El diario de Chemazdamundi.

14 octubre 2010

La escuela de Austria contrastada (IV): pseudociencia en Economía. La utilidad marginal en la obra de Carl Menger. De dónde proceden el desprecio al método científico y la metodología de la escuela austríaca.

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Vuelta al índice de la serie de artículos “La escuela austríaca contrastada”.
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Buenas.

Un repaso rápido antes de entrar en materia:

-Lamento no haber actualizado más, me ha sido imposible.

-Me hallo en estos momentos leyéndome los papers de los autores a los que se ha concedido el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel. En concreto, me estoy centrando en el Job Creation and Job Destruction in the Theory of Unemployment de Christopher Antoniou Pissarides y Dale Mortensen y Equilibrium Unemployment Theory (éste sólo de Pissarides). Estos economistas, juntos con el otro galardonado, Peter Arthur Diamond, son muy desconocidos para el gran público (para mí también, que conste) pero no por ello dejan de ser económetras de reconocido prestigio y han recibido el Premio por sus aportaciones al estudio de la relación entre búsqueda de empleo y el desempleo en sí.  Es decir, se les ha concedido el premio por su aportación “laboralista” a la Economía.

Y, ahora, vamos “a la manteca”.

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0. En capítulos anteriores…

Continuamos con el análisis y crítica a la escuela austríaca de… “Economía”.

En este artículo vimos mis razones para ponerme a analizarla.

https://chemazdamundi.wordpress.com/2009/08/14/la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-economia-introduccion-y-vision-general/

En este otro dimos una visión y descripción general de lo que es la escuela de Austria, y estudiamos sus orígenes.

https://chemazdamundi.wordpress.com/2010/04/27/la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-economia-presentacion-esquema-de-trabajo-de-una-critica-a-la-escuela-de-austria-los-origenes-de-la-escuela-de-austria/

Y en este otro artículo estudiamos el anticientificismo y negación del uso de las Matemáticas de la escuela austríaca centrándonos en la crítica de su falsa teoría del ciclo económico (o de crédito).

https://chemazdamundi.wordpress.com/2010/09/07/falacias-economicas-iii-la-importancia-del-lenguaje-matematico-en-la-formulacion-cientifica-economica-la-paradoja-de-auiles-y-la-tortuga-y-la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-econ/

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1. Un repasito…

Vamos a hacer un repaso somero de lo ya tratado hasta ahora, que nos sirva para refrescar la memoria.

La escuela de Austria o austríaca (también llamada de Viena o escuela psicológica) es una escuela de pensamiento economicista con una serie de características muy… “particulares” y nacida en un contexto que han hecho de ella…

…la vergüenza de la profesión de economista.

Es una corriente de pensamiento ultraliberal y ultracapitalista de “estudio” (por llamarlo de alguna forma) de la Economía que predica la libertad absoluta de los mercados, el individualismo extremo (el individuo por encima de todo), la no-intervención del Estado bajo ninguna forma en la economía, que cada cual maneje su dinero como le dé la gana (laissez-faire absoluto), el no pagar impuestos, privatizarlo todo (muchos de sus autores integrantes buscan privatizar cosas como la Policía, el Ejército, la Justicia, el mar -manda huevos-, etc.), enaltece la competitividad, reniega de cualquier forma de Seguridad Social o de Economía asistencial estatal, ensalza el papel del empresario emprendedor (entrepeneur) y se declara absolutamente enemiga de todo lo que sea comunismo, marxismo, socialismo y políticas de izquierda (en líneas más generales). “Predica” más cosas, pero con eso creo que vamos sobrados para hacernos una visión de conjunto rápida.

La escuela austríaca junto con la escuela de Chicago fundaron o, mejor dicho, otorgaron “corpus teórico” e ideológico a lo que popularmente se conoce como neoliberalismo.

Ya hablé de lo que es el neoliberalismo aquí, y en este artículo hablé de su historia y evolución.

Como podéis observar ya desde primera hora la escuela austríaca se ha caracterizado por ser muy, muy, muy pero que muy radical en sus planteamientos. Tan radical… que entra de lleno en el absurdo.

No en vano a la escuela austríaca se la considera en el mundo académico de la Economía como… pseudociencia (falsa ciencia). Sus planteamientos, ideas, teorías y “propuestas” son tan disparatadas y falsas que el mundo académico serio le da de lado de la misma forma que la Medicina seria da de lado a la homeopatía pues como lo que es… un conjunto de chorradas sin base científica cuando no directamente falsas y dañinas. La escuela austríaca es, por poner un símil que todos podáis entender, la homeopatía de la Economía.

En estos artículos nos vamos a centrar (nos estamos centrando) en una serie de características muy inusuales que son propias de la escuela austríaca. Inusuales no sólo en el mundo de la Economía… sino en cualquiera de las facetas de estudio serio de cualquier rama del conocimiento humano.

Ya vimos en anteriores artículos cómo la escuela de Austria reniega directamente del uso del método científico y antepone su ideología política ultraliberal para hallar conclusiones y formular sus “teorías” hasta el punto de negarle uso y/o validez a las Matemáticas (y a sus ramas como la Estadística) en Economía.

En este otro artículo vimos por qué se utilizan Matemáticas en Economía… y se utilizan con más que sobradas razones. Hasta el punto de que sin Matemáticas no hay Economía, vaya… así que mal estudio de la Economía va a hacer quien no utiliza las Matemáticas.

Pero es que ahí no queda la cosa, qué va, qué va… En el colmo de la desfachatez, esta escuela reniega del estudio de la experiencia previa. Sí, sí… ya sé que suena increíble, pero es que es así: para esta gente el estudio histórico de la evolución del comportamiento humano… no es determinante. Para muchos de sus autores, ni siquiera es relevante o no tiene importancia.

Resumiendo: la escuela austríaca es tan heterodoxa y está tan alejada de la “normalidad” o de la “seriedad” que si se pudiera cuantificar en medidas de longitud la distancia que la separa de otras corrientes de pensamiento economicista (o directamente de alguien de la calle) no me extrañaría que se hiciera en pársecs.

Los “austríacos” son tan radicales y están tan alejados de todo lo que es Ciencia que incluso otras escuelas de pensamiento económico liberal y conservador la tachan directamente de “patraña”.

Tras leer todo esto espero que no os extrañe a vosotros que prácticamente nunca os encontréis con artículos “austríacos” en publicaciones serias o prestigiosas sobre Economía. No es para menos. ¿A que no os habéis encontrado con artículos que aseguran que existe el Bigfoot en el National Geographic? ¿O artículos en el Journal of the American Chemical Society que den como ciertas las teorías medievales sobre la transmutación del plomo en oro? Los “austríacos” se quejan desgarradoramente de cómo son marginados adrede por los mainstream economists (economistas de la corriente principal de pensamiento) y por la “Ciencia Oficial” por razones políticas, por miedo a que sus teorías se den a conocer, porque el mundo académico está lleno de “rojos”, etc.

Vamos a ver, señores: no.

En las publicaciones serias se van a reflejar los diferentes temas tratados de manera seria, los traten “rojos” o los traten “azules”. Se intenta no publicar gilipolleces. Para eso tienen ustedes internet y los libros autoeditados.

Un alto en el camino… que este punto me gusta dejarlo lo suficientemente bien remachado en todos y cada uno de mis artículos: la escuela de Austria no sólo entra de lleno en el absurdo… sino que entra en él de manera consciente. Lo cual es la rehostia en términos de pensamiento científico… o simplemente humano. Es por ello que a la escuela austríaca sólo le hacen caso ocultistas, conspiracionistas, radicales, anarcocapitalistas, ultraliberales, gente que antepone la opinión al método científico, “alternativos” (muchos de los cuales desconocen que las teorías en las que creen provienen de esta corriente ultraliberal), etc.

Los que lleváis un tiempo siguiendo mis escritos lo sabréis de sobra pero seguramente el que entre de primeras no… Esta página web que estáis leyendo nació con la intención de desenmascarar mentiras y combatir el absurdo. Me estoy centrando en mi campo de conocimiento específico que es la Economía, porque es lo que he estudiado pero, si entráis en el enlace del índice de artículos observaréis que también combato el anticientificismo, la mentira y el absurdo que suponen temas tales como las teorías de la conspiración, las religiones, el fascismo, el liberalismo económico, el ocultismo, etc.

En resumidas cuentas, que si estoy criticando a la escuela austríaca es…

…porque miente.

Miente de manera absurda.

Y haciendo daño. Mucho daño.

A la escuela austríaca sólo se la estudia en Ciencias Económicas por Historia. Sus planteamientos tuvieron mucho eco durante la época de la Guerra Fría (años 80) cuando fueron adoptados por sucesivos gobiernos conservadores de muchos países a lo largo y ancho del mundo como contraposición y forma de combatir de manera radical al comunismo. Y sucedió lo que sucede cuando se hace caso a un loco o a un mentiroso: el desastre. Ya trataremos en sucesivos artículos el desastroso papel que tuvo la influencia de las doctrinas “austríacas” en las políticas económicas de los países que las adoptaron.

Pero aquí y hoy, me voy a centrar, haciendo continuación de mi anterior artículo sobre la escuela austríaca, en el aspecto que más llama la atención de entre tooooodos los esperpentos que caracterizan a esta “escuela”: su rechazo del método científico.

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2. De dónde viene el rechazo al método científico de la escuela austríaca.

Bueno… las cosas no surgen “porque sí”.

El odio o, mejor dicho, desprecio de los autores de la escuela de Austria por el método científico tiene un origen fruto de multitud de factores. Vamos a centrarnos en los más relevantes.

En este artículo estudiamos el contexto en el que nació la escuela austríaca allá por finales del siglo XIX.

Resumiendo:

-La derrota del imperio austro-húngaro ante Prusia en 1866 supone un revulsivo político y cultural y el país procede a modernizarse a velocidad de vértigo.

-Austria, hasta entonces conservadora, se liberaliza y en su metrópoli capitalina, Viena, se desarrollan y difunden nuevas y a veces radicales teorías en diversos campos de estudio académico, como la Economía y la Psicología (es la época de Sigmund Freud y su psicoanálisis)… que se influyen mutuamente.

-En el área de la Economía, área de estudio recién llegada a Austria, surge la “figura” (yo diría “el figura”, medía casi dos metros) de Carl Menger, el fundador de lo que conocemos como “escuela austríaca”. El auge de la psicología freudiana y el ansia o deseo de crear una tradición cultural propia independiente de la prestigiosísima tradición historicista alemana (como contraposición nacionalista al expansionismo prusiano-alemán, recordemos que ésta es la época del “despertar de los pueblos”), influyen en este autor para crear y desarrollar esa “nueva tradición diferenciada” en su supuesta área de estudio que era la Economía.

-De resultas de todo aquello, Carl Menger sentó las bases de la llamada por los alemanes de manera despreciativa… “escuela austríaca”. Y ahí se quedó el nombre.

Y, ahora, veámoslo con más detalle.

Este señor es Carl Menger, el fundador de la escuela austríaca.

Carl Menger (1840-1921), fundador de la escuela austríaca.

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Bueno, pues este tipo no era economista, sino un abogado de buena familia nacido en el imperio austro-húngaro del siglo XIX (por aquel entonces se estudiaba lo poco que había de Economía como parte de Derecho, porque estaba en pañales como disciplina académica).

Hablando en términos ideológicos, Menger era un liberal de la época. El hombre le cogió gusto de joven a eso de escribir en periódicos liberales analizando noticias económicas y política económica. Artículos de opinión, se entiende.

Y hete aquí que, de tanto opinar sobre noticias económicas en esa época… el tipo realizó un “descubrimiento” que, desde entonces, constituyó el clavo ardiendo al que se agarran los autores “austríacos” para arrogarse un cierto prestigio o autoridad… y para justificar la utilidad de sus métodos de investigación y análisis… así como para asegurar que “ellos, aunque sean muy diferentes del resto, también tienen derecho a hablar sobre Economía”.

Carl Menger descubrió mediante sus artículos periodísticos de opinión sobre noticias de los mercados… el concepto de utilidad marginal.

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2.1 La utilidad marginal. ¿Qué es eso?

Veamos unas cuantas definiciones:

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Este concepto resulta crucial para la ciencia económica, tanto es así que está en la base, y ha dado el nombre, a toda una corriente de pensamiento, el marginalismo. La utilidad marginal se refiere al aumento o disminución de la utilidad total que acompaña al aumento o disminución de la cantidad que se posee de un bien o conjunto de bienes y es, matemáticamente, igual a la derivada de la curva que describe la función de utilidad a medida que aumentan los bienes a disposición del consumidor.

Cuando un individuo adquiere unidades adicionales de una mercancía la satisfacción o utilidad que obtiene de las mismas va, desde luego, aumentando; pero dicho aumento no es proporcional o constante, pues cada vez resulta menor la utilidad obtenida de la última unidad considerada. Llegará un punto en que, por lo tanto, se alcance el máximo de utilidad y, a partir de este punto, podrá haber incluso una utilidad negativa, pues unidades adicionales del bien resultarán en definitiva una molestia, produciéndose entonces una desutilidad. Es posible que a una persona le guste tener un perro, o tal vez dos o tres, pero es casi seguro que estará dispuesta a pagar para que alguien se lleve a su décimo o vigésimo perro.

Este comportamiento del consumidor queda expresado entonces en lo que se llama la Ley de la utilidad marginal decreciente, que puede ser enunciada diciendo que a medida que el consumo de una mercancía aumenta en un individuo, manteniéndose constante todo lo demás, su utilidad marginal derivada de esta mercancía decrecerá. La ley de la utilidad marginal decreciente sirve para explicar el comportamiento de la demanda: Los gastos de una persona en los diferentes bienes reflejan su escala de preferencias y el nivel de su renta; de la ley enunciada se sigue que la utilidad total, obtenida del gasto de un ingreso dado, alcanzará su máximo cuando el gasto se distribuya de un modo tal que cada unidad de gasto (unidad monetaria) determine utilidades marginales iguales para todos ellos; debido a que los precios de los bienes difieren debiera decirse, para enunciar la afirmación anterior con más exactitud, que la utilidad en realidad se maximiza cuando las utilidades marginales de los bienes son proporcionales a los precios relativos de ellos. Esta es la condición de equilibrio para el individuo, considerado como consumidor. La ley de la utilidad marginal decreciente permite entender, entonces, cómo opera la demanda de un determinado bien o servicio, pues no es la utilidad que una mercancía aisladamente produce la que determina su demanda, sino la utilidad marginal que ésta posea para él en las circunstancias concretas en que se produce su elección.

http://www.eumed.net/cursecon/dic/U.htm

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Utilidad marginal es el cambio en la Utilidad total que experimenta el Consumidor a consecuencia de variar en una cantidad muy pequeña el Consumo de un determinado Bien, permaneciendo constante el Consumo de los otros Bienes.

