45 y marginal de 1 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 6 vasos en 1). (45-44 = 1).
Con 8 vasos, utilidad total de 45 y marginal de 0 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 7 vasos en 0). (45-45 = 0).
Con 9 vasos, utilidad total de 44 y marginal de -1 (he “incrementado” mi satisfacción con respecto al hecho de tener 8 vasos en -1). (44-45 = -1). De hecho, aquí empieza a decrecer la utilidad total: empieza a ser más negativo, perjudicial o inútil para mí el hecho de poseer (o adquirir) cada vez más vasos de agua.
Así demostramos empíricamente la utilidad marginal en una sucesión de acumulación de bienes. Restando a la puntuación total que estoy dispuesto a conceder a cada incremento en una unidad del bien, la puntuación que le otorgué anteriormente al hecho de tener una unidad menos.
Expresándolo gráficamente para que lo veáis más claro (la gráfica de arriba representa la utilidad total o UT y la de abajo, el resultado de representar la progresión de la utilidad marginal o UM)…
Punto de saturación es el punto donde yo me empiezo a “saturar” de poseer esos bienes y tras él sólo concedo la misma utilidad o menor al hecho de incrementar el número de bienes, y punto de inflexión es el punto donde se indica que la tendencia del incremento de mi utilidad marginal alcanza su máximo (y normalmente empieza a decrecer después).
Pregunta: si tuviera muy poco dinero, ¿cuál sería la cantidad óptima de vasos se agua que podría comprar? En otras palabras, ¿cuál sería el mínimo de vasos de agua que podría adquirir para obtener el máximo de utilidad?
Respuesta: con dos vasos tengo el máximo aprovechamiento posible (o satisfacción-utilidad). Suponiendo que cada vaso de agua valga lo mismo en la tienda, dos es la menor cantidad posible para adquirir con la mayor utilidad proporcional (utilidad marginal)… PARA MÍ, que soy quien le ha dado ha estimado los valores de utilidad total a cada cantidad de vasos de agua. Ya dependerá de mi presupuesto si me puedo permitir el comprar hasta dos vasos de agua o no… pero lo más óptimo o eficiente para obtener la máxima satisfacción con los datos suministrados sería poder comprar dos.
Con 2 vasos obtengo la mayor utilidad marginal de toda la tabla. Es lo que me es más “aprovechable” de adquirir… y demostrado de manera empírica.
Es por eso que decimos que la utilidad marginal es el incremento de la utilidad total (U) del bien (con respecto a otro anterior, se entiende) dividido por el incremento del número de bienes.
Si admitimos que el bien i puede ser infinitamente divisible, la utilidad marginal u viene dada por:
A ver: utilidad marginal es igual a restar la utilidad total que le concedo a tener una cantidad de bienes (por ejemplo 2 vasos de agua) de la utilidad total que le concedí a un número menor de los mismos bienes (por ejemplo, 1 vaso de agua) dividido por el número de bienes.
Recordemos que la función de utilidad no es directamente medible y es subjetiva, es decir, depende de forma caprichosa de los gustos y deseos de cada consumidor. Diferentes consumidores obtendrán satisfacciones o utilidades diferentes de la misma combinación de bienes, según sea esta combinación más o menos acorde a sus gustos y deseos.
.
Dicho de otra forma más simple…
Asumiendo el análisis del bien “X”, la utilidad marginal es la variación de la utilidad cuando se incrementa en una unidad el consumo del bien “X”. Si los cambios en el consumo del bien “X” son infinitamente pequeños, la utilidad marginal de “X” (Umgx) se define con la siguiente expresión matemática:
Umgx = δ U / δ Xi
(Incremento de la utilidad partido incremento del número de bienes).
.
Viéndolo de otra forma más completa…
Bajo un caso especial en el que pudiéramos cuantificar la utilidad, el cambio en la utilidad de pasar del estado S1 al estado S2 es:
Es decir, el incremento de la utilidad depende del incremento del estado S2 con respecto al S1 (se resta el incremento que supone S2 respecto a lo que constituía el primer estado de situación, S1). Esto es obvio, ¿no?
Si S1 y S2 son diferenciables por valores de tan sólo una variable que ya está en sí misma cuantificada (p.e., un vaso de agua), entonces ya es posible hablar de un ratio de utilidad marginal del cambio en esa variable de acuerdo al tamaño del cambio.
…donde “c.p.”indica que la única variable independiente que cambia es
Asumimos que:
Es decir, que sabiendo que… …es una función basada en valores reales (y cuantificables) y que 0 es un número real, esta expresión significa que el límite de la función del incremento de las unidades cuantificables (conforme el incremento de se aproxime a 0), es igual al resultado de la división del incremento de la utilidad dividido por el incremento de la unidad del bien . Siendo la única variable independiente que cambia, recordemos.
Bueno, pues teniendo ya la función bien definida, utilizamos la “utilidad marginal” para referirnos a una derivada parcial, con lo cual obtenemos tenemos que:
…y así logramos averiguar que la disminución de la utilidad marginal se corresponde de igual manera que con:
No puedo cortar y pegar las fórmulas están aquí:
http://chemazdamundi.wordpress.com/2010/10/14/la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-economia-la-utilidad-marginal-en-la-obra-de-carl-menger-de-donde-procede-el-desprecio-al-metodo-cientifico-y-la-metodologia-de-la-escuela-austriac/
Pero vamos, que de forma más fácil… ¿que cómo podemos confirmarlo o contrastarlo? Mediante la RECOMPROBACIÓN a través de la econometría y el análisis estadístico.
http://books.google.es/books?id=zSv6dBWneMEC&printsec=frontcover&dq=Savage,+Leonard+Foundations+of+Statistics&hl=es&sa=X&ei=9CzuTrCKJ4-F-waY0dWJAg&ved=0CDIQ6AEwAA#v=onepage&q=Savage%2C%20Leonard%20Foundations%20of%20Statistics&f=false
Usted no tiene ni PUTA idea de matemáticas o de Economía científica.