Del concepto de Utilidad Marginal se deriva la ley de la Utilidad Marginal Decreciente.

Dicha ley postula que a medida que un individuo consume unidades adicionales de un Bien, la satisfacción o Utilidad total que obtiene aumentará, pero en una proporción cada vez menor, hasta llegar un momento en que consumir más unidades de dicho Bien le ocasionará una desutilidad, es decir, molestias.

Como ejemplo de ello, considere la gran satisfacción que brinda beber un vaso de agua fría en un día caluroso, y tal vez también un segundo vaso. Pero después de diez vasos de agua posiblemente tengamos más molestias que satisfacción.

http://www.eco-finanzas.com/diccionario/U/UTILIDAD_MARGINAL.htm

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Utilidad marginal:

En la medida en que el individuo posee mayor cantidad de un bien, la utilidad que le atribuye a cada unidad del bien disminuye en relación directa al aumento de unidades del bien de que se trate. A esto se le conoce como ley de la utilidad decreciente. Por el contrario, cuando el individuo posee pocas unidades de un bien, le atribuye mayor importancia a cada una; es decir cada unidad del bien tendrá para él mayor utilidad.

http://www.mitecnologico.com/Main/UtilidadTotalYMarginal

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Seguramente vosotros os estaréis diciendo… “Menuda gilipollez, ¿y eso de la utilidad marginal es TAN importante? ¡Pero si es obvio! Es más que sabido que mucho de una misma cosa acaba cansando o siendo perjudicial… que las cosas se valoran hasta cierto punto, pasado el cual pasan a dejar de ser consideradas tan valiosas y pueden ser incluso perjudiciales”.

No voy a negar que el concepto es bastante simple y más que obvio, pero su descubrimiento y sistematización supuso una revolución en el estudio de la Economía porque suponía un ruptura con lo que se creía hasta entonces en el mundo académico y era que las cosas valían siempre de por sí lo mismo (teoría clásica del equilibrio).

Efectivamente, fue un descubrimiento importante pero perogrullesco, equivalente a descubrir pues qué sé yo… que las ruedas redondas son mejores que las cuadradas para ponerlas en un vehículo, y bastante obvio, pero recordemos que estábamos en los inicios del estudio de la Economía y cualquier paso que se daba avanzando era de extrema importancia.

¿Y fue Carl Menger el único que descubrió eso de la utilidad marginal?

No.

El descubrimiento fue realizado más o menos simultáneamente en el tiempo y de manera independiente por:

-El economista inglés William Stanley Jevonsquien fue el primero en realizar ese descubrimiento en 1862 al publicar un bosquejo de la teoría de utilidad marginal en su A General Mathematical Theory of Political Economy (“Teoría matemática general de la política económica”).

Como era un señor inglés muy serio y un profesor de Lógica y de Matemáticas, desarrolló a conciencia el concepto descubierto por él en un informe publicado en 1871 bajo el nombre de The Theory of Political Economy (“Teoría de la política económica”).

-El economista suizo Marie-Esprit-Léon Walras… publicó ese descubrimiento un poco después de Menger en su Éléments d’économie politique pure, ou théorie de la richesse sociale (“Elementos de economía política pura o teoría de la riqueza social”) en 1874 como parte de una exposición matemática.

Carl Menger, austríaco, presentó su descubrimiento en 1871 en su Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (traducido como “Principios de economía política”).

http://mises.org/Books/Mengerprinciples.pdf

http://www.eumed.net/cursecon/textos/menger/index.htm

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A veces se mencionan adicionalmente a otros descubridores coetáneos, pero estos tres fueron los considerados autores de la llamada “revolución marginalista” en Economía. Los más importantes, vaya.

Vamos a ver esto más detalladamente.

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Como podéis observar, el descubrimiento fue muy simple. Muy importante, ciertamente… pero muy simple. A título estrictamente personal… creo que habríamos llegado a él tarde o temprano. Y digo esto no por nada, sino por lo siguiente:

a) Si bien estos señores fueron los primeros en sistematizar el concepto de utilidad marginal (bueno, Jevons y Walras… Menger hizo “otra cosa” con este descubrimiento, lo veremos un poco más adelante), numerosísimos economistas más “primitivos” o anteriores en el tiempo comprendieron o captaron ese concepto al menos de manera intuitiva.

Porque no os vayáis a creer que los economistas anteriores a Jevons, Walras, Menger, Bates y otros de la época que nos atañe y que desglosaron este concepto… fueran gilipollas.

El concepto de utilidad marginal es tan rematadamente simple que llevaba siglos siendo comentado o mencionado. Aristóteles en su Política ya se dio cuenta en su momento de que la posesión de bienes, pasado un punto concreto de acumulación dejan de tener utilidad para su poseedor.

Galiani y Turgot, por ejemplo, ya en el siglo XVIII hablaban del valor de los productos en referencia a la escasez de éstos… y de la utilidad para su poseedor. Y multitud de otros estudiosos y economistas hicieron notar este concepto a lo largo de los siglos (Ibn Jaldún, Genovesi, Bonnot, Ortes, Cesare di Beccaria, Carli, Wateley, Bernoulli, Cramer, Forster Lloyd, John Law, Nassau William Senior, Dupuit, Gossen, etc., etc.).

Adam Smith terminó por dejar muchísimo más claro este concepto al ilustrarlo con la llamada “paradoja del agua y los diamantes o “paradoja del valor” (si bien fue utilizada bajo diferentes formas por autores más “filosóficos” y menos “economistas” como Copérnico o Locke):

Ahora procederé a examinar las reglas que los hombres observan de manera natural en el intercambio de bienes por dinero o de unos por otros. Estas reglas determinan qué puede ser llamando lo relativo o el valor de intercambio de los bienes. La palabra valor, hay que hacerlo notar, tiene dos significados diferentes, y a veces expresa la utilidad de algún objeto en particular, y a veces el poder de adquirir otros bienes que la posesión de ese objeto conlleva. El primero puede ser llamado “valor de uso”, el otro, “valor de intercambio”. Las cosas que tienen el mayor valor en uso tienen frecuentemente poco o ningún valor de intercambio. Por el contrario, aquellos que tienen el mayor valor de intercambio tienen poco o ningún valor de uso. Nada es más útil que el agua: pero no se puede adquirir nada escaso con ella; cualquier cosa escasa puede ser intercambiada por ella. Un diamante, por el contrario, no tiene prácticamente ningún valor de uso; pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser intercambiados por éste.

Es decir, que los economistas antiguos eran más que conscientes de que las cosas valían no sólo por su utilidad intrínseca sino también según por lo que las personas que poseían ese bien consideraran de utilidad para ellos. Y eso estaba relacionada con lo escasas que fueran las cosas, claro está (cuando haga la crítica a esa tontería del “Proyecto Venus” de Fresco ya hablaré de todo esto, ya… que se van a cagar sus “partidarios”).

Lo que quiero decir por si no se me entiende… es que el llamado descubrimiento de la utilidad marginal, pues no fue para tanto en términos de “novedad”. Así que si os viene un “austríaco” diciéndoos pomposamente que su “escuela” fue de las primeras en descubrir el concepto de utilidad marginal y en participar de la llamada “revolución marginalista” y que por eso merece respeto y un tratamiento digno y que se les escuche por cojones, le miráis como al que se presenta con una antorcha diciendo que él fue de los primeros en descubrir la luz, le enseñáis el sol, una bombilla o la luz de vuestro teléfono móvil, le dais una palmadita en la espalda y le decís… “llevas varios siglos de retraso, yo ya entendía el concepto y la luz ya nos las habían descubierto otros también y de mejores formas pero… gracias, ¿eh?”

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b) Fijaos en que el concepto es tan genérico… que se “descubrió” prácticamente de manera simultánea e independiente por varios economistas que realizaron ese descubrimiento sin tener contacto entre ellos… Que ni Jevons, ni Walras ni Menger se influenciaron mutuamente.

¿Qué quiere decir esto?

Que el concepto es simplísimo y lo podía descubrir cualquiera a nada que “rascara” o “investigara” muy, muy poco. De hecho, es que la utilidad marginal es observable directamente y analizable sin apenas esfuerzo. Ahí precisamente es donde radica el problema con la escuela de Austria y su forma de investigar, ahora trataremos eso en un apartado específico.

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2.2. ¿Dónde reside entonces la aportación de la “revolución marginalista”?

Bueno, pues la teoría marginalista (o de la utilidad marginal) viene a decir que el precio al que un bien se comercializa viene dado no por cuánto trabajo haya costado producirlo, ni por cuán útil sea de por sí (utilidad total), sino que el precio está determinado por la utilidad marginal.

La utilidad marginal de un bien es el uso de menor importancia que a ese bien le conceda una persona.

Explicando la paradoja del agua y los diamantes, los marginalistas dicen que lo que importa no es la utilidad total del agua o de los diamantes, sino la utilidad de cada unidad de agua o de diamantes. Es cierto, como decía Adam Smith, que la utilidad del agua es de importancia vital para las personas (sin agua no se puede vivir). Sin embargo… hay tanta agua en el mundo que la utilidad marginal del agua es baja.

Es decir, que los marginalistas supieron explicar la paradoja del agua y los diamantes, no sólo exponerla.

A ver… por cada unidad adicional de agua (pongamos un vaso de 33 cl) que esté disponible para una persona, esa persona le aplicará a esa unidad usos cada vez menos “urgentes”.

En un día de verano muy caluroso y estando sediento, el primer vaso de agua fresquita es vital. Nos lo vamos a meter entre pecho y espalda seguro, seguro. Probablemente hagamos lo mismo con el segundo y tercer vaso, pero… conforme tengamos más y más vasos de agua… llegará un punto en el que, satisfecha nuestra necesidad más urgente (beber, para saciar la sed y mantener nuestra vida), empecemos a hacer otras cosas menos urgentes con esos vasos de agua a nuestra disposición:

-echarnos agua encima para refrescarnos; una vez cumplido eso…

-regar una planta; una vez cumplido eso…

-limpiar o fregar; una vez cumplido eso…

-llenar una pistola de agua y liarnos a “tiros de mojar” con nuestros amigos.

Bueno, esa sucesión es un ejemplo, y depende de la utilidad marginal de cada persona que no es la misma para todos. Hay gente que no necesitará refrescarse, otra que no tenga plantas que regar, etc. Lo que dice esta teoría de la utilidad marginal es que es la importancia en términos de urgencia que una persona le conceda a un bien lo que cuenta. Obviamente, cuando estamos sedientos estamos dispuestos a pagar una burrada por el primer vaso de agua pero conforme tengamos satisfechas nuestras necesidades más urgentes cada vez estaremos dispuestos a pagar menos… porque tendrá menos utilidad para nosotros.

De esta manera, el valor del agua desciende conforme aumenta el suministro o disponibilidad de agua.

¿Hasta ahí claro?

Por el contrario, los diamantes están muuuucho menos disponibles. Su suministro es mucho menor. Tan baja es su disponibilidad que la utilidad de cada diamante es mayor que la de un vaso de agua, cuya disponibilidad es tremendamente abundante (es mucho más fácil obtener un vaso de agua que un diamante). Es por eso que los diamantes son más valiosos para las personas, que están dispuestas a pagar un precio más alto por un diamante que por un vaso de agua, y es por lo que los vendedores de diamantes exigen un precio más alto por un diamante que por un vaso de agua.

De la misma forma, la utilidad no es constante para una persona. Alguien que se quede encerrado en Las minas del rey Salomón, rodeado de diamantes pero sin una gota de agua estará más que dispuesto a cambiar todos esos diamantes por un vaso de agua transcurrido el tiempo oportuno (¿habéis leído la novela? Eso mismo les sucede a los protagonistas, y es un claro ejemplo de advertencia moral sobre la codicia).

Como podéis observar, los marginalistas no se limitaban a constatar el hecho de que el agua valía menos que los diamantes sino que explicaban por qué el agua valía menos que los diamantes. Ésa es su aportación. Importante, pero simple, insisto.

Ahora bien… el que Menger, el fundador de la escuela “austríaca” realizara un descubrimiento obvio… no es excusa alguna para tener que tragar con todo lo que nos trajo después…

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3. Si tan importante fue este descubrimiento de la utilidad marginal, ¿dónde reside el fallo de Menger y, por ende, de la “escuela austríaca”?

En que no realizó ese descubrimiento de manera científica ni lo aplicó de manera científica.

Y de ahí vienen tooooodos los problemas con la “escuela austríaca” y con su “metodología”.

Mientras que Jevons y Walras explicaron el concepto de utilidad marginal empleando informes científicos y utilizando herramientas matemáticas como pruebas (estadística y formulación matemática, principalmente), la explicación de Menger consistió principalmente en un galimatías de índole “opinionista” y “psicológica”. Jevons y Walras utilizaron “numeritos” y “pruebas” y Menger, “palabritas” y “ejemplos”.

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3.1. Explicación matemática de la utilidad marginal.

Supongamos que un consumidor racional (uno “normal”, o “medio”, que no esté chiflado) debe decidir gastar su ingreso disponible (“presupuesto”) entre n bienes con algún criterio de optimización (obtener la máxima satisfacción con el presupuesto disponible). Normal y lógicamente reflejamos de manera matemática ese deseo de máxima optimización asumiendo la existencia de una función escalar U para cada consumidor definida sobre el conjunto de combinaciones de n bienes que mide la utilidad o satisfacción total U(c) que obtendrá el consumidor después de haber consumido una combinación de bienes dada por las cantidades (q1,…,qn):

Es decir, que se puede obtener una satisfacción óptima de resultas de combinar el gasto o consumo de diversos bienes dentro de nuestro presupuesto.

En esas condiciones se define la utilidad marginal asociada al bien i como el aumento de la utilidad total al consumir una unidad adicional del bien i.

Es decir, que la utilidad marginal de un bien en concreto es cuánto aumenta nuestra utilidad total si aumentamos nuestro consumo del bien en una unidad (si tengo ocho vasos de agua, ¿en cuánto aumenta mi satisfacción-utilidad total si obtengo un vaso más?).

Vamos a verlo con un ejemplo:

Si tengo 0 vasos de agua de 33 cl cada uno, calificaré subjetivamente esa posesión de 0 vasos de agua como… nada, lógicamente. No tengo vasos, no estoy dispuesto a pagar un céntimo por lo que no está disponible; esa situación no es “valiosa” para mí.