Mire, Ezequiel. No se rompa la cabeza y deje de estrellarse contra un muro con sus “filosofadas”… y no se invente las cosas.
No tiene usted PERO QUE NI PUTA idea:
2.1 La utilidad marginal. ¿Qué es eso?
Veamos unas cuantas definiciones:
.
Este concepto resulta crucial para la ciencia económica, tanto es así que está en la base, y ha dado el nombre, a toda una corriente de pensamiento, el marginalismo. La utilidad marginal se refiere al aumento o disminución de la utilidad total que acompaña al aumento o disminución de la cantidad que se posee de un bien o conjunto de bienes y es, matemáticamente, igual a la derivada de la curva que describe la función de utilidad a medida que aumentan los bienes a disposición del consumidor.
Cuando un individuo adquiere unidades adicionales de una mercancía la satisfacción o utilidad que obtiene de las mismas va, desde luego, aumentando; pero dicho aumento no es proporcional o constante, pues cada vez resulta menor la utilidad obtenida de la última unidad considerada. Llegará un punto en que, por lo tanto, se alcance el máximo de utilidad y, a partir de este punto, podrá haber incluso una utilidad negativa, pues unidades adicionales del bien resultarán en definitiva una molestia, produciéndose entonces una desutilidad. Es posible que a una persona le guste tener un perro, o tal vez dos o tres, pero es casi seguro que estará dispuesta a pagar para que alguien se lleve a su décimo o vigésimo perro.
Este comportamiento del consumidor queda expresado entonces en lo que se llama la Ley de la utilidad marginal decreciente, que puede ser enunciada diciendo que a medida que el consumo de una mercancía aumenta en un individuo, manteniéndose constante todo lo demás, su utilidad marginal derivada de esta mercancía decrecerá. La ley de la utilidad marginal decreciente sirve para explicar el comportamiento de la demanda: Los gastos de una persona en los diferentes bienes reflejan su escala de preferencias y el nivel de su renta; de la ley enunciada se sigue que la utilidad total, obtenida del gasto de un ingreso dado, alcanzará su máximo cuando el gasto se distribuya de un modo tal que cada unidad de gasto (unidad monetaria) determine utilidades marginales iguales para todos ellos; debido a que los precios de los bienes difieren debiera decirse, para enunciar la afirmación anterior con más exactitud, que la utilidad en realidad se maximiza cuando las utilidades marginales de los bienes son proporcionales a los precios relativos de ellos. Esta es la condición de equilibrio para el individuo, considerado como consumidor. La ley de la utilidad marginal decreciente permite entender, entonces, cómo opera la demanda de un determinado bien o servicio, pues no es la utilidad que una mercancía aisladamente produce la que determina su demanda, sino la utilidad marginal que ésta posea para él en las circunstancias concretas en que se produce su elección.
http://www.eumed.net/cursecon/dic/U.htm
.
Utilidad marginal es el cambio en la Utilidad total que experimenta el Consumidor a consecuencia de variar en una cantidad muy pequeña el Consumo de un determinado Bien, permaneciendo constante el Consumo de los otros Bienes.
Del concepto de Utilidad Marginal se deriva la ley de la Utilidad Marginal Decreciente.
Dicha ley postula que a medida que un individuo consume unidades adicionales de un Bien, la satisfacción o Utilidad total que obtiene aumentará, pero en una proporción cada vez menor, hasta llegar un momento en que consumir más unidades de dicho Bien le ocasionará una desutilidad, es decir, molestias.
Como ejemplo de ello, considere la gran satisfacción que brinda beber un vaso de agua fría en un día caluroso, y tal vez también un segundo vaso. Pero después de diez vasos de agua posiblemente tengamos más molestias que satisfacción.
http://www.eco-finanzas.com/diccionario/U/UTILIDAD_MARGINAL.htm
.
Utilidad marginal:
En la medida en que el individuo posee mayor cantidad de un bien, la utilidad que le atribuye a cada unidad del bien disminuye en relación directa al aumento de unidades del bien de que se trate. A esto se le conoce como ley de la utilidad decreciente. Por el contrario, cuando el individuo posee pocas unidades de un bien, le atribuye mayor importancia a cada una; es decir cada unidad del bien tendrá para él mayor utilidad.
http://www.mitecnologico.com/Main/UtilidadTotalYMarginal
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 20:17
¿Cómo? Existe la economía experimental, precisamente, para eso. Podrías hacer experimentos con los consumidores y los diversos niveles de precios, además de añadir o quitar características a los bienes que vendas. Un ejemplo de los trabajos que se hacen con la economía experimental: http://www.ugr.es/~pbg/Biblioteca.htm
Y por si no fuera poco, está la incipente neuroeconomía. Ya se desarrollará.
El precio, por cierto, refleja muchísimas cosas como bien se dice en este artículo. Y si quisieras medir las preferencias, tendrías bastantes instrumentos en las ciencias sociales, como las encuestas de opinión (que sí, que sabemos que tampoco son perfectas pero un buen diseño muestral hace lo suyo).
¿Por qué te crees que muchísimos publicistas modernos aluden a los sentimientos de la gente en sus diversos anuncios? ¿Por nada? Eso ya te lo dirá muy bien Chemaz, quien estudió márketing y sabe bastante más que yo de estas cosas.
Comentario por McManus — 18 diciembre 2011 @ 20:10
Ya se lo ha dicho Isabel, Daniel… No te gastes: los marxistas no acaban de entender la importancia que la naturaleza humana (percepción, empatía, valores culturales, etc.) tiene en la determinación del valor.