Si tengo 1 vaso de agua, le otorgaré una utilidad de 9. Esa utilidad es totalmente subjetiva. Le he puesto 9 como le podía haber puesto 37,5, es algo así como una puntuación que le otorgo al hecho de tener un vaso de agua, ¿entendéis? Estamos tratando de cuantificar lo que normalmente no se puede cuantificar (nuestra satisfacción con el consumo de bienes). Normalmente esas “utilidades personales” se miden o se intentan “cuantificar” mediante lo que estoy dispuesto a pagar por esos bienes (imaginaos que son 9 céntimos de euro).

Si obtengo un vaso de agua más (van 2), le otorgo una utilidad personal de 20.

Si obtengo un vaso de agua más (van 3), le otorgo una utilidad personal de 29.

Si obtengo un vaso de agua más (van 4), le otorgo una utilidad personal de 36.

Si obtengo un vaso de agua más (van 5), le otorgo una utilidad personal de 41.

Si obtengo un vaso de agua más (van 6), le otorgo una utilidad personal de 44.

Si obtengo un vaso de agua más (van 7), le otorgo una utilidad personal de 45.

Si obtengo un vaso de agua más (van 8), le otorgo una utilidad personal de 45.

Si obtengo un vaso de agua más (van 9), le otorgo una utilidad personal de 44.

Cantidad

Utilidad Marginal Utilidad Total
0 0
1 9 9
2 11 20
3 9 29
4 7 36
5 5 41
6 3 44
7 1 45
8 0 45
9 -1 44

Como podéis observar, conforme voy acumulando vasos de agua en mi posesión, llega un punto (vasos 7 y 8) en el que digo “¡basta! ¡Ya no necesito más vasos de agua!” o “empiezo a no saber qué hacer con tanto vaso de agua”, y por un vaso posterior al 7 (el 8) sólo estoy dispuesto a concederle la misma puntuación que teniendo 7 e, incluso, pasado ese punto de tener 8 vasos, le concedo una puntuación cada vez menor al hecho de poseer un vaso de agua más.

Observad una cosa bien curiosa… conforme voy aumentando en mi posesión un número cada vez mayor de vasos de agua, llega un momento en que, si bien mi satisfacción-utilidad total aumenta con cada vaso sucesivo que poseo, ese incremento de satisfacción es cada vez menor con respecto a la última adquisición.

Llega un momento, incluso, en que mi la utilidad total empieza a disminuir de tanto poseer el bien en cuestión.

¿Cómo lo puedo ver empíricamente aunque le esté concediendo valores subjetivos a la acumulación de esos bienes?

Con 0 vasos, no hay utilidad ni satisfacción que valga.

Con 1 vaso, tengo una utilidad total de 9 y una utilidad marginal de 9 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 0 vasos en 9). (9-0 = 9).

Con 2 vasos, utilidad total de 20 y utilidad marginal de 11 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 1 vaso en 11). (20-9 = 11).

Con 3 vasos, utilidad total de 29 y marginal de 9 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 2 vasos en 9). (29-20 = 9).

Con 4 vasos, utilidad total de 36 y marginal de 7 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 3 vasos en 7). (36-29 = 7).

Con 5 vasos, utilidad total de 41 y marginal de 5 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 4 vasos en 5). (41-36 = 5).

Con 6 vasos, utilidad total de 44 y marginal de 3 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 5 vasos en 3). (44-41 = 3).

Con 7 vasos, utilidad total de 45 y marginal de 1 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 6 vasos en 1). (45-44 = 1).

Con 8 vasos, utilidad total de 45 y marginal de 0 (he incrementado mi satisfacción con respecto al hecho de tener 7 vasos en 0). (45-45 = 0).

Con 9 vasos, utilidad total de 44 y marginal de -1 (he “incrementado” mi satisfacción con respecto al hecho de tener 8 vasos en -1). (44-45 = -1). De hecho, aquí empieza a decrecer la utilidad total: empieza a ser más negativo, perjudicial o inútil para mí el hecho de poseer (o adquirir) cada vez más vasos de agua.

Así demostramos empíricamente la utilidad marginal en una sucesión de acumulación de bienes. Restando a la puntuación total que estoy dispuesto a conceder a cada incremento en una unidad del bien, la puntuación que le otorgué anteriormente al hecho de tener una unidad menos.

Expresándolo gráficamente para que lo veáis más claro (la gráfica de arriba representa la utilidad total o UT y la de abajo, el resultado de representar la progresión de la utilidad marginal o UM)…

Punto de saturación es el punto donde yo me empiezo a “saturar” de poseer esos bienes y tras él sólo concedo la misma utilidad o menor al hecho de  incrementar el número de bienes, y punto de inflexión es el punto donde se indica que la tendencia del incremento de mi utilidad marginal alcanza su máximo (y normalmente empieza a decrecer después).

Pregunta: si tuviera muy poco dinero, ¿cuál sería la cantidad óptima de vasos se agua que podría comprar? En otras palabras, ¿cuál sería el mínimo de vasos de agua que podría adquirir para obtener el máximo de utilidad?

Respuesta: con dos vasos tengo el máximo aprovechamiento posible (o satisfacción-utilidad). Suponiendo que cada vaso de agua valga lo mismo en la tienda, dos es la menor cantidad posible para adquirir con la mayor utilidad proporcional (utilidad marginal)… para mí, que soy quien le ha dado ha estimado los valores de utilidad total a cada cantidad de vasos de agua. Ya dependerá de mi presupuesto si me puedo permitir el comprar hasta dos vasos de agua o no… pero lo más óptimo o eficiente para obtener la máxima satisfacción con los datos suministrados sería poder comprar dos.

Con 2 vasos obtengo la mayor utilidad marginal de toda la tabla. Es lo que me es más “aprovechable” de adquirir… y demostrado de manera empírica.

Es por eso que decimos que la utilidad marginal es el incremento de la utilidad total (U) del bien (con respecto a otro anterior, se entiende) dividido por el incremento del número de bienes.

Si admitimos que el bien i puede ser infinitamente divisible, la utilidad marginal u viene dada por:

A ver: utilidad marginal es igual a restar la utilidad total que le concedo a tener una cantidad de bienes (por ejemplo 2 vasos de agua) de la utilidad total que le concedí a un número menor de los mismos bienes (por ejemplo, 1 vaso de agua) dividido por el número de bienes.

Recordemos que la función de utilidad no es directamente medible y es subjetiva, es decir, depende de forma caprichosa de los gustos y deseos de cada consumidor. Diferentes consumidores obtendrán satisfacciones o utilidades diferentes de la misma combinación de bienes, según sea esta combinación más o menos acorde a sus gustos y deseos.

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Dicho de otra forma más simple…

Asumiendo el análisis del bien “X”, la utilidad marginal es la variación de la utilidad cuando se incrementa en una unidad el consumo del bien “X”. Si los cambios en el consumo del bien “X” son infinitamente pequeños, la utilidad marginal de “X” (Umgx) se define con la siguiente expresión matemática:

Umgx = δ U / δ Xi

(Incremento de la utilidad partido incremento del número de bienes).

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Viéndolo de otra forma más completa…

Bajo un caso especial en el que pudiéramos cuantificar la utilidad, el cambio en la utilidad de pasar del estado S1 al estado S2es:

Es decir, el incremento de la utilidad depende del incremento del estado S2con respecto al S1 (se resta el incremento que supone S2respecto a lo que constituía el primer estado de situación, S1). Esto es obvio, ¿no?

Si S1y S2 son diferenciables por valores de tan sólo una variable que ya está en sí misma cuantificada (p.e., un vaso de agua), entonces ya es posible hablar de un ratio de utilidad marginal del cambio en esa variable de acuerdo al tamaño del cambio.

…donde “c.p.”indica que la única variable independiente que cambia es

Asumimos que:

Es decir, que sabiendo que… …es una función basada en valores reales (y cuantificables) y que 0 es un número real, esta expresión significa que el límite de la función del incremento de las unidades cuantificables (conforme el incremento de  se aproxime a 0), es igual al resultado de la división del incremento de la utilidad dividido por el incremento de la unidad del bien . Siendo  la única variable independiente que cambia, recordemos.

Bueno, pues teniendo ya la función bien definida, utilizamos la “utilidad marginal” para referirnos a una derivada parcial, con lo cual obtenemos tenemos que:

…y así logramos averiguar que la disminución de la utilidad marginal se corresponde de igual manera que con:

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3.2. ¿Cómo explicó Menger la utilidad marginal?

Pues Menger “pasó” del tema de la formulación matemática y se pasó páginas y páginas de su obra poniendo ejemplos y hablando de la naturaleza humana.

Aquí tenéis su obra más “famosa”, os la leéis si queréis. Advertencia: es bastante larga, por no decir que es un auténtico “ladrillo”.

No es que todo lo que dijo en su obra fuera un disparate, pero sus conclusiones fundamentales las alcanzó mediante una metodología disparatada ya en su misma “esencia”: el subjetivismo.

¿Por qué no utilizó formulación matemática ni demostraciones empíricas? Porque no le salió de sus austríacos cojones.

Menger encontraba molesto e irrelevante el probar y, sobre todo, recomprobar mediante las Matemáticas (y, por asociación, el método científico) las conclusiones a las que él llegaba mediante su subjetivismo, su “opnionismo”, y su observación directa en busca de las leyes universales “esenciales” inherentes al comportamiento humano.

Qué curioso.

Su “método” le permitía explayarse en profundidad pudiendo derivarse en cualquier momento hacia cualquier área “interesante” (la política, la Filosofía, la Psicología, por ejemplo) mientras que las Matemáticas, según él, constriñen y se centran demasiado en el tema en concreto.

Qué curioso.

Estas citas que os pongo a continuación provienen del enlace “pro-austríaco” por excelencia, la página oficial del Instituto Ludwig von Mises:

La concepción de la teoría económica de Menger era “esencialista”, aparentemente fundada en la metafísica aristotélica. […] Buscando la “esencia” de las relaciones económicas, Menger buscaba a su vez las características necesarias de estas relaciones, cuyos rasgos deben estar presentes en la misma naturaleza de las relaciones mencionadas. De esta manera, Menger proponía describir las leyes exactas que gobernaban los fenómenos económicos: no leyes de precisión matemática, sino leyes que devinieran necesariamente de la esencia natural de los factores tratados, y así fueran verdaderas invariablemente a través del tiempo y del espacio.

[…]

El esencialismo de Menger tuvo otra importante implicación en su aproximación a la Economía, que constituyó la base de su rechazo de los métodos matemáticos y la mutua determinación de las variables económicas. Menger escribió a Walras, cuyo marginalismo expresó completamente mediante notación matemática:

Nosotros no estudiamos simplemente las relaciones cuantitativas sino también la naturaleza [o esencia] de los fenómenos económicos. ¿Cómo podemos alcanzar el conocimiento de todo esto (es decir, de la naturaleza del valor, la renta, el beneficio, la división del trabajo, el bimetalismo, etc.), por métodos matemáticos?

Schumpeter [Nota: otro autor “austríaco”, pero un poco más serio, aquí le critican sus “cortedades”, según otros “austríacos”], falló en ver más allá del marginalismo de los austríacos y dentro de su subjetivismo, hablando comprensiblemente de la “defectuosa” técnica de los austríacos y su incapacidad para “entender el significado de una serie de ecuaciones simultáneas”. La ausencia de formulaciones matemáticas, sin embargo, no fue de ninguna manera por ignorancia. No sólo recibieron formación sólida en Matemáticas los estudiantes del sistema de “gymnasium” en la vieja Austria, sino que Menger también provenía de una familia especilmente inclinada hacia las Matemáticas. Completamente conocedores de las técnicas matemáticas, los austríacos las rechazaron explícitamente por razones metodológicas.

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Lo dicho: para mear y no echar gota, vamos… Hay que ser CABRÓN para decir eso.

Voy a realizar varios comentarios a esta apología “austríaca” en defensa del “subjetivismo”, el “esencialismo” y que “de verdad que los austríacos conocen las Matemáticas, lo que pasa es que no las usamos porque no valen, de verdad que sí”.

Ya vimos el por qué utiliza matemáticas la Economía en este artículo y en este otro vimos por qué NO utilizan Matemáticas los “austríacos”.

Pero vamos a repetir algunos conceptos para “recordarlos”.

Hay un pequeeeeeeeeño “problema” con todo lo que estáis diciendo, “austríacos”.

1) Si de verdad existen leyes universales atemporales (“esenciales”) dentro de la Economía…

…¿cómo coño tenéis la grandísima desvergüenza de decir que no son demostrables, recomprobables o descriptibles mediante las Matemáticas?

Es que es de residentes de institución mental, vaya.

Si hay un conjunto de características inmutables y esenciales en cualquier cosa, ya sea un comportamiento humano, DEBERÍAN DE PODER SER DESCRITAS O RECOMPROBABLES MEDIANTE LAS MATEMÁTICAS…

…ya sea con la formulación matemática o la simple y jodida estadística.

Si una cosa sucede siempre es susceptible de ser descrita matemáticamente.

Si sucede en la mayoría de las veces, debería ser demostrable (o comprobable) ese hecho mediante la Estadística.

Así que una de dos… o no existen esas leyes de las que habláis… o estáis mintiendo diciendo que las habéis demostrado pero que no se pueden demostrar objetivamente.

Que ya tiene cojones decir semejante barbaridad.

2) Eso de que los autores “austríacos” tenían una sólida formación en Matemáticas pero que no las usaban porque no les servían… suena a y es un cuento chino.

Si bien es cierto que Menger en concreto había estudiado algo de matemáticas estadísticas en su formación como abogado, la inmensa mayoría de ellos no tenía, tienen o tendrán ni puta idea de formulación matemática. Lo que incluía a Menger. Las Matemáticas que estudiaban los austríacos en el “Gymnasium” eran de risa comparadas con las que estudiaban sus rivales prusianos.

¿Cómo podemos decir eso?

Hoy sabemos que Menger llegó incluso a tachar las gráficas estadísticas de su informe de presentación, el llamado Principios de economía donde se explayaba en el concepto de utilidad marginal… porque no las consideraba necesarias ni útiles para su explicación.