Lo de la naturaleza humana y los comportamientos individuales les suena a chino mandarino (bueno, putunghua).
Lo que no entra dentro de su teoría, parece que no existe para ellos.
Hace años que los economistas científicos dejaron de debatir con los marxistas: es como dirigirle la palabra a un muro. Todo el mundo (biólogos, psicólogos, economistas, matemáticos, etc.) acepta la teoría de la utilidad marginal como referente básico de la Economía (y de otras ciencias).
Pero ellos, no.
Porque Marx cometió la torpeza de NO incluirla en su teoría del valor.
Y, para ellos, antes se equivoca el cosmos que Karl Marx.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 20:27
Lo repito: la TLV tiene en cuenta la demanda, lo que no es lo mismo que aceptar la validez de la TUM. Naturalmente uds. no pueden concebir que haya demanda sin TUM, pero si no conocen las críticas a la TUM, es lógico qe así sea.
Otra cosa: mi ignorancia es infinita, en efecto, por eso me abstengo de hablar de cosas como la econometría… en cambio hablo de cosas que se pueden manejar conceptualmente, hablo de incoherencias. Y las incoherencias, por más que se representen matemáticamnete, no se vuelven menos incoherentes.
No puedo decir en cambio, que Chemazdamundi sea capaz de admitir su ignorancia respecto de algo… ni siquiera cuando se le ha demostrado los múltiples errores en que cae al ponerse a opinar sobre algo que no conoce. Como no respondió a mi pregunta de si ha estudiado la TLV con algún marxista, asumo que la respuesta es negativa. Su silencio es comprensible, pero no respetable.
Lo mismo digo respecto al debate de los dos Cambridge, a ud. no le molesta que Samuelson haya admitido su derrota… me hace preguntarme si en la carrera de marketing se enseñan las críticas sraffianas. Se supone que deberían hacerlo, ya que los académicos neoclásicos y de la síntesis son el centro de la objetividad, según ellos mismos y Chemazdamundi. Si son científicos objetivos, entonces las críticas no deberían ser silenciadas. Dígame entonces, ¿en su carrera le enseñaron ese debate? ¿Le enseñaron que Samuelson usa la utilidad marginal en sus manuales “para la gilada”, pero no en sus papers más serios?
Comentario por Ezequiel — 19 diciembre 2011 @ 00:00
No admito más MENTIRAS, Ezequiel.
Se acabó el debate.
Mis habituales (que no yo) ya se lo han demostrado:
Estoy HARTO de tratar con marxistas, porque cuando se les acorrala no hacen más que recurrir a la mentira y a la falacia. Ya son varias mentiras en las que se la ha pillado.
Y NO, la utilidad marginal NO ES LO QUE USTED ESTÁ DICIENDO.
La utilidad marginal es ESTO:
NO… se puede… debatir… con vosotros.
Ya ha tenido usted la oportunidad de exponer suficientemente sus puntos de vista y nosotros los nuestros. El que pase y lea, que compare.
Fuera de mi blog.
Comentario por chemazdamundi — 19 diciembre 2011 @ 05:24
Pero sí añade al precio. Y él menciona el precio.
¿Ve usted cómo sí lo ha dicho?
Y desde un punto de vista subjetivo SÍ añade “valor” al producto: no es lo mismo un producto que ha pasado por un control de calidad que uno que NO lo ha pasado.
Y la TLV no contempla el concepto de utilida marginal como usted mismo admite. Eso no es inventarse lo que la TLV dice: es criticarla con razón. Razón que usted mismo admite.
Recomprobando los postulados mediante experimentación y comparando con la hipótesis previa para ver si ésta sucede.
Eso es emplear el método científico.
El marxismo no lo hace, luego NO es científico.
No, se demuestra como ha hecho él con la Rosa de Peters: llevándola a la práctica y viendo si funciona.
Por si le interesa, le recuerdo que hay una demostración empírica de la utilida marginal en el artículo que él mismo redactó.
Todavía he de ver un briefing marxista.
Dígame dónde está eso en la TLV, por favor. O un estudio mercadotécnico serio.
Eso es falso. El que algo se vuelva más escaso no implica que vaya a tener, necesariamente, más costos de producción.
El platino, por ejemplo, no se busca, se encuentra mientras se excavan otros materiales. Cuesta las mismas horas el sacar una tonelada de hierro que una tonelada de platino: tiene los mismos costes.
Y, aunque así fuera, le voy a poner otro ejemplo: ¿cuánto cuesta sacar agua de un wadi del Sahara y cuánto cuesta sacarlo de un lago de Finlandia? Lo mismo. Pues el agua del Sahara vale más. Pregúntele a los beduinos.
Sí, ya me he leído el enlace. Y dice justamente lo que dice Chema: que critica la teoría “austríaca” de la utilidad marginal. No el concepto tal y como es.
Un saludo.
Comentario por natsufan — 18 diciembre 2011 @ 19:39 |
Sí, claro, por supuesto.
El concepto de utilidad marginal no ha sido tratado sólo por economistas.
Lo han tratado etólogos, biólogos (la utilidad marginal se tienen en cuenta en la medición de la eficiencia evolutiva, por ejempo), matemáticos, estadísticos como Leonard Savage, psicólogos como Lunce, etc.
El más conocido de entre los no economistas es el famosísimo matemático (entre otras cosas) John von Neumann, que trató el concepto en su Theory of Games and Economic Behavior, como parte de su estudio sobre la Teoría de Juegos, junto con el economista Oskar Mongersten.
Mira, Isabel… los marxistas no pueden ni ver el concepto de utilidad marginal porque es un fallo tan TREMENDO en su teoría del valor que, directamente, le niegan validez o vigencia.
Y eso que es un concepto de lo más requetebásico. Ya dije que su descubrimiento fue como descubrir la rueda pero en Economía.
Y Marx ni siquiera lo trató.
Y se agarran como a un clavo ardiendo al hecho de que los “austríacos” (sus más directos enemigos) no formularon bien el concepto para así poder decir que es inválido.
Vamos a ver… el hecho de que Menger no formulara bien (es que ni lo formuló matemáticamente, al contrario que Walras) el concepto de utilidad marginal no niega su existencia por el simple y mero hecho de que, ¡coño! ¡Es un concepto perceptible a simple vista!
¡¡¡Las cosas no valen igual siempre, joder!!! ¡¡¡Especialmente cuando las acumulamos!!! Es un puto hecho B-I-O-L-Ó-G-I-C-O. Si tengo sed el primer vaso de agua vale un montón de dinero para mí, pero el quincuagésimo octavo NO VALE LO MISMO, hostias.
¿Tan difícil es eso de entender?
Es que luego se quejan de que si son unos incomprendidos y de que no les prestan atención en las aulas de Economía científica. ¿Qué esperan que hagamos? Si no tienen en cuenta NI ESO, joder.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 19:21 |
Bueno, como he dicho, no defiendo la Rosa ni me interesa hacerlo. En su post usted ataca algunos puntos de lo que cree que es la TLV marxiana, y a mí me inetersa sólo aclarar esos puntos porque soy marxista, no neomarxista.
Si a usted le interesa ese debate, lo continuamos. Si sólo quiere debatir sobre la Rosa, quedará esta discusión para cuando elabore una crítica específica a la TLV marxiana. Si le interesa debatir si la utilidad marginal tiene alguna pizca siquiera de cientificidad, también podemos hacerlo. Ya empecé en otro sitio, pero no he obtenido respuesta: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/12/07/utilidad-marginal-y-determinacion-del-precio-en-la-escuela-austriaca/
Sé que la versión neoclásica no es igual y también tengo objeciones para ella, y aclaro finalmente que los marxistas no consideramos que la utilidad marginal deba acomodarse a la TLV, ni lo intentamos, porque no nos parece coherente. Los argumentos son múltiples, algunos están en el link anterior y a otros los iré agregando, si a usted le interesa, en su post sobre la utilidad marginal.
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 15:59 |
No hay mucho más que hablar.
Buenos días.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 16:04 |
Bueno, hasta acá llegó su protesta de honestidad intelectual… ¿no le interesa hacer un post sobre el debate de los dos Cambridge? En ese momento Samuelson admitió que la utilidad marginal es incoherente (claro que igual la siguió encajando en los manuales, para los pobres estudiantes), no es meramente una opinión mía.
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 16:26 |
Coño, es que estoy hasta los cojones de debatir con marxistas.
¿¿¿Que el concepto de utilidad marginal no es científico???
¿¿¿Que no es serio???
¡¡¡Me cago en Dios!!!
¡¡¡Pero si es la puta base de la Economía!!!
Es que es para llevarse las manos a la cabeza con las brutalidades que decís.
Cuando se os acorrala simplemente largáis u os escabullís con un: “no, es que esa prueba en contra de la teoría marxista no es válida”. Para vosotros, no es válida NINGUNA prueba. NINGUNA crítica: la teoría marxiana no es falseable.
Venga, hombre, no me venga con ésas: el concepto de utilidad marginal es MATEMÁTICO, PSICOLÓGICO y BIOLÓGICO al margen de que Menger, el austríaco la cagara al explicarlo. Ya lo dije en mi artículo sobre la utilidad marginal, Ezequiel, cómo lo explicaron Jevon y Walras:
http://chemazdamundi.wordpress.com/2010/10/14/la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-economia-la-utilidad-marginal-en-la-obra-de-carl-menger-de-donde-procede-el-desprecio-al-metodo-cientifico-y-la-metodologia-de-la-escuela-austriac/
Ay, ay, ay… ¿honestidad intelectual? Vaya “honestidad intelectual” la del marxismo, que no admite ni cuando falla en lo más básico.
Vuelta a lo mismo:
a) ¿Cómo vamos a debatir los científicos con filósofos politicistas que se niegan a ver las pruebas en contra?
b) Y menos, cuando esas pruebas son el 2 + 2 = 4 de la Economía como ciencia.
c) Para todo el que pase y lea… ¿véis cómo responde el marxismo? No es precisamente la más científica de las teorías.
Samuelson, Paul A. y William D. Nordhaus, 1996: 108-118
Venga, Ezequiel, hombre, esfuércese un poco más, caramba.
Que no está usted hablando con un politólogo… que está usted hablando con un economista.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 18:57 |
¿Que yo me esfuerce más? Si nos ponemos de acuerdo en salir de esta ofuscación, nada me gustaría más que “esforzarme un poco más”, creo que contraargumentar es parte de ello, y es lo que trato de hacer. ¿Está usted dispuesto a hacer lo propio?
Voy a pasar a su otro post, y veremos si mis críticas son tan absurdas como usted supone.
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 19:26 |
“En ese momento Samuelson admitió que la utilidad marginal es incoherente (claro que igual la siguió encajando en los manuales, para los pobres estudiantes), no es meramente una opinión mía.”
Más allá de si es cierta o no la utilidad marginal, al lado de esta la TLV es una burla al sentido común.
Ningún economista serio acepta la TLV, porque la TLV es una concepción política hija de su época, no una teoría economicista madura, que es lo que necesitamos.
Comentario por ibethkarina — 18 diciembre 2011 @ 19:33 |
Para saber si la TLV es una burla a algo, hay que conocerla.
Comentario por Ezequiel — 18 diciembre 2011 @ 19:55 |
Ibeth lo ha dejado claro: ¿La TLV no contempla la utilidad marginal? Usted mismo admite que no lo hace. Entonces es una burla como “teoría del VALOR“. Punto.