Según Emil Kauder 1965, p. 76 [Nota: en su A history of marginal utility theory] (citado por Mirowski, 1989, p.260), Menger “tachó” esta gráfica en su copia de autor, al parecer por no estar muy contento con este tipo de “interpretación semi-matemática”.

http://www.philo.umontreal.ca/documents/cahiers/Lagueux_on_value.pdf

Ya podéis ir empezando a ver aquí el desprecio a las Matemáticas tan particular de la escuela austríaca (y eso que Menger se ganó la vida enseñando estadística al príncipe Rudolf de los Habsburgo).

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Además, la presentación de su Grundsätze tiene dos elementos fundamentales por los cuales ya podemos empezar a ver cómo las gastan los “austríacos”:

1) El “colega” se lía a escribir y a escribir no ya sobre Economía en sí, sino que larga lo indescriptible para tratar de explicar por qué se espera de los individuos que prioricen entre posibles usos y después empleen la utilidad marginal para decidir entre las diferentes opciones. El individuo esto, el individuo lo otro… su comportamiento para arriba, su comportamiento para lo otro…

2) Aunque Menger utiliza en su exposición ejemplos que describen el carácter cuantitativo de la utilidad… sus conclusiones esenciales no reflejan ese carácter cuantitativo.

¿Qué quiere decir eso?

Que a Menger le importaba un pimiento la cuantificación empírica y matemática. El tipo creía haber descubierto una nueva forma de “estudiar Economía” mediante el estudio directo del comportamiento humano en exclusiva.

Es decir, a Menger ya desde primera hora lo que le interesa prácticamente en exclusiva es el factor psicológico de la Economía, no la demostración empírica de ninguna teoría.

3) Menger alucinó en colores al creer que había logrado encontrar OTRA forma distinta del método científico de demostrar las cosas de una forma fácil y divertida, que le permitía enlazar un tema tras otro…

divagando

y hablando de lo que a él le gustaba…

…sin tener que tomarse el esfuerzo de probar y formular las cosas de forma y manera que cualquier otro pudiera recomprobar que le salían como él pretendía demostrar. Que es por lo que se usa Matemáticas en Economía: por seriedad, eficiencia… Y PORQUE TODOS LOS DEMÁS QUE VENGAN Y ESTUDIEN TU CONCLUSIÓN PUEDAN RECOMPROBAR POR SÍ MISMOS QUE SUCEDE COMO TÚ ASEGURAS.

Lo que Jevons y Walras tardan en explicar y demostrar en apenas unas cuantas páginas mediante formulación matemática, Menger emplea un “tochazo” de páginas y más páginas para hablar del comportamiento y la psicología humana.

No en vano se llama también a la escuela austríaca, “escuela psicológica”. Recordemos la influencia que tuvo la naciente Psicología (especialmente la freudiana, que fue contemporánea y nació en el mismo sitio) en la evolución de la “escuela austríaca” de Economía).

A ver… entendedme, no es que la Psicología no tenga su importancia en Economía. La Psicología seria tiene mucha importancia en el estudio de la Economía.

La seria.

No el psicoanálisis freudiano.

El problema de Menger y el de la escuela austríaca es que “se pasan siete pueblos” y descansan exclusivamente sobre explicaciones de índole psicológica (con tonos freudianos) para explicar absolutamente todo lo concerniente a la Economía, llegando al extremo de caer en fundamentaciones no basadas en pruebas empíricas, sino en… “opiniones”. Es decir, que anteponen la explicación exclusivamente psicológica a la científica (de hecho, es que ni llegan a emplear la científica, “no les gusta”, como ya hemos visto con Menger). Y ni siquiera es una explicación psicológica seria. Como dicen Caplan y Krugman sobre la escuela de Austria… el problema con esta gente reside en su “fanatismo psicologicista” y en sus explicaciones no con pruebas sino mediante la “observación directa” y el “porque yo lo valgo y lo pienso así”.

¿Acertó Menger con la utilidad marginal? Sí. Pero prácticamente por casualidad. Y porque es un concepto muy simple… Menos mal que se le ocurrió “observarla” con casos muy generales mediante la compra y venta de trigo y caballos en un entorno civilizado y no la observó en la necesidad de comer de un bulímico en mitad de una hambruna africana, que si no, habría “observado” que el bulímico sigue concediendo el mismo valor a una ronda tras otra de tapas de callos a la madrileña. Y como el tipo descubrió la utilidad marginal mediante “observación” ya, según él, con la simple observación bastaba para descubrir las cosas en Economía.

Es por eso que muchos de vosotros, los que tengáis más “cultura económica”, habréis notado que no se menciona a Menger en muchos de los libros sobre Economía (especialmente ingleses y franceses) como uno de los descubridores del concepto de utilidad marginal y sólo mencionan a Jevons y a Walras.

¿Por qué no mencionan a Menger?

Porque muchos no lo consideran un descubridor “serio” o “de pleno derecho”.

¿Por qué ahora sí aparece?

Por varios motivos:

a) Menger y los primeros “austríacos” no fueron tan payasos como posteriores “tandas” formadas por von Mises y Rothbard e incluso por Hayek, que soltaban verdaderas burradas por la boca. Menger y los primeros “austríacos” todavía tenían a cuestas una formación sólida en campos variados (Menger era abogado), y no se les notaba la “locura” tan característica de posteriores generaciones que ya habían “bebido” tanto de los primeros “austríacos” que se acabaron “emborrachando” de ésta… y “desarrollaron” posteriormente su metodología particular a partir de lo que estos “pioneros” formularon en primer lugar. Del granito anticientífico de Menger… se acabó haciendo una verdadera montaña de salvajadas anticientíficas y absurdas a más no poder.

b) La Economía, en los tiempos de Menger estaba por desarrollar y por aquel entonces no se les distinguía muy bien de los economistas serios. Sólo los calaron como los auténticos payasos que son los economistas alemanes de la época, probablemente porque hablaban la misma lengua que los austríacos (el alemán) y pudieron conocer sus “teorías” de primera mano y sin cortapisas mientras que los economistas anglófonos y francófonos no conocían bien su lengua y se encontraban con traducciones, muchas de ellas ya comentadas.

Ya vimos en anteriores artículos que cuando Menger publicó sus teorías en 1883 bajo el nombre de Untersuchungen über die Methode der Socialwissenschaften und der politischen Oekonomie insbesondere (Investigaciones en el Método de las Ciencias Sociales con Referencia Especial a la Economía), los economistas e intelectuales alemanes se le echaron al cuello y lo pusieron como un trapo, por la sencilla razón de que Menger lo que decía en esa obra era una auténtica sucesión de disparates anticientíficos disfrazados de jerga intelectualoide.

A esa pelea académica se la llamó, en alemán, Methodenstreit der Nationalökonomie (“debate sobre los métodos de la Economía”), o Methodenstreit a secas.

También vimos que aquel “debate” no salió de Centroeuropa debido, principalmente a su cualidad de absurdo y al hecho de que fue, esencialmente, un debate cultural en alemán.

Los alemanes, en un momento dado, mandaron a los austríacos “a tomar por culo”, y cerraron el debate al no seguir contestando las gilipolleces de los alpinos, con lo cual el debate no tuvo tampoco el tiempo ni la repercusión necesarias como para darse a conocer fuera de la esfera cultural germanófona. Muchos intelectuales economicistas que lo “fliparon” con la metodología “austríaca” (especialmente estadounidenses) simplemente nunca llegaron a saber que esas chorradas habían sido rebatidas ya desde primera hora.

c) Los neoliberales actuales han hecho mucho hincapié y esfuerzo político (propaganda) porque ese autor aparezca en los libros de Historia de la Economía. “Es su derecho”, afirman. “Y queréis tener prestigio al hacer ver como descubridor de la utilidad marginal a uno de los fundadores de vuestra escuela favorita, aunque haya hecho el descubrimiento de cualquier manera”, añado yo.

d) Si os fijáis bien, los libros que más hincapié hacen en el papel de Menger como “descubridor” de la utilidad marginal son principalmente los escritos por liberales y conservadores.

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4. “Bueno, pero aunque lo descubriera de malas maneras, lo descubrió y eso es lo que importa, ¿no?”

Pues no. Importa y mucho el que las cosas se descubran de “buenas maneras”.

Vamos a poner un ejemplo que todo el mundo pueda entender.

Imaginaos una enfermedad como “la enfermedad del sueño”, que es causada por la picadura de la mosca tsé-tsé (o la “tsétsé”, a secas, tse significa “mosca” en tswana, un idioma sudafricano).

La mosca tsé-tsé es hematófaga (consume sangre de vertebrados) y puede llegar a transmitir mediante su picadura unos parásitos conocidos como tripanosomátidos, que son los causantes de la tripanosomiasis humana africana, también conocida como enfermedad del sueño, una enfermedad de tipo neurológico y que recibe su nombre más común (“enfermedad del sueño”) porque puede causar en sus estadios más avanzados el que la persona que ha sido infectada por los parásitos, duerma muchísimo. Dejada sin tratar, puede llegar a causar la muerte.

Vamos a estudiar dos formas posibles de averiguar que esta enfermedad es causada por la mosca tsé-tsé.

Un brujo anónimo de tribu africana durante la Edad Media en Europa, que ve cómo su población es diezmada por esta enfermedad, acaba por observar de tanto atender a sus convecinos que sólo se ven afectados por ésta aquellos a quienes pica la mosca.

Un científico médico que atiende a los afectados por la mosca, Sir David Bruce, descubre también a principios del siglo XX que es la mosca la que causa la enfermedad mediante su picadura, también por observación.

Pero mientras que el brujo atribuye la enfermedad a una diversidad de factores como que la mosca está maldita o que es un castigo de los dioses o una venganza de un hechicero rival y se pone a danzar, cantar y hacerles beber pociones de jugo de lagartija a sus “pacientes” para ahuyentar a los supuestos malos espíritus que han entrado en sus cuerpos a través de las moscas… el señor Bruce se pone a estudiar a la mosca utilizando principios científicos y acaba por descubrir que la mosca no es la causante directa de la enfermedad, sino la presencia en su interior de los tripanosomátidos, que entran en la sangre de los huéspedes humanos a través de la picadura de la mosca y que ésta ha obtenido de picar previamente a animales salvajes infectados. Ese último descubrimiento, permitió a diversos y posteriores científicos médicos ponerse manos a la obra para combatir mediante medicamentos cada vez más eficaces, la infección de estos parásitos.

Tanto el brujo como el doctor Bruce descubrieron que la enfermedad del sueño era causada por la picadura de la mosca tsé-tsé… sin duda.

Pero… ¿quién tuvo más mérito? ¿El brujo o el doctor?

El doctor, obviamente.

¿Quién lo hizo mejor y cuál actuación tuvo más beneficio?

La del doctor, obviamente.

El doctor fue quien realizó el descubrimiento de manera seria y con repercusiones útiles (soluciones eficaces)… aunque lo hiciera siglos después que el brujo. Es por eso que el “descubrimiento” de la enfermedad o como queráis llamarlo, se le atribuye más al científico que al hechicero (suponiendo que hubiéramos llegado a conocer su nombre), aunque sepamos a ciencia cierta que los brujos de las diferentes tribus y naciones del África negra descubrieron físicamente antes la enfermedad.

Es por eso que se utiliza el método científico en la investigación de prácticamente todas las áreas de conocimiento humano.

Bueno, pues con el “descubrimiento” de Carl Menger del concepto de utilidad marginal sucede lo mismo. Como descubrirlo lo descubrió, sí.

El problema es que lo descubrió de tan malas maneras al no realizarlo de manera científica sino con “brujería económica” que creó más perjuicio que beneficio.

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5. Repercusiones de la forma de descubrir el concepto de utilidad marginal tal y como lo hizo Carl Menger.

Como el tipo descubrió el concepto de utilidad marginal sin necesidad del método científico, sino por medio de la simple y llana observación directa (a través de los comentarios que realizaba sobre noticias económicas en los periódicos en los que trabajó), el tipo ya dedujo que el método científico no era necesario para estudiar Economía.

Olé ahí sus huevos.

Sus sucesores (Von Mises, Rothbard, Hayek) es que, directamente y ya sobre la base de esa conclusión, le negaron validez al método científico.

Ahí, sin anestesia.

Los sucesivos autores “austríacos” se fueron radicalizando más y más conforme se sucedían las generaciones y se creyeron con la suficiente fuerza, validez y prestigio como para llegar a decir la tremenda salvajada de que habían logrado desarrollar un método alternativo al método científico como estudio de la Economía.

Lo llamaron “praxeología”. Ya trataremos más adelante de qué va eso de la “praxeología”… que es para mear y no echar gota. Con lo que ya he escrito hasta ahora os podéis ir haciendo una idea de lo que puede ser esa “alternativa al método científico”. Agarraos.

Y lo que se les “olvida” a los “austríacos” es que:

Primero, el descubrimiento de Menger tiene el mérito justito, justito. Porque el concepto de utilidad marginal es un concepto simplísimo. No es muy difícil de averiguar. No descubrió la pólvora, vaya.

Segundo, que ya lo conocíamos de antes aunque fuera de manera intuitiva.

Tercero, que OTROS lo descubrieron de manera lógica, seria, Y SIGUIENDO EL MÉTODO CIENTÍFICO.

Es decir, eso de que el método científico no vale para el estudio de la Economía porque Menger fue capaz de hacer descubrimientos sobre ésta, con su “método particular de observación directa del comportamiento humano” es, cuando menos, rotundamente falso, en el sentido en que ese descubrimiento lo realizaron otros también… justo mediante la utilización del método científico.

Es tan absurdo que no sé cómo tienen la poca vergüenza de afirmar semejante barbaridad.

El que alguien acierte prácticamente por casualidad en un descubrimiento “facilito” no es justificante para despreciar o negar validez al método científico. Y menos cuando el método científico también explica y/o descubre “ese mismo descubrimiento” (y de mejores y más eficaces maneras).

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Obviamente, ya a partir de ahí, vienen en cascada todas las explicaciones acerca de la “metodología austríaca” y por qué sus partidarios no utilizan el método científico.

Ahí tenéis la base para explicar por qué reniegan del método científico y por qué no utilizan las Matemáticas; por qué utilizan el “opinionismo” y “la observación directa” como “métodos de estudio”; por qué anteponen el individualismo metodológico al estudio histórico de la evolución del comportamiento humano (estudio de la experiencia previa) como hacían los alemanes… Viéndose cercados en su “opinionismo” por las corrientes científicas de pensamiento, los “austríacos” acaban por anteponer la creencia al hecho, al individuo ante la comunidad… lo que incluye que ellos creen en la superioridad de la creencia del individuo por encima de la creencia de la sociedad… y de las creencias de los demás individuos, claro. Más tarde, eso se radicaliza aún más en varios autores para afirmar también la superioridad de la creencia del individuo… sobre la realidad.