Comentario por chemazdamundi — 18 diciembre 2011 @ 19:58 |
La conozco lo suficiente como para decirlo. Es una teoría clásica.
Comentario por ibethkarina — 18 diciembre 2011 @ 19:58 |
Saludos de nuevo, Ezequiel.
Me paro en un pequeño detalle, el que hay al final de esta cita:
A usted le enseñaron fatal. ¿Qué es eso, un debate estéril? Esto se puede contrastar con una rápida búsqueda en cualquier buscador de artículos científicos, como Google Académico o Proquest. Salude a la evidencia.
¿Samuelson contaminando a las masas con la utilidad marginal mientras él la ignora en sus artículos científicos? ¿Qué es esta imagen tan falaz de él, buen amigo Ezequiel? Tenemos artículos académicos de Paul A. Samuelson en donde menciona la utilidad marginal.
http://www.jstor.org/pss/2548836 A Note on the Pure Theory of Consumer’s Behaviour
http://www.jstor.org/pss/1926559 Lifetime portfolio selection by dynamic stochastic programming
http://flash.lakeheadu.ca/~kyu/E5113/Samuelson1950.pdf The problem of integrability in utility theory
http://www.jstor.org/pss/1926944 A Note on the Pure Theory of Consumer’s Behaviour
Y muchísimo más en Google Académico, que me estoy empezando a aburrir: http://scholar.google.com/scholar?ix=hca&q=Marginal%20Utility%20Samuelson&um=1&ie=UTF-8&hl=es&sa=N&tab=ws
Yendo con el resto de tu comentario, ¿en qué cambia estudiar la teoría del valor con algún marxista? ¿En la propensión a ser convencido? ¿U es otra cosa, como una aparente seguridad en que el marxista de turno la conozca mejor (aunque, por otro lado, no conozca tan bien la economía neoclásica)? Se trata de una hipótesis económica. Se puede contrastar o refutar usando evidencia científica. Así que, por lo tanto, puede ocurrir que hayan personas no marxistas que sí la estudien seriamente y conozcan bien sus puntos fuertes y débiles como hipótesis. Esto no es escolástica. Se llama ciencia económica.
Sobre el otro comentario,
Claro que no todos los intercambios están planificados (para ello, descubrir la escritura ayuda muchísimo). Aunque, de hecho, el valor de la cosa a intercambiar pueda ser algo intuitivo: por algo no se intercambia en muchos casos la primera baratija que hay. Y en Antropología se ha tratado más de una vez estos casos, como el famoso potlatch. No se regala precisamente cualquier cosa. Y sobre la afirmación de Wilson, simplemente niega que pueda funcionar de manera óptima, lo cual no indicaría necesariamente imposibilidad. Pueden darse muchísimas dinámicas entre humanos. Otra cosa es que haya ciertos niveles de interacción óptimos entre semejantes. Un rango de combinaciones socioculturales que funcione mejor que otro. Y que haya una amplia variedad de ambientes y circunstancias demográficas, además de las propias características genéticas de la especie (en según qué circunstancias, puede ser bueno para el desarrollo personal vivir más alejado de las presiones familiares). Pero, de nuevo, esto sólo es una imagen complejísima de las sociedades humanas.
Y, sin duda, obliga a admitir que no existe el sistema perfecto. Y que hay una enorme gama de ideas (por ejemplo, te puedo admitir que hay sociedades sin apenas jerarquías que funcionan bien, pero no serían demasiado viables en nuestro caso porque hablamos de sociedades con una economía y unas densidades demográficas muy distintas).
Bueno, con lo de tabla rasa quizás recordé mal, lo reconozco. Estaba pensando en algo que dijo Engels (no Marx) y que Peter Singer cita: «Lo más a que puede alcanzar el animal es a recolectar; el hombre produce, prepara los medios de la vida en el sentido más amplio de las palabras, lo cual, sin él, la naturaleza no habría producido. Esto hace imposible ninguna transferencia directa de las leyes de la vida de las sociedades animales a las sociedades humanas» (Singer, 2000).
A pesar de todo… de Marx tenemos detallitos como: “Su existencia social determina su conciencia”. Lo cual no es acertado: http://www.revolucionnaturalista.com/2007/10/el-ser-social-no-determina-la.html (en este artículo, de paso, Eduardo se explica mucho mejor que yo al respecto).
Un saludo.
Comentario por McManus — 19 diciembre 2011 @ 01:40 |
Al final Ezequiel no defiende su argumento por científico, sino por suyo y eso no puede ser un debate serio.
Reconozco que siempre los Marxistas son mejores debatientes que los austriacos que son subnormales como dice Ezequiel, pero no se deben de recurrir a mentiras cuando faltan los argumentos. Un saludo para Chema.
Comentario por Jorge García Orozco — 19 diciembre 2011 @ 19:48 |
Lamento no poder contestar todo lo largo que debiera: tengo muy, muy pero que muy poco tiempo libre esta semana.
Cuando terminen las fiestas prometo contestar largo y tendido y hacer una recapitulación.
No me gustan los debates en comentarios y menos cuando no tengo tiempo porque no puedo contestar como se merece el asunto. Necesito releer y recapacitar mucho, y lo cierto es que esto necesita de artículos, porque en los comentarios no puedo explayarme como debería.
Ruego paciencia pero os juro que estas fechas son las peores para ponerme a discutir en el blog.
La clave la ha dado Jorge, que es un buen observador:
Al final Ezequiel no defiende su argumento por científico, sino por suyo y eso no puede ser un debate serio.
Un saludo a todo el mundo.
Comentario por chemazdamundi — 20 diciembre 2011 @ 05:26 |
Chemaz, puedes indicarme que sabes de esto: http://proyectgoliath.wordpress.com/quieres-ser-miembro/ ????
gracias y saludos!