A eso se le llama “el elitismo del libertariano (o libertario)”. “Libertarianos” (o “libertarios”) son los miembros de la rama política ultraliberal de la escuela de Austria, se llaman así mismos de esa manera para hacer ver su creencia en la libertad del individuo (y su opinión) por encima de todas las cosas.

Lo que incluye la realidad fisica, vaya.

Joder…

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Bueno, espero con este artículo no sólo haber desmontado una de las pocas (yo creo que la única) fuente de supuesto “prestigio” de la escuela austríaca, sino haberos enseñado una muy útil lección sobre la importancia de utilizar el método científico… y de hacer las cosas bien ya desde primera hora.

Porque si no, lo vamos a lamentar después.

Si se hubieran hecho bien las cosas desde el primer momento (utilizar el método científico en Economía), quizás ahora no estaríamos sufriendo las terribles consecuencias o algunas de ellas, como la inmensa crisis económica que nos azota, que deviene del empleo de políticas ultraliberales como las de la escuela austríaca… que provienen a su vez de lo que a un “friki” del siglo XIX al que no le salió de los cojones utilizar el método científico sino el “opinionismo” se le pasó por la cabeza en su momento.

De la misma forma que otras “teorías” decimonónicas como la frenopatía o el espiritismo fueron abandonadas hace años como las patrañas pseudocientíficas y perjudiciales que son…

Señores… hagamos lo mismo con la doctrina de la escuela austríaca.

Ya es hora de abandonar la “brujería en Economía”.

Hasta la próxima.

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43 comentarios

  1. Cómo no, el aplauso te lo ganas. Porque sé que en gente como tú está el futuro de la ciencia social. Porque sé que he de aprender de ejemplos como el tuyo.

    Como dije en varias ocasiones por acá, siempre me costó mucho el pensamiento matemático pero, a base de lógica, ya puedo identificar fácilmente cuando alguien dice paparruchas. Es más fácil de lo que uno se piensa: basta con ver su estilo, si cita estadísticas o no (y, sobre todo, si las ha entendido o no), si cita fuentes de buena calidad o no, etcétera. Aunque tenga mucho menos talento para las matemáticas que un físico o un químico, creo que empiezo a intentarlo. A leer en serio estadísticas y comprenderlas. Y hablando de ciencia social, he tenido que aprender casi por mi cuenta a seguir la buena labor de científicos sociales como Jared Diamond (aunque es biólogo también), Marvin Harris o David S. Landes (su ensayo sobre la riqueza y la pobreza de las naciones nos dejó a nosotros, padre y un servidor, mucho sobre lo que reflexionar). Da la sensación de que cuesta sacudirse corrientes culturales perniciosas para la Sociología, con claro influjo de la filosofía más lamentable (sí, os miro a vosotros, Deleuze y Thomas Kuhn).

    Por otro lado, en Sociología también he de aguantar a numerosos franceses, el equivalente a los dichosos austríacos (¡oh, timadores posmodernos!). Es gracioso, pero triste, cada vez que me intentan timar con teorías como el relativismo epistemológico o el constructivismo social. No quiero que me mientan con filósofos que se hacen pasar por sociólogos y engatusan a una parte de la comunidad académica. Y esta semana me ha tocado sufrir a Marc Augé, antropólogo gabacho de medio pelo, y su Los No Lugares, ridículo intento de explicar la realidad urbana metiendo mano en la lingüística e inventándose un término que a nadie (cuerdo) le importa, los “no lugares” (concepto que, según él, sirve para designar a esos lugares que no son tan importantes como para montar guateques sociales -ejem, carreteras-). Coño, más de 100 páginas gastadas para honrar al diosecillo de la verborrea. ¡Y con un análisis LITERARIO, qué cojonazos! ¿Y esto se mete en la categoría de “Sociología”? La editorial Gedisa yerra, desde luego. Divagación. Y filosofía horrible. Bertrand Russell lo hacía bastante mejor, además de ser más claro y lógico.

    Tener a Comte y Durkheim… Por ahí podríais haber avanzado. Prometían, ¿cómo coño habéis desaprovechado el siglo XX, ciencia social francesa? ¿Por qué en vuestro país se enseña aún el psicoanálisis del timador de Lacan como si fuera algo verdadero, cuando en la psicología científica y la neurociencia hay avances más que interesantes y prometedores?

    Gracias, Alan Sokal. Muchas gracias por el simpático escándalo que montaste. Fue toda una liberación, en serio. Fue un buen punto de referencia para las Ciencias Sociales. También agradezco haber reaccionado a tiempo para ver cómo estaba la ciencia social. Y así convertirme en un materialista. Y he aprendido bastante leyendo cosas de otras ciencias, aunque me cueste seguirlas.

    Dios santo, cuanto más sé sobre ciencias, más cicuta quiero tomarme leyendo párrafos como éste:

    El supuesto epistemológico sobre el que se edificó la empresa científica moderna sostiene que el mundo existe independientemente de nosotros, los observadores. Esta concepción de la realidad como estando compuesta de objetos que existen al margen del sujeto es lo que ha llevado a postular que lo que conocemos es una función de lo observado y no del observador. De aquí que la ciencia tradicional haya dirigido todos sus esfuerzos a producir un saber sobre los sistemas observados, prescindiendo de toda consideración en torno a los sistemas observadores. La exclusión del sujeto en la ciencia aparece como condición de posibilidad de la ciencia misma, pues sólo así se sostiene la ilusión de objetividad, certeza, consenso y exhaustividad. Con la exclusión del sujeto se produce también la imposibilidad de ubicarse en un metanivel que permita tomar el quehacer científico como objeto mismo de reflexión; es decir, pensar al “sujeto ciencia” para generar un saber sobre el proceso mismo de conocer.

    Un saludo.

    Comentario por McManus — 15 octubre 2010 @ 03:27

  2. Hola Chema, muchas gracias por toda la información y el excelente trabajo en pro de la razón y pensamiento critico en contra de las pseudociencias.

    Durante mucho tiempo simpatice con el neoliberalismo, incluso empece a leer la escuela de Austria, y como mis conocimientos en economía son incipientes (apenas voy en la universidad), no supe detectar todas las burradas que decían.

    Me gustaría saber su opinión (resumida) acerca de la disyuntiva entre la libertad e igualdad, lo cual creo que es la base filosófica de la eterna lucha de los neoliberales contra keynesianos, socialistas y demás partidarios de la intervención del Estado de la Economía.

    Saludos,

    Comentario por Camilo — 17 octubre 2010 @ 20:22

    • Camilus Von Nerdus Smith, ¿eres tú?

      Comentario por ibethk — 19 octubre 2010 @ 19:01

      • Si Ibeth Von Mamertus, soy yo…

        Comentario por Camilo — 19 octubre 2010 @ 20:10

        • Te amamos, mamerticus

          Comentario por ibethk — 19 octubre 2010 @ 23:17

  3. Chema:

    Como siempre otro gran artículo, donde de vuelta envidio tu claridad al momento de explayarte. La parte de la demostración matemática me hizo recordar a cuando estudiaba la teoría micro del “Principios de Economía” de Mankiw (que gran libro, junto con el Economía Internacional de Krugman son dos de mis libros preferidos de consulta).

    A propósito de la escuela de Austria, el año pasado tuve la oportunidad de asistir a una charla del Dr. Benegas Lynch un profesor argentino defensor del pensamiento austríaco y miembro de la sociedad Mont Pelerin, datos que yo en ese momento desconocía. Ya en los primeros 5 minutos de la charla tiró la primer “joyita”, la crisis del 29 no era culpa del capitalismo, sino del excesivo estatismo de EE.UU. Apa y yo toda la vida pensando que la gran depresión era en su genesis una crisis financiera, que luego por varios factores entre los que estaban el patron oro, la pésima gestión de la FED y la depresión de la demanda agregada, había desembocado en la peor crsis de la historia. Bueno parecía que estaba equivocado, este señor decía que PREVIO a la crisis EE.UU. poseía un estado EXCESIVAMENTE GRANDE!!!

    La charla prosiguió con otros puntos altísimos como la imperiosa necesidad de deshacerse de la Reserva Federal. Que Bush había sido un presidente ESTATISTA y que eso explicaba la crisis subprime. Sin dejar de lado el hecho que en Argentina Menem había sido un presidente también estatista. Yo ya no sabía donde meterme, por lo bajo tiraba improperios ante cada una de las “afirmaciones” de este hdp.

    Lo que hay que escuchar a veces.

    Saludos.

    Comentario por Andrés — 18 octubre 2010 @ 16:00

  4. Muy interesante tus planteamientos, me parecen muy acertados.

    Solo habría que determinar quienes se han enriquecido con la aplicación de los elementos acuñados por la Escuela Austriaca y se sabría que tan disparatados han sido sus planteamientos.

    Aquellos que utilizan la teoría dentro de lo practico y que realmente sacan provecho del asunto.

    Comentario por Abel — 23 octubre 2010 @ 18:57

  5. Buen blog. Vaya trabajo que debe tener elaborar esos contenidos. Todo la lectura de este sitio acaba siendo muy útil.
    Gracias!

    Comentario por Ysthar — 24 octubre 2010 @ 18:52

  6. Hola, Chema.

    Tengo una duda sobre lo de la utilidad marginal.
    Está muy bien que los teóricos hablen de cuánta utilidad marginalmente se obtiene de comprar cada unidad de mercancía, pero lo que no tengo muy claro es si están afirmando que el momento en que se dejará de comprar esa mercancía es en el punto de saturación o en el punto de inflexión.
    Es decir. ¿Afirman los marginalistas (bueno, debería abarcar ahora a todos los economistas) que el comprador deja de comprar cuando llega al punto de inflexión de la utilidad marginal de lo que compra, o cuando llegue al punto de saturación?
    Según te he entendido, “si se tiene poco dinero”, se llegaría sólo al punto de inflexión, ¿Y si tenemos mucho dinero?
    Y, sobretodo, ¿por qué se llegaría sólo al punto de inflexión y no un poco más allá?

    Un saludo.

    Comentario por alguntipo — 25 octubre 2010 @ 12:06

    • Facepalm

      Hola, Chema.

      Hola, hola…

      Tengo una duda sobre lo de la utilidad marginal.

      ¿”Una” duda?

      Amigo, usted no se ha enterado de nada del artículo, ¿eh?

      Mire, como veo que “parece” que es una persona que lo que busca es información y no viene a tocar los huevos, le voy a desfiltrar este primer comentario, como suelo hacer con los que me vienen de primeras, aún sin cumplir las Normas para poder comentar… y le voy a contestar. Pero, sintiéndolo mucho, posteriores comentarios deberán cumplir los requisitos para poder comentar (le perdono lo de la página web).

      Sé que estoy sonando un poco… agresivo, pero le aseguro que estoy intentando que no me revienten las arterias de la presión tras haber leído su comentario.

      Me voy a calmaaaaar y voy a intentaaaaar enseñarle de manera constructiva cómo se interpreta un texto. Venga, paso a paso y juntos los dos. Tiene que poner de su parte, ¿eh?

      pero lo que no tengo muy claro es si están afirmando que el momento en que se dejará de comprar esa mercancía es en el punto de saturación o en el punto de inflexión.

      En ninguno de los dos.

      ¿Afirman los marginalistas (bueno, debería abarcar ahora a todos los economistas) que el comprador deja de comprar cuando llega al punto de inflexión de la utilidad marginal de lo que compra, o cuando llegue al punto de saturación?

      1) No lo afirman.

      2) En ninguno de los dos.

      Según te he entendido, “si se tiene poco dinero”, se llegaría sólo al punto de inflexión,

      Pues ha entendido mal. Muy mal. La respuesta: no es así.

      ¿Y si tenemos mucho dinero?

      Tampoco.

      Y, sobretodo, ¿por qué se llegaría sólo al punto de inflexión y no un poco más allá?

      Noooooo… Ay, ay, ay…

      La intención de compra no se termina ni en el punto de inflexión ni en el punto de saturación. Y, de hecho, eso NO es lo que pone en el artículo.

      Bueno…

      Es obvio que no ha dado usted NI UNA.

      ¿Sabe por qué? ¿Quiere saberlo? Pues ahora viene la parte constructiva de mi crítica. No se me ofenda, por favor se lo ruego, lo que pretendo es que APRENDA sin que yo le dé la respuesta ya masticada porque si no, no la va a interiorizar.

      Trabajemos juntos. Va a ser un ejercicio didáctico para usted y para todo el que pase.

      Para el próximo comentario:

      1) Me va a usted a leer de nuevo los apartados 2.3 y 3.1 del artículo, DESPACIO… y centrándose en la lectura de la gráfica.

      2) Una vez hecho eso, en un máximo de diez renglones, me va a ESCRIBIR lo que se lee en la gráfica. Nos la va a leer para todos nosotros (¿recuerda las clases de Matemáticas del instituto?). Me estoy refiriendo a la que representa gráficamente en el apartado 3.1 los datos dados como ejemplo por un consumidor de utilidad total y su utilidad marginal (la de los vasos de agua, es la única que hay, vaya). No me mienta al hacerlo, por favor, que le voy a pillar enseguida. Con sus palabras si hace falta, no es necesario que emplee tecnicismos.

      Una vez hecho eso, yo procederé a señalarle y resolverle sus dudas… ya sabiendo usted POR QUÉ no entendió en primer lugar el texto, ¿de acuerdo? ¿Entiende por qué pido esto?

      Venga, un saludo.

      P.D.: Insisto. De verdad que es sin ánimo de ofender y que lo que quiero es que llegue a comprender por usted mismo.

      Comentario por chemazdamundi — 25 octubre 2010 @ 22:51

  7. Es obvio que soy demasiado ignorante en esto. Lo siento.

    La función de la gráfica superior representa la utilidad total acumulada como resultado de consumir n unidades de vasos de agua, y muestra que la utilidad total al consumir n elementos es igual a la de consumir n-1 más la utilidad marginal del n-ésimo: UT(n) = UT(n-1)+UM(n). Esto, asumiendo un dominio discreto.
    La función de la gráfica inferior muestra la utilidad marginal de cada nueva unidad de producto consumido.
    La importancia del descubrimiento está en que UM(n) no es constante para todo n, sino que puede tener un máximo a partir del cual decrece, máximo que se refleja en UT como un punto de inflexión. Para un dominio continuo, la Utilidad marginal es la derivada de la Utilidad total con respecto a la cantidad de producto consumido.

    Con mis preguntas anteriores intentaba entender mejor la determinación de lo precios a partir del concepto de Utilidad marginal, cosa que, reconozco, estaba fuera de la intención del artículo.

    Y ya, tras el repaso del artículo, se me plantean otra duda menor. ¿Es posible una curva de utilidad marginal creciente o, al menos, constante? Creo que no existe actualmente nada así pero, ¿es posible teóricamente?

    Repito que siento haber irrumpido así en el blog. No sabía que había unas normas para comentar.

    Un saludo.

    Comentario por ageof (anteriormente Alguntipo) — 27 octubre 2010 @ 00:32

    • Le pido mil perdones.

      Diez mil si hace falta.


      La función de la gráfica superior representa la utilidad total acumulada como resultado de consumir n unidades de vasos de agua, y muestra que la utilidad total al consumir n elementos es igual a la de consumir n-1 más la utilidad marginal del n-ésimo: UT(n) = UT(n-1)+UM(n). Esto, asumiendo un dominio discreto.
      La función de la gráfica inferior muestra la utilidad marginal de cada nueva unidad de producto consumido.
      La importancia del descubrimiento está en que UM(n) no es constante para todo n, sino que puede tener un máximo a partir del cual decrece, máximo que se refleja en UT como un punto de inflexión. Para un dominio continuo, la Utilidad marginal es la derivada de la Utilidad total con respecto a la cantidad de producto consumido.

      PERFECTO.

      Un máximo a partir del cual DECRECE, no es un fin de intención de compra, sino la indicación de UN CAMBIO DE TENDENCIA.

      Veo que lo ha entendido.

      Con mis preguntas anteriores intentaba entender mejor la determinación de lo precios a partir del concepto de Utilidad marginal, cosa que, reconozco, estaba fuera de la intención del artículo.

      Bueno, ahora mismo me pilla usted que me voy a trabajar. En cuanto vuelva, seguimos con el “ejercicio”, y paso a detallarle cómo es que lo que me planteó no tiene mucho que ver con la determinación del fin de la intención de compra por parte de un consumidor.

      Pero vaya, que veo que se ha dado cuenta.

      Y ya, tras el repaso del artículo, se me plantean otra duda menor. ¿Es posible una curva de utilidad marginal creciente o, al menos, constante? Creo que no existe actualmente nada así pero, ¿es posible teóricamente?

      Teóricamente, sí, pero INCLUYENDO MÁS VARIABLES. Eso es tema para un artículo de por sí.

      Repito que siento haber irrumpido así en el blog. No sabía que había unas normas para comentar.

      A usted se las paso por alto. Haberme aguantado mi soberbia de ese modo, y haberme dado una lección de humildad se merece que le dé permiso. No hay problema. Soy el primero en reconocer mis errores y epdir perdón. Lamento no poder continuar ahora mismo, en cuanto vuelva seguimos con la discusión.

      Un saludo y le vuelvo a pedir perdón.

      Comentario por chemazdamundi — 27 octubre 2010 @ 04:35

    • Seguimos comentando comentarios atrasados.

      Antes de nada, le vuelvo a pedir disculpas.

      Y ahora, pasemos a continuar el “ejercicio” que propuse en el anterior comentario y que tan amablemente ha tenido a bien realizar a petición mía.

      La importancia del descubrimiento está en que UM(n) no es constante para todo n, sino que puede tener un máximo a partir del cual decrece, máximo que se refleja en UT como un punto de inflexión.

      ¡Bien, hombre, bien!

      AHÍ ESTÁ LA CLAVE.

      La utilidad marginal sirvió para darnos cuenta de que el valor que le asignamos a las cosas NO ES SIEMPRE EL MISMO.

      Varía.

      No es el valor del conjunto lo que cuenta, sino el valor que se le da a cada unidad del bien adquirido.

      Tanto el punto de inflexión como el de saturación indican CAMBIOS DE TENDENCIA DEL CONSUMIDOR.

      En el punto de saturación, el consumidor nos indica que ya empieza a estar “saturado”, cansado o harto de tanta cantidad del producto… NO QUE VAYA A DEJAR DE COMPRAR como usted decía. Nos indica que está MENOS dispuesto a seguir comprando.

      Por eso le pedí que se leyera de nuevo la gráfica, para que usted mismo se diera cuenta de que EN LA GRÁFICA NO APARECE EN NINGÚN MOMENTO QUE EL CONSUMIDOR “CORTA” SU INTENCIÓN DE QUERER EL PRODUCTO. De hecho, en el ejemplo de los vasos de agua expuesto, el consumidor SIGUE DÁNDOLE VALORES MUY ALTOS Y POSITIVOS al hecho de tener un vaso de agua MÁS que el que sigue al punto de saturación. ¿Lo ve?

      Es decir: seguiría comprando. Con MENOS ganas o interés, pero seguiría comprando. La utilidad total nos indica el valor que el sujeto le daría a tener ese conjunto de unidades.

      ¿Cuándo dejaría de comprar el consumidor?

      Cuando le salga de las narices. No es eso lo que indica la gráfica. La gráfica indica la INTENCIÓN del consumidor, que depende también del dinero que tenga disponible. Es decir, en ella el consumidor nos indica que le concede mucho valor al hecho de tener cinco vasos de agua… si pudiera adquirirlos. PERO SI NO TUVIERA DINERO, no los compraría.

      Por ponerlo más claro para que lo vea… ¿nos llegaría a indicar el consumidor su intención de dejar de comprar (aunque tuviera dinero suficiente) en la gráfica? Seguramente sí si le pidéramos que siguiera dándole valores de utilidad total al hecho de adquirir sucesivos vasos de agua… más allá del vaso número nueve que es donde paramos. En el vaso número nueve vemos que ya empieza a darle menos utilidad total que en el ocho. Probablemente esa tendencia siga cuesta abajo y sin frenos hasta que llegue a darle valores de 0 e incluso negativos, que es donde ya veríamos que no tendría intención absoluta de comprar.

      El punto de saturación nos indica que, a partir de ahí, estaría menos dispuesto a comprar… NO QUE NO COMPRARA. Pero el momento justo en el que dejaría de comprar lo decide el consumidor por él mismo.

      El punto de inflexión nos indica el punto de máximo aprovechamiento del producto con el menor dinero posible.

      Y representa otro cambio de tendencia. No que vaya a dejar de comprar. Sino que, con los datos suministrados por ese individuo, ÉSA sería la mejor opción PROPORCIONALMENTE con el menor dinero… y sólo para él (o ella), claro. Porque, a partir de ahí, el incremento que experimenta su satisfacción es cada vez menor.

      Recuerde: la mayor satisfacción con el menor dinero disponible. Con seis vasos tendría mayor satisfacción TOTAL que con dos, pero le costaría MÁS… y el aumento de satisfacción no sería TAN proporcional. ¿Lo ve?


      Con mis preguntas anteriores intentaba entender mejor la determinación de lo precios a partir del concepto de Utilidad marginal, cosa que, reconozco, estaba fuera de la intención del artículo.

      Eeeeexactamente.

      De eso ya hablaremos en sucesivos artículos, no se preocupe.

      Comprenda que lo que yo pretendo aquí es explicar qué es la utilidad marginal en el marco de una crítica a una escuela de pensamiento que miente más que habla. Hablar de la determinación de precios no “toca” aquí… y alargaría el artículo innecesariamente.

      A cada tema, su artículo, que ya “tocará”.

      Aunque estén relacionados ambos temas (utilidad marginal y determinación del precio, dentro de la teoría del valor)… no puedo resumir TODA la teoría económica en UN solo artículo, hombre, compréndalo. Por eso estoy escribiendo POR TEMAS. Para poder profundizar y que quede bien claro.


      Y ya, tras el repaso del artículo, se me plantean otra duda menor. ¿Es posible una curva de utilidad marginal creciente o, al menos, constante? Creo que no existe actualmente nada así pero, ¿es posible teóricamente?

      Depende de otras variables como el tiempo y la naturaleza del bien en cuestión. Y de la naturaleza del individuo, claro. Hay gente que no pararía de darle valores cada vez más altos al hecho de tener cada vez más dinero. Por ejemplo. Son cuestiones muy, muy teóricas y metaeconómicas. No se quiebre la cabeza con eso, que entra más dentro del campo de la Psicología.


      Repito que siento haber irrumpido así en el blog. No sabía que había unas normas para comentar.

      Dos cuestiones:

      1) Como habrá notado estoy “a la que salta” con según quién me entra en el blog. Trato temas muy polémicos y, tengo que admitirlo, me entran muchos imbéciles y muchos ignorantes que me sueltan auténticas burradas. Es por eso que siempre estoy “a la defensiva” con todos los anónimos.

      El que yo pida que la persona que comente se registre no es por fastidiar, sino para poder establecer un control y saber quién es quién y cómo he de de dirigirme a ellos. Es un filtro para separar gilipollas de la gente con ánimo de aprender como usted.

      Usted no es un ignorante ni mucho menos. Lo ha demostrado con creces. Escribe muy bien y realizó una presentación formal muy buena. Normalmente trato con mucha más paciencia a las personas que me vienen de esa manera pero tengo que estar en guardia porque más de uno se me ha presentado así para poder luego soltarme todas las “conspi-chorradas” que se le ocurriera. Normalmente los detecto por sus faltas de ortografía y por su supina ignorancia en mi materia. Con usted me he puesto “demasiado en guardia” y lo lamento profundamente. Espero me sepa disculpar.

      2) Su nick de “ageof” me suena horrores. ¿Ha comentado usted en el antiguo blog de mi mujer? Perdone que no le recuerde del todo, pero pasó tanta gente por allí que ya no me acuerdo.

      No necesita suministrar página web. Ya se ha presentado suficientemente. Comente y pregunte cuanto quiera.

      Un saludo.

      Otro de vuelta.

      Comentario por chemazdamundi — 27 octubre 2010 @ 16:41

      • Perfecto, queda todo aclarado.

        Estaré atento a sus próximas entradas.

        Entiendo que el blog es suyo para poner las normas que estime oportunas, por lo que no me he sentido ofendido en ningún momento por su actitud. En todo caso lamento que ciertos individuos le hayan hecho estar a la defensiva. No conocía el blog de su mujer hasta que lo mencionó y lo busqué.

        Un saludo (más).

        Comentario por ageof — 28 octubre 2010 @ 23:46

  8. Hola Chema, que tal?

    He leído en alguno de estos artículos tuyos que te gusta Steven Pinker,

    a ver qué te parece esto que he encontrado por ahí:

    “”Hayek posited spontaneous order in the brain arising out of distributed networks of simple units (neurons) exchanging local signals. Hayek was way ahead of his time in pushing this idea. It became popular in cognitive science, beginning in the mid-1980s, under the names `connectionism’ and `parallel distributed processing.’ Remarkably, Hayek is never cited.”

    Firmado: Steven Pinker.

    Supongo que ese descubrimiento de Hayek (sin matemáticas ni nada, oiga), reconocido por el mismísimo Sr. Pinker, era una cosa facilona y que seguramente vd. mismo “habría llegado a él tarde o temprano”.

    De todos modos, ya que el Sr. Hayek se le adelantó, siempre puede vd. traducírnoslo a lenguaje matemático, para que lo entendamos mejor. ;)

    De nada.

    Comentario por Benito Gómez — 20 marzo 2012 @ 14:15

    • Señor “Benito Gómez”…

      …usted sabe PERFECTAMENTE que no cumple las normas para poder comentar.

      ¿Quiere que le responda a lo que me pregunta sobre Steven Pinker y Hayek?

      Sin problema alguno.

      Hace treinta y seis horas que no apalizo a ningún payaso. Ya tengo ganas.

      PERO… ya sabe lo que toca, miserable cobarde: CUMPLA las normas para poder comentar. USTED no las cumple.

      No me dirá… que tiene miedo, ¿verdad? ¿O es que tiene algo que perder?

      Estoy harto de dejar en ridículo a anónimos o gente que se esconde tras un nick o un nombre falso y que, por tanto, no tiene nada que perder. Si me voy a tomar la molestia de responderle varias páginas… quiero que sea para darme la satisfacción de humillar en público a alguien con NOMBRES Y APELLIDOS, y que deje abierta sin cortapisas la posibilidad a todos los lectores de esa paliza de que nos riamos de él en su web después de haberle apalizado.

      ¡Ánimo! Estoy CONVENCIDO de que un “valiente” como usted estará más que dispuesto a aceptar que AQUELLOS emmm… “argumentos” con los que me ha venido son irrefutables o no están equivocados, ¿verdadddddddddddd?

      ¿O no?

      Dé la cara como la da José María Gallardo, que es quien le escribe y le desafía. YO sí estoy dando la cara y sí dejo abierta mi web. Y me gustaría (obvia y lógicamente) que… estuviéramos en igualdad de condiciones.

      Si no le importa, claro.

      ¿O es que sí le importa?

      Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 02:04

      • Oh, lo que me voy a reír.

        Por favor, CUMPLE las normas, por favor te lo pido, “Benito Gómez”.

        Llevo leyendo papers de Pinkers dos horas y se me están cayendo las lágrimas de la risa.

        Porfavorporfavorporfavor… Venga, tío, QUE ESTOY RABIANDO por poder contestarte.

        Me ENCANTA que los chuloputas que no tienen ni ZORRA de investigación académica pretendan dárselas de más listos que yo y acaben metiendo la pata de semejante manera.

        Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 02:45

      • [Cantando.]

        Señor “Benito… Gómeeeeeeez”.

        ¿¿¿Sería usted TAN amable de cumplir las “normas para poder comentar“? Verá usted… es que he descubierto (gracias a USTED) una cantidad de cosas sobre Hayek, los “austríacos” y los “libertarianos” que… ¡¡¡buffffffffff!!! Más que responderle en un comentario, voy a tener que hacerlo en un ARTÍCULO de TANTO que hay que decir (y cachondearse).

        Ande, sea bueno (y valiente). Verá lo que nos vamos a reír todos (menos usted, probablemente).

        ¿De qué tiene miedo? A lo mejor me estoy INVENTANDO que he encontrado cosas sobre Hayek y la “cita” de Pinker sobre él y tan sólo es un “farol” que me estoy tirando (más quisieras).

        Oiga, esto ya en serio… MUCHAS GRACIAS por traerme este tema de la cita de Pinker sobre Hayek, ¿eh? Si no es por usted, yo no me habría enterado (como que no tiene NADA que ver con Economía, que es mi área, sino con Psicología, pero bueno, que no se diga que no sé investigar sobre otras áreas).