Comentario por Aryeh Ze'ev Ben Abraham Capella — 3 enero 2012 @ 20:20 |
Hoooola, Adrián.
Pues mira, no sabía mucho de ese proyecto, pero te resumo lo que he leído y lo que he podido investigar por mi cuenta, para que todo el que pase pueda saber de qué va ese “proyecto”… incluido el dueño o administrador de esa página web que me pones, un tal iosalonso, porque he observado con guasa que el muy torpe se ha añadido inmediatamente después de tu comentario a mi blog para poder leer la respuesta que yo te pueda dar.
Señor “iosalonso”… yo, de tonto, no tengo un pelo, al contrario que usted.
Observa con detenimiento, Adrián. Aparentemente, son una especie de web que busca difundir información “sin censura”, e incluso busca reclutar “reporteros”.
Fíjate en este post tan solo:
http://proyectgoliath.wordpress.com/2011/04/14/gwen-olsen-denuncia-a-las-farmaceuticas/#comment-250
Fíjate en lo mal que hablan de las vacunas. Oooooh, son “antivacunas”.
Mira el vídeo que ponen en el post:
¡Ahí va! ¡Si es Álex Jones, el gurú conspiracionista libertariano de extrema derecha por excelencia de los EE.UU.! ¡El que sale en Zeitgeist!
Joder con las “fuentes” que utiliza el “Proyecto Goliath”.
Son conspiranoicos… Lo que me jode sobremanera es que se estén infiltrando en el movimiento de los “indignados” y del “15M”. Lobos con piel de cordero… se aprovechan de que la gente está harta con la crisis económica y que por fin se pone a manifestarse para infiltrarse en esos movimientos sociales a ver si cuelan sus ideas conspiracionistas.
Ay… se ve que para algunos, ser “alternativo” equivale a ser gilipollas.
De hecho, si te pones a buscar en YouTube “Proyecto Goliath” te salen al lado, en la columna de recomendaciones otros vídeos como “Zeitgeist”, “Money As Debt”, “Experimento Filadelfia”, vídeos sobre el “Nuevo Orden Mundial”, etc., etc., etc., etc.
Adrián… por sus obras y por sus palabras los conocerás.
Pero con nosotros… no “cuela”.
Un saludo, Adrián. ¿Va bien todo?
Comentario por chemazdamundi — 16 enero 2012 @ 14:07 |
Hola Chemazdamundi.
Mis felicitaciones y agradecimientos, nuevamente, por tus artículos y por tu diario, que leo a menudo.
Lo considero uno de los grandes aportes en su tipo en la web en castellano.
A propósito de las “peticiones”, también tengo la mía. Te has referido en este artículo a lo “devastadoras y dañinas” que son las ideologías en Economía, enfocándote en el neo-marxismo y amenazando con una próxima entrega contra el neoliberalismo. Mi petición está muy vinculada a esto:
¿Puedes abordar el tema de la actual crisis económica en Europa?¿Su origen, causas, proceso?
A este respecto, no faltan los análisis de y para entendidos, pero información para quienes somos más “legos” (aún) en Economía escasea. Y cuando existe es, muchas veces, apreciable una contaminación ideológica al respecto, sobre todo de parte de ciertos medios o “escuelas” (incluso, acá se ha llegado a escuchar a quienes afirman que la crisis es a causa del “estado de bienestar europeo”).
Un artículo al respecto sería interesante y atingente, dado que, junto con tener el conocimiento y la experiencia directa, harías otro aporte a la divulgación en Economía – y en ciencia en general, como tan bien han hecho Natsu y tú – , sin contar con que vuestros puntos de vista y vuestro estilo me simpatizan.
Eso.
Saludos!
Ariel
Comentario por Ariel Maraboli — 27 diciembre 2011 @ 22:00 |
Maestro Chema tengo una duda que no consigo aclarar, que espero me pueda responder en estos mismos comentarios cuando disponga de un ratillo.
¿Que realción existe entre una Reforma Laboral (tanto la anterior y mucho peor la actual), que se ha traducido en lo que quería la patronal, y la creación de empleo?
Bajo mi punto de vista lo normal sería relacionar la creación de empleo principalmente con la necesidad de aumentar la producción porqué antreriormente ha aumentado la demanda, claro que puedo estar equivocado.
¿Y hasta cuando podrá aguantar un país exportador como Alemania si siguen exprimiendo las economías de los estados con empresas compradoras de productos alemanes?
Comentario por NewZealander — 12 febrero 2012 @ 19:54 |
Buenas tardes, hermano NewZealander… me pilla usted en uno de esos escasos “ratillos”. No sé si sabe que sólo dispongo últimamente de los domingos por la tarde para sentarme delante del ordenador.
Y a usted no le puedo negar una respuesta.
Ya hemos debatido esto que me pregunta en el sindicato. Desde un punto de vista estrictamente económico UNA REFORMA LABORAL NO SIRVE PARA CREAR EMPLEO… SIRVE PARA REGULARLO.
Es decir, primero se crea empleo y luego se regula.
Dicho de otra manera, primero “se busca la comida” (se investigan recursos, se abren minas, incentiva la agricultura, se potencia el I + D, se desarrolla el turismo)… y después se organiza. No al revés.
¿Por qué este gobierno (este y el anterior) pretenden CREAR empleo a través de reformas laborales? Porque no puede hacer otra cosa. No tiene margen de maniobra.
Cuando me dijeron esto en uno de los debates que mantenemos en el sindicato: “Chema, ya está bien de análisis, ¿cuáles serían las soluciones para crear empleo, desde el punto de vista de la Economía normal, no la política? ¿Qué dicen los manuales?”…
… les respondí: “¿Qué queréis, una solución rápida y fácil o una profunda y a largo plazo?”