        Ya es que me traen las victorias a las puertas de mi casa y envueltas en lacito rojo, vaya.

        Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 12:46

    • Ay, que se me olvidaba… Aquí tiene su respuesta, señor “Benito Gómez Sanz”:

      https://chemazdamundi.wordpress.com/2012/11/27/la-escuela-de-austria-contrastada-pseudociencia-en-psicologia-v-es-cierto-el-meme-internetero-que-dice-que-friedrich-hayek-descubrio-la-psicologia-cognitiva/

      No se la merece porque no ha tenido la valentía de cumplir las condiciones que le puse (básicamente, dar la cara).

      Pero… ¿sabe quién se merece esa respuesta? Mis lectores, los cuales están ahora mismo descojonándose vivos.

      Me encannnnnta humillar a tíos como éste.

      Comentario por chemazdamundi — 27 noviembre 2012 @ 18:24

  9. jajaja no pretenderá vd. que me monte una web sólo para poder intervenir en su memorable y distinguido blog,

    si lo que le falta es mi segundo apellido, aquí lo tiene: “Sanz”; Benito Gómez Sanz, para servirle (siempre a cambio de la pertinente remuneración, claro),

    y si es otra cosa lo que le falta para poder responder, vd. me dirá, no pretenderá que me lea también el mamotreto ése que tiene como “Normas para poder comentar” :)

    Ande, ande, si tiene algo que decir dígalo, y si no allá vd., yo sólo me limitaba a traerle una cita que supuse de su interés, tratándose de un autor al que tanto admira.

    Ya le dije que de nada, figura. No es necesario que me lo agradezca.

    Comentario por Benito Gómez — 21 marzo 2012 @ 12:41

    • Ah, vale. Disculpe, no había leído este comentario suyo, que estaba más atrás.

      Rectifico, entonces.

      Procedo a verificar su existencia y si es así, le contestaré en un artículo.

      Si encuentro bien referenciada su existencia, no le pediré la página web. Pero debería tenerla, ¿eh? Con un Facebook abierto bastaba.

      Hasta dentro de poco.

      Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 18:37

      • Oh, vamos, Sr. Gallardo, todo eso de que tiene que “verificar mi existencia” y demás… suena a lamentable burocracia, a pretender ganar un tiempo que de nada le servirá, vd. no puede escudarse en esas cosas: le he puesto delante de las narices un argumento de verdad, no de esos de mentirijillas a los que vd. está acostumbrado, ¿no sabe vd. reconocerlo?

        “Mi existencia” en esta cuestión es lo de menos, señor mío.

        ¿Nos va a decir algo vd. sobre el reconocimiento por parte de Pinker a la perspicacia, lucidez y grandiosidad de Hayek, SÍ o NO?

        Ésa es la cuestión.

        Comentario por Benito Gómez — 21 marzo 2012 @ 18:54

        • Pues si “su existencia” es lo de menos, y por lo que usted dice no tiene nada que perder y “cree” que ha dado con argumento bueno o irrebatible… ¿qué más le da mostrar su existencia? Sinceramente, José María está pidiendo muy poco de usted, señor “Benito”. Si le trae un tema para ser discutido, y él accede a hacerlo tan solo a cambio de que usted se presente fehacientemente… Sinceramente, a todos nos parece que está usted huyendo, que no está dando usted la cara.

          A ver, señor “Benito”… José María está aquí exponiéndose de continuo a que venga cualquier fanfarrón como usted a que le ponga en entredicho.

          Él da la cara.

          Usted, no.

          Eso no es justo. Usted no puede esperar que alguien se ponga a trabajar en algo (en este caso, una contestación que va a ser larga y trabajosa), sin que usted dé algo a cambio.

          Qué menos que dar la cara, que es lo que le ha pedido José María.

          Usted ha tenido, encima, la desvergüenza de decir esto:

          >”Benito Gómez Sanz, para servirle (siempre a cambio de la pertinente remuneración, claro)”

          ¿Usted exige remuneración a cambio de sus servicios… y no acepta “pagar” por los servicios de otro? ¿ni siquiera algo “tan barato” como simplemente dar la cara?

          Algo me dice que no está usted TAN seguro de su argumento.

          P.D.: debería usted informarse antes de venir con según qué argumentos a la web de alguien que ya ha demostrado por activa y por pasiva… que sabe investigar:

          https://chemazdamundi.wordpress.com/indice-del-blog-de-chemazdamundi/

          Le adelanto lo que he podido averiguar por mí misma: la ha cagado usted a base de bien.

          Comentario por natsufan — 21 marzo 2012 @ 19:17

          • A ver, Sra. natsufan, yo sólo vine a traer al Sr. Gallardo esa cita que me encontré por ahí, porque sé que a él le gustan esas cosas y al encontrarme con el Sr. Pinker me dije: “anda, esto seguro que le va a gustar al Sr. Gallardo”. O sea, que en principio no era nada más que un regalo y con la mejor intención.

            Fue el Sr. Gallardo quien al recibirlo me acribilló con varios posts sobre unos papers que estaba investigando y que iban a dejar mi “argumento” en ridículo y no sé cuántas cosas más.

            Y entonces yo me dije: “ah, pues bienvenido sea si el Sr. Gallardo investiga y nos aporta algo más allá de esto que hay sobre la mesa”. Pero vamos, que esto, como le digo, ya salió de su propia cosecha. Nada más lejos de mi intención que hacerle trabajar gratis.

            Por lo demás, yo es que no tengo web, lo que parece ser uno de los requisitos para intervenir aquí, ya se lo he aclarado al Sr. Gallardo unos posts más arriba. No sé qué pretenden, ¿que les mande el DNI por correo? Sinceramente no se lo tome a mal pero no tengo tiempo para esas cosas.

            Para mí “Chema” o “Gallardo” no son más que nicks, sinceramente me da igual si son sus nombres reales o no. A mí lo que me gustan son los argumentos… cuando los hay.

            Quedo a sus pies, señora.

            Comentario por Benito Gómez — 21 marzo 2012 @ 19:46

            • yo sólo vine a traer al Sr. Gallardo esa cita que me encontré por ahí, porque sé que a él le gustan esas cosas y al encontrarme con el Sr. Pinker me dije: “anda, esto seguro que le va a gustar al Sr. Gallardo”. O sea, que en principio no era nada más que un regalo y con la mejor intención.

              1) Y una polla con las venas hinchadas.

              2) Debería saber buscar mejor “por ahí”… que la ha cagado pero que bien.

              3) Usted ha venido con ganas de tocar los huevos y va a salir con los suyos reventados (dialécticamente hablando). Por el lenguaje que emplea ahora, observo que EMPIEZA a notar que “algo” voy a poder decirle sobre el “argumento” o simplemente “nota” que me ha traído. ¿Se ha parado a investigar algo más, eeeeeeh? ¿Ha notado algo raro? ¿A que no era tan bueno “el argumento”? Ja, ja, ja, ja…

              3) Que sí, que muy bien, que muy bonito… que yo le contesto, sin problema alguno.

              PERO QUE DES LA CARA, cobarde.

              No sé qué pretenden, ¿que les mande el DNI por correo?

              Pues sí, por ejemplo.

              Ya he avisado en normas (que usted admite no querer leer), que no desfiltro los comentarios en el privado.

              Sinceramente no se lo tome a mal pero no tengo tiempo para esas cosas.

              Pero sí lo tiene para comentar y para enviarme “argumentos toca-huevos”.

              Menos tiempo que seguir esta conversación le llevaría el enviarme por correo su DNI.

              Fíjese qué cosa tan fácil el exponerle en público su cobardía (y su flojera).

              Para mí “Chema” o “Gallardo” no son más que nicks, sinceramente me da igual si son sus nombres reales o no. A mí lo que me gustan son los argumentos… cuando los hay.

              Pero no José María Gallardo, nacido en Sevilla, que ha estudiado Márketing, Publicidad y Periodismo, está casado con Isabel Guzmán, vive en La Carlota (Córdoba), que da su correo, ofrece su página web al público… e incluso pongo nuestras fotos para mayor comprobación del público en mi blog. Nosotros SÍ damos la cara… y usted, no.

              Y si son sólo nicks y los nombres no tienen importancia… PUES ESO MISMO: DA LA CARA Y TE CONTESTO, que no pasa absolutamente NADA. No voy a ir a tu casa a gritarte ni nada parecido. Sólo… quiero… que… des… la… cara.

              NADA MÁS.

              Para que, así, cuando te fulmine (a ti y a tus argumentos)… nos podamos reír bien a gusto y quedes marcado para siempre para el que te pueda reconocer fuera de internet.

              Que me parece muy bien que vengáis aquí con todos los argumentos chorras que se os ocurran, me parece fantástico, yo los rebatiré, sin problema alguno. ¡De verdad!

              Pero que deis la cara.

              Es el pago que exijo por mi trabajo. Muy pequeño, muy minúsculo, es una tontería, una fruslería.

              ¿¿¿QUÉ TE CUESTA???

              Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 20:03

        • Es definitivo: no puedo verificar su existencia, señor “Benito Gómez Sanz”.

          ¿Nos va a decir algo vd. sobre el reconocimiento por parte de Pinker a la perspicacia, lucidez y grandiosidad de Hayek, SÍ o NO?

          Ésa es la cuestión.

          Por supuesto. Estoy DESEANDO contestar a eso. Es que le voy a arrollar dialécticamente… y los demás nos vamos a reír que no veas.

          Pero cuando usted presente pruebas FEHACIENTES de que es quien dice ser…

          Ya se lo han dicho varias personas, señor “Benito”: le estoy pidiendo lo justo y es un “justo” MUY POCA COSA.

          Usted exige un pago por su trabajo, pues yo también por el mío. Faltaría más.

          Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 19:33

          • “¿Nos va a decir algo vd. sobre el reconocimiento por parte de Pinker a la perspicacia, lucidez y grandiosidad de Hayek, SÍ o NO?”

            Ya enserio… ¿por qué no le escriben un siddur a Hayek y ya dejan de molestar?

            Puede empezar así: “Baruj Atá Hayek Elohenu Melej haolam” (Bendito eres tú Hayek nuestro Dios rey del universo), así de paso desahogan todo ese amor no correspondido.

            Sin ir a Pinker (que no tengo idea si de verdad dijo eso), conozco economistas ortodoxos que reconocen la supuesta genialidad de Hayek, pero eso nada tiene que ver, por esa regla de tres, también hay muchos economistas que reconocen la genialidad de Keynes (así como también gente de otras disciplinas) y no creo que la bola de babosos austríacos crean que lo es. Por mi parte, creo que bobo-Hayek no sirve para nada fuera del pensamiento económico, es mejor que Mises (todos son mejores que Mises) pero todavía no logro entender el fervor religioso que despierta ese tipo. Que he visto fanáticos, pero no de esa calaña.

            Comentario por ibethkarina — 21 marzo 2012 @ 20:15

            • creo que bobo-Hayek no sirve para nada fuera del pensamiento económico

              Ni dentro de él.

              es mejor que Mises (todos son mejores que Mises)

              Un chimpancé es mejor que Mises.

              pero todavía no logro entender el fervor religioso que despierta ese tipo. Que he visto fanáticos, pero no de esa calaña.

              Oh, ya te contaré. Si ese tipo da la cara… ya te contaré. Nos vamos a reír a mandíbula batiente, ya verás.

              Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 20:19

  10. Maestro Chema ponga la contestación por favor, que ya le aseguro yo ese listillo no va a da la cara y en la época que nos ha tocado vivir es necesario reírse aunque sea de un pobre infeliz como el amiguete Beny.

    Comentario por newzealander — 21 marzo 2012 @ 18:53

    • Pues… la verdad es que tengo unas ganas LOCAS de contestarle porque el tipo en cuestión la ha cagado miserablemente (ha fallado por todas partes, llevo riéndome día y medio). El problema es que llevo varios intentos de verificación de su existencia… y no me sale nada decisivo con “Benito Gómez Sanz”.

      Newzealander, compréndame… estoy hasta los COJONES de dejarme la piel en artículos que me llevan horas redactarlos para que luego los cobardes que me retan salgan huyendo sin que tengan nada que perder porque nadie les va a reconocer.

      Usted mejor que nadie, que es otro luchador escéptico debería saberlo.

      Ya que me voy a poner a dejarlo en ridículo, me gustaría que le escociera de veras. Que tuviera que pasar vergüenza en público con su nombre y apellidos reales.

      Así, como anónimo o como desconocido… tiene poca gracia, la verdad.

      Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 19:03

  11. Oigan, oigan… a ver, no voy a contestar uno por uno porque tampoco tengo tanto que decir. En realidad es muy simple, resumo el estado de la situación de forma breve:

    a) Que yo no tengo nada que ver con Hayek ni con los demás austriacos, oigan. Que esa cita que traje son palabras del Sr. Pinker, no mías. (El que tenga dudas sobre la veracidad de la cita no tiene más que preguntar al Sr. Gallardo: él ya sabe que la cita es veraz.)

    b) Que yo no le debo nada a vd., Sr. Gallardo, porque ningún tipo de investigación le he solicitado: eso fue cosa de vd., Sr. Gallardo, que ya desde el principio de este asunto lo primero que dijo fue que iba a investigar para reírse de mí y de la cita. Que si quiere hacer la investigación la haga, y si no pues nada. La cita se la traje de regalo, ya se lo dije. Si no quiere rebatir nada respecto a ella se la queda sin más y santas pascuas. Es toda suya: la traje para vd.

    y c) ¿Qué es lo que tenemos sobre la mesa, aparte de todo el bla bla bla acerca de mi persona y de no sé que adoradores de Hayek? Pues bien: tenemos unas palabras del Sr. Pinker, en las que no sólo hace alusión a la perspicacia, la lucidez y la grandeza del Sr. Hayek a cuenta de cierto interesantísimo hallazgo por parte de este último, sino que además deja caer incluso un amargo reproche, dirigido a todos aquellos autores que –haciéndose eco del mencionado hallazgo– no citan al Sr. Hayek.

    Éstos son los hechos. Esto es lo que tenemos sobre la mesa, señores. A partir de aquí, el Sr. Gallardo muy bien puede exponer todos esos papers y argumentos que él mismo se había ofrecido a traer, y tras los cuales todos vds. podrán reírse a gusto de un servidor, o bien puede –como parece ser el derrotero a día de hoy– echarse atrás, envolver su regalo, ponerle un lacito y guardarlo en algún sitio que no quede muy a la vista.

    Como digo puede hacer lo que quiera, está en su derecho, y cualquiera de las dos opciones es perfectamente lícita. Por mi parte, ya dije desde el principio que se trataba de un regalo, en ningún momento le he pedido nada más. Incluso dije que no hacía falta ni que me diera las gracias. Es todo suyo, el regalo: desde la primera palabra hasta la última, incluido ese framento que tanto me llamó la atención:

    “Hayek was way ahead of his time in pushing this idea. It became popular in cognitive science, beginning in the mid-1980s…”

    Comentario por Benito Gómez — 21 marzo 2012 @ 22:27

    • No, señor “Benito Gómez”.

      No.

      SE ACABÓ LA CONVERSACIÓN.

      O da usted la cara o no hay nada más que hablar.

      Independientemente de que usted haya traído el tema con la intención que le salga a usted de los huevos, en esta página sólo tienen derecho a hablar, comentar o que YO les dirija la palabra o les hable sobre lo que me traen, aquellos que se presentan dando la cara. TODOS mis habituales lo han hecho. Y con usted NO voy a hacer una excepción.

      El tema que usted me ha traído es falso (rematadamente) y USTED no lo sabe, porque no se ha molestado en investigarlo bien, como sí he hecho yo. Usted se ha creído como cierto algo que “circula por internet” pero que NO es cierto.

      QUIERO hablar de ello, de hecho, lo deseo fervientemente, pero QUIERO hacerlo habiendo pagado usted el precio que YO quiero que pague: que dé usted la cara.

      1) Es mentira que usted haya traído ese tema “desinteresadamente” o “con buena intención”. Usted ha traído aquí el tema de que el prestigiosísimo Steven Pinker ha hablado de Hayek como un adelantado a su tiempo para hacerme ver que USTED ha encontrado ALGO o ALGUIEN que le da prestigio inexcusable y demostrado al máximo exponente de la escuela austríaca, Friedrich Hayek. “Escuela” a la que yo estoy atacando y demostrando como la supina chorrada que es. Usted pretende hacer(me) ver que la escuela austríaca no es tan chorra ni tan mentirosa como yo lo estoy poniendo porque USTED ha creído encontrar una supuesta “fuente de prestigio”.

      Yo me he tomado la molestia de investigar sobre ese hecho, sobre esa supuesta “fuente de prestigio”… y he descubierto que es MENTIRA.

      Y lo voy a demostrar… pero con USTED dando la cara.

      2) A mí no me vale que venga usted y diga como quien no quiere la cosa, “mira lo que me he encontrado”, con rintintín, con chulería… intentando demostrar que me equivoco en mi crítica a la escuela austríaca… y luego, cuando se las ve venir de que le van a dar la del pulpo, escurra el bulto diciendo “a mí no me importa lo que usted tenga que decir, yo lo dije sin mala intención, se lo solté porque sí, sin causa”. Ya. Y los comentarios riéndose de mí y canturreando también eran sin mala intención. Era “un regalo” como usted dice, ¿no?

      Anda y que te den, payaso.

      3)


      en ningún momento le he pedido nada más.

      ¿Ah, no? Qué raro, recuerdo haber leído esto:

      ¿Nos va a decir algo vd. sobre el reconocimiento por parte de Pinker a la perspicacia, lucidez y grandiosidad de Hayek, SÍ o NO?

      Aparte…

      El que tenga dudas sobre la veracidad de la cita no tiene más que preguntar al Sr. Gallardo: él ya sabe que la cita es veraz.


      ¿El problema?

      Que no lo es.

      La cita que me trajiste en primer lugar es falsa.

      Pinker no dijo eso. Se le atribuye a él… pero NO lo dijo.

      JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, JA, JA, JA, JA…

      ¿Quiere saber más?

      No tiene más que dar la cara.

      Juego, set, partido… y liga.

      Comentario por chemazdamundi — 21 marzo 2012 @ 22:53

      • Ay, lo que me estoy riendo, “Benito Gómez”.

        Ya parece que te vas dando ALGO de cuenta… y veo que ya has cambiado la cita con respecto a la primera que me trajiste.

        Pero sigues sin ver la paliza.

        Sííííí, también me he leído “la Tabla Rasa”, no te preocupes, no te preocupes.

        Y sigue sin verlooooooooooooooooooooooooooooooooo, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajaja…

        Bueno, se acabó: a dormir. Ya he perdido bastante el tiempo con cobardes que no dan la cara.

        Si quieres que escriba un artículo al respecto, ya sabes lo que tienes que hacer… YO NO TENGO NADA QUE PERDER. Aquí estoy, más ancho que pancho. No te preocupes por mis habituales… ellos RECIBIRÁN LA INFORMACIÓN.

        Hasta nunca.

        Comentario por chemazdamundi — 22 marzo 2012 @ 01:54

        • Es flipante.

          Sencillamente flipante.

          No se está dando cuenta.

          ¿Ese tío está bien de la cabeza? ¿O es que no se lee a sí mismo?

          Comentario por natsufan — 22 marzo 2012 @ 12:14

          • Ja, ja, ja…

            ¿Personalmente?

            Creo que las DOS cosas.

            1) Tú fíjate que el tipo ya se ríe incluso histéricamente.

            2) Efectivamente, no se está dando cuenta… porque a buen seguro no se acuerda de lo que escribió (con lo cual su correo sería falso, porque no he borrado sus comentarios, sino que los he filtrado). Si su correo fuera cierto, podría leerlos aunque estuvieran filtrados.

            No hay nada más que me guste que ver cómo alguien se hunde en su propia mierda PORQUE NO SE ESTÁ DANDO CUENTA.

            Es… impresionante.

            Ese tal “Gómez” es digno de un estudio psicológico de una de esas clínicas de Psicología de las que parece ser tan asiduo, ja, ja, ja…

            El tipo se cree que me tiene cogido por los huevos o algo similar… Y NO LO VE. Es que no lo está viendo. No se ha parado a comprobar la retahíla de mentiras que ha soltado a lo largo de sus comentarios.

            Te borro el segundo comentario, Isa. No le des pistas. Que se joda y se quede con las ganas. Ahora, por mis santos cojones que o da la cara, o nada. Mucho “jajajaja”… pero no da la cara. Ya verás cómo después, si da la cara y le venga encima la paliza… empezará con un “es que yo no me di cuenta” o “es que yo no lo sabía” o “es que yo me equivoqué, pero…”.

            Ya tendremos tiempo de reírnos.

            Pero primero, que dé la cara.

            Comentario por chemazdamundi — 22 marzo 2012 @ 12:35

            • [Cantando.]

              Señor “Benito Gómeeeeeeeeez Saaaaaaaanz”.

              ¿No se anima a dar la cara, hombre?

              Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ja, ja, ja…

              ¿No decía usted hace unos días que tiene un argumento infalible?

              Venga, hombre, que le estamos esperando (mis habituales y yo)… todo el mundo quiere ver el espectáculo de cómo le voy a poner a caldo. Jaaaaaaaaaaaaaaaaa, ja, ja… Qué difícil se hace cuando uno tiene que dejar de ser anónimo y pasar por la vergüenza y la humillación, ¿eh?

              ¡Ánimo! SEGURO que no voy a poder decirle nada ante su “inrrebatible” argumentación.

              Porque… usted NO TIENE NADA QUE PERDER Y NO SE HA EQUIVOCADO EN SUS ARGUMENTOS, ¿verdaaaaaaad?

              Ja, ja, ja, ja, ja…

              La babilla se me cae del regusto, vaya.

              De la “masacre psicológica” que voy a hacer contigo, vas a tener que volver a la clínica, vaya.

              Comentario por chemazdamundi — 25 marzo 2012 @ 18:10

  12. Te felicito por todo el blog (y a Natsu también, por el suyo). Francamente, no sé de dónde sacan tiempo para escribir artículos tan largos además de hacer todo lo que hacen en la vida “real”. ¿Dices que te llevan horas? Creo que a mí me llevarían días. Admirable, realmente.
    Al margen de eso, y que no se vea como un pedido: veo que este es el último artículo sobre la Escuela de Austria. ¿Tienes pensado escribir más? Ardo en deseos de seguir conociendo sus maravillosos “postulados”.
    De verdad, aprendo mucho en este blog.

    Saludos.
    Germán, desde Argentina

    Comentario por German Burguener — 11 septiembre 2012 @ 21:49

    • Te felicito por todo el blog (y a Natsu también, por el suyo).

      Pues muchas gracias.

      Francamente, no sé de dónde sacan tiempo para escribir artículos tan largos

      Ni yo tampoco.

      además de hacer todo lo que hacen en la vida “real”. ¿Dices que te llevan horas? Creo que a mí me llevarían días. Admirable, realmente.

      Algunos me han llevado un par de días. Los más largos, como el del “colapso maya”. Pero sí, son unas cuantas horas en líneas generales. Me basta con tener claro el esquema de trabajo y las fuentes. Lo demás es “dejar correr los dedos sobre el teclado”. Los que hemos hecho trabajos de Periodismo estamos más que acostumbrados a escribir mucho y rápido.

      Al margen de eso, y que no se vea como un pedido: veo que este es el último artículo sobre la Escuela de Austria. ¿Tienes pensado escribir más? Ardo en deseos de seguir conociendo sus maravillosos “postulados”.

      ¿Te has leído los cuatro? ¿Enteros? Ya te gusta leer, ¿eh? Cómo me gusta encontrarme con un buen lector (y buen escritor, no abunda la gente que, como tú, no comete faltas).

      Sí, por supuesto que tengo pensado escribir más. De hecho, es que no he llegado al grueso de “la argumentación austríaca”. Si has disfrutado leyendo hasta ahora, vete preparando con lo que falta, que se te va a desencajar la mandíbula de la risa. El problema es el de siempre: falta de tiempo. Últimamente tengo muchos comentarios como el tuyo en los que me piden que continúe. Está claro que tengo que volver a escribir.

      De verdad, aprendo mucho en este blog.

      Muchísimas, pero que muchísimas gracias. Es lo que más me anima a continuar, de verdad.

      Saludos.
      Germán, desde Argentina

      Saludos desde España.

      José María Gallardo

      Comentario por chemazdamundi — 11 septiembre 2012 @ 22:24

      • Bueno, quedo a la espera de los siguientes artículos, entonces. Y sí, me leí los cuatro artículos, je (y una buena parte de los correspondientes a Zeitgeist). Debo decir que tienes razón, hacía falta material en castellano sobre estos temas. Muchas gracias por tu trabajo.
        Saludos. Germán.

        Comentario por German Burguener — 20 septiembre 2012 @ 15:15

  13. Un comentario como estudiante de física:

    Me parecen raros los conceptos relativos a la utilidad empleando matemáticas, teniendo en cuenta que la utilidad como tal no es cuantificable (los sentimientos no son cuantificables si bien se pueden establecer gradaciones). ¿Se definen de forma indirecta en base a la cantidad de dinero que el comprador estaría dispuesto a pagar (es lo que me parece entrever)?

    Comentario por Jesús Quirantes Ros (@hijodelprofe) — 24 marzo 2016 @ 19:14

    • Buenas noches.

      Me parecen raros los conceptos relativos a la utilidad empleando matemáticas, teniendo en cuenta que la utilidad como tal no es cuantificable

      No, pues lo cierto es que SÍ es cuantificable. Ahora hablamos de ello.

      Mucha gente cree que eso no es posible, pero no es cierto. Ciertamente las escalas y los procedimientos NO están estandarizados. Pero existir, existen. Principalmente son escalas de origen biológico y neurológico, basadas en la actividad cerebral.

      Lo que sucede es que los economistas somos conscientes de que la utilidad no es constante. No es constante incluso en el tiempo ni para la misma persona. Es decir, yo le doy una utilidad HOY a un producto porque tengo determinadas circunstancias, pero mañana puedo tener otras que modifiquen esa utilidad que yo le daba hoy. Un ejemplo: una de esas circunstancias es el presupuesto disponible. Para mí un balón de fútbol o dos pueden tener una utilidad hoy que acabo de cobrar mi sueldo… pero seguro que a final de mes, cuando ya haya empleado buena parte de mi sueldo, la utilidad que le asigne será distinta.

      Es por eso que los economistas, aunque sepamos que existen incipientes escalas de medición biológica de la utilidad, sigamos empleando mediciones más “personalistas” y subjetivas como las unidades monetarias que el individuo está dispuesto a emplear. Más que nada porque una escala biológica sólo le es útil al observador o investigador externo, para establecer comparativas generales pero no individuales. Aunque de eso suponemos que ya se tratará con más profundidad en un futuro desde la Neuroeconomía.

      los sentimientos no son cuantificables si bien se pueden establecer gradaciones

      En este artículo trato más ese tema en profundidad, el de la cuantificación de la utilidad (apartado 4.4). Aunque si se lee entero el artículo le quedará todo mucho más claro porque lo desarrollo paso a paso:

      https://chemazdamundi.wordpress.com/2015/05/19/es-el-marxismo-cientifico-una-critica-cientifica-no-politica-al-marxismo-un-ejemplo-como-se-demostro-cientificamente-que-la-teoria-laboral-del-valor-de-karl-marx-es-falsa-por-que-no-se-con/

      ¿Se definen de forma indirecta en base a la cantidad de dinero que el comprador estaría dispuesto a pagar (es lo que me parece entrever)?

      Efectivamente, no se equivoca usted. Así es como, de momento, medimos la utilidad los economistas. Pero tenga en mente siempre presente: cada individuo tiene utilidades y CIRCUNSTANCIAS distintas.

      Comentario por chemazdamundi — 24 marzo 2016 @ 22:31

    • Otra cosa más… me va a llevar varios días responderte a lo del marxismo, que me tengo que ir de viaje. Necesito un ordenador de mesa para tanta respuesta. Pero dos puntos.

      Un consejo: reléete el artículo. Observarás que varias críticas que me haces están contestadas. Por ejemplo, me criticas varias veces como tu gran punto de crítica que yo no haya mencionado que Marx hablara del uso del producto en su valor (“siempre que tenga valor de uso”). Lo he especificado. Léelo y verás qué sorpresa.

      Dos: yo no hago sólo una crítica a la TLV sino a la implementación que de ella se haga INDEPENDIENTEMENTE de que esa implementación lleve a cabo cosas que no se hayan especificado en la teoría textualmente. Esto es, Marx no dice en ninguna parte (explícitamente) lo de los precios rígidos (sí implícitamente)… es que eso es lo que deviene inevitablemente cuando implementas una TLV. A Roemer, por ejemplo, le salió lo mismo.

      Comentario por chemazdamundi — 25 marzo 2016 @ 00:17


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