Me dijeron: “Ah, ¿pero es que hay soluciones fáciles?” Y les respondí: “Sí, claro”.
La solución rápida y fácil es de manual: devaluar la moneda y subir los aranceles a las importaciones.
Con eso volverán las fábricas y la necesidad de producir a nuestro país de manera bestialmente rápida. Trabajo y aumento de la producción económica garantizados.
¿Problemas? Los más lógicos:
Guerras comerciales. Si nosotros subimos los aranceles y devaluamos la moneda, los demás también lo harán. Hay que prepararse para no poder comprar los i-Phones y artículos de lujo (empobrecimiento de la gama de adquisiciones), adquirir el petróleo mucho más caro y resignarse a que no vamos a exportar mucho. La ventaja de España es que, a diferencia de muchos otros países, tiene una agricultura gigantesca que le permitiría no tener que importar comida (no somos Liechtenstein), y tenemos un mercado interno muy grande (cuarenta y siete millones de habitantes) que permite el desarrollo de una economía basada en el consumo INTERNO, no en la exportación… Además, nuestro punto fuerte (el turismo) se vería tremendamente beneficiado de un abaratamiento generalizado. En líneas generales y, especialmente dada la coyuntura actual, esas medidas podrían ser tremendamente efectivas a corto plazo para España (total, ¿qué más nos da? No podemos perder mucho más).
Pero… ¿podemos hacer eso?
NO.
Porque no podemos devaluar la moneda, ahora estamos en el euro. Y no tenemos poder para devaluarlo, porque eso depende del BCE (por cierto, dominado por la política alemana).
No podemos imponer aranceles a las importaciones porque estamos dentro de un mercado común, que actúa por decisión consensuada (pero dirigida por Alemania, la potencia económica europea por excelencia), hemos firmado política de libre comercio y nos debemos a esa serie de pactos en pago por las ayudas recibidas durante AÑOS como miembros de la UE. Ahora protestamos por tener que ceder ante los alemanes, pero cuando nos llovían los euros alemanes no lloraba nadie por aquí. “Haber aprovechado las ayudas y haber reorganizado tu economía con esas subvenciones en vez de basar tu economía en el ladrillo y no haber organizado bien tus presupuestos y tus administraciones ”, nos responden desde Berlín.
Justamente lo que a nosotros nos convendría… ES LO QUE NO LE CONVIENE A ALEMANIA, que basa su potencia económica en una capacidad de exportación brutal y en una importación (especialmente de petróleo y de materias primas para sus empresas y fábricas exportadoras) muy favorecida por una moneda fuerte… es decir, compran mucho y barato y exportan mucho y caro (especialmente tecnología de calidad, los alemanes sí invierten constantemente en I + D).
Resumiendo… no podemos hacer nada por ese lado.
¿Cuál es la otra opción que nos queda?
Una reorganización interna del tejido productivo: cambiar a una economía competitiva, crear una población de mano de obra barata pero cualificada, invertir en educación e I + D (pero de buenas maneras), desarrollar tecnologías y ganar dinero con las patentes, buscar petróleo o materias primas debajo de las piedras, virar hacia una agricultura especializada, desarrollar una cultura (cine, música, literatura) que dé réditos económicos, revitalizar las infraestructuras, incentivar un empresariado eficiente… convertirnos en una Suecia o en un Japón, vaya.
Eso sería lo ideal.
¿El problema? Que eso tiene “mucho trabajo” (muchísimo) y es a muy, muy, pero que muy, muy largo plazo (un plazo de generaciones, vaya) y necesita de unos dineros para financiarlo que el Estado ahora mismo no tiene (por no poder, ya ni puede recurrir a la deuda pública como se hacía antiguamente).
Y los cinco millones y medio de parados los tenemos aquí y ahora.
Y con la clase política que tenemos y el consenso que se necesita para eso, lo veo muy negro. Yo y todo economista patrio, vaya.
¿No hay ninguna solución más?
Sólo nos queda la solución cuando se está contra la espada y la pared: una dolorosa reestructuración interna.
¿Qué es eso?
Cuando no puedes aplicar ni devaluación-aranceles ni tienes tiempo para reestructurar tu economía, sólo te queda… reducir gastos, subir impuestos, bajar sueldos, eliminar administraciones, fusionar empresas, eliminar subvenciones, una reforma laboral cruda (Con la esperanza de que facilitar el despido ayude a que la gente se lo piense menos a la hora de crear una empresa o de dar trabajo) y ponerle una vela a San Pancracio.
Eso es igual que una empresa: si no ganas dinero… tienes que reducir gastos.
¿El problema?
Que eso es “parchear”. Si bien es interesante reducir gastos administrativos y gastos poco necesarios, reducir en inversión social y subir impuestos implica que la gente vive peor, gana menos… y compra menos (baja la actividad económica). Y, por tanto, si dura mucho tiempo, te cargas tu economía sin posibilidad de solución.
Una reestructuración interna es como usar el pedal del freno para no estrellarse… puedes acabar parado en mitad en la carretera y te puede arrollar el que venga detrás. Es jugar un peligroso juego de equilibrios… estás constantemente asustado de que tus “reformas” (incluida la laboral), ahoguen tanto la capacidad económica de tu población que la economía se vaya al carajo. ¿Pueden esas medidas de reestructuración interna sacarnos del hoyo? Como poder, puede ganar el Levante la liga, pero con todo el respeto debido hacia ese equipo de fútbol, lo dudo mucho. Pueden aliviar nuestra situación en determinados aspectos (el déficit, especialmente), pero de lo que aquí se trata es de crear trabajo para reactivar el ciclo. Y esas medidas no son muy “reactivadoras”.
Por dejarlo más claramente expuesto… En una reunión de mi sindicato con la empresa, en la que debatíamos recortes en gastos en la misma, el gerente NACIONAL nos reconoció que la política de recortes de gastos es un parche a corto plazo: lo que la empresa necesita es aumentar los ingresos (ventas), sólo recurrían a los recortes en gastos porque no había otra opción. El eliminar gastos tiene un tope, más allá del cual la empresa no es operativa, pero como no había forma de aumentar las ventas por la situación económica, la única forma que le quedaba a la empresa de recuperar el margen de beneficios era… reduciendo gastos… a la espera de “a ver si la cosa mejora y la gente se anima a comprar”.
Ya. ¿Y si no se anima?
Obviamente, las personas que sufrimos recorte temporal de horas (y, por tanto, de sueldos), no teníamos tanto poder adquisitivo como para seguir comprando de igual manera. Menos actividad económica… y el ciclo sigue y sigue.
Es decir, el futuro está bastante negro.
Una opción de romper el ciclo es la que usted comenta… que Alemania cambie de parecer y abogue por tomar medidas que puedan favorecer una reactivación de la economía sureña europea. ¿Cuál es el problema? Que a los países de la UE que no están como nosotros de mal (con Alemania a la cabeza) no les interesa. Es el problema de “la Europa de las dos velocidades”. Quizás cuando les llegue a ellos la ola, CAMBIEN de parecer.
Pero para que a ellos les llegue la ola… a nosotros nos tienen que haber tragado las aguas.
Ahí tiene su “hasta cuando”.
P.D.: ¿Hay más “opciones”? Sí, pero no las voy a comentar, porque se trata de explicar medidas dentro de lo razonable… y soy un humanista, no un eugenista (el que pueda, que lo entienda).
Eso que le he respondido ha sido a nivel general. Otro día hablaré en otro artículo de soluciones PARCIALES (no generales) más efectivas que es cierto que no se están implementando en la actualidad.
Un saludo.
Comentario por chemazdamundi — 12 febrero 2012 @ 21:56 |
Y he allí el producto de varias decisiones económicas pésimas y despilfarro fiscal.
Comentario por ibethkarina — 13 febrero 2012 @ 05:47 |
Sin ánimo de ser pesado, sólo una consulta más.
Con la Reforma Laboral que ha hecho el supuesto gobierno de todos los españoles.
¿No da la sensación de que a las multinacionales que quieran abandonar el territorio español les ha abierto las puertas de par en par?
¿Que clase de industria es la que el gobierno persigue (o cree) que va a tener en España?
Gracias de antemano
Comentario por NewZealander — 13 febrero 2012 @ 22:31 |
Perdón por contestar tan tarde… sólo puedo tener un poco de tiempo libre los domingos por la tarde.
Vamos a ver… Lo que quiere conseguir el gobierno con la Reforma Laboral es crear el marco para poder “ofertar” esclavos… perdón, “trabajadores baratos”.
Que algunas multinacionales que ya estaban de antes de la Reforma APROVECHEN para “soltar lastre”, esto es, despedir trabajadores y largarse a otros lugares como usted menciona, pues sí, puede ser, pero eso es un efecto colateral.
Lo que realmente intenta el gobierno con la Reforma es ATRAER no ya industrias o multinacionales extranjeras, sino empresas en general, que busquen “trabajadores baratos” y condiciones flexibles de contratación. Piensa que así “creará empleo”. Ahora bien, la calidad de ese empleo va a ser nefasta. El problema es que tenemos millones de desesperados que van a aceptar lo que sea con tal de conseguir un trabajo-ingreso.
No se obsesione usted con la “industria”… no la vamos a atraer hagamos lo que hagamos. Los países de oriente y del sudeste asiático YA ofrecen mejores y más baratos esclavos. No podemos competir con ellos en ese aspecto. El que pienese eso (como muchos neoliberales que se encuentran dentro de “nuestro gobierno”), se equivoca rotundamente y, aunque se lograra que volviera la industria de manufacturación… ¿en qué condiciones laborales volvería?
Resumiendo, el gobierno no pretende (conscientemente) facilitar a las pocas multinacionales que quedan el irse, sino crear mano de obra barata con el fin de atraer empresas que buscan esa flexibilidad y así “crear empleo”. Y si no logra crear empleo, al menos los empresarios que constituyen el núcleo duro de apoyo de este gobierno, tendrán un marco flexible y barato para poder contratar en SUS empresas. Si se fija usted bien, esta Reforma está pensada sobre todo para el sector servicios (hostelería, turismo, etc.), no tanto el industrial (del agropecuario ni hablamos).
Es una jugada maestra: nos venden que lo hacen por los desesempleados y funcione o no esa estrategia, los “partidarios” del gobierno (los empresarios “nacionales”) salen ganando.
Y nosotros, nos jodemos.
Un saludo.
Comentario por chemazdamundi — 19 febrero 2012 @ 21:08 |
Chema, yo tampoco pretendo ser pesado, pero en mi blog acaba de aparecer un defensor de la escuela austríaca y me he imaginado que siempre estás de ánimo para ejercer un poco de matoneo intelectual contra estos tipos. Ya invité a Ibeth y McManus pero sería un honor que decidas darle una paliza a este tipo en mi blog: http://disq.us/5ggn0s
Comentario por Daosorios — 13 febrero 2012 @ 23:21 |
Prometo echarle un vistazo más en profundidad en cuanto tenga más tiempo, pero Ibeth ya le has eñalado lo más básico y, perdone que le diga, pero ese tipo NO es un economista (¿el mercantilismo proviene del keynesianismo? ¡¡¡Pero si eso es del siglo XVII!).
No se caliente usted con ignorantes gilipollas.
Comentario por chemazdamundi — 19 febrero 2012 @ 21:11 